Colosenses 1 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT)

Colosenses 1

Salutación

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,   N1

2 a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre.   N2

Gratitud por la fe, el amor y la esperanza

3 Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por ustedes,   N3

4 pues hemos oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todos los santos,   N4

5 a causa de la esperanza que les está reservada en los cielos. De ella oyeron antes en la palabra de verdad del evangelio,   N5

6 que ha llegado a ustedes. Así como en todo el mundo está dando fruto y creciendo, también lo hace entre ustedes desde el día que oyeron y conocieron verdaderamente la gracia de Dios.   N6

7 Así lo aprendieron de Epafras, nuestro amado compañero de servicio, que es fiel servidor de Cristo en nuestro nombre,   N7

8 quien también nos dio a conocer el amor de ustedes en el Espíritu.   N8

Oración por una vida que agrade al Señor

9 Por eso también nosotros, desde el día que lo oímos, no dejamos de orar por ustedes y de pedir que sean llenos del conocimiento de su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual,   N9

10 para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios;   N10

11 fortalecidos con todo poder, conforme a la fuerza de su gloria, para toda perseverancia y paciencia con alegría,   N11

12 dando gracias al Padre, quien los hizo aptos para participar de la herencia de los santos en la luz.   N12

13 Él nos rescató del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado,   N13

14 en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados.   N14

Cristo, creador y cabeza de la iglesia

15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación,   N15

16 porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo ha sido creado por medio de él y para él.   N16

17 Él existe antes de todas las cosas, y todas las cosas se mantienen unidas en él.   N17

18 Él es también la cabeza del cuerpo, que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga el primer lugar.   N18

19 Porque Dios quiso que toda la plenitud habitara en él   N19

20 y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz; por medio de él, ya sean las cosas de la tierra o las de los cielos.   N20

Reconciliados para permanecer en la fe

21 Y ustedes, que antes estaban alejados y eran enemigos en su mente por sus malas obras,   N21

22 ahora han sido reconciliados en su cuerpo de carne por medio de la muerte, para presentarlos santos, sin mancha e irreprochables delante de él,   N22

23 si en verdad permanecen cimentados y firmes en la fe, sin apartarse de la esperanza del evangelio que oyeron, el cual fue proclamado en toda la creación bajo el cielo, y del cual yo, Pablo, llegué a ser servidor.   N23

Ministerio de Pablo a los gentiles

24 Ahora me alegro en mis sufrimientos por ustedes, y completo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.   N24

25 De ella llegué a ser servidor conforme a la administración que Dios me confió para ustedes, para dar a conocer plenamente la palabra de Dios:   N25

26 el misterio que estuvo oculto durante siglos y generaciones, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos.   N26

27 A ellos Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en ustedes, la esperanza de la gloria.   N27

28 A él proclamamos, amonestando a toda persona y enseñando a toda persona con toda sabiduría, para presentar a toda persona madura en Cristo.   N28

29 Para esto también trabajo con esfuerzo, luchando según su fuerza, que actúa en mí con poder.   N29

Capítulos de Colosenses (NTBT)

menu_book Notas de estudio de Colosenses 1

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Colosenses 1:1 north

Un mensajero llamado a servir a Cristo

El saludo identifica a Pablo por su relación con Jesucristo y por la iniciativa de Dios. Timoteo aparece junto a él como hermano, dentro de la comunión desde la que se dirige a los colosenses.

Explicación del versículo

«Pablo» encabeza una carta que después hablará de su servicio, de sus cadenas y de su esfuerzo por personas que no lo han visto. Su autoridad no se apoya aquí en una relación personal previa con cada destinatario. Se presenta como un mensajero cuya misión depende de Cristo y cuyo propósito es dar a conocer su palabra.

«Apóstol de Cristo Jesús» emplea el griego ἀπόστολος (apóstolos), enviado para una misión. La expresión «de Cristo Jesús» identifica a aquel a quien pertenece y de quien procede su encargo. Pablo no anuncia una plenitud propia que compita con el Salvador; sirve al Señor que la carta presentará como cabeza de la iglesia y suficiente para su pueblo.

«Por la voluntad de Dios» atribuye la iniciativa del encargo a Dios. El testimonio de Hechos 26:12–18 muestra a Jesús saliendo al encuentro de quien perseguía a sus seguidores y llamándolo a ser servidor y testigo. La misión no aparece como recompensa merecida por una trayectoria impecable, sino como expresión de la gracia que transforma al pecador.

1 Corintios 15:8–11 mantiene esa misma relación entre apostolado y gracia. Pablo recuerda que persiguió a la iglesia y reconoce que su nuevo trabajo es fruto de la gracia de Dios con él. Por tanto, afirmar un encargo divino no le concede una base para gloriarse en su suficiencia personal.

Autoridad apostólica y fraternidad compartida

La frase διὰ θελήματος θεοῦ (dià thelḗmatos theoû), «por la voluntad de Dios», sitúa la autoridad bajo un propósito que el mensajero debe servir. Gálatas 1:1–5 expresa también el origen de su apostolado en Jesucristo y en el Padre. La autoridad se comprende desde la fidelidad al evangelio recibido, no como permiso para desplazar a Cristo del centro.

«Y el hermano Timoteo» incorpora al saludo a un colaborador conocido por su servicio. El texto lo llama hermano, sin atribuirle aquí la función particular que pudiera haber tenido al preparar la carta. Filipenses 2:19–22 destaca su cuidado sincero por las iglesias y su carácter probado en el trabajo del evangelio.

La combinación del encargo apostólico con la fraternidad prepara el tono de la carta. Hay una enseñanza que debe ser recibida con seriedad y una comunidad de personas unidas en el Señor. Más adelante, Pablo explicará en Colosenses 1:24–29 que su esfuerzo busca presentar a toda persona madura en Cristo. El mensajero sirve para que el Salvador sea conocido, no para convertirse él mismo en la esperanza de la iglesia.

Colosenses 1:2 north

Una familia en Cristo que recibe gracia y paz

La carta se dirige a la comunidad entera de Colosas y reconoce su pertenencia a Cristo. El saludo sitúa su vida bajo la gracia y la paz que proceden de Dios, su Padre.

Explicación del versículo

«A los santos y fieles hermanos» describe a los destinatarios desde la relación que han recibido. «Santos», ἁγίοις (hagíois), son quienes pertenecen a Dios y han sido apartados para él. La palabra no declara que cada aspecto de su conducta esté ya completo; la carta los exhortará precisamente a crecer y a abandonar prácticas contrarias a esa pertenencia.

«Fieles», πιστοῖς (pistoîs), expresa su condición de creyentes y su vínculo de fidelidad con Cristo. Junto con «hermanos», forma una descripción de la misma comunidad. La carta no presenta dos clases separadas, una de santos y otra de creyentes de menor valor. El don compartido los reúne como familia.

«En Cristo» y «que están en Colosas» sitúan esa vida en dos relaciones distintas. Colosas es su lugar de residencia; Cristo es aquel en quien tienen su identidad salvadora. La pertenencia al Señor no elimina su vida en una ciudad concreta, sino que debe transformar sus palabras, relaciones y decisiones dentro de ella.

Efesios 1:3–7 relaciona ser santos con el amor del Padre, la adopción por medio de Jesucristo y la redención recibida por su gracia. Esa conexión ofrece el fundamento del saludo. La santidad a la que son llamados nace de una relación concedida por Dios, no de un mérito que los haya hecho independientes del Salvador.

El don que sostiene a la comunidad

«Gracia y paz» reúne χάρις (cháris), el favor gratuito, y εἰρήνη (eirḗnē), la paz que Dios da. No son solamente buenos deseos de tranquilidad. La carta mostrará que el Padre ha rescatado a los creyentes y que la paz se hace mediante la cruz de su Hijo.

Romanos 5:1–5 une la justificación por la fe con la paz por medio de Jesucristo y con el amor de Dios derramado por el Espíritu Santo. Esa relación da profundidad al saludo: el Padre sostiene una vida nueva cuya seguridad está en su gracia, aun cuando la comunidad siga necesitando paciencia y crecimiento.

La fórmula tiene también una forma ampliada con «y del Señor Jesucristo», conocida asimismo por el saludo de Efesios 1:1–2. Aquí concluye con «de parte de Dios nuestro Padre». Esa formulación no aparta a Cristo de la gracia: los destinatarios ya han sido identificados como hermanos «en Cristo», y el desarrollo de la carta explicará que solo en él reciben redención y plenitud.

«Nuestro Padre» incluye al apóstol y a los destinatarios en una misma relación de confianza. Efesios 2:17–22 presenta el acceso al Padre por medio de Cristo en un solo Espíritu y la pertenencia a su familia. La carta comienza, por tanto, recordando un don que la iglesia debe conservar como fundamento de toda su respuesta.

Colosenses 1:3 north

La gratitud por una comunidad sostenida por Dios

Pablo comienza reconociendo delante del Padre el bien que ha oído acerca de los colosenses. Su oración de gratitud prepara el recuerdo de la fe, el amor y la esperanza que el evangelio ha producido entre ellos.

Explicación del versículo

«Damos gracias» abre una respuesta compartida al conocer la vida de la comunidad. El verbo εὐχαριστοῦμεν (eucharistoûmen) expresa agradecimiento. Pablo no comienza tratando a los destinatarios únicamente como un problema que necesita corrección. Reconoce una obra de gracia que merece ser celebrada, aunque después deba advertirles de peligros reales.

«A Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo» identifica al destinatario de esa gratitud. La fe y el amor de los creyentes no quedan atribuidos a una suficiencia humana que pueda gloriarse por sí misma. El apóstol da gracias a quien los ha recibido por medio del Salvador y continúa sosteniendo su vida.

La relación entre el Padre y el Señor Jesús pertenece al centro de la carta. Agradecer al Padre no aparta al Hijo, en quien los colosenses han sido llamados hermanos y tienen redención. Más adelante, el mismo capítulo explicará que el Padre los ha trasladado al reino de su Hijo amado. La gratitud está orientada hacia esa obra salvadora.

«Orando siempre por ustedes» describe una atención perseverante. El vínculo de Pablo con la comunidad no depende solo de una visita o de una noticia ocasional. La oración le permite atender su bien delante de Dios, y el informe que ha recibido se convierte en motivo de gratitud y de nuevas peticiones.

Una oración que reconoce el fruto y pide crecimiento

Efesios 1:15–19 presenta un movimiento semejante: al oír de la fe y del amor de una iglesia, Pablo agradece y pide conocimiento y esperanza. La relación ayuda a comprender que dar gracias no equivale a declarar terminado todo crecimiento. Puede reconocer lo que Dios ya ha hecho y, a la vez, pedir lo que todavía necesita madurar.

1 Tesalonicenses 1:1–3 reúne también gratitud, oración y memoria de la fe, el amor y la esperanza en Jesucristo. Esas realidades aparecerán en los siguientes versículos de Colosenses. La comunidad es vista desde el fruto del evangelio, no desde la capacidad de impresionar al mensajero.

La gratitud inicial orienta asimismo la lectura de las advertencias posteriores. Pablo desea proteger una vida que ya ha recibido el bien de Cristo. Su enseñanza no propone abandonar al Salvador para alcanzar una plenitud superior, sino permanecer en él y crecer conforme a la gracia que el Padre ha dado.

