Señor, tu nombre exaltaré
Y me gozo en alabarte.
Pues mi vida eres tú. Soy
feliz, pues me salvaste.
Del cielo al mundo
llegaste a guiar Y del
mundo a la cruz para
salvar De la cruz a
la tumba, de la tumba
al cielo Señor tu
nombre exaltaré
La alabanza genuina no es un acto vacío, sino una respuesta del corazón que ha sido tocado por la gracia de Dios. Reconocer a Jesús como la fuente de vida y salvación implica una transformación interior que se manifiesta en una vida de gratitud y obediencia. Exaltar el nombre de Dios es, en esencia, reconocer su soberanía y su amor incondicional, y vivir en consecuencia.
"El espíritu de este cántico encuentra eco en Filipenses 2:9-11, donde se describe la exaltación de Jesús por su humillación y obediencia hasta la muerte. Así como Jesús, dejando la gloria del cielo, se humilló a sí mismo tomando forma de siervo y obedeciendo al Padre, el creyente, agradecido por la salvación recibida, eleva el nombre de Dios reconociendo su soberanía y el sacrificio redentor. La exaltación del nombre divino es una respuesta natural a la gracia inmerecida manifestada en Cristo."
Filipenses 2:9Este himno, aunque de autoría a menudo desconocida en los registros históricos, refleja la profunda experiencia de conversión y la alegría de encontrar vida en Cristo que caracterizó a los primeros discípulos. Surge de un corazón transformado, que ha pasado por el reconocimiento de la necesidad de un Salvador, la experiencia del perdón y la certeza de la vida eterna. Es una expresión sencilla y sincera de la fe, destinada a ser compartida y a inspirar a otros a buscar a Dios.
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