El gran altar de bronce
El mobiliario comienza con el altar destinado a los sacrificios. Sus dimensiones muestran la escala del culto en la casa que Salomón ha construido.
Explicación del versículo
La planta cuadrada mide veinte codos por lado y la altura diez codos, aproximadamente nueve metros por nueve y cuatro metros y medio de alto. El texto distingue así un altar elevado y de gran tamaño. No explica aquí su acceso, el trazado de sus escalones o rampas ni todos los componentes de su construcción. Las dimensiones no deben convertirse en un plano más detallado de lo que la frase ofrece.
Este altar continúa la función del altar de holocaustos de la tienda de reunión, aunque en una escala mayor. Éxodo 27:1–8 describe un altar transportable con sus utensilios y varas. En Crónicas, el nuevo edificio dispone de un altar propio para el servicio del santuario. Más adelante, 2 Crónicas 7:4–7 lo identificará expresamente como el altar de bronce y contará que, durante la dedicación, la cantidad de sacrificios sobrepasó su capacidad.
No debe confundirse con el altar de oro que aparece al final del capítulo. El altar de bronce pertenece al ámbito de los sacrificios; el de oro se relaciona con el incienso delante del santuario interior. Un mismo nombre, «altar», no convierte ambos objetos en una sola pieza ni hace intercambiables sus funciones.
Texto original y función
מִזְבַּח —mizbéaj— designa aquí el altar de sacrificios. El material se expresa con נְחֹשֶׁת —nejóshet—, traducido «bronce» en este contexto. El énfasis está en el lugar preparado para las ofrendas del pueblo, no en atribuir al metal una eficacia espiritual independiente del culto ordenado por Dios.
Relación con Jesucristo
Hebreos 10:1–4 explica que la repetición de los sacrificios no quitaba definitivamente el pecado. La grandeza del altar no cambia ese límite. La redención eterna llega mediante la entrega de Cristo, quien se ofreció a Dios y purifica nuestra conciencia para servir al Dios vivo (Hebreos 9:11–14).
Texto relacionado: 1 Reyes 7:23–51.