Cantaré la bella historia
Que Jesús murió por mí.
Como allá en el calvario
Dio su sangre carmesí.
Cantaré la bella historia
De Jesús, mi Salvador. Con
los Santos en la gloria
A Jesús daré loor.
Cristo vino a rescatarme
Vil, perdido (a) me
encontró; Con su mano
fiel y tierna Al
redil El me llevó.
Cantaré la bella historia
De Jesús, mi Salvador. Con
los Santos en la gloria
A Jesús daré loor.
Mis heridas y dolores El
Señor Jesús sanó. Del
pecado y los temores
Su poder me libertó.
Cantaré la bella historia
De Jesús, mi Salvador. Con
los Santos en la gloria
A Jesús daré loor.
En el rio de la muerte El
Señor me guardará Es su
fiel amor tan fiel y fuerte
Que jamás me dejará.
Cantaré la bella historia
De Jesús, mi Salvador. Con
los Santos en la gloria
A Jesús daré loor.
La belleza de la historia radica en la iniciativa divina. No fuimos buscados por un Dios indiferente, sino que Él, en su amor incondicional, vino a rescatarnos cuando estábamos perdidos y alejados de Él. Este acto de gracia no se basa en nuestros méritos, sino en la misericordia infinita de Dios manifestada en el sacrificio de su Hijo. Reconocer esta verdad nos impulsa a una vida de gratitud y a un deseo sincero de vivir en obediencia a su Palabra.
"El canto de la 'bella historia' encuentra un eco profundo en 1 Corintios 15:3-4, donde se proclama 'que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras'. Este pasaje central de la fe cristiana subraya la esencia del sacrificio de Jesús, no como un evento aislado, sino como el cumplimiento de las promesas divinas para la redención de la humanidad. El himno, al igual que este texto apostólico, celebra la muerte de Cristo como el fundamento de la salvación y la esperanza de vida eterna."
1 Corintios 15:3-4Aunque la autoría precisa de 'Cantaré la Bella Historia' es incierta, su mensaje se alinea con el fervor evangelístico de los movimientos de restauración del siglo XIX. En un tiempo de búsqueda de un cristianismo más puro y bíblico, este cántico surgió como una expresión sencilla y conmovedora de la experiencia de conversión y la alegría de encontrar a Cristo como Salvador. Su popularidad se extendió rápidamente, tocando los corazones de aquellos que anhelaban una relación personal con Dios y un retorno a las verdades fundamentales de las Escrituras.
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