Tres veces santo y justo
Dios quién ante ti firme
estará? ya condenada
por tu voz mi alma
quién librará?
Oh Dios de gracia y de
bondad Abierto has el
manantial En Cristo
borras mi maldad Me
das vestido celestial.
Me das tu precioso don,
Tu hijo que su vida
dio. En Él mis manchas
limpias son. Y solo
en Él confío yo.
Eterno Dios, Tú mi Señor
A ti mi alma clamará. El
gran océano de tu amor
Mis culpas todas cubrirá.
La santidad de Dios es absoluta y su justicia demanda la condenación del pecado. Sin embargo, la gracia divina, revelada en Cristo, ofrece un camino de redención y reconciliación. A través de la fe en su sacrificio, el pecador recibe el perdón de sus pecados y es revestido de la justicia de Cristo, encontrando así la paz con Dios y la esperanza de vida eterna. Esta transformación no es por obras, sino por la gracia inmerecida de Dios.
"El anhelo expresado en el himno de ser librado de la condenación encuentra eco en las palabras de Pablo en Efesios 2:4-5: 'Pero Dios, siendo rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)'. Esta gracia divina, manifestada a través de Cristo, es el manantial abierto que borra la maldad y provee el vestido celestial de justicia, respondiendo a la profunda necesidad del alma humana de liberación y purificación."
Efesios 2:4-5Este cántico, como muchos otros de la tradición, surge de un corazón contrito que reconoce la inmensa brecha entre la santidad de Dios y la imperfección humana. No se conoce con certeza su autoría original, pero su mensaje atemporal refleja la experiencia común de aquellos que, confrontados con la justicia divina, buscan refugio en la gracia manifestada en Jesucristo. El himno es un testimonio de la transformación que ocurre cuando el alma reconoce su necesidad y se entrega a la misericordia de Dios, encontrando así un nuevo vestido de esperanza y vida.
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