Mi vida di por ti, mi
sangre derramé. Por
ti inmolado fui. Por
gracia te salvé.
//Por ti, por ti, inmolado
fui. Qué has dado
tu por mi?//
Mi celestial mansión,
Mi trono de esplendor,
dejé por rescatar
al mundo pecador.
//Si todo yo deje por ti.
Qué dejas tú por mi?//
Reproche, aflicción y
angustia yo sufrí, la
copa amarga fue que
yo por ti bebí.
//Insultos yo por ti
sufrí. Qué sufres
tú por mi?//
De mi celeste hogar te
traigo el rico don, del
Padre, Dios de amor,
la plena salvación.
//Mi don de amor
te traigo a ti Qué
ofreces tu por mi?//
La obra redentora de Cristo es el fundamento de la fe cristiana. Su sacrificio no fue un acto de mera piedad, sino una demostración suprema de amor y justicia. Al entregar su vida, Jesús satisfizo la deuda del pecado y reconcilió a la humanidad con Dios. Esta reconciliación, sin embargo, requiere una respuesta personal: un reconocimiento de nuestra propia pecaminosidad, un arrepentimiento sincero y una entrega total a su voluntad. La vida cristiana es, por tanto, una vida de gratitud y servicio, impulsada por el deseo de corresponder al amor incondicional que hemos recibido.
"El canto encuentra eco profundo en 1 Pedro 2:24, donde se declara que 'él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que, habiendo muerto al pecado, vivamos a la justicia'. Esta escritura ilumina la esencia del sacrificio de Jesús, quien voluntariamente soportó el castigo que merecíamos, liberándonos del dominio del pecado y abriendo el camino a una vida de rectitud. El himno, al igual que este versículo, nos confronta con la magnitud del don recibido y la necesidad de una respuesta apropiada."
1 Pedro 2:24Este cántico, aunque de autoría desconocida, se ha transmitido a través de generaciones dentro del movimiento de restauración, sirviendo como un poderoso llamado a la reflexión personal. No se centra en un evento histórico específico, sino en la verdad atemporal del sacrificio de Cristo. Su sencillez y profundidad han permitido que resuene en el corazón de quienes buscan comprender la inmensidad del amor de Dios y la seriedad de la invitación a seguir a Jesús. El mensaje central es la confrontación amorosa: Dios lo dio todo, ¿qué estamos dispuestos a dar nosotros?
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