Al borde de tu gran trono
me postrare hoy a ti Tu
reinas sobre principados
sentado a la
diestra de Dios
Exáltate Oh Gran Cordero
Tú vives hoy y vivirás
Corónate con Mi alabanza
Tu nombre es el vencedor
La esencia de la fe cristiana reside en la adoración a un Dios soberano manifestado en Jesucristo. Este cántico nos invita a postrarnos ante la majestad del Rey de reyes, reconociendo su victoria sobre el pecado y la muerte. Al coronarlo con alabanza, no estamos simplemente expresando nuestra gratitud, sino participando en la proclamación de su reinado eterno, un reinado que se extiende sobre toda la creación y que ofrece esperanza y vida a todos los que creen.
"El espíritu del himno encuentra eco en Hebreos 1:3, donde se declara que el Hijo es 'el resplandor de su gloria, y la imagen exacta de su sustancia, y que sostiene todas las cosas por la palabra de su poder'. Esta descripción de Cristo sentado a la diestra de Dios, reinando sobre principados, refleja la majestuosidad y autoridad que el himno busca reconocer y adorar, confirmando su victoria y preeminencia sobre toda creación. La exaltación del 'Gran Cordero' no es simplemente un reconocimiento de su sacrificio, sino una afirmación de su reinado eterno."
Hebreos 1:3Aunque los detalles específicos sobre la autoría de este cántico pueden ser difusos, su mensaje central se alinea con el anhelo profundo de los primeros discípulos por comprender la plena gloria de Cristo después de su resurrección y ascensión. El himno parece surgir de una contemplación de las verdades reveladas en el libro de Apocalipsis, donde el Cordero es presentado como el Rey victorioso. Es una expresión de la fe que busca elevar a Cristo a su legítimo lugar de adoración y reverencia, reconociendo su soberanía sobre todo poder y autoridad.
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