NOMBRE

211 - HAS HALLADO EN CRISTO

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Has hallado en Cristo tu buen
Salvador? Eres salvo por la sangre
de Jesús? Por la fe descansas
en el Redentor? Eres salvo
por la sangre de Jesús?

Lávame, (Lávame,) lávame,
(lávame,) En tu sangre, Cordero
de Dios, (De Dios,) Y con
alma limpia me Presentaré,
Ante tu tribunal de luz.

Vives siempre al lado de tu
Salvador? Eres salvo por la
sangre de Jesús? Del pecado eres
siempre vencedor? Eres salvo
por la sangre de Jesús?

Lávame, (Lávame,) lávame,
(lávame,) En tu sangre, Cordero
de Dios, (De Dios,) Y con
alma limpia me Presentaré,
Ante tu tribunal de luz.

Cuándo él viniere te encontrarás ya
lavado en la sangre de Jesús? Para
su venida preparado estás, ya
lavado en la sangre de Jesús?

Lávame, (Lávame,) lávame,
(lávame,) En tu sangre, Cordero
de Dios, (De Dios,) Y con
alma limpia me Presentaré,
Ante tu tribunal de luz.

Si perdón y paz deseas, pecador,
tu refugio es la sangre de
Jesús. Si librarte quieres
de eternal dolor, oh, acude
a la sangre de Jesús.

Lávame, (Lávame,) lávame,
(lávame,) En tu sangre, Cordero
de Dios, (De Dios,) Y con
alma limpia me Presentaré,
Ante tu tribunal de luz.


menu_book Estudio y Trasfondo

Resumen Teológico

El mensaje central del himno es la suficiencia de la obra redentora de Cristo. La salvación no se basa en obras o méritos propios, sino en la fe en la sangre de Jesús. La repetición de la pregunta “¿Eres salvo por la sangre de Jesús?” no es una mera formalidad, sino una invitación a la introspección y a la confirmación de la propia fe. La vida cristiana, entonces, se entiende como una continua dependencia de la gracia de Dios y un esfuerzo por vivir en santidad, anticipando el juicio final con confianza en la limpieza obtenida a través del sacrificio de Cristo.

Inspiración Bíblica

"El himno resuena con la enseñanza de la necesidad de la sangre de Cristo para la purificación del pecado, tal como se describe en 1 Juan 1:7: “Mas si andamos en la luz, como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” La petición de ser lavado en la sangre del Cordero evoca la imagen del sacrificio expiatorio de Jesús, prefigurado en el Antiguo Testamento y cumplido en el Nuevo. La referencia al “tribunal de luz” nos recuerda la venidera evaluación ante Dios, como se menciona en Hebreos 4:13: “No hay criatura escondida de su vista, sino que todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de aquel a quien tenemos que rendir cuentas.”"

1 Juan 1:7

Historia y Trasfondo

Este cántico, aunque su autoría específica a menudo no se destaca, refleja un profundo anhelo por la experiencia de la salvación y la transformación personal que caracterizó a muchos movimientos de restauración del siglo XIX. Su simplicidad y enfoque en la sangre de Cristo como medio de limpieza lo hacen accesible y universalmente relevante. El énfasis en la pregunta directa sobre la experiencia personal de salvación era común en los esfuerzos evangelísticos de la época, buscando una respuesta individual y consciente a la oferta de gracia de Dios.

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