Mi Dios y yo, andamos
por el prado, amigos
íntimos con gran amor.
//Me habla Él, le cuento
mis pesares, mi Dios y
yo charlamos al andar.//
Me cuenta de los años
de antaño, do en plan
celeste fui incluido yo.
//Mi existencia Él ha
otorgado, ya gozo de
la vida que me dio.//
Mi Dios y yo por siempre
andaremos amigos
íntimos en comunión.
//El mundo pasa con sus
vanidades, mi Dios y yo
eternos y sin fin.//
La esencia de la fe cristiana radica en la relación transformadora que se establece a través de Jesucristo. Él no es una figura distante, sino un compañero fiel que nos guía, consuela y fortalece en cada paso del camino. Reconocer Su amor y Su providencia nos permite experimentar una vida plena y significativa, arraigada en la esperanza de la vida eterna.
"El espíritu de este cántico encuentra eco en Colosenses 3:23-24, donde se nos exhorta a 'hacer todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él'. La idea de caminar con Dios, compartiendo las cargas del corazón, refleja la promesa de que Él está siempre presente, trabajando en nosotros y a través de nosotros, y que cada acción, cuando se realiza con gratitud y dependencia de Él, se convierte en un acto de adoración y servicio."
Colosenses 3:23-24Este himno, como muchos otros de la tradición, surge de la profunda experiencia de aquellos que han descubierto la realidad de una relación viva y personal con el Señor. No se conoce con certeza la autoría original, pero su mensaje sencillo y conmovedor ha trascendido generaciones, nutriendo la fe de quienes anhelan una comunión más íntima con Dios. El valor espiritual reside en su capacidad para expresar la alegría y la paz que se encuentran al caminar en la presencia divina, recordando que Él nos conoce y nos ama incondicionalmente.
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