Mi Jesucristo murió por
mí; resucitado vive por
mí. Quito mis culpas,
cambió mi ser; yo ya
soy salvo por su poder.
Si me preguntas de mi
Señor, te contaré de su
gran amor; de su vida
perfecta, milagros
sin par y además,
te voy a contar.
Mi Jesucristo murió por
ti; resucitado vive por
ti. Quiere perdonarte,
cambiar tu ser: puedes
ser salvo por su poder.
La salvación es un don inmerecido de Dios, manifestado a través del sacrificio perfecto de Jesucristo. Su muerte en la cruz no solo pagó el precio por nuestros pecados, sino que también nos reconcilió con Dios, abriendo el camino a una nueva vida de santidad y propósito. La fe en Cristo, y en su resurrección, es la clave para acceder a esta gracia transformadora, permitiéndonos experimentar la paz y la alegría que solo Él puede dar.
"El canto refleja profundamente la verdad expresada en 1 Corintios 15:3-4: 'Porque en primer lugar, les transmití lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras'. Esta declaración central del apóstol Pablo encapsula la esencia del himno, recordando que la muerte y resurrección de Jesús no son eventos aislados, sino el fundamento mismo de la salvación y la esperanza cristiana, ofreciendo una justificación completa para aquellos que creen."
1 Corintios 15:3-4Aunque la autoría precisa de este cántico es difícil de determinar con certeza, su mensaje se alinea con el fervor evangelístico que caracterizó a los primeros cristianos. El deseo de compartir la buena noticia de Jesucristo, de proclamar su amor y sacrificio, impulsó la creación de muchas canciones y poemas que buscaban expresar la profunda transformación que experimentaban aquellos que lo recibían. Este himno, en su sencillez, captura esa misma pasión por dar a conocer a Cristo y su obra redentora, invitando a otros a experimentar la misma salvación.
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