Oh amor de Dios, tu
inmensidad El hombre no
podrá contar, Ni comprender
la gran verdad Que Dios al
hombre pudo amar. Cuando
el pecar entró al hogar De
Adán y Eva en Edén, Dios
los sacó, más prometió
Un Salvador también.
Oh amor de Dios, brotando
estás, Inmensurable eternal,
Por las edades durarás,
Inagotable raudal.
Si fuera tinta todo el mar
Y todo el cielo un gran
papel, Y todo hombre un
escritor Y cada hoja un
pincel; Para escribir de
su existir No bastarían
jamás, Él me salvó
y me lavó, Y me da
el cielo además.
Oh amor de Dios, brotando
estás, Inmensurable eternal,
Por las edades durarás,
Inagotable raudal.
El amor de Dios no es una emoción pasajera, sino un atributo esencial de su ser. Es un amor incondicional, eterno e inagotable, que se manifiesta en la provisión de un Salvador para una humanidad caída. Este amor no se basa en nuestro mérito, sino en la misericordia y la gracia de Dios, ofreciendo la esperanza de vida eterna a todos aquellos que creen en su Hijo.
"El canto refleja la profunda verdad expresada en 1 Juan 4:9-10, 'En esto se manifestó el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que tengamos vida por medio de él. No en esto está el amor, en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para ser propiciación por nuestros pecados'. Este pasaje ilumina la iniciativa divina en el amor, un amor que no espera reciprocidad sino que se entrega por completo para la salvación de la humanidad, tal como se describe en el himno al recordar la promesa de un Salvador después de la caída."
1 Juan 4:9-10Aunque la autoría precisa de este cántico a menudo se pierde en el tiempo, su mensaje central se alinea con la profunda preocupación de los primeros cristianos por expresar la magnitud del amor de Dios manifestado en Cristo. En un contexto donde la comprensión del pecado y la necesidad de redención eran centrales, este himno probablemente surgió como una expresión de asombro y gratitud por la gracia divina. Su sencillez y profundidad lo han convertido en un tesoro apreciado por generaciones de creyentes, recordándoles la inmensidad del sacrificio de Dios.
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