Con mis ojos vi llegar la
gloria de mi Salvador, con sus
pasos va exprimiendo el lagar
del detractor, con su espada
como rayo cual terrible
vengador, conquista
la verdad.
///Gloria, gloria, aleluya!///
Dios es quien vencerá!
En los campamentos arden las
fogatas de verdad, y se pueden
ver las huestes adorando con
lealtad, la sentencia es
segura sobre toda la maldad.
Conquista la verdad.
///Gloria, gloria, aleluya!///
Dios es quien vencerá!
Su trompeta ha sonado y jamás
se rendirá, separando corazones
y su juicio premiará, oh,
mi alma, nunca dudes,
la victoria nos dará.
Conquista su verdad.
///Gloria, gloria, aleluya!///
Dios es quien vencerá!
En lo hermoso de los lirios
Cristo vino a Belén, con
la gloria en su seno que
transforma en Edén. En la vida
santifica, anunciad tan grande
bien que hay en su verdad.
///Gloria, gloria, aleluya!///
Dios es quien vencerá!
La obra redentora de Cristo no solo ofrece perdón y vida eterna, sino que también asegura la derrota definitiva del pecado y la injusticia. La verdad de Dios, revelada en su Hijo, es una fuerza invencible que conquista toda oscuridad y establece un reino de justicia y paz. La adoración sincera y la lealtad a los principios divinos son expresiones de nuestra confianza en esta victoria inminente y nuestra participación en la construcción de su reino.
"El espíritu del himno encuentra eco en Apocalipsis 19:11-16, donde se describe a Cristo como el 'Fiel y Verdadero' que juzga y reina con justicia. La imagen de Cristo 'exprimiendo el lagar del detractor' y su espada como rayo se alinea con la representación de su venida para juzgar a las naciones y derrotar a todo poder opuesto a Dios. Esta visión profética inspira una profunda confianza en la victoria final de Cristo sobre el mal y la restauración de su reino."
Apocalipsis 19:11Este cántico, 'Gran Día de Victoria', surgió en un contexto de ferviente expectativa por el regreso de Cristo y el establecimiento de su reino. Los primeros discípulos, enfrentando persecución y oposición, encontraron consuelo y fortaleza en la promesa de la victoria final. El autor, imbuido de este espíritu profético, plasmó en versos la certeza de que la verdad de Dios prevalecería y que el mal sería derrotado. El himno se convirtió en un canto de esperanza y aliento para aquellos que anhelaban la consumación del plan divino.
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