Una fe igualmente preciosa en Jesucristo, Dios y Salvador
El saludo une la autoridad de quien escribe con la gracia recibida por los destinatarios y confiesa la dignidad divina del Salvador.
Explicación del versículo
El autor se presenta como Simeón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo. Simeón es una forma del nombre que también aparece como Simón; la diferencia no introduce aquí a otro Pedro. «Siervo» expresa pertenencia al Señor y «apóstol» una comisión recibida de él. La autoridad con la que exhortará a los lectores no se declara independiente: el enviado sigue siendo servidor de aquel cuyo mensaje anuncia.
Los destinatarios han recibido una fe tan valiosa como la de «nosotros». La comparación puede mirar a los primeros testigos o al grupo con el que el autor se identifica, pero su efecto es claro: los lectores no poseen una salvación de segunda categoría. La preciosa fe recibida los une al mismo Jesucristo. No se afirma que todas las personas tengan idéntica madurez o conocimiento, sino que el acceso al Salvador no está reservado a una élite de mayor valor espiritual.
Fe recibida y confesión de Cristo
ἰσότιμον —isótimon— significa «de igual valor» u «honor». λαχοῦσιν —lachoûsin— expresa haber recibido; la fe se presenta como un don, no como un motivo de superioridad. La frase τοῦ θεοῦ ἡμῶν καὶ σωτῆρος Ἰησοῦ Χριστοῦ —toû theoû hēmôn kaì sōtêros Iēsoû Christoû— une «nuestro Dios y Salvador» bajo una construcción que se refiere a Jesucristo. La NTBT conserva esa confesión: Jesús es verdadero Dios y Salvador, sin que esto confunda su persona con la del Padre.
La justicia del que concede la salvación
La fe se recibe «por la justicia» de Jesucristo. La expresión coloca el don bajo su acción justa y fiel; no atribuye a los lectores un mérito previo que los haga superiores. Tito 2:13–14 une también la confesión de Jesucristo como Dios y Salvador con su entrega para rescatarnos y formar un pueblo dispuesto al bien. El saludo anticipa así lo que desarrollará la carta: gracia recibida y una vida que debe corresponder a ella.
Aplicación editorial
Si te comparas con creyentes de más experiencia, recuerda que el valor de tu fe descansa en el mismo Salvador. Puedes aprender de ellos sin considerarte un miembro inferior de la familia de Dios. Si tienes responsabilidad, recuerda que sigues siendo siervo de Jesús. El mismo Señor a quien sirve el apóstol puede usar tu vida para ayudar al prójimo. No necesitas una fe de mayor precio, sino vivir agradecido por la que has recibido.