Meditación para la Santa Cena y la Ofrenda según el Nuevo Testamento
Guía bíblica y meditación reverente para presidir la Cena del Señor y la ofrenda dominical en la Iglesia de Cristo conforme a 1 Corintios 11:23-29 y Hechos 20:7.
«Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.»
El Memorial instituido por Cristo en el Nuevo Testamento
Cada primer día de la semana, las congregaciones de la Iglesia de Cristo se reúnen alrededor de la mesa del Señor para cumplir el mandamiento más tierno y solemne dejado por nuestro Salvador antes de su sacrificio en el Calvario. En 1 Corintios 11:23-29, el apóstol Pablo recuerda a los santos que esta ordenanza no fue una invención humana ni una tradición opcional, sino una revelación recibida directamente del Señor Jesús.
La noche en que fue entregado, mientras las sombras de la traición y el sufrimiento se cernían sobre Jerusalén, Cristo tomó el pan sin levadura y el fruto de la vid para establecer el memorial eterno del Nuevo Pacto. Según leemos en Mateo 26:26-28 y Lucas 22:19-20, aquellos emblemas sencillos representan el cuerpo sin pecado entregado en el madero y la sangre preciosa derramada para remisión de los pecados.
Cuando los hermanos que sirven en la congregación —ya sean ancianos, predicadores o siervos designados para presidir la mesa— guían a la asamblea en este acto de adoración, su propósito principal es conducir la mente y el corazón de cada creyente de regreso a la cruz del Gólgota.
Por qué participamos cada primer día de la semana (Hechos 20:7)
El ejemplo apostólico registrado en Hechos 20:7 nos enseña con claridad meridiana la práctica de la iglesia primitiva: «El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba». Los primeros cristianos no esperaban una festividad anual o trimestral para recordar la muerte del Señor; el domingo —día de la resurrección triunfante de Cristo según Juan 20:1 y Marcos 16:9— tenía como centro de su reunión el partimiento del pan.
Así como Israel recordaba semanalmente el reposo, la iglesia comprada con la sangre de Cristo conmemora cada domingo tanto la muerte expiatoria como la resurrección gloriosa del Salvador. Al participar del pan y del fruto de la vid en 1 Corintios 10:16, declaramos nuestra comunión íntima con el cuerpo y la sangre de Cristo, y también nuestra unidad fraternal como un solo cuerpo en el Señor.
Las cuatro miradas espirituales en la Cena del Señor
Al preparar o escuchar una meditación para la Santa Cena conforme a 1 Corintios 11:24-28, las Escrituras nos invitan a ejercitar cuatro miradas espirituales indispensables:
- Una mirada hacia atrás (En memoria de mí): Recordamos con gratitud reverente el sufrimiento de Cristo anunciado en Isaías 53:4-6 y cumplido en 1 Pedro 2:24, quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia.
- Una mirada hacia adentro (Pruébese cada uno a sí mismo): En 1 Corintios 11:28, el Espíritu Santo exhorta a cada cristiano a examinarse con honestidad espiritual, discerniendo el cuerpo del Señor con reverencia, humildad y arrepentimiento sincero.
- Una mirada alrededor (La comunión del cuerpo de Cristo): En 1 Corintios 10:17 aprendemos que, siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo. La mesa del Señor nos llama a la reconciliación, al amor fraternal y a la paz entre hermanos según Mateo 5:23-24.
- Una mirada hacia adelante (Hasta que él venga): En 1 Corintios 11:26 proclamamos públicamente que nuestro Redentor vive y que regresará en gloria conforme a su promesa en Juan 14:1-3 y 1 Tesalonicenses 4:16-17.
Meditación bíblica para la Ofrenda del primer día de la semana (1 Corintios 16:1-2)
En las Iglesias de Cristo, el primer día de la semana es también el momento ordenado bíblicamente para la contribución voluntaria de los santos. En 1 Corintios 16:1-2, el apóstol Pablo instruyó a las iglesias de Galacia y de Corinto: «Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado».
A diferencia de los sistemas de imposición legalista del Antiguo Pacto, la ofrenda en el Nuevo Testamento se rige por la ley de la gracia, la gratitud y la generosidad voluntaria descrita en 2 Corintios 9:6-8. Allí la Palabra afirma que cada creyente debe dar como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
Cuando ofrendamos con liberalidad después de haber contemplado en la Cena del Señor cuánto nos dio Dios al entregar a su Hijo unigénito en Romanos 8:32, nuestra dádiva se convierte en un sacrificio vivo de gratitud que sostiene la predicación del evangelio, la edificación de la iglesia local y la benevolencia hacia los necesitados.
Preguntas Frecuentes sobre este Estudio
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