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Tú dejaste tu trono y corona por mí al venir a Belén a nacer, más a ti no fue dado el entrar al mesón y en pesebre te hicieron nacer. Alabanzas celestes los ángeles dan en que rinden al Verbo loor mas humilde viniste a la tierra ,Señor a dar vida al más vil pecador. Siempre pueden las zorras sus cuevas tener, Y las aves sus nidos también, Mas el Hijo del Hombre no tuvo lugar En el cual reclinara su sien. Tú viniste Señor, con tu gran bendición para dar libertad y salud mas con odio y desprecio te hicieron morir aunque vieron tu amor y virtud. Alabanzas sublimes los cielos darán cuando vengas glorioso de allí y tu voz entre nubes dirá: "Ven a mí, que hay un lugar junto a mí para ti." |
menu_book Estudio y Trasfondo
Resumen Teológico
El himno nos presenta a un Cristo que se despoja de su gloria para identificarse con la humanidad pecadora. La invitación a que Él habite en nuestro corazón no es una mera formalidad, sino una transformación radical. Reconocer nuestra necesidad de Él y abrirle las puertas de nuestra vida es el primer paso hacia la reconciliación con Dios y la experiencia de una vida abundante en Él. La verdadera adoración implica no solo reconocer su majestad, sino también recibirlo íntimamente en nuestro ser.
Inspiración Bíblica
"El cántico resuena profundamente con el relato del nacimiento de Jesús en Lucas 2:7, donde debido a la falta de lugar en el mesón, Él nació en un pesebre. Esto nos recuerda la humillación voluntaria de Cristo, quien siendo Dios, se hizo hombre. La invitación a que Cristo venga al corazón se alinea con Apocalipsis 3:20, donde Jesús se presenta a la puerta y llama, esperando ser recibido por quien lo abra. La referencia a dar vida al pecador evoca Juan 3:16, el amor incondicional de Dios manifestado en el sacrificio de su Hijo."
Apocalipsis 3:20
Historia y Trasfondo
Este cántico, aunque su autoría específica puede ser difícil de precisar, refleja un anhelo común en la historia del cristianismo: la profunda conexión personal con Jesús. La imagen del pesebre, más que un detalle histórico, es un símbolo poderoso de la accesibilidad de Dios. Él no buscó palacios ni honores terrenales, sino que se identificó con la condición humana más humilde. El mensaje central es una invitación sencilla y directa, un eco del llamado del Evangelio a abrir el corazón a la gracia divina.
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