Colosenses 1:4 north

La fe en Cristo se hace visible en el amor fraterno

Las noticias recibidas dan contenido a la gratitud de Pablo. La comunidad confía en Jesucristo y expresa esa relación mediante amor hacia quienes pertenecen a Dios.

Explicación del versículo

«Pues hemos oído» explica por qué Pablo da gracias. La noticia de la vida de los colosenses ha llegado hasta él, y el versículo 8 identificará a Epafras como quien comunicó su amor. La relación entre comunidades puede ser fortalecida mediante un testimonio fiel acerca de lo que Dios está haciendo en ellas.

«Su fe en Cristo Jesús» sitúa la confianza de los destinatarios en una persona concreta. La expresión πίστιν… ἐν Χριστῷ Ἰησοῦ (pístin… en Christō̂i Iēsoû) no alaba simplemente una actitud de optimismo o la intensidad de una convicción. El fundamento es el Salvador que será presentado como suficiente para la reconciliación y la vida nueva.

«Y del amor que tienen» añade un fruto reconocible de esa confianza. La fe no queda limitada a una declaración que no afecte el trato a las personas. El evangelio reúne a los creyentes en una vida donde pueden reconocer y buscar el bien del hermano.

«Por todos los santos» da amplitud a ese amor. El griego εἰς πάντας τοὺς ἁγίους (eis pántas toùs hagíous) dirige la atención a la comunidad entera. La pertenencia compartida a Cristo debe pesar más que la afinidad, la posición o la conveniencia de tratar con determinados miembros.

El amor procede de la gracia y responde al Salvador

Jesús dio en Juan 13:34–35 el mandamiento de amarse conforme a su propio amor, como señal visible de sus discípulos. Esa relación explica la importancia de lo que Pablo ha oído: el cuidado entre los creyentes hace reconocible una vida formada por el Señor.

Gálatas 5:5–6 relaciona la esperanza por el Espíritu con la fe que actúa por medio del amor. El amor no compra el perdón ni sustituye la confianza en Jesucristo; manifiesta su fruto. La misma carta a los colosenses explicará después que el Padre ha rescatado a su pueblo y que el perdón se recibe en el Hijo.

1 Juan 3:14–18 lleva ese fruto a acciones concretas ante la necesidad del hermano y lo fundamenta en la entrega de Cristo. Por eso el amor reconocido aquí no debe entenderse como una simpatía sin responsabilidad. Incluye una disposición a compartir y cuidar.

La enseñanza posterior de Colosenses 3:12–17 desarrollará paciencia, perdón y gratitud bajo la palabra de Cristo. La noticia inicial no elimina la necesidad de esa exhortación. Agradece una realidad que ya existe y que debe seguir creciendo, orientada por el mismo Salvador en quien la comunidad ha puesto su fe.

Colosenses 1:5 north

Una esperanza segura que sostiene la fe y el amor

El evangelio anuncia un futuro guardado por Dios. Esa esperanza da firmeza a la confianza en Cristo y abre espacio para amar a los hermanos en el presente.

Explicación del versículo

«A causa de la esperanza» enlaza con la fe y el amor del versículo anterior. La comunidad no vive solo de lo que puede ver o poseer ahora. Ha recibido una promesa que permite confiar en Jesucristo y entregarse al bien de otros sin hacer del provecho inmediato la medida de toda decisión. La esperanza pertenece así al fundamento de la vida por la que Pablo agradece.

La expresión griega τὴν ἐλπίδα τὴν ἀποκειμένην (tḕn elpída tḕn apokeiménēn) presenta «la esperanza que está reservada». Aquí la atención recae en el bien esperado, guardado para los creyentes, además de su actitud de esperar. Su seguridad procede de quien conserva esa promesa. Una emoción puede debilitarse en la prueba sin que por ello cambie la fidelidad del Padre.

«En los cielos» sitúa esa seguridad en Dios. No promete que todo deseo personal tendrá cumplimiento ni describe una prosperidad terrenal inmediata. El propio libro dará contenido a la esperanza: Cristo entre los creyentes es esperanza de gloria, y cuando él se manifieste ellos también serán manifestados con él en gloria. El futuro prometido está unido a la persona y a la victoria del Salvador.

«De ella oyeron antes» recuerda cómo llegó esa esperanza a los colosenses. Fue anunciada en el evangelio que ya recibieron. Pablo no los remite a una información reservada a unos pocos que vendría a completar una supuesta insuficiencia de Cristo. Los vuelve hacia la buena noticia por la que conocieron la gracia de Dios y hacia su contenido verdadero.

«La palabra de verdad del evangelio» identifica el mensaje que sostiene la esperanza. El griego εὐαγγέλιον (euangélion) significa «buena noticia»; en este contexto es el anuncio de la salvación en Jesucristo. Su verdad se relaciona con lo que Dios ha hecho y promete en él. Por eso la esperanza cristiana puede ser comunicada, comprendida y examinada conforme al mensaje recibido.

El futuro de Cristo transforma el presente

1 Pedro 1:3–9 une una esperanza viva con la resurrección de Jesús y una herencia reservada en los cielos. También reconoce pruebas y tristeza actuales. Esa relación ayuda a comprender que la firmeza de la esperanza no exige negar el sufrimiento: descansa en la misericordia de Dios y en la vida del Señor resucitado.

En Colosenses 1:27 y Colosenses 3:1–4, la esperanza de gloria se concentra en Cristo. La fe confía en él, el amor atiende a quienes le pertenecen y la esperanza mira hacia la consumación de su obra. Estas realidades se sostienen mutuamente dentro del evangelio. Esperar con Cristo lleva a vivir desde ahora conforme a la vida que él da.

Colosenses 1:6 north

El evangelio da fruto al ser recibida la gracia

La misma buena noticia que se extiende por el mundo está transformando a los colosenses. Su fruto comienza cuando escuchan y reconocen de verdad la gracia de Dios.

Explicación del versículo

«Que ha llegado a ustedes» continúa hablando del evangelio. La comunidad de Colosas participa de una obra que la precede y rebasa sus límites. La verdad anunciada no es una posesión privada de su ciudad ni una enseñanza que solo tenga sentido dentro de un pequeño grupo. El Salvador reúne a personas de distintos lugares mediante la misma buena noticia.

«Así como en todo el mundo» amplía el horizonte de la gratitud. Pablo celebra la extensión del evangelio y su capacidad de producir vida entre los pueblos. La expresión presenta el alcance mundial de esa obra; no exige concluir que cada persona de la tierra ya había escuchado el mensaje. El mismo apóstol seguirá hablando de anunciar a Cristo y enseñar a toda persona en los versículos 28–29.

«Está dando fruto y creciendo» describe una actividad que continúa. Los términos καρποφορούμενον καὶ αὐξανόμενον (karpophoroúmenon kaì auxanómenon) reúnen las ideas de fructificar y crecer. La imagen permite ver tanto la vitalidad del mensaje como su expansión. En el contexto inmediato, la fe en Cristo y el amor por los hermanos muestran algo de ese fruto.

«También lo hace entre ustedes» acerca ese horizonte mundial a la vida concreta de los destinatarios. Ellos no son simples espectadores de lo que sucede en otros lugares. La gracia recibida tiene efectos en su propia comunidad. Más adelante, la oración de Pablo pedirá que sigan dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. El comienzo real de esa vida abre una senda de madurez.

«Desde el día que oyeron y conocieron verdaderamente la gracia de Dios» identifica el punto de partida. El verbo ἐπέγνωτε (epégnōte) expresa aquí reconocer o conocer esa gracia. Se trata de haber recibido como verdad la acción bondadosa de Dios anunciada en el evangelio. Su comprensión debe desarrollarse, pero ya conocen al Salvador que los ha recibido.

La gracia precede al fruto. El pasaje no afirma que los colosenses produjeron suficientes obras para merecer escuchar el mensaje. Oyeron la buena noticia, reconocieron el favor de Dios y su vida comenzó a cambiar. Esa secuencia protege tanto la gratuidad de la salvación como la importancia de la obediencia que nace de ella.

Crecer unidos al Salvador

En Juan 15:4–8, Jesús enseña que las ramas dan fruto al permanecer en él y que ese fruto glorifica al Padre. La relación ilumina la imagen de Colosenses: la vida nueva depende del Señor que la sostiene. El crecimiento de una iglesia debe discernirse también en su fidelidad, su amor y su perseverancia.

Colosenses 1:9–12 desarrollará precisamente ese crecimiento mediante oración, conocimiento, buenas obras, fortaleza y gratitud. El evangelio que llegó a los colosenses sigue formando su manera de vivir. Dar fruto es avanzar en esa vida recibida de Cristo, mientras su buena noticia continúa alcanzando a otros.

Colosenses 1:7 north

Epafras, un servidor fiel del evangelio

La gracia de Dios llegó a los colosenses mediante una enseñanza concreta. Pablo reconoce a Epafras como colaborador amado y servidor de Cristo, y confirma la confianza con que recibieron su mensaje.

Explicación del versículo

«Así lo aprendieron de Epafras» conecta la vida de la comunidad con el evangelio mencionado en los versículos 5–6. Lo aprendido fue la buena noticia de la gracia de Dios. El texto presenta a Epafras como su maestro en ese mensaje; no cuenta aquí las circunstancias exactas de su conversión ni la fecha o el recorrido de su labor.

Recordar cómo aprendieron el evangelio tiene fuerza dentro de la carta. Las advertencias posteriores no buscan que desprecien todo lo recibido para empezar de nuevo con otros conocimientos supuestamente superiores. Pablo reconoce la fidelidad del mensajero que les anunció a Cristo. La vida que agradece tiene una relación real con esa enseñanza.

«Nuestro amado compañero de servicio» expresa afecto y pertenencia compartida. El término σύνδουλος (sýndoulos) designa a un compañero que sirve bajo el mismo señor; incluye la fuerza de una condición de esclavo. En esta relación, Epafras y Pablo pertenecen a Cristo. La expresión honra su servicio sin convertir a Pablo en dueño del otro colaborador.

«Fiel servidor de Cristo» identifica de quién depende y a quién debe su fidelidad. La palabra διάκονος (diákonos) significa aquí servidor o ministro. El elogio considera su tarea al servicio del Salvador y del evangelio. El pasaje no detalla un procedimiento de nombramiento ni ofrece por sí solo una descripción completa de un cargo eclesial.

«En nuestro nombre» sitúa a Epafras en cooperación con Pablo y sus compañeros. Su trabajo entre los colosenses comparte la misión que ellos realizan. La autoridad del mensaje procede de Jesucristo; el reconocimiento apostólico ayuda a la comunidad a discernir la continuidad entre lo que recibió y lo que esta carta le enseña.

El final del libro amplía este retrato. En Colosenses 4:12–13, Epafras es «uno de ustedes», esclavo de Cristo y perseverante en la oración por su madurez. Su ministerio abarca enseñanza, preocupación y súplica. Filemón 1:23 lo menciona además como compañero de prisión de Pablo en Cristo Jesús. Esos datos permiten reconocer un servicio costoso sin construir una biografía que los textos no cuentan.

