Hay momentos que no
deberían terminar hay
segundos que tendrían
que ser eternidad.
Cuando tu espíritu señor,
se toca con el mío y
mi corazón estalla
de adoración.
Te amo mi buen señor se me
acaban las palabras solo
me queda mi alma para
cantarte.Te adoro mi señor
no hay nadie alrededor
//Solo estamos Tú y yo//
La verdadera adoración no se limita a rituales o expresiones formales, sino que nace de un encuentro personal y transformador con Dios. Es en esos momentos de intimidad, donde el espíritu del creyente se une al Espíritu de Dios, que se experimenta la plenitud del amor divino y se renueva la esperanza. La adoración genuina es una respuesta del alma a la gracia inagotable de Dios, un reconocimiento de su soberanía y un deseo ferviente de vivir en comunión con Él.
"El anhelo por esos momentos de conexión profunda con el Señor, donde el tiempo parece detenerse, encuentra eco en las palabras del apóstol Pablo en 2 Corintios 3:18: 'Pero todos nosotros, con cara descubierta, contemplamos la gloria del Señor, y somos transformados a la misma imagen, de gloria en gloria, por la acción del Espíritu del Señor'. Esta transformación, esta revelación de la gloria divina, es tan impactante que naturalmente produce un deseo de que esa experiencia perdure, de que esos 'segundos' se conviertan en 'eternidad' en el corazón del creyente."
2 Corintios 3:18Este cántico parece surgir de un corazón que ha experimentado la dulce presencia de Dios en la oración o en el estudio de su Palabra. No se conoce al autor específico, pero su mensaje universal habla de la búsqueda sincera de una relación íntima con el Señor. Es un testimonio de aquellos momentos preciosos donde las preocupaciones del mundo se desvanecen y solo queda la comunión con el Creador, un anhelo común a todos los que le aman y desean conocerle más profundamente. El énfasis en la ausencia de otros, 'Solo estamos Tú y yo', refleja la necesidad de apartarse de las distracciones para enfocarse en la voz y el corazón de Dios.
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