Yo Quiero levantar a ti
mis manos Maravilloso
Jesús, milagroso Señor Ven
y llena este lugar con tu
presencia Haz descender
tu poder A los
que estamos aquí.
//Creo en ti Jesús
En lo que harás en
mi//// En mí //
//Recibe toda la gloria
Recibe toda la honra
Precioso hijo de Dios//
La fe en Jesús, como se proclama en este himno, no es una mera adhesión intelectual a un conjunto de doctrinas, sino una confianza activa en su poder y su promesa de estar presente con aquellos que lo buscan. Esta confianza se manifiesta en la entrega total, reconociendo a Jesús como el 'Precioso Hijo de Dios' digno de toda gloria y honra. La verdadera adoración implica una experiencia transformadora donde el creyente se abre a la acción divina y permite que Dios obre en su vida.
"El anhelo expresado en el cántico por la manifestación del poder de Dios recuerda a los discípulos en Hechos 1:8, cuando Jesús les promete 'recibiréis poder, cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo'. Este pasaje ilumina la expectativa de una intervención divina, una transformación personal y comunitaria que solo puede provenir de la presencia activa de Dios, reflejando la necesidad de una experiencia espiritual profunda y renovadora que capacite para el servicio y el testimonio."
Hechos 1:8Este cántico, aunque su autoría específica a menudo se pierde en la tradición, emerge de un corazón que busca una conexión genuina con lo divino. Es un reflejo de la experiencia colectiva de aquellos que, a través de los años, han anhelado sentir la presencia palpable de Dios en medio de sus vidas y en la congregación. Su sencillez y sinceridad lo convierten en una expresión universal de fe, un clamor por la manifestación del poder de Dios que transforma y edifica.
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