«En nuestro nombre» y «en nombre de ustedes»

La diferencia depende de dos pronombres griegos: ἡμῶν (hēmō̂n), «nuestro», y ὑμῶν (hymō̂n), «de ustedes». La lectura que conserva la NTBT destaca que Epafras sirve en representación de Pablo y sus compañeros. La otra lectura destaca su servicio en favor de los colosenses. Ambas mantienen a Cristo como Señor del servidor y presentan una tarea beneficiosa para la iglesia; la diferencia está en la relación señalada por el pronombre.

Colosenses 1:8 north

El amor que el Espíritu forma en la comunidad

Epafras no solo enseñó el evangelio a los colosenses: también comunicó a Pablo el amor que había entre ellos. Esa noticia reconoce la obra del Espíritu Santo y conduce a una oración por su crecimiento.

Explicación del versículo

«Quien también nos dio a conocer» sigue teniendo como sujeto a Epafras. Su servicio enlaza a los colosenses con Pablo: lleva a la comunidad la enseñanza del evangelio y comunica al apóstol lo que ha conocido de su vida. La noticia explica por qué Pablo puede agradecer su fe y su amor aun sin describir una visita propia a Colosas.

La expresión «el amor de ustedes» vuelve sobre el fruto mencionado en el versículo 4. Allí se destacó su amplitud hacia todos los santos; aquí se explica su relación con el Espíritu. El informe de Epafras no se reduce a cifras o a una valoración del prestigio de la comunidad. Da a conocer una manera de tratar a las personas que responde a la gracia recibida.

«En el Espíritu» traduce ἐν πνεύματι (en pneúmati). Dentro de este contexto, el amor de los creyentes se comprende como una vida sostenida y formada por el Espíritu Santo. Es un amor que procede de la acción de Dios y se expresa por medio de personas responsables de amar. Reconocer esa obra no vuelve innecesarias las exhortaciones de la carta al perdón, la paciencia y el cuidado fraterno.

Gálatas 5:22–25 nombra el amor como fruto del Espíritu y llama a quienes viven por él a seguir su paso. Esa relación ayuda a comprender la noticia que Epafras comunica. El Espíritu produce una vida cuyo fruto puede reconocerse, y guía al creyente a una conducta coherente con su pertenencia a Cristo.

En Romanos 5:1–5, la paz con Dios mediante Jesucristo se relaciona con el amor de Dios derramado en el corazón por el Espíritu Santo que nos fue dado. El bien reconocido en Colosas pertenece a esa obra de gracia. El Padre recibe la gratitud; Jesucristo es el fundamento de la fe; el Espíritu forma el amor de la comunidad. La acción de Dios sostiene toda esta oración inicial.

Este versículo cierra la sección de gratitud. En el siguiente, «por eso» abrirá la petición de Pablo: al saber de esa vida, pide que los creyentes conozcan la voluntad de Dios y vivan dignamente del Señor. El amor existente necesita ser cultivado con sabiduría. La buena noticia recibida conduce a agradecer y a seguir orando.

Aplicación editorial

Cuando reconozcas amor entre los hermanos, puedes agradecer al Padre por la obra de su Espíritu y pedir que ese fruto madure. Busca su guía conforme a la palabra de Cristo y exprésala en cuidado, paciencia y disposición a perdonar, como enseña Colosenses 3:12–17. El reconocimiento de una obra espiritual se acompaña de obediencia concreta al Salvador.

Colosenses 1:9 north

Conocer la voluntad de Dios para vivir conforme a ella

La gratitud por la fe de los colosenses conduce a una petición perseverante. Pablo pide que Dios forme en ellos un conocimiento que ilumine su vida y madure en sabiduría espiritual.

Explicación del versículo

«Por eso también nosotros» abre una nueva parte de la oración. La noticia comunicada por Epafras ha movido a Pablo a agradecer y a pedir. La fe, el amor y la esperanza existentes no vuelven innecesaria la intercesión. Son una razón para buscar su crecimiento y su firmeza en el evangelio.

«Desde el día que lo oímos» retoma la llegada de ese informe. El interés del apóstol ha sido constante desde entonces. «No dejamos de orar» expresa una dedicación perseverante a su bien delante de Dios; no obliga a imaginar que Pablo interrumpió todas sus demás tareas para pronunciar una oración sin pausa.

«Que sean llenos del conocimiento de su voluntad» reconoce a Dios como quien debe enriquecer la comprensión de la comunidad. La palabra ἐπίγνωσις (epígnōsis) designa aquí el conocimiento de lo que Dios quiere. Su sentido se precisa por la frase que sigue y por el propósito del versículo 10: comprender para vivir de manera digna del Señor. La petición no promete a los creyentes conocer todos los detalles ocultos de su porvenir.

El evangelio ya les ha dado a conocer la gracia de Dios. Ahora necesitan discernir las implicaciones de esa verdad. Conocer su voluntad incluye comprender quién es Cristo y qué respuesta corresponde a quienes han sido reconciliados con él. En Colosenses 2:2–3, Pablo situará en Cristo los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. La madurez de la comunidad depende de acercarse a su Salvador y permanecer en él.

«Con toda sabiduría y comprensión espiritual» describe la calidad de ese conocimiento. Σοφία (sophía) expresa sabiduría, y σύνεσις (sýnesis), comprensión o discernimiento. La petición busca una comprensión espiritual capaz de orientar la conducta. El Espíritu Santo guía en la verdad de Dios y forma una respuesta sabia; la oración no convierte cualquier impresión personal en un mandato suyo.

Un conocimiento que produce obediencia

Efesios 5:15–20 vincula una vida sabia, el entendimiento de la voluntad del Señor, la plenitud del Espíritu y la gratitud al Padre en nombre de Jesús. Esa relación ayuda a leer la petición de Colosenses desde una vida completa: decisiones, relaciones, adoración y uso del tiempo bajo el señorío de Cristo.

Romanos 12:1–2 presenta asimismo el discernimiento de la voluntad de Dios como respuesta a sus misericordias, mediante una mente renovada y una vida ofrecida a él. La petición de Pablo une ese discernimiento a una vida renovada. El conocimiento solicitado alcanza su propósito cuando la gracia recibida transforma la manera de vivir.

Colosenses 1:10 north

Una vida que agrada al Señor y sigue creciendo

Pablo explica para qué pide conocimiento y sabiduría: para que toda la conducta de los creyentes corresponda a su relación con Cristo. Esa vida produce buenas obras y profundiza en el conocimiento de Dios.

Explicación del versículo

«Para que vivan de manera digna del Señor» expresa el propósito de la petición anterior. El verbo griego περιπατῆσαι (peripatē̂sai) significa literalmente «andar» y aquí describe la manera de conducirse. Lo que Pablo pide que comprendan debe verse en el camino que siguen cada día, en sus decisiones y en el trato con los demás.

«De manera digna» señala una conducta acorde con el Señor a quien pertenecen. No significa adquirir por buenas obras el derecho a ser rescatados. Los versículos 12–14 explicarán que el Padre los ha hecho aptos, los ha trasladado al reino de su Hijo y les ha dado redención en él. La conducta digna responde a esa gracia y expresa la nueva pertenencia.

«Agradándole en todo» amplía el alcance de esa respuesta. La voluntad de Jesucristo orienta la vida entera. La carta desarrollará después consecuencias en las relaciones comunitarias, el hogar, el trabajo, la oración y la palabra dirigida a quienes están fuera. El conocimiento de Dios no queda encerrado en una experiencia interior sin relación con esas responsabilidades.

«Dando fruto en toda buena obra» concreta una primera expresión del andar digno. La imagen del fruto ya describía la actividad del evangelio en el versículo 6. Aquí se aplica a la vida de quienes lo recibieron. La misma gracia que los alcanzó produce acciones que procuran el bien y honran al Salvador. El fruto no reemplaza su obra salvadora: muestra su efecto.

«Y creciendo en el conocimiento de Dios» añade un movimiento inseparable del anterior. Comprender y vivir no son tareas que se completen de una vez para siempre. El creyente necesita aprender a conocer mejor al Padre y a reconocer su voluntad mientras practica la obediencia. El griego τῇ ἐπιγνώσει τοῦ θεοῦ (tē̂i epignṓsei toû theoû) relaciona ese crecimiento con el conocimiento de Dios. La oración busca madurez en una relación verdadera con él, no solo acumulación de datos religiosos.

El fruto de una vida recibida por gracia

Efesios 2:8–10 establece con claridad la relación: la salvación es don de Dios por gracia mediante la fe, y quienes son creados en Cristo Jesús son llamados a andar en buenas obras. Esto permite conservar unidos el fundamento y el propósito de la vida cristiana. La obediencia importa porque el Salvador renueva a su pueblo.

Efesios 5:8–10 llama a vivir como hijos de luz y a examinar qué agrada al Señor. Hebreos 13:20–21 pide que Dios prepare a los creyentes para hacer su voluntad y obre en ellos lo agradable por medio de Jesucristo. Ambas relaciones iluminan esta oración: el Señor merece una vida fiel y, por su gracia, capacita a los suyos para vivirla.

Colosenses 1:11 north

La fuerza de Dios sostiene una perseverancia gozosa

La vida que agrada al Señor necesita fortaleza de Dios. Pablo pide un poder que se manifieste en permanecer fieles, tratar a otros con paciencia y conservar la alegría en él.

Explicación del versículo

«Fortalecidos con todo poder» continúa describiendo el andar digno del versículo anterior. Los creyentes han de dar fruto y crecer, pero no son presentados como suficientes para hacerlo por sí mismos. La oración reconoce que necesitan recibir fuerza. Pedirla es parte de una vida consciente de su dependencia de la gracia.

El griego δυναμούμενοι (dynamoúmenoi) expresa que son fortalecidos. La atención se dirige a la acción de Dios en quienes le pertenecen. El poder solicitado se orienta a vivir la voluntad del Señor que Pablo acaba de mencionar. No queda desligado del amor, de las buenas obras o del conocimiento de Dios.

«Conforme a la fuerza de su gloria» señala la grandeza de quien los fortalece. La medida de la petición no se limita a los recursos que la comunidad reconoce en sí misma. Pablo mira al poder del Dios glorioso. La oración se apoya en su capacidad de sostener a su pueblo y, a continuación, recordará que él ya lo ha rescatado del dominio de las tinieblas.

«Para toda perseverancia y paciencia» explica el propósito de esa fortaleza. Ὑπομονή (hypomonḗ) expresa constancia o perseverancia, y μακροθυμία (makrothymía), paciencia o capacidad de soportar con longanimidad. Las palabras se complementan: hace falta permanecer fiel en las dificultades y responder con paciencia cuando el camino se prolonga o las relaciones exigen cuidado.

La fuerza divina puede reconocerse, por tanto, en una fidelidad que continúa sin rendirse a la desesperación o a la hostilidad. La carta misma procede de un mensajero que está preso y que se esfuerza por la madurez de otros. Su situación ayuda a entender por qué la perseverancia ocupa un lugar tan importante en lo que pide para la iglesia.

