De rodillas vengo a Ti,
con humilde corazón,
levantando manos hacia
Ti, Te dedico un nuevo
amor, mostrándome
ante el Trono,
te adoro en espíritu,
te adoro en verdad,
haz mi vida una
alabanza hacia Ti.
De rodillas vengo a Ti,
con mi triste corazón,
levantando manos hacia Ti,
en Tu rostro puedo ver
gracia y misericordia,
Santo Espíritu
cambiadme, hazme
nuevo y siempre fiel,
/haz mi vida un
sacrificio para Ti /
La adoración verdadera no es simplemente un acto externo de reverencia, sino una respuesta interna del corazón a la gracia y la misericordia de Dios. Implica un reconocimiento de su soberanía, un agradecimiento por su amor incondicional y una entrega total de la propia vida a su voluntad. Al acercarnos a Dios con humildad y sinceridad, permitimos que su Espíritu Santo transforme nuestro ser a la imagen de Cristo, manifestando su amor y su verdad en todo lo que hacemos.
"El espíritu de este cántico encuentra eco en Filipenses 2:9-11, donde se describe la exaltación de Jesús después de su humillación. Así como Cristo, siendo Dios, se humilló a sí mismo tomando forma de siervo, el creyente se acerca a Dios reconociendo su propia insuficiencia y postrándose ante su majestad. Esta actitud de humildad y adoración es la puerta de entrada a la comunión con el Padre, permitiendo que la vida del creyente se convierta en una ofrenda agradable a Dios."
Filipenses 2:9-11Este cántico, aunque su autoría específica a menudo se pierde en el tiempo, surge de la profunda necesidad del corazón humano de expresar su dependencia y amor a Dios. Refleja una búsqueda sincera de intimidad con el Creador, un anhelo por experimentar su presencia transformadora. Es un testimonio de la convicción de que solo a través de la humilde rendición y la adoración genuina podemos encontrar verdadero significado y propósito en la vida, un sentir común en los primeros discípulos que buscaban un contacto más profundo con el Señor.
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