Cuando estés cansado y
abatido; dilo a Cristo, dilo
a Cristo. Si te sientes
débil, confundido, dilo
a Cristo el Señor.
Dilo a Cristo, dilo a Cristo:
El es tu amigo más fiel. No
hay otro amigo como Cristo:
Dilo tan sólo a él.
Cuando estés de tentación
cercado mira a Cristo, mira
a Cristo; Cuando rujan
huestes de pecado, mira
a Cristo el Señor.
Mira a Cristo, Mira a Cristo:
El es tu amigo más fiel. No
hay otro amigo como Cristo:
Mira tan sólo a él.
Si se apartan otros de la
senda, sigue a Cristo, sigue
a Cristo. Si acrecienta en
torno la contienda Sigue
a Cristo el Señor.
Sigue a Cristo, Sigue a
Cristo: El es tu amigo más
fiel. No hay otro amigo
como Cristo: Sigue
tan sólo a él.
Cuando llegue la final
jornada fía en Cristo, fía
en Cristo: te dará en el
cielo franca entrada.
Fía en Cristo el Señor!
Fia a Cristo, Fia a Cristo:
El es tu amigo más fiel.
No hay otro amigo como
Cristo: Fia tan sólo a él.
Dilo a Cristo, Mira a Cristo:
El es tu amigo más fiel.
No hay otro amigo
como Cristo: Sigue
tan sólo a él.
No hay otro amigo
como Cristo: Fia
tan sólo a él.
La belleza de este mensaje radica en la accesibilidad de la relación con Dios. No se requiere intermediación ni rituales complejos; simplemente, un corazón abierto y la voluntad de comunicar las propias luchas a Cristo. Él se ofrece como un amigo incondicional, capaz de comprender y fortalecer en cada momento, demostrando un amor que trasciende cualquier circunstancia. Esta cercanía con el Señor es la base de una vida de fe genuina y perseverante.
"El salmista expresa una confianza similar en el Salmo 55:22, 'Échale tu carga sobre el Señor, y él te sustentará; nunca dejará caer al justo'. Este versículo refleja la esencia del cántico, invitando a trasladar las preocupaciones y debilidades a Cristo, quien se presenta como un apoyo constante y fiel. La promesa de sustento divino ofrece un refugio seguro en medio de las dificultades, animando a buscar en Cristo la fortaleza necesaria para perseverar."
Salmo 55:22Este himno, 'Dilo a Cristo', es un reflejo de la profunda necesidad de consuelo y guía que experimentaron los primeros discípulos de Cristo. En un mundo lleno de incertidumbre y persecución, la invitación a compartir las cargas personales directamente con Jesús ofrecía un ancla de esperanza. Se convirtió en un llamado a la oración personal y a la dependencia total de Dios, un mensaje que resonó profundamente en las comunidades de fe que buscaban una relación íntima con su Salvador.
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