«Con alegría» da un tono particular a esa resistencia. La fidelidad al Señor puede convivir con tristeza y cansancio, pero tiene un fundamento de gozo en su gracia y en la esperanza de gloria. La expresión también prepara la gratitud al Padre del versículo siguiente. La oración reúne constancia, paciencia, alegría y agradecimiento dentro de una vida sostenida por Dios.

El consuelo de la Escritura y el poder del Espíritu

Romanos 15:1–6 relaciona la perseverancia y el consuelo de las Escrituras con la esperanza, el cuidado de los débiles y el ejemplo de Cristo. Esa conexión da contenido a la paciencia: sostiene una comunidad que aprende a sobrellevar y a buscar el bien del hermano.

Romanos 15:13 pide gozo, paz y esperanza por el poder del Espíritu Santo. La alegría cristiana tiene así una fuente más firme que las circunstancias favorables. El Espíritu conduce a confiar en el Salvador, y el Padre fortalece a los creyentes para seguir viviendo conforme a esa confianza.

Colosenses 1:12 north

El Padre nos concede participar de su herencia

La oración desemboca en gratitud. Los colosenses pueden vivir como pueblo de Dios porque el Padre los ha hecho aptos para compartir la herencia de quienes le pertenecen.

Explicación del versículo

«Dando gracias al Padre» incorpora el agradecimiento a la conducta por la que Pablo ora. La gratitud apareció al comienzo de la sección y ahora forma parte de la vida que desea para los creyentes. Conocer la voluntad de Dios, dar fruto y perseverar conduce también a reconocer de quién procede el bien recibido.

«Quien los hizo aptos» sitúa la acción decisiva en el Padre. La forma griega ἱκανώσαντι (hikanṓsanti) expresa que él los capacitó o hizo idóneos para participar. La frase no dice que los colosenses acumularon suficientes méritos para entrar. El Padre les concedió una pertenencia que no podían reclamar por su propia suficiencia.

Esta afirmación ilumina la oración anterior. Pablo pide crecimiento a personas que ya han recibido la gracia. Su madurez importa, pero no es presentada como el precio con que compran un lugar en la familia de Dios. Los versículos siguientes explicarán esa capacitación mediante el rescate, el reino del Hijo y el perdón en él.

«Para participar de la herencia de los santos» describe un bien compartido. La expresión τὴν μερίδα τοῦ κλήρου (tḕn merída toû klḗrou) habla de la parte o porción en la herencia. Los destinatarios han sido incorporados al pueblo que pertenece a Dios. Los «santos» son aquí quienes han sido apartados para él, como en el saludo a los creyentes de Colosas.

«En la luz» caracteriza el ámbito de esa herencia y prepara el contraste con las tinieblas del versículo 13. La imagen habla de una vida bajo el cuidado y la verdad de Dios. El Padre ha llevado a los creyentes a una nueva pertenencia que se manifiesta en su relación con el Hijo amado. La luz no se presenta como un conocimiento oculto que cada uno debe adquirir para volverse digno.

La herencia tiene además un horizonte que supera el presente. En el versículo 5, la esperanza estaba reservada en los cielos. Aquí se afirma que los destinatarios han sido hechos participantes del bien de Dios. Poseen una pertenencia real y esperan la gloria que Cristo manifestará. La gratitud reconoce lo recibido mientras la esperanza aguarda su plenitud.

Una participación recibida mediante la fe en Cristo

En Hechos 26:16–18, el Señor envía a Pablo para que las personas pasen de las tinieblas a la luz y reciban perdón y una porción entre los santificados mediante la fe en él. La relación reúne varios elementos de esta oración y muestra su centro: el acceso al pueblo de Dios depende del Salvador.

1 Pedro 1:3–5 bendice al Padre por una herencia reservada en los cielos y relaciona esa esperanza con la resurrección de Jesucristo. La gratitud de Colosenses tiene la misma orientación hacia la misericordia de Dios y la obra del Hijo. El Padre celestial recibe la alabanza porque ha abierto a los creyentes una participación que procede de su gracia.

Colosenses 1:13 north

Rescatados para vivir bajo el reinado del Hijo

El Padre ha hecho posible una nueva pertenencia. Al rescatar a los creyentes de las tinieblas y trasladarlos al reino de su Hijo amado, les concede una vida cuyo Señor es Jesucristo.

Explicación del versículo

«Él nos rescató» continúa hablando del Padre mencionado en el versículo 12. La gratitud tiene una razón concreta: Dios intervino para librar a su pueblo. El cambio de «los hizo aptos» a «nos rescató» incluye a Pablo y a sus compañeros en la misma gracia que han recibido los colosenses. El apóstol comparte con ellos la necesidad de salvación y la nueva pertenencia al Hijo.

«Del dominio de las tinieblas» describe una situación de la que era necesario ser liberados. Ἐξουσία (exousía) significa aquí dominio o autoridad. Las tinieblas representan el ámbito contrario a la luz y a la vida de Dios. La imagen abarca algo más profundo que una falta de información: el evangelio trata con el pecado y con la esclavitud de la que el ser humano no puede salvarse por su propia suficiencia.

En Hechos 26:16–18, el Señor presenta la misión de Pablo como un llamado a pasar de las tinieblas a la luz y de la autoridad de Satanás a Dios. El mismo pasaje une ese cambio con el perdón y la fe en Cristo. Esta relación ayuda a comprender la fuerza del rescate: Dios abre una vida nueva y recibe a quienes creen en su Hijo.

«Y nos trasladó» añade el destino del rescate. El griego μετέστησεν (metéstēsen) expresa un traslado o cambio de ámbito. La salvación no deja al creyente en una independencia absoluta donde él mismo decide ser su propio señor. Lo incorpora al reino de Jesucristo, en una relación que se caracteriza por el amor de Dios y la redención.

«De su Hijo amado» identifica al Rey. El Padre y el Hijo son personas distintas, y el amor del Padre hacia el Hijo da forma a esta presentación del reino. La carta explicará enseguida que todas las cosas fueron creadas por medio de Cristo y para él. El Salvador que recibe a su pueblo posee autoridad sobre toda la creación.

El rescate y el traslado son afirmados como acciones realizadas. Los destinatarios ya pertenecen a Cristo. Eso no significa que toda dificultad haya desaparecido ni que la gloria futura se haya manifestado plenamente. La carta puede afirmar su nueva vida y, al mismo tiempo, llamarlos a permanecer firmes, resistir el engaño y esperar la manifestación del Señor.

Una nueva pertenencia que orienta la vida

Efesios 2:1–7 describe una condición anterior de pecado y la misericordia con que Dios da vida junto con Cristo. La relación muestra que el cambio procede de su gran amor. El Padre rescata mediante su Hijo a personas que necesitan gracia.

1 Pedro 2:9–10 llama al pueblo de Dios a anunciar las virtudes de quien lo llevó de las tinieblas a su luz admirable. El rescate desemboca en una identidad y una misión. Quienes pertenecen al reino del Hijo han recibido razones para agradecer al Padre y para vivir de manera que honre a su Salvador.

Colosenses 1:14 north

En Cristo recibimos redención y perdón

La nueva pertenencia al reino del Hijo incluye una liberación real del pecado. La redención y el perdón se encuentran en Jesucristo, el Salvador en quien los creyentes han puesto su fe.

Explicación del versículo

«En quien» se refiere al Hijo amado del versículo anterior. El rescate realizado por el Padre no se entiende al margen de Cristo. Los creyentes participan de la salvación unidos a él. La frase concentra la atención en la persona que será presentada a continuación como imagen de Dios, creador y cabeza de la iglesia.

«Tenemos» afirma una posesión presente. El griego ἔχομεν (échomen) incluye a Pablo y a los destinatarios en el mismo bien recibido. La esperanza de gloria aguarda su consumación, pero el perdón no queda reservado para un momento en que la comunidad alcance una perfección suficiente. La redención es una gracia que ya tienen en el Salvador.

Ἀπολύτρωσις (apolýtrōsis) expresa redención o liberación. En este contexto se relaciona con el rescate de las tinieblas y con el perdón del pecado. El ser humano necesita que Dios lo libere; no basta con mejorar su posición externa o adquirir una enseñanza más elevada. El Hijo hace posible una nueva relación con el Padre.

«El perdón de los pecados» explica aquí el bien de la redención. Ἄφεσις (áphesis) significa perdón o remisión. La frase enfrenta la realidad de las faltas cometidas y anuncia que en Cristo son perdonadas. Dios no recibe a los creyentes porque el pecado haya sido insignificante, sino por la obra reconciliadora de su Hijo.

El propio capítulo mostrará el costo de esa obra. Colosenses 1:20–22 relaciona la paz con la sangre de la cruz y la reconciliación con la muerte de Cristo. La liberación que aquí se celebra se fundamenta en la entrega del Salvador. Su gracia permite abandonar tanto la pretensión de salvarse por mérito propio como la desesperación de pensar que el pecado es más poderoso que su perdón.

Colosenses 2:13–14 desarrollará la misma realidad al hablar de vida junto con Cristo, perdón de las transgresiones y cancelación de la deuda que nos era contraria. Es una relación explicativa dentro de la carta: el reino del Hijo es el ámbito de una vida nueva fundada en su victoria y su gracia.

La expresión «por su sangre»

Algunas formas del texto añaden después de «redención» la expresión διὰ τοῦ αἵματος αὐτοῦ (dià toû haímatos autoû), «por su sangre». La NTBT conserva aquí la lectura más breve. Efesios 1:7 sí incluye expresamente esa frase al reunir redención y perdón en Cristo. La diferencia de redacción en este versículo no elimina la enseñanza sobre su muerte: Colosenses la afirma claramente en el versículo 20.

Colosenses 1:15 north

La imagen de Dios y el Señor de la creación

El Hijo amado en quien tenemos redención revela al Dios invisible y tiene supremacía sobre toda la creación. Los versículos siguientes explican esa dignidad mediante su acción creadora y su existencia anterior a todas las cosas.

Explicación del versículo

«Él es» continúa hablando de Jesucristo. La carta pasa del rescate recibido por los creyentes a la identidad de su Salvador. La amplitud de lo que sigue permite comprender por qué pueden confiar plenamente en él: quien reconcilia a la comunidad posee una dignidad que alcanza todo lo creado.

«La imagen del Dios invisible» expresa que en el Hijo se da a conocer verdaderamente Dios. La palabra εἰκών (eikṓn) significa «imagen». Su fuerza aquí se entiende desde la persona de Cristo y las afirmaciones del pasaje: él revela al Dios que no podemos abarcar con la vista y actúa con autoridad divina. No se trata de una semejanza superficial separada del ser y la obra de Dios.

Juan 1:14–18 relaciona la encarnación del Verbo con la manifestación de la gloria, la gracia y la verdad, y afirma que el Hijo ha dado a conocer al Padre. Hebreos 1:1–3 lo presenta como resplandor de su gloria y expresión exacta de su ser. Estas relaciones explican por qué conocer a Jesús es decisivo para conocer a Dios: el Hijo es verdaderamente Dios y revela al Padre sin confundirse con él.

«El primogénito de toda la creación» usa πρωτότοκος (prōtótokos), «primogénito». La palabra puede designar al primer hijo nacido y también expresar una posición de preeminencia. Aquí el contexto determina su sentido: el versículo 16 dice que todas las cosas fueron creadas en Cristo, por medio de él y para él; el 17 afirma que existe antes de todas ellas. El Hijo es presentado como Señor de la creación, no como parte de lo creado.

