//Yo solo espero ese día
cuando cristo volverá//
Afán y todo trabajo para
mi terminara, //cuando
cristo venga y en su
reino me llevara //
Ya no me importa que el
mundo me desprecie por
doquier, pues ya no soy de
este mundo soy del reino
celestial, yo solo
espero ese día
cuando me levantare
//de la tumba fría con
un cuerpo inmortal//
Entonces allí triunfante
victorioso ascenderé a
Jesucristo en las nubes
cara a cara le veré,
allí no habrá más afanes
ni tristeza para mí,
//con los redimidos
al cordero alabare//
La fe genuina se manifiesta en un anhelo constante por la venida de Cristo. Este anhelo no es una evasión de las responsabilidades terrenales, sino una motivación para vivir en santidad y fidelidad, conscientes de que nuestra ciudadanía está en los cielos. El desapego del mundo no implica un rechazo a la creación, sino una priorización de los valores eternos sobre los transitorios. La esperanza en el reino celestial nos capacita para enfrentar las pruebas con gozo y perseverancia, sabiendo que la victoria final es nuestra en Cristo Jesús.
"El anhelo expresado en el cántico encuentra eco en las palabras de Pablo en Tito 2:13, 'esperando la dichosa esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo'. Este versículo describe la misma expectativa viva que impulsa al creyente a vivir una vida centrada en la promesa del regreso de Cristo, ofreciendo consuelo y propósito en medio de las dificultades terrenales. La certeza de la venida del Señor transforma la perspectiva del mundo, enfocándola en la realidad eterna del reino celestial."
Tito 2:13Este cántico, como muchos otros de la tradición, surgió en un contexto de pruebas y desafíos para los primeros discípulos. La persecución y el desprecio del mundo eran realidades constantes. En medio de estas circunstancias, la esperanza en el regreso de Cristo se convirtió en un ancla firme, un refugio seguro y una fuente inagotable de fortaleza. El autor, probablemente un humilde siervo de Dios, plasmó en versos el sentir colectivo de una comunidad que encontraba consuelo y aliento en la promesa de un futuro glorioso, donde el sufrimiento sería reemplazado por la alegría eterna en el reino de su Señor.
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