Día 76 de 122
2026-11-15
2 Corintios 2-3
NT en 4 Meses (Sep - Dic 2026) — Reina-Valera 1909
2 Corintios 2-3
Nuevo TestamentoCapítulo 2
1Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza.
2Porque si yo os contristo, ¿quién «será» luego el que me alegre, «sino» aquel a quien yo contristé?
3Y esto mismo os escribí, para que cuando llegue no tenga tristeza de parte de aquellos de quienes me debiera gozar; confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros.
4Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuán grande es el amor que os tengo.
5Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros.
6Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos;
7así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza.
8Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.
9Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo.
10Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo,
11para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
12Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor,
13no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.
14Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.
15Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden;
16a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?
17Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.
Capítulo 3
1¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros?
2Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres;
3siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.
4Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios;
5no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios,
6el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
7Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,
8¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?
9Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación.
10Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente.
11Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.
12Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza;
13y no como Moisés, que ponía un velo sobre «su» rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido.
14Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, «cuando leen» el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.
15Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.
16Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.
17Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
18Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.