Letra Litúrgica
Cuán gloriosa será la mañana;
Cuando venga Jesús el Salvador:
Las naciones unidas como
hermanas, bienvenida
daremos al Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá, ni
tristeza, ni dolor; Porque
entonces Jesús el Rey del cielo
Para siempre será Consolador.
Esperamos la mañana gloriosa
para dar la bienvenida al
Dios de amor donde todo será
color de rosa en la santa
fragancia del Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá,
ni tristeza, ni dolor;
Porque entonces Jesús
el Rey del cielo Para
siempre será Consolador.
El cristiano fiel y verdadero
y también el obrero de
valor, Y la Iglesia, esposa
del Cordero estarán en
los brazos del Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá,
ni tristeza, ni dolor;
Porque entonces Jesús
el Rey del cielo Para
siempre será Consolador.
Presentación y Proyección Litúrgica
Prepara el orden del culto dominical o proyecta en pantalla completa para la congregación.
Himnos Relacionados
LA MAÑANA GLORIOSA
Cuán gloriosa será la mañana;
Cuando venga Jesús el Salvador:
Las naciones unidas como
hermanas, bienvenida
daremos al Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá, ni
tristeza, ni dolor; Porque
entonces Jesús el Rey del cielo
Para siempre será Consolador.
Esperamos la mañana gloriosa
para dar la bienvenida al
Dios de amor donde todo será
color de rosa en la santa
fragancia del Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá,
ni tristeza, ni dolor;
Porque entonces Jesús
el Rey del cielo Para
siempre será Consolador.
El cristiano fiel y verdadero
y también el obrero de
valor, Y la Iglesia, esposa
del Cordero estarán en
los brazos del Señor.
No habrá necesidad de la luz
el resplandor, Ni el sol dará
su luz; ni tampoco su calor,
Allí llanto no habrá,
ni tristeza, ni dolor;
Porque entonces Jesús
el Rey del cielo Para
siempre será Consolador.