Salmos 89:20–29 ofrece una relación bíblica importante. Dios llama «primogénito» al rey davídico y explica esa dignidad como la del más excelso entre los reyes de la tierra. El título expresa allí una posición concedida de supremacía. Esta relación ayuda a comprender que la palabra no obliga siempre a describir el orden de nacimiento.

En Colosenses, la grandeza del Hijo excede la de cualquier rey. La creación entera depende de él y está orientada hacia él. Por eso «primogénito» debe leerse junto con la explicación que Pablo ofrece, manteniendo tanto su existencia anterior como su autoridad suprema.

El Salvador suficiente para su pueblo

El movimiento de esta sección une revelación y salvación. El Hijo da a conocer a Dios y, mediante su cruz, hace la paz. La iglesia no necesita buscar un mediador superior a él para llegar al Padre. Colosenses 2:9–10 desarrollará esta suficiencia al afirmar que la plenitud de la Deidad habita corporalmente en Cristo y que los creyentes han recibido plenitud en él.

El título del versículo 15 también prepara el de «primogénito de entre los muertos» en el versículo 18. La supremacía de Cristo abarca la creación y la vida nueva de la resurrección. El mismo Señor creador es cabeza de su pueblo y fundamento de su esperanza.

Colosenses 1:16 north

Todo existe por medio de Cristo y para él

La supremacía del Hijo se explica por su relación con todo lo creado. Ningún ámbito visible o invisible queda fuera de la obra realizada en él, por medio de él y para él.

Explicación del versículo

«Porque» introduce la razón de la afirmación anterior. Cristo es primogénito de toda la creación porque todas las cosas fueron creadas en él. La explicación impide aislar ese título como si describiera al primero de una serie de seres creados. El Hijo está del lado de quien da origen a la creación y posee autoridad sobre ella.

«En él fueron creadas todas las cosas» sitúa a Cristo en el centro de la obra creadora. El griego τὰ πάντα (tà pánta) significa «todas las cosas». La frase se desarrolla mediante varias expresiones que amplían su alcance. No se limita al mundo humano ni a lo que los colosenses conocen por experiencia directa.

«En los cielos y en la tierra» incluye los grandes ámbitos de la creación. «Las visibles y las invisibles» añade que su dependencia de Cristo no se mide por la posibilidad de verlas. El Salvador posee una grandeza que supera todo lo perceptible y todo poder que pueda causar admiración o temor.

«Sean tronos, dominios, principados o autoridades» incluye también las realidades de poder. El contexto de lo visible y lo invisible, junto con las advertencias posteriores de la carta, hace especialmente importante la referencia a los poderes celestiales. Pablo no ofrece aquí una clasificación detallada de jerarquías. Afirma que ninguna autoridad creada posee una existencia independiente del Hijo ni puede colocarse por encima de él.

«Todo ha sido creado por medio de él» vuelve a reunir la totalidad. La expresión δι’ αὐτοῦ (di’ autoû) señala su participación activa en la creación: todo llegó a existir por medio del Hijo. El pasaje no lo presenta como un poder menor al que haya que superar para alcanzar a Dios. Su acción creadora pertenece a la obra del único Dios.

«Y para él» añade el destino de lo creado. Εἰς αὐτόν (eis autón) expresa orientación hacia él. Cristo no es solo quien intervino en un comienzo remoto; la creación tiene su finalidad en él. La vida de los creyentes encuentra así una razón profunda para reconocerlo como Señor: pertenecen a quien es origen y meta de todo lo creado.

El único Dios y la grandeza de su Hijo

1 Corintios 8:4–6 afirma que hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas, y un solo Señor, Jesucristo, por medio de quien existen todas ellas. Esa confesión mantiene la distinción entre el Padre y el Hijo dentro de la fe en un solo Dios. La acción del Hijo en la creación no introduce un segundo dios.

Juan 1:1–3 declara que el Verbo era Dios y que nada de lo que ha sido hecho llegó a existir sin él. La relación confirma la amplitud de Colosenses. Colosenses 2:10–15 mostrará además que Cristo es cabeza de todo principado y autoridad y que su cruz manifiesta su victoria. La comunidad puede descansar en el Salvador cuya autoridad abarca cuanto existe.

Colosenses 1:17 north

El Señor que sostiene cuanto existe

La creación depende de Cristo tanto en su origen como en su continuidad. Él existe antes de todas las cosas y mantiene unido el conjunto de lo creado.

Explicación del versículo

«Él existe antes de todas las cosas» continúa explicando la dignidad del Hijo. No es un personaje que apareció después de la creación y recibió solamente una tarea dentro de ella. Su existencia precede a cuanto fue creado. Esta afirmación completa la razón por la que el título «primogénito» del versículo 15 expresa su supremacía sobre la creación.

La expresión πρὸ πάντων (prò pántōn), «antes de todas las cosas», tiene aquí su sentido dentro de lo dicho acerca del origen de todo por medio de Cristo. No se limita a afirmar que él merece atención antes que otros asuntos. Habla de su relación con la existencia misma del mundo y de los poderes mencionados en el versículo anterior.

«Y todas las cosas se mantienen unidas en él» añade una afirmación sobre la continuidad de lo creado. Συνέστηκεν (synéstēken) expresa aquí que las cosas subsisten o se mantienen cohesionadas. El Hijo no queda separado de su obra después de haberla originado. Lo que existe sigue dependiendo de él.

La repetición de «todas las cosas» conserva el alcance del versículo 16. La realidad visible y la invisible, incluidos los poderes que puedan impresionar a los creyentes, forman parte de una creación sostenida por Cristo. Ninguna de esas realidades puede convertirse en un fundamento de seguridad superior al Señor de quien depende.

La frase también prepara la referencia a la iglesia como su cuerpo en el versículo siguiente. La autoridad del Salvador abarca toda la creación, y su relación con el pueblo redimido tiene un carácter particular. Quien sostiene el universo es también la cabeza de la comunidad reconciliada por su muerte. La grandeza de Cristo y su cuidado por la iglesia pertenecen al mismo retrato.

Dependencia del Creador y confianza en el Salvador

Hebreos 1:1–3 relaciona al Hijo, por medio de quien Dios hizo el universo, con el sostenimiento de todas las cosas mediante su palabra poderosa. La conexión confirma que su acción no pertenece únicamente al pasado. La existencia presente de lo creado descansa en su poder.

Hechos 17:24–28 presenta a Dios como quien da vida, aliento y todas las cosas, y en quien vivimos y nos movemos. Colosenses concentra la atención en la participación del Hijo en esa obra divina. La fe en un solo Dios reconoce en Cristo al Señor creador y sustentador.

Esta confesión ofrece fundamento a la confianza de la comunidad. El sufrimiento y el engaño que la carta enfrenta son reales, pero no colocan al Salvador bajo el dominio de aquello que él sostiene. La esperanza de los creyentes está en el Hijo eterno que los ha redimido y los llama a permanecer firmes en el evangelio.

Colosenses 1:18 north

La cabeza de la iglesia y el primero de la vida resucitada

El Señor de toda la creación es también quien da unidad y vida a la iglesia. Su resurrección inaugura una vida sobre la que la muerte ya no tiene dominio y fundamenta la esperanza de su pueblo.

Explicación del versículo

«Él es también» lleva la mirada desde toda la creación hacia la comunidad redimida. El mismo Hijo que existe antes de todas las cosas se relaciona con la iglesia como cabeza de un cuerpo. Su grandeza no lo aleja de su pueblo; explica la firmeza de su cuidado y de su autoridad sobre él.

«La cabeza del cuerpo, que es la iglesia» identifica tanto a Cristo como a la comunidad que depende de él. Κεφαλή (kephalḗ) significa «cabeza». En la imagen de la carta, Cristo tiene preeminencia y sostiene la unidad y el crecimiento del cuerpo. La iglesia no puede comprender su vida ni su propósito separada de quien la ha reconciliado.

Colosenses 2:19 volverá sobre la imagen y explicará que el cuerpo, sostenido y unido desde la cabeza, crece con el crecimiento que da Dios. Esa relación impide reducir «cabeza» a un título distante. Cristo gobierna a su pueblo y es indispensable para su vida y su madurez.

«Él es el principio» usa ἀρχή (archḗ), «principio» u «origen». La frase siguiente, «el primogénito de entre los muertos», orienta aquí la atención hacia su resurrección. Cristo da comienzo a la vida resucitada de su pueblo. El versículo no afirma que el Hijo haya comenzado a existir: el contexto acaba de decir que existe antes de todas las cosas.

«Primogénito de entre los muertos» recoge el título del versículo 15 y lo sitúa ahora en relación con la victoria sobre la muerte. Romanos 6:8–11 afirma que Cristo resucitado ya no muere y que la muerte no tiene dominio sobre él. Su resurrección es entrada en una vida victoriosa y permanente, cuyo fruto alcanzará a quienes le pertenecen.

1 Corintios 15:20–23 llama a Cristo «primicia» y señala el orden: él ha resucitado y después resucitarán los suyos en su venida. Este paralelo explica por qué su resurrección tiene importancia para toda la iglesia. La esperanza de los creyentes se fundamenta en el Salvador que ya ha vencido y los hará participar de su vida.

«Para que en todo tenga el primer lugar» expresa la finalidad que reúne estas afirmaciones. El término πρωτεύων (prōteúōn) indica preeminencia, ocupar el primer lugar. La supremacía de Cristo abarca creación y resurrección. La iglesia reconoce a su cabeza al recibir su palabra, depender de su gracia y vivir conforme a su señorío.

Un cuerpo que crece unido a Cristo

Efesios 1:20–23 une la resurrección y exaltación de Jesús con su posición sobre todo poder y con su condición de cabeza de la iglesia. Efesios 4:15–16 desarrolla el crecimiento del cuerpo en verdad y amor, con la actividad de cada parte bajo su cabeza. La relación muestra que dar a Cristo el primer lugar produce una comunidad donde los miembros se edifican mutuamente.

El llamado de la carta a la madurez se apoya en esta identidad del Salvador. Pablo desea presentar a toda persona madura en Cristo porque la vida de la iglesia comienza y continúa en él. La comunidad vive de su cabeza y espera la plenitud de la vida que su resurrección ha inaugurado.

Colosenses 1:19 north

La plenitud divina habita en Cristo

El primer lugar de Cristo corresponde al propósito de Dios. En el Hijo habita toda la plenitud, y por medio de él Dios realiza la reconciliación que se explicará en el versículo siguiente.

Explicación del versículo

«Porque» fundamenta lo dicho sobre la preeminencia del Hijo. Su lugar como cabeza y primogénito de entre los muertos pertenece al propósito de Dios. La grandeza del Salvador no depende del reconocimiento que le conceda la comunidad: la iglesia lo reconoce por lo que él es y por la obra divina realizada en él.

«Dios quiso» presenta esa obra como expresión de su voluntad. El verbo εὐδόκησεν (eudókēsen) comunica que quiso o tuvo a bien. La NTBT explicita a Dios como sujeto de una frase en la que el griego no escribe ese nombre. El contexto habla del Padre, de su Hijo amado y de la reconciliación que Dios lleva a cabo por medio de él. La traducción hace clara esa relación.

