Tú dejaste tu trono y corona por
mí al venir a Belén a nacer,
más a ti no fue dado el
entrar al mesón y en
pesebre te hicieron nacer.
Ven a mi corazón, oh Cristo pues
en él hay lugar para ti. Ven
a mi corazón, oh Cristo, ven
pues en él hay lugar para ti
Alabanzas celestes los ángeles
dan en que rinden al Verbo
loor mas humilde viniste
a la tierra, Señor a dar
vida al más vil pecador.
Ven a mi corazón, Oh Cristo pues
en él hay lugar para ti. Ven
a mi corazón, Oh Cristo, ven
pues en él hay lugar para ti
Siempre pueden las zorras sus
cuevas tener, Y las aves sus
nidos también, Mas el Hijo del
Hombre no tuvo lugar En el
cual reclinara su sien.
Ven a mi corazón, oh Cristo, pues
en él hay lugar para Ti. Ven
a mi corazón, oh Cristo, ven
pues en él hay lugar para Ti
Tú viniste, Señor, con tu gran
bendición para dar libertad y
salud más con odio y desprecio
te hicieron morir aunque
vieron tu amor y virtud.
Ven a mi corazón, oh Cristo, pues
en él hay lugar para ti. Ven
a mi corazón, Oh Cristo, ven
pues en él hay lugar para ti
Alabanzas sublimes los cielos
darán cuando vengas glorioso
de allí y tu voz entre nubes
dirá: "Ven a mí, que hay un
lugar junto a mí para ti."
Ven a mi corazón, oh Cristo, pues
en él hay lugar para ti. Ven
a mi corazón, Oh Cristo, ven
pues en él hay lugar para ti.
La esencia del evangelio radica en la iniciativa divina de buscar a la humanidad caída. Cristo, en su infinita humildad, dejó la gloria del cielo para identificarse con nuestra condición, experimentando las limitaciones y el sufrimiento humano. El llamado a 'venir a mi corazón' no es una invitación a manipular una emoción, sino a abrir voluntariamente la vida a la presencia y el gobierno de Cristo, permitiendo que su amor transforme el interior y lo llene de paz y propósito.
"El relato de Lucas 2:7, 'Y dio a luz a su primogénito hijo, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón', se refleja profundamente en el himno. La imagen del pesebre, un lugar humilde y despreciado, subraya la paradoja de que el Rey de reyes eligió nacer en la más simple de las condiciones. El himno, como el evangelio de Lucas, nos recuerda que la salvación se ofrece a todos, incluso a aquellos que se consideran indignos, y que el corazón dispuesto es el único requisito para recibir a Cristo."
Lucas 2:7Este cántico, aunque su autoría específica no siempre se documenta con precisión, emerge de un contexto de profunda reflexión sobre el misterio de la encarnación. Se percibe un deseo sincero de expresar la inmensidad del amor de Dios al enviar a su Hijo en forma humana, y la necesidad de abrir el corazón a esa gracia transformadora. La sencillez de sus versos sugiere un origen popular, transmitido y enriquecido a través de generaciones de creyentes que buscaban una forma conmovedora de expresar su fe.
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