Introducción a Colosenses — Nueva Traducción BibliaTodo

Introducción de la edición NTBT con estudio

Introducción a Colosenses

Nueva Traducción BibliaTodo · 4 capítulos.

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Colosenses: la suficiencia de Cristo y la vida que él renueva

Colosenses dirige la mirada hacia Jesucristo, Señor de la creación y cabeza de la iglesia. En él se recibe el perdón, se encuentra la plenitud y se aprende una vida nueva. La carta une esa confianza con gratitud, discernimiento y una obediencia que alcanza las relaciones cotidianas.

Autoría, destinatarios y situación

El saludo presenta a Pablo como apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios y menciona al hermano Timoteo. Los destinatarios son los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas. Al final, Pablo añade un saludo de su propia mano y pide que recuerden sus cadenas. Estos son datos explícitos de la presentación de la carta (Colosenses 1:1–2; Colosenses 4:18).

Colosas se encontraba en Frigia, en Asia Menor, dentro del territorio de la actual Turquía. La carta muestra una relación estrecha con otras comunidades de la región: Epafras se esfuerza por los colosenses, por los de Laodicea y por los de Hierápolis, y se pide que la lectura de las cartas sea compartida entre iglesias. El evangelio ha formado una comunión que supera los límites de una sola ciudad (Colosenses 4:12–16).

Los destinatarios aprendieron el evangelio de Epafras, descrito como amado compañero de servicio y fiel servidor de Cristo. Él comunicó a Pablo el amor de la comunidad. La carta no relata una fundación realizada personalmente por Pablo y menciona su lucha por personas que no lo han visto. Esos datos permiten reconocer una relación sostenida mediante colaboradores, sin completar la historia con viajes que el texto no narra (Colosenses 1:7–8; Colosenses 2:1–5).

Pablo escribe como prisionero y desea que se abra una puerta para anunciar el misterio de Cristo. La carta no nombra la ciudad desde la que se envía ni indica un año. Una datación habitual la sitúa hacia el año 62 d.C., si se relaciona con la prisión romana; esa ubicación y esa fecha aproximada son una reconstrucción histórica, no una indicación expresa del saludo o de la despedida (Colosenses 4:3–4; Colosenses 4:18).

Tíquico dará a conocer la situación del apóstol y viaja acompañado por Onésimo, un hermano de la propia comunidad. Varios colaboradores mencionados aquí aparecen también en Filemón. La relación entre esas cartas ayuda a comprender la red de personas que participa en el servicio, sin exigir que cada circunstancia no descrita sea reconstruida como un hecho seguro (Colosenses 4:7–14; Filemón 1:22–25).

Propósito y forma de la carta

El comienzo agradece la fe en Cristo, el amor por todos los santos y la esperanza recibida mediante el evangelio. La oración pide conocimiento de la voluntad de Dios para una vida digna del Señor, fructífera y perseverante. Conocer y obedecer aparecen unidos: la gracia da origen a un crecimiento que puede reconocerse en la conducta (Colosenses 1:3–14).

La exposición central presenta a Cristo como imagen del Dios invisible, aquel en quien, por quien y para quien fueron creadas todas las cosas. Es también cabeza de la iglesia y el Resucitado que tiene el primer lugar. La reconciliación se realiza mediante su muerte, no mediante poderes que deban completar su suficiencia (Colosenses 1:15–23).

Las advertencias del capítulo 2 se entienden desde ese centro. La comunidad debe permanecer arraigada en Cristo y resistir un engaño que se aparta de él. La carta menciona argumentos persuasivos, preceptos sobre alimentos y días, culto a los ángeles y un trato severo del cuerpo. Esos rasgos delimitan el problema; no proporcionan por sí solos la biografía ni todo el sistema de los maestros a los que se responde (Colosenses 2:4–23).