«Que toda la plenitud» usa πλήρωμα (plḗrōma), «plenitud». Para precisar su alcance, la propia carta ofrece una afirmación decisiva en Colosenses 2:9–10: en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad y los creyentes han recibido plenitud en él. No se trata solo de una abundancia de dones que pueda separarse de su persona. El Salvador es verdaderamente divino.

«Habitara en él» presenta esa plenitud unida a la persona del Hijo. El verbo κατοικῆσαι (katoikē̂sai) significa habitar o residir. El presente de la afirmación paralela en el capítulo 2 confirma una realidad permanente. Cristo no es un mensajero que poseyó por un tiempo una fracción de lo divino y luego la perdió.

La relación entre el Padre y el Hijo debe conservarse al leer esta frase. Dios se da a conocer y salva mediante su Hijo, sin que por ello sus personas se confundan. La plenitud divina de Cristo tampoco elimina su humanidad: la misma carta hablará de su cuerpo de carne y de su muerte. La suficiencia del Salvador abarca la verdad de quién es y la realidad de lo que hizo por nosotros.

El versículo continúa mediante «y» en el 20: habitar toda la plenitud en el Hijo y reconciliar todas las cosas por medio de él forman parte de la misma exposición del propósito de Dios. La identidad divina de Cristo no queda aislada en una definición. Se relaciona con la paz que su cruz hace posible y con la vida de la comunidad que ha recibido su perdón.

La plenitud del Hijo y la vida de los creyentes

Juan 1:14–18 presenta al Verbo hecho carne, lleno de gracia y de verdad, y afirma que de su plenitud todos hemos recibido. La relación ayuda a comprender la dirección del don: el Hijo posee la plenitud y su pueblo recibe de él por gracia.

Esta afirmación prepara las advertencias de la carta. La comunidad no necesita abandonar a Cristo para encontrar una plenitud superior en otros poderes o prácticas. Necesita permanecer unida al Salvador en quien Dios se ha dado a conocer y por medio de quien ha realizado la reconciliación.

Colosenses 1:20 north

La paz de la cruz alcanza a toda la creación

Dios realiza por medio de su Hijo una reconciliación de alcance universal. El fundamento de esa paz es la muerte de Jesucristo en la cruz, y su propósito abarca las cosas de la tierra y de los cielos.

Explicación del versículo

«Y, por medio de él, reconciliar consigo» continúa la exposición de lo que Dios quiso. El Padre lleva a cabo su propósito mediante el Hijo. El verbo ἀποκαταλλάξαι (apokatalláxai) significa reconciliar: la obra de Cristo enfrenta la enemistad y establece paz en la relación con Dios. El versículo siguiente acercará esta afirmación a los colosenses, que antes estaban alejados.

«Todas las cosas» retoma la amplitud de la creación del versículo 16. El Señor por medio de quien todo fue creado es también aquel por medio de quien Dios hace la paz. La salvación del pueblo de Cristo pertenece a un propósito que alcanza al conjunto de lo creado. El pecado y la hostilidad no tendrán la última palabra sobre la obra de Dios.

«Haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» identifica el fundamento de la reconciliación. La sangre remite a la entrega real de la vida del Hijo crucificado. El Señor de la creación afrontó la muerte por los pecadores. Su preeminencia y su cruz no son retratos incompatibles: el Salvador divino y verdaderamente humano realiza la paz mediante su entrega.

2 Corintios 5:18–21 afirma que la reconciliación procede de Dios y se realiza por medio de Cristo. Efesios 2:13–18 explica además que personas antes alejadas han sido acercadas por su sangre y tienen acceso al Padre en un solo Espíritu. Estas relaciones muestran que la paz incluye perdón, nueva comunión con Dios y superación de la enemistad entre quienes Cristo reúne.

«Ya sean las cosas de la tierra o las de los cielos» conserva el horizonte de la obra creadora. Ningún ámbito queda fuera de la autoridad del Hijo y del propósito de Dios. Efesios 1:9–10 habla de reunir todas las cosas en Cristo. Romanos 8:19–23 anuncia que la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción. La esperanza cristiana comprende tanto la redención de su pueblo como la restauración de lo creado bajo su Señor.

El alcance de la reconciliación y la respuesta al evangelio

El alcance universal de esta afirmación debe leerse junto con el resto de la carta. Colosenses 1:21–23 relaciona la reconciliación de los destinatarios con la muerte de Cristo y con permanecer en la fe. Colosenses 2:15 presenta la victoria sobre los poderes, mientras Colosenses 3:5–6 mantiene la realidad del juicio sobre la desobediencia.

Por ello, «todas las cosas» no permite concluir que cada persona y todo poder rebelde recibirán perdón aun rechazando a Cristo. La reconciliación salvadora de quienes creen y el sometimiento de los poderes vencidos no son relaciones idénticas. El propósito de Dios abarca el universo entero y se cumple por medio del Hijo; el evangelio sigue llamando a confiar en él y permanecer en su esperanza.

La repetición «por medio de él»

El texto conservado en la NTBT repite esta expresión después de mencionar la cruz. La frase griega δι’ αὐτοῦ (di’ autoû), «por medio de él», no aparece por segunda vez en todos los testimonios textuales. Con la repetición o sin ella, el comienzo del versículo ya identifica al Hijo como aquel por medio de quien Dios realiza la reconciliación.

Colosenses 1:21 north

La enemistad anterior muestra la grandeza de la gracia

La reconciliación que Dios realiza por medio de Cristo alcanza la historia concreta de los colosenses. Antes estaban alejados de él y su manera de pensar y actuar expresaba esa enemistad.

Explicación del versículo

«Y ustedes» acerca a los destinatarios lo dicho sobre todas las cosas en el versículo 20. La paz de la cruz no es solamente una afirmación acerca del universo. Ha cambiado la relación de estas personas con Dios. Pablo les pide mirar su pasado desde la nueva realidad que han recibido en Cristo.

«Antes estaban alejados» describe su condición anterior. El término ἀπηλλοτριωμένους (apēllotriōménous) expresa estar ajenos o separados. La distancia no es geográfica: concierne a la vida con Dios. Los versículos siguientes mostrarán que esa separación no fue superada por un desplazamiento físico, sino por la muerte reconciliadora del Salvador.

«Y eran enemigos en su mente» añade la orientación de su vida interior. Διάνοια (diánoia) se refiere aquí a la mente o manera de pensar. Su condición no era solo desconocer algunos datos religiosos. El pensamiento estaba vinculado a una vida que se oponía a la voluntad de Dios.

«Por sus malas obras» relaciona esa enemistad con acciones concretas. El texto mantiene unidos pensamiento y conducta. Las obras malas expresaban su alejamiento, y la relación con Dios necesitaba una reconciliación que llegara al fondo de esa realidad. No hace falta inventar un catálogo de faltas particulares cometidas en Colosas para reconocer la seriedad de lo afirmado.

Recordar el pasado cumple una función dentro de la carta. Los destinatarios han conocido la gracia y están creciendo, pero su seguridad no nace de una superioridad que siempre hubieran poseído. La reconciliación los encontró necesitados. El contraste con «ahora» en el versículo 22 pondrá de relieve la iniciativa salvadora de Dios por medio de Cristo.

De la distancia a la comunión con el Padre

Efesios 2:11–18 recuerda a los creyentes procedentes de las naciones que antes estaban separados de Cristo y sin esperanza, y anuncia que ahora han sido acercados por su sangre. La relación ayuda a comprender el movimiento de Colosenses: la cruz abre acceso al Padre y reúne a quienes estaban alejados.

Romanos 5:6–11 afirma que Dios mostró su amor cuando todavía éramos pecadores y que, siendo enemigos, fuimos reconciliados mediante la muerte de su Hijo. El reconocimiento de la enemistad no niega el amor de Dios. Muestra la profundidad de la gracia que toma la iniciativa para salvar.

La renovación alcanza también la mente y las obras. Efesios 4:17–24 relaciona el entendimiento oscurecido y la antigua conducta con la necesidad de aprender a Cristo y ser renovados. Colosenses desarrollará esa misma dirección en Colosenses 3:9–11: quienes han recibido vida en el Salvador son llamados a vivir conforme a la nueva humanidad que él forma. La reconciliación recibida funda un cambio real de relación y de conducta.

Colosenses 1:22 north

Reconciliados por la muerte real de Cristo

El alejamiento anterior contrasta con el presente de la gracia. La muerte de Jesucristo ha hecho posible una nueva relación con Dios, orientada a presentar a su pueblo santo e irreprochable delante de él.

Explicación del versículo

«Ahora han sido reconciliados» responde al «antes» del versículo 21. Los destinatarios ya no deben comprender su relación con Dios únicamente desde su antigua enemistad. Ha ocurrido una intervención salvadora. La forma pasiva centra la atención en el bien que han recibido; el contexto identifica la obra de Dios por medio de su Hijo como su fundamento.

«En su cuerpo de carne» se refiere al cuerpo humano de Cristo. La expresión ἐν τῷ σώματι τῆς σαρκὸς αὐτοῦ (en tō̂i sṓmati tē̂s sarkòs autoû) subraya la realidad corporal de su entrega. Aquí «carne» no significa que el Salvador tuviera una naturaleza pecaminosa. Designa su humanidad real, en la que padeció y murió.

El cuerpo mencionado tampoco es la iglesia del versículo 18. Allí la imagen presenta a la comunidad en relación con su cabeza; aquí se explica la muerte del Hijo. La reconciliación se funda en lo que Jesucristo hizo en su propio cuerpo. La plenitud divina afirmada en el versículo 19 pertenece al mismo Salvador que se entregó verdaderamente por nosotros.

«Por medio de la muerte» identifica el acontecimiento decisivo. El pasaje no atribuye la paz con Dios a una mejora moral que los colosenses hubieran logrado antes. La muerte del Señor hace posible que personas alejadas sean recibidas. Hebreos 10:10–14 relaciona asimismo la santificación con la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, realizada de una vez para siempre.

«Para presentarlos» expresa el propósito de esa obra. El Salvador no se limita a dejar atrás una enemistad: prepara una comparecencia delante de Dios. La reconciliación tiene un horizonte de aceptación y santidad. El llamado posterior a permanecer en la fe debe leerse en relación con esta finalidad.

«Santos, sin mancha e irreprochables» reúne tres descripciones complementarias. Ἁγίους (hagíous), «santos», señala pertenencia a Dios; ἀμώμους (amṓmous), «sin mancha», expresa integridad; ἀνεγκλήτους (anenklḗtous), «irreprochables», indica que no hay una acusación que los descalifique ante él. Estas expresiones no invitan a ocultar faltas ni a presumir de perfección propia. Describen el propósito salvador de Cristo y la vida santa hacia la que conduce a los suyos.

«Delante de él» fija la mirada en la presencia de Dios. La meta supera una reputación respetable ante los demás. La gracia permite esperar una presentación fundada en la obra del Hijo. Efesios 1:3–7 une elección para ser santos delante de Dios, adopción por medio de Jesucristo y redención en su sangre. La santidad y la aceptación nacen de ese don y han de expresarse en la vida renovada.

