A ningún lado yo quiero
ir, en tu presencia yo
quiero vivir. Solo una
cosa yo quiero hacer
Que es alabarte, Rey.
Mi alma canta hoy con gozo
y con amor al eterno Dios
quien es mi gran Señor.
Cantaré: Dios es Rey mi
Señor y Dios mi amigo y
Padre es, su palabra fiel
por siempre guardaré
Cantaré: Dios es Rey.
Dios es Rey con gozo
Cantaré Dios es Rey y mi
voz levantaré, ¡Sí! Dios
es Rey sin vergüenza
yo diré Es mi Rey,
le doy mi canción
Porque Él es Rey.
La verdadera adoración no se limita a rituales o expresiones externas, sino que se arraiga en un deseo profundo de conocer a Dios y vivir en Su presencia. El corazón que anhela únicamente alabar al Rey, como se expresa en este himno, es un corazón transformado por Su gracia y lleno de Su Espíritu. Esta consagración total es la esencia de una vida cristiana auténtica, donde cada pensamiento, palabra y acción se ofrecen como un sacrificio vivo y agradable a Dios.
"El anhelo expresado en el cántico de permanecer en la presencia de Dios encuentra eco en las palabras del salmista en Salmos 27:4: 'Una cosa he pedido al Señor, y eso buscaré: que habite en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y meditar en su templo'. Este versículo revela un corazón que busca la comunión constante con el Creador, un deseo de experimentar Su presencia y conocer Su carácter, reflejando la misma aspiración que impulsa la letra de este himno."
Salmos 27:4Este cántico, aunque de autoría desconocida, emerge de un corazón sincero que busca una relación profunda con el Señor. No se trata de una composición ligada a un evento histórico específico, sino más bien de una expresión universal del anhelo humano por lo divino. Su sencillez y sinceridad lo han convertido en un canto de adoración apreciado por quienes desean expresar su amor y devoción a Dios, buscando una vida centrada en Su voluntad y en Su presencia constante.
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