Me hirió el pecado, fui a
Jesús, Mostréle mi dolor;
Perdido errante, vi su
luz, Bendíjome en su amor.
En la cruz, en la cruz, do
primero vi la luz, Y las
manchas de mi alma yo
lavé; //fue allí por fe
do vi a Jesús, Y siempre
feliz con Él seré//
Sobre una cruz, mi buen
Señor, Su sangre derramó,
Por este pobre pecador
A quien así salvó.
En la cruz, en la cruz, do
primero vi la luz, Y las
manchas de mi alma yo
lavé; //fue allí por fe
do vi a Jesús, Y siempre
feliz con Él seré//
Venció la muerte con poder, Y
al cielo se exaltó; Confiar
en Él es mi placer,
Morir no temo yo.
En la cruz, en la cruz, do
primero vi la luz, Y las
manchas de mi alma yo
lavé; //fue allí por fe
do vi a Jesús, Y siempre
feliz con Él seré//
Aunque Él se fue, solo no
estoy, Mandó al Consolador,
Divino Espíritu que hoy,
Me da perfecto amor.
En la cruz, en la cruz, do
primero vi la luz, Y las
manchas de mi alma yo
lavé; //fue allí por fe
do vi a Jesús, Y siempre
feliz con Él seré//
La cruz revela el amor incondicional de Dios manifestado en el sacrificio de su Hijo. No es una demostración de ira divina, sino un acto de reconciliación. A través de la cruz, el pecado es perdonado, la justicia es satisfecha y la vida eterna es ofrecida a todos los que creen. La fe en Jesús, y en su obra redentora en la cruz, es el único camino hacia la salvación y la comunión con Dios.
"El relato de este cántico encuentra eco en 2 Corintios 5:21, donde se declara que 'Dios hizo pecador por nosotros a aquel que no conocía pecado, para que nosotros fuéramos hechos justos en él'. La experiencia descrita en el himno – el reconocimiento del pecado, la búsqueda de Jesús y el hallazgo de perdón – ilustra vívidamente esta verdad central del evangelio. La cruz no es simplemente un lugar de sufrimiento, sino el punto de intercambio donde la justicia de Dios se cumple y el pecador recibe la justificación por medio de la fe en Cristo."
2 Corintios 5:21Aunque la autoría exacta de 'En la Cruz' es incierta, su mensaje ha trascendido generaciones. Se cree que fue escrito a finales del siglo XIX, en un tiempo de profundo avivamiento espiritual y un renovado énfasis en la centralidad de la cruz de Cristo. El himno refleja la experiencia personal de muchos creyentes que, al confrontar su propia pecaminosidad, encontraron liberación y vida en el sacrificio expiatorio de Jesús. Su sencillez y sinceridad lo han convertido en un canto atemporal, capaz de tocar el corazón de quienes buscan a Dios.
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