//Yo te alabo, Padre
Y siempre lo haré//
//Cuando te alabo yo puedo
escalar montañas muy altas
sin desmayar. Cuando
te alabo, yo puedo
tocar, el cielo//
Digno es el Cordero, digno
de alabarle. Dios, amor
eterno, Príncipe de
paz. ///Gloria Dios///
La alabanza es el reconocimiento de la perfección y el poder de Dios, manifestado plenamente en la obra redentora de Jesucristo, el Cordero digno de toda adoración. Al alabar, el corazón se eleva y se conecta con la fuente de vida eterna, experimentando una transformación que capacita para enfrentar los desafíos con fe y esperanza. La alabanza no es un acto aislado, sino una actitud constante de gratitud y dependencia de Dios.
"El Salmo 95:6 nos invita a 'inclinarse y postrarse ante el Señor, nuestro Hacedor'. Este cántico refleja esa actitud de adoración y reconocimiento de la soberanía divina, expresando la capacidad que se recibe al alabar a Dios, una fuerza que permite superar obstáculos y acercarse a la presencia celestial. La alabanza no es simplemente una expresión de afecto, sino un acto de sumisión y dependencia de quien nos sustenta."
Salmo 95:6Este himno, aunque de autoría no siempre documentada con precisión, emerge de la experiencia colectiva de creyentes que han encontrado en la alabanza un refugio y una fuente de fortaleza. Su sencillez y sinceridad lo hacen accesible a todos, transmitiendo un mensaje universal sobre la importancia de reconocer la grandeza de Dios. Se ha transmitido oralmente y a través de generaciones, fortaleciendo la fe y uniendo a los creyentes en un mismo propósito: glorificar al Padre.
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