Dos formas de expresar la reconciliación

La lectura que conserva la NTBT usa ἀποκατηλλάγητε (apokatēllágēte), «han sido reconciliados». Otra lectura tiene ἀποκατήλλαξεν (apokatḗllaxen), «él ha reconciliado». Esta última frase aparece al final del versículo 21 en algunas divisiones del texto. Por eso una comparación puede mostrar tanto una diferencia verbal como de ubicación entre versículos. Ambas formas atribuyen la reconciliación a la obra salvadora realizada mediante la muerte de Cristo; la NTBT destaca aquí a quienes la reciben.

Colosenses 1:23 north

Permanecer firmes en la esperanza del evangelio

La reconciliación conduce a una vida de fe perseverante. Pablo llama a los colosenses a mantenerse sobre el fundamento recibido y a conservar la esperanza que el evangelio les anunció.

Explicación del versículo

«Si en verdad permanecen» une este versículo a la reconciliación y a su propósito de presentarlos santos delante de Dios. La expresión griega εἴ γε ἐπιμένετε (eí ge epiménete) introduce una condición real: continuar o permanecer. La afirmación de la gracia no hace innecesaria la perseverancia en la relación con Cristo.

«Cimentados y firmes en la fe» describe esa permanencia mediante la imagen de una construcción estable. Τεθεμελιωμένοι (tethemeliōménoi) significa estar fundamentados o cimentados, y ἑδραῖοι (hedraîoi), firmes o estables. Los creyentes no son llamados a inventar otro fundamento, sino a mantenerse en la confianza y en el mensaje que recibieron acerca del Salvador.

«Sin apartarse de la esperanza del evangelio» explica el peligro al que responde la exhortación. La esperanza reservada en los cielos del versículo 5 y la gloria en Cristo del versículo 27 pertenecen a la misma buena noticia. Abandonar a Cristo para buscar una seguridad superior en otras enseñanzas sería apartarse de aquello que sostiene su futuro.

Esta condición debe conservar toda su seriedad sin convertir la perseverancia en un pago. Los versículos 12–14 atribuyeron al Padre el rescate y al Hijo la redención; el 22 fundamentó la reconciliación en su muerte. Permanecer en la fe es continuar aferrados al Salvador y a su gracia. La carta no sustituye el mérito de Cristo por un mérito humano acumulado con el tiempo.

«Que oyeron» recuerda que la esperanza tiene un contenido reconocible. Es el evangelio aprendido de Epafras, que produjo fe, amor y fruto entre ellos. Pablo desea proteger esa relación con la verdad. En Colosenses 2:6–7 volverá a unir recibir a Cristo, andar en él, estar arraigados y ser confirmados en la fe.

«Proclamado en toda la creación bajo el cielo» presenta de nuevo la amplitud del anuncio, como el versículo 6. El evangelio ha salido hacia el mundo y no pertenece a un círculo secreto o a una sola ciudad. Esta afirmación de alcance universal no exige suponer que cada individuo ya había escuchado personalmente a un mensajero. La tarea de anunciar y enseñar continúa en los versículos siguientes.

«Del cual yo, Pablo, llegué a ser servidor» conecta esa proclamación con su propio ministerio. El evangelio es la buena noticia a cuyo servicio fue llamado. La frase prepara la explicación de sus sufrimientos y de la responsabilidad recibida de Dios. La firmeza de los colosenses y el esfuerzo de Pablo se orientan hacia el mismo Cristo.

Una confianza que se conserva

1 Corintios 15:1–4 recuerda el evangelio recibido, la firmeza en él y la necesidad de retener el mensaje de la muerte y resurrección de Cristo. Hebreos 3:12–14 llama a cuidar que nadie se aparte del Dios vivo y a exhortarse mutuamente para mantener la confianza. Estas relaciones muestran que la perseverancia es una responsabilidad compartida: la comunidad se ayuda a seguir confiando en su único Salvador.

Colosenses 1:24 north

Sufrir al servicio de Cristo y de su iglesia

Pablo reconoce con alegría que sus padecimientos sirven al bien de la comunidad. Su sufrimiento pertenece al cumplimiento de su ministerio y descansa en la reconciliación que Cristo ya realizó mediante su cruz.

Explicación del versículo

«Ahora me alegro en mis sufrimientos por ustedes» introduce la explicación de su servicio. El apóstol acaba de llamarse servidor del evangelio y ahora muestra algo del costo de esa responsabilidad. Su alegría se relaciona con el bien de los destinatarios y con la misión recibida. La carta no presenta el dolor como una experiencia agradable en sí misma.

«Y completo en mi carne» sitúa ese costo en su propia vida corporal. El verbo ἀνταναπληρῶ (antanaplērō̂) expresa completar o suplir por su parte. Pablo afronta personalmente las aflicciones vinculadas a su servicio. No describe solo una disposición interior: habla desde una vida que incluye prisión y esfuerzo por la iglesia.

«Lo que falta de las aflicciones de Cristo» es la expresión difícil del versículo. Debe leerse dentro de un capítulo que atribuye la paz a la sangre de la cruz y la reconciliación a la muerte del Hijo. El sufrimiento de Pablo no viene a corregir una insuficiencia del sacrificio de Jesús. Los colosenses ya tienen redención y perdón en él.

En el desarrollo de la carta, las aflicciones se relacionan con llevar a cabo el servicio recibido de Dios. Pablo participa de los padecimientos vinculados a su pertenencia a Cristo y a la extensión de su evangelio. Lo que le corresponde afrontar en esa misión todavía se cumple en su propia carne, para que otros oigan al Salvador y sean edificados en él.

2 Corintios 1:3–7 habla de los sufrimientos de Cristo que abundan en sus servidores y del consuelo que, por medio de él, beneficia a otros. 2 Corintios 4:8–12 describe una vida expuesta a persecución y muerte por causa de Jesús, mientras la vida alcanza a los destinatarios. Estas relaciones muestran cómo los padecimientos de un mensajero pueden servir a la iglesia sin convertirse en otro sacrificio que quite pecados.

«Por su cuerpo, que es la iglesia» identifica a los beneficiarios. El cuerpo de Cristo es aquí la comunidad, como en el versículo 18. Pablo distingue su propia carne, donde padece, del cuerpo al que sirve. La preocupación por la madurez de los creyentes da dirección a su esfuerzo y explica que pueda alegrarse al reconocer su fruto.

Exégesis del pasaje

Los versículos 25–29 aclaran la función de esta afirmación: Pablo recibió una administración para dar a conocer la palabra de Dios, proclamar a Cristo y presentar a toda persona madura en él. La continuidad del argumento favorece comprender lo que completa desde esa tarea de servicio y sus aflicciones.

Filipenses 2:25–30 ofrece una relación de lenguaje y de servicio: Epafrodito suplió lo que faltaba en el servicio de los filipenses hacia Pablo al arriesgar su vida por la obra de Cristo. Lo que faltaba no era el valor de su amor, sino una prestación que alguien realizó personalmente. En Colosenses, la dificultad se sitúa asimismo en una tarea que se lleva a cabo en la historia.

Hebreos 10:10–14 conserva la distinción decisiva: la ofrenda del cuerpo de Jesucristo fue hecha de una vez para siempre. El servicio sufrido de Pablo anuncia y aplica a la vida de las comunidades esa salvación suficiente; no añade otro precio a la redención.

Colosenses 1:25 north

Un encargo de Dios para dar a conocer su palabra

Pablo sirve a la iglesia por una responsabilidad que Dios le confió. Su ministerio se orienta al bien de los creyentes mediante el anuncio pleno de la palabra cuyo centro es Cristo.

Explicación del versículo

«De ella llegué a ser servidor» se refiere a la iglesia, el cuerpo de Cristo mencionado al final del versículo anterior. En el versículo 23, Pablo se llamó servidor del evangelio; aquí se presenta al servicio de la comunidad. Ambas responsabilidades van juntas: la iglesia es cuidada y edificada cuando recibe fielmente la buena noticia de su Señor.

La palabra διάκονος (diákonos) significa «servidor» o «ministro». En este contexto destaca una labor encomendada para el bien de otros. Pablo no describe la iglesia como propiedad suya. Su autoridad apostólica pertenece a una misión que recibió y de la que debe responder delante de Dios.

«Conforme a la administración que Dios me confió» explica el origen y la naturaleza del encargo. Οἰκονομία (oikonomía) expresa aquí una responsabilidad de administración o mayordomía. Pablo recibe algo que debe gestionar con fidelidad. El mensaje es de Dios, y el propósito del ministerio debe corresponder al de quien se lo confió.

«Para ustedes» dirige la atención a los destinatarios del servicio. La responsabilidad de Pablo no existe para aumentar su prestigio. Está orientada a que personas como los colosenses conozcan la gracia y maduren en Cristo. El versículo 27 ampliará esa perspectiva al hablar de las riquezas del misterio entre los gentiles.

«Para dar a conocer plenamente la palabra de Dios» expresa la finalidad del encargo. La frase griega πληρῶσαι τὸν λόγον τοῦ θεοῦ (plērō̂sai tòn lógon toû theoû) habla de llevar a plenitud el cumplimiento de esa palabra en su tarea de proclamación. La NTBT explicita su sentido como darla a conocer plenamente. El apóstol debe comunicar fielmente el mensaje y cumplir la misión de anunciarlo.

Los versículos siguientes precisan su contenido: el misterio antes oculto ha sido manifestado y consiste en Cristo entre los creyentes, esperanza de gloria. Por tanto, el anuncio pleno no se mide por añadir conocimientos ajenos al Salvador. Se cumple dando a conocer lo que Dios ha revelado en él y enseñando sus consecuencias para la vida.

La gracia que confía una responsabilidad

Efesios 3:1–12 desarrolla una relación muy cercana: Pablo recibió una administración de la gracia para anunciar a los gentiles las riquezas de Cristo y el misterio de su participación en la promesa. El ministerio es un don y, a la vez, una responsabilidad hacia quienes han de escuchar.

1 Corintios 3:5–9 llama a Pablo y a Apolos servidores por medio de quienes los creyentes llegaron a la fe, mientras atribuye a Dios el crecimiento. La relación mantiene en su lugar a los mensajeros. La iglesia agradece su trabajo, pero su vida y su esperanza dependen de Cristo, a quien ellos anuncian.

Colosenses 1:26 north

El propósito de Dios antes oculto ha sido revelado

La palabra que Pablo debe anunciar da a conocer el misterio de Dios. Lo que permanecía oculto a través de las generaciones ha sido manifestado ahora al pueblo que pertenece a Cristo.

Explicación del versículo

«El misterio» explica el contenido de la palabra de Dios mencionada en el versículo 25. El término μυστήριον (mystḗrion) designa aquí un propósito divino antes oculto y ahora revelado. El énfasis recae en la acción de Dios que lo da a conocer. No se trata de un enigma que la comunidad deba resolver mediante una capacidad intelectual superior.

«Que estuvo oculto durante siglos y generaciones» mira hacia una larga historia. El contenido de la salvación no dependía de que las personas pudieran descubrirlo por sí mismas. Dios condujo su propósito y lo manifestó en el tiempo correspondiente. La expresión permite reconocer tanto la continuidad de su voluntad como la novedad de su revelación en Cristo.