Como carta de enseñanza y exhortación, Colosenses desarrolla la relación entre el don recibido y la respuesta. Quienes han sido resucitados con Cristo son llamados a dejar las prácticas de la vida antigua, revestirse de amor y vivir bajo su señorío. El cierre lleva esa verdad a la casa, la oración, la conversación con otros y la colaboración en el evangelio (Colosenses 3:1–17; Colosenses 3:18–25; Colosenses 4:1–6).

Recorrido del libro

  • 1:1–14: saludo, gratitud por el fruto del evangelio y oración por una vida que agrade al Señor.
  • 1:15–23: la grandeza del Hijo, su lugar en la creación y la reconciliación mediante su muerte.
  • 1:24–2:5: el servicio de Pablo para dar a conocer a Cristo y procurar la madurez de la comunidad.
  • 2:6–23: permanecer en la plenitud de Cristo frente a enseñanzas que desvían de él.
  • 3:1–17: la vida escondida con Cristo, el abandono del pecado y el amor que une al cuerpo.
  • 3:18–4:1: las relaciones de la casa bajo la autoridad del mismo Señor.
  • 4:2–6: perseverancia en la oración y sabiduría al tratar con quienes están fuera.
  • 4:7–18: noticias, colaboradores, lectura compartida y saludo final de gracia.

Claves para comprender Colosenses

La grandeza de Cristo sostiene su suficiencia. El Hijo no aparece como un poder creado que necesite ser completado por otros. Todas las cosas fueron creadas por medio de él y para él, y toda la plenitud de la deidad habita corporalmente en él. Su divinidad y su humanidad verdadera deben mantenerse juntas al comprender su muerte y resurrección (Colosenses 1:15–20; Colosenses 2:9–15).

El perdón procede de la gracia de Dios. El Padre hace aptos a los creyentes para la herencia, los rescata de las tinieblas y los traslada al reino de su Hijo amado. La nueva vida se recibe mediante la fe en la acción poderosa de Dios. Las buenas obras responden a ese don; no compran la redención ni el perdón (Colosenses 1:12–14; Colosenses 2:11–14).

El misterio revelado tiene a Cristo como centro. Pablo anuncia a Cristo entre los gentiles y procura presentar a toda persona madura en él. El conocimiento no se ofrece como privilegio de una pequeña clase superior. La riqueza de la sabiduría está en el Salvador, y su palabra debe habitar abundantemente en toda la comunidad (Colosenses 1:24–29; Colosenses 2:1–3; Colosenses 3:16–17).

La comunión conserva su unión con la Cabeza. La iglesia crece desde Cristo y es llamada a un solo cuerpo. La paz, el perdón, la gratitud y la enseñanza mutua no se reducen a preferencias personales. El amor que Epafras reconoce «en el Espíritu» corresponde a una vida que Dios forma y que su palabra sigue orientando (Colosenses 1:7–8; Colosenses 2:18–19; Colosenses 3:12–17).

La vida nueva transforma el uso de la autoridad. Las exhortaciones de la casa deben leerse juntas: se pide amor sin amargura, cuidado que no desanime y justicia de quienes tienen poder. Todos responden ante el Señor del cielo. El pasaje describe relaciones sociales reales y exige que se vivan bajo Cristo; no concede a una persona una autoridad independiente de él (Colosenses 3:18–25; Colosenses 4:1).

La esperanza futura orienta el presente. La vida de los creyentes está escondida con Cristo en Dios y será manifestada con él en gloria. Esa esperanza no suspende la responsabilidad de servir. Se expresa en la lucha contra el pecado, la oración perseverante y una conversación llena de gracia hacia cada persona (Colosenses 3:1–11; Colosenses 4:2–6).

Aplicación editorial

Descansa en Jesucristo, tu Señor y único Salvador. Recibe por la fe el perdón que Dios da en él y acércate al Padre con gratitud. Pide la guía del Espíritu Santo para comprender y obedecer la palabra de Cristo, sin convertir una impresión personal en medida de la verdad. Cuida a tus hermanos, practica el perdón y procura que tus palabras y tus responsabilidades expresen la vida nueva recibida por gracia.

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT).
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