En el monte Calvario se vio
una cruz, emblema de afrenta
y dolor. Y yo quiero esa
cruz do murió mi Jesús Por
salvar al más vil pecador.
¡Oh! Yo siempre amaré esa cruz.
En sus triunfos mi gloria
será. Y algún día en
vez de esa cruz, Mi
corona Jesús me dará.
Aunque el mundo desprecie la
cruz de Jesús, Para mi tiene
suma atracción. Porque en ella
llevó el Cordero de Dios Mi
pecado y mi condenación.
¡Oh! Yo siempre amaré esa cruz.
En sus triunfos mi gloria
será. Y algún día en
vez de esa cruz, Mi
corona Jesús me dará.
En la cruz dó su sangre Jesús
derramó hermosura contemplo
en visión. Pues en ella el
Cordero inmolado murió para
darme pureza y perdón.
¡Oh! Yo siempre amaré esa cruz.
En sus triunfos mi gloria
será. Y algún día en
vez de esa cruz, mi
corona Jesús me dará.
Yo seré siempre fiel a la cruz
de Jesús, sus desprecios con
él sufriré. Y algún día feliz
con los santos en luz, para
siempre su gloria tendré.
¡Oh! Yo siempre amaré esa cruz.
En sus triunfos mi gloria
será. Y algún día en
vez de esa cruz, mi
corona Jesús me dará.
La cruz de Cristo es el punto de encuentro entre la santidad de Dios y la pecaminosidad del hombre. Es la demostración suprema del amor de Dios, quien, en lugar de condenar al pecador, se hizo pecado por nosotros. A través de la cruz, se ofrece el perdón, la reconciliación y la vida eterna. La fe en Cristo crucificado no es simplemente una adhesión intelectual a una doctrina, sino una entrega total del corazón y la vida al Señor.
"El corazón de este cántico encuentra eco en Gálatas 6:14, donde Pablo declara 'Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo me es crucificado, y yo al mundo'. Esta afirmación refleja la centralidad de la cruz en la fe cristiana, no como un símbolo de vergüenza, sino como el medio por el cual se logra la reconciliación con Dios y la transformación del creyente. El himno, al igual que Pablo, encuentra su gloria y esperanza en el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz."
Gálatas 6:14Este himno, aunque su autoría precisa a menudo se pierde en el tiempo, surge de la profunda experiencia de los primeros cristianos que, enfrentando persecución y desprecio por su fe, encontraron en la cruz de Cristo no un motivo de vergüenza, sino un emblema de salvación y victoria. La cruz, inicialmente un instrumento de tortura y humillación, fue transformada por el Evangelio en el símbolo más poderoso del amor redentor de Dios. El mensaje central es que la aceptación de la cruz de Cristo implica una transformación radical, una nueva perspectiva de vida centrada en el sacrificio y la gracia divina.
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