El versículo siguiente dará contenido concreto al misterio: las riquezas de su gloria entre los gentiles y Cristo en los creyentes como esperanza de gloria. El ocultamiento anterior no significa que Dios careciera de un propósito de bendición para las naciones. Señala que la realidad que ahora se anuncia ha sido puesta de manifiesto mediante la obra del Salvador y su evangelio.

«Pero que ahora ha sido manifestado» establece el contraste decisivo. El verbo ἐφανερώθη (ephanerṓthē) expresa que algo fue hecho manifiesto o dado a conocer. El misterio es proclamable precisamente porque Dios lo ha revelado. Como servidor, Pablo comunica esa revelación para que la comunidad conozca lo que Dios ha hecho en Cristo.

«A sus santos» identifica a quienes reciben ese conocimiento. Son el pueblo apartado para Dios, como los creyentes del saludo en el versículo 2. El misterio pertenece al mensaje que la comunidad comparte. El anuncio se dirigirá a toda persona y buscará su madurez en Cristo, según el versículo 28.

Esta afirmación prepara la respuesta a las enseñanzas que amenazan a los colosenses. La sabiduría que necesitan se encuentra en Cristo, en quien están los tesoros del conocimiento. Su camino de crecimiento consiste en comprender mejor al Salvador revelado y vivir unidos a él. El evangelio que recibieron tiene una profundidad que puede seguir siendo enseñada a toda la iglesia.

La revelación de Cristo y la inclusión de las naciones

Efesios 3:3–6 explica que el misterio de Cristo fue revelado por el Espíritu a sus apóstoles y profetas y que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo por medio del evangelio. La relación concreta la novedad: personas de las naciones participan plenamente de la promesa en Cristo.

Romanos 16:25–27 reúne el misterio antes mantenido en silencio, su manifestación presente, las Escrituras proféticas y el anuncio a todas las naciones para la obediencia de la fe. La revelación actual no vuelve inútil la historia bíblica anterior. Da a conocer, por medio de Jesucristo, la sabiduría de Dios y el alcance de su gracia.

Colosenses 1:27 north

Cristo en su pueblo es la esperanza de gloria

Las riquezas del propósito de Dios se hacen visibles también entre los gentiles. Cristo está presente en su pueblo, y su presencia fundamenta una esperanza que culminará en gloria.

Explicación del versículo

«A ellos Dios quiso dar a conocer» retoma a los santos del versículo 26. El conocimiento del misterio procede de la voluntad generosa de Dios. Pablo lo comunica porque ha recibido el encargo de anunciarlo. La comunidad responde a una revelación que le ha sido dada por gracia.

«La riqueza de la gloria de este misterio» presenta la grandeza de ese don. La imagen de riqueza se refiere aquí al bien de la salvación revelada en Cristo. Incluye una pertenencia, una presencia y un futuro que los destinatarios no podían procurarse por sí mismos. El versículo 12 ya había agradecido al Padre por hacerlos participantes de la herencia de los santos.

«Entre los gentiles» destaca que personas de las naciones participan de ese bien. El término ἔθνεσιν (éthnesin) se refiere aquí a los gentiles, quienes no pertenecían al pueblo judío. La gracia en Cristo alcanza también a ellos y los incorpora al pueblo de Dios. La carta no los trata como miembros de una categoría inferior que necesite otro mediador para acercarse al Padre.

«Que es Cristo en ustedes» concentra el contenido del misterio en una persona. Χριστὸς ἐν ὑμῖν (Christòs en hymîn) puede expresar «Cristo en ustedes» y «Cristo entre ustedes». El pronombre es plural y se dirige a la comunidad. El Salvador está presente en su pueblo, incluidos los creyentes de origen gentil, y su vida alcanza a quienes confían en él.

Romanos 8:9–17 relaciona la presencia de Cristo en los creyentes con el Espíritu que habita en ellos, la pertenencia al Señor, la adopción y la herencia. Esa relación ayuda a comprender que se trata de una comunión real sostenida por el Espíritu Santo. La presencia de Cristo transforma la vida y orienta a los creyentes hacia el Padre celestial.

«La esperanza de la gloria» explica el horizonte de esa presencia. La esperanza no se funda en que la comunidad posea una capacidad secreta para elevarse a Dios. Su fundamento es el mismo Cristo que ha resucitado y a quien pertenece. Colosenses 3:1–4 une la nueva vida con el Señor exaltado y la promesa de ser manifestados con él en gloria cuando él se manifieste.

Una comunidad reunida por la misma gracia

Efesios 3:6–12 relaciona la participación de los gentiles en la promesa con las riquezas de Cristo y el acceso confiado a Dios mediante la fe. Esa conexión muestra por qué la noticia es gloriosa: quienes estaban alejados han recibido un lugar real en el mismo cuerpo.

El ministerio de Pablo del versículo 28 se orienta por esta realidad. Proclama a Cristo a toda persona porque la madurez y la esperanza están en él. El centro del anuncio es el Salvador presente en su pueblo y la gloria que compartirá con los suyos.

Colosenses 1:28 north

Proclamar a Cristo para que toda persona madure en él

El centro del ministerio de Pablo es Jesucristo. Lo anuncia mediante amonestación y enseñanza, buscando que cada persona llegue a una vida madura unida a su Salvador.

Explicación del versículo

«A él proclamamos» retoma a Cristo, esperanza de gloria del versículo anterior. Pablo no se presenta a sí mismo como contenido principal de su mensaje. Anuncia al Hijo en quien habita toda la plenitud y por medio de quien Dios ha realizado la reconciliación. El plural «proclamamos» sitúa esa labor dentro del testimonio compartido por sus colaboradores.

La proclamación incluye «amonestando» y «enseñando». Νουθετοῦντες (nouthetoûntes) expresa amonestar o advertir con el propósito de corregir el camino. Διδάσκοντες (didáskontes) expresa enseñar. Los creyentes necesitan tanto comprender la verdad como reconocer los errores y las conductas que los apartan de ella.

La finalidad de esa corrección es la madurez en Cristo. 2 Timoteo 2:24–26 relaciona la corrección con la mansedumbre, la paciencia y la esperanza de que Dios conceda arrepentimiento. Hechos 20:27–32 presenta asimismo enseñanza amplia, vigilancia y amonestación acompañada de lágrimas. El cuidado por las personas debe dar forma a la advertencia.

«A toda persona» aparece tres veces en el versículo: al hablar de amonestar, enseñar y presentar. El griego πάντα ἄνθρωπον (pánta ánthrōpon) abarca a cada ser humano, hombres y mujeres. La repetición destaca el alcance del ministerio. Nadie debe ser considerado indigno de recibir enseñanza ni excluido de la esperanza de madurar por su origen o su posición.

«Con toda sabiduría» señala cómo debe realizarse esa labor. La petición de sabiduría del versículo 9 y la afirmación de que sus tesoros se encuentran en Cristo en el capítulo 2 mantienen la misma orientación. La enseñanza debe conducir a comprender al Salvador y a vivir conforme a su verdad.

«Para presentar a toda persona madura en Cristo» expresa el propósito. Τέλειον (téleion) significa aquí maduro o completo. El objetivo no es formar una minoría con acceso privilegiado al conocimiento, sino llevar a todos hacia una fe firme y una vida que corresponda al Señor. La madurez se encuentra «en Cristo»: el aprendizaje profundiza la dependencia de él.

El crecimiento de toda la comunidad

Efesios 4:11–16 describe la capacitación de los santos, la edificación del cuerpo y el crecimiento hacia la madurez en Cristo. El contraste con la inestabilidad ante enseñanzas engañosas aclara qué clase de madurez está en juego. La verdad y el amor se expresan en una comunidad que aprende a vivir bajo su cabeza.

Colosenses 3:16–17 extenderá la enseñanza y la amonestación a la vida mutua de los creyentes, bajo la palabra de Cristo y con gratitud al Padre. El ministerio de Pablo busca precisamente esa comunidad: personas afirmadas en el Salvador, capaces de ayudarse a permanecer en su verdad y de honrarlo en palabras y obras.

Colosenses 1:29 north

El esfuerzo que Cristo sostiene con su poder

Pablo trabaja intensamente para la madurez de los creyentes, pero reconoce que la fuerza decisiva procede del Señor. Su esfuerzo personal es una respuesta a la acción poderosa de Cristo en él.

Explicación del versículo

«Para esto» retoma el propósito del versículo 28: presentar a toda persona madura en Cristo. El esfuerzo de Pablo tiene una dirección concreta. Anunciar, enseñar y amonestar exige una dedicación que busca el crecimiento de otros en el Salvador. La meta da sentido al trabajo y a los sufrimientos descritos desde el versículo 24.

«También trabajo con esfuerzo» traduce κοπιῶ (kopiō̂), una palabra que expresa labor intensa. El apóstol reconoce el costo de su servicio. Su confianza en la gracia no elimina la enseñanza cuidadosa, la intercesión perseverante ni la atención a los peligros que enfrenta la comunidad.

«Luchando» añade ἀγωνιζόμενος (agōnizómenos), que expresa un esfuerzo de lucha. El capítulo siguiente aclarará que esta preocupación alcanza a los colosenses, a Laodicea y a quienes no lo han visto personalmente. El cambio de capítulo no termina el argumento. Pablo continúa explicando cuánto le importa que sean alentados, unidos en amor y firmes en el conocimiento de Cristo.

«Según su fuerza» identifica de dónde recibe capacidad para esa tarea. El contexto inmediato concentra la atención en Cristo, a quien proclama y en quien desea que todos maduren. El ministerio pertenece al Señor y es sostenido por él. La oración del versículo 11 había pedido poder para perseverar; ahora el propio mensajero reconoce ese poder en su trabajo.

«Que actúa en mí con poder» evita entender esa fuerza como una idea abstracta. La expresión τὴν ἐνέργειαν αὐτοῦ (tḕn enérgeian autoû) señala su acción eficaz. El Señor obra en una persona que se esfuerza realmente. La dependencia de Cristo y la actividad del servidor aparecen juntas en la misma frase.

1 Corintios 15:10 expresa una relación semejante: Pablo atribuye a la gracia lo que es, reconoce que ha trabajado y afirma que la gracia de Dios ha estado con él. El esfuerzo no se convierte en una razón para gloriarse de sí mismo. Es fruto de un don que lo capacita para servir.

1 Corintios 3:5–9 distingue las tareas de plantar y regar, mientras atribuye a Dios el crecimiento. Esa relación ayuda a mantener la dirección del versículo: el mensajero trabaja con fidelidad, pero la madurez del pueblo depende del Señor que da vida. La gloria corresponde a Cristo, cabeza de la iglesia.

Aplicación editorial

Cuando participes en la enseñanza o el cuidado de otros, puedes tomar en serio el trabajo que te corresponde y pedir al Señor la fuerza para realizarlo. Estudia su palabra, ora por personas concretas y procura su bien con paciencia. La meta es que crezcan unidos a Jesucristo. Reconocer que él da el crecimiento permite servir con responsabilidad y gratitud.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

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