Colosenses 3 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT)

Colosenses 3

Vida y esperanza en el Cristo resucitado

1 Así que, si han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios.   N1

2 Pongan la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra.   N2

3 Porque ustedes murieron, y su vida está escondida con Cristo en Dios.   N3

4 Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.   N4

La vida antigua y la nueva

5 Hagan morir, por tanto, lo que hay de terrenal en ustedes: la inmoralidad sexual, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría.   N5

6 Por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.   N6

7 También ustedes anduvieron en ellas en otro tiempo, cuando vivían en estas cosas.   N7

8 Pero ahora desechen también ustedes todo esto: ira, furia, maldad, calumnia y lenguaje obsceno de su boca.   N8

9 No se mientan unos a otros, pues se han despojado del viejo hombre con sus acciones   N9

10 y se han revestido del nuevo, que se va renovando para alcanzar el pleno conocimiento conforme a la imagen del que lo creó.   N10

11 Aquí no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos.   N11

Compasión, amor y gratitud en la comunidad

12 Por tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de profunda compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia,   N12

13 soportándose unos a otros y perdonándose mutuamente si alguno tiene una queja contra otro. Como el Señor los perdonó, así también hagan ustedes.   N13

14 Y sobre todo esto revístanse de amor, que es el vínculo de la perfección.   N14

15 Que la paz de Cristo gobierne en sus corazones, a la cual también fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos.   N15

16 Que la palabra de Cristo habite en ustedes con abundancia y con toda sabiduría; enséñense y amonéstense unos a otros con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando a Dios con gratitud en sus corazones.   N16

17 Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.   N17

El señorío de Cristo en el hogar

18 Esposas, sométanse a sus esposos, como corresponde en el Señor.   N18

19 Esposos, amen a sus esposas y no las traten con amargura.   N19

20 Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor.   N20

21 Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desanimen.   N21

22 Esclavos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no solo cuando los estén mirando, como quienes buscan agradar a la gente, sino con sinceridad de corazón, temiendo al Señor.   N22

23 En todo lo que hagan, trabajen de corazón, como para el Señor y no para los hombres,   N23

24 sabiendo que del Señor recibirán la herencia como recompensa. Es a Cristo el Señor a quien sirven.   N24

25 Porque el que comete injusticia recibirá conforme a la injusticia que cometió, y no hay favoritismos.   N25

Capítulos de Colosenses (NTBT)

menu_book Notas de estudio de Colosenses 3

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Colosenses 3:1 north

La vida nueva busca lo que corresponde al Señor resucitado

La unión con Cristo orienta la vida de los creyentes. Quienes han recibido vida junto con él son llamados a buscar lo que corresponde al Salvador exaltado a la derecha de Dios.

Explicación del versículo

«Así que» conecta esta exhortación con el capítulo anterior. Pablo ha explicado que los creyentes murieron y fueron resucitados con Cristo, y ha cuestionado los preceptos incapaces de vencer la conducta carnal. Ahora muestra la dirección positiva de la nueva vida: recibir al Señor y caminar en él tiene consecuencias para lo que se busca.

«Si han sido resucitados con Cristo» retoma expresamente 2:12. Συνηγέρθητε (synēgérthēte) significa «fueron resucitados juntamente». La condición llama a vivir conforme a esa unión. El fundamento de la exhortación es la acción de Dios que dio vida a quienes estaban muertos en sus transgresiones.

«Busquen las cosas de arriba» usa ζητεῖτε (zēteîte), «busquen». La nueva pertenencia debe orientar los propósitos y la conducta. El contenido de esa búsqueda queda definido por la frase siguiente: arriba está Cristo. El centro es una persona y su señorío, no una curiosidad por realidades ocultas que permita prescindir del Salvador.

La carta desarrollará esa búsqueda en la vida cotidiana. Abandonar el pecado, hablar verdad, perdonar, amar y honrar al Señor en el hogar son expresiones de ella. Buscar lo que corresponde a Cristo no significa desentenderse de las personas o de las responsabilidades, sino vivirlas desde la relación con él.

«Donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios» identifica al Señor que gobierna ese camino. La expresión ἐν δεξιᾷ τοῦ θεοῦ (en dexiâi toû theoû) señala su exaltación y autoridad. El Hijo que murió en la cruz está vivo y ocupa el lugar de honor junto al Padre.

La exaltación de Cristo fundamenta la obediencia

Salmos 110:1 presenta al Señor invitado a sentarse a la derecha de Dios mientras sus enemigos son puestos bajo sus pies. Hechos 2:32–36 aplica ese testimonio a Jesús resucitado y exaltado, quien recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo. Esta relación bíblica permite comprender la autoridad del Cristo hacia quien se dirige la exhortación.

Efesios 2:4–10 relaciona la vida y resurrección con Cristo con la salvación por gracia mediante la fe y con las buenas obras que Dios preparó. La obediencia es fruto de la vida recibida. Los creyentes no buscan lo de arriba para comprar su aceptación, sino porque el Padre los ha recibido en su Hijo.

La esperanza del versículo 4 completará esta perspectiva: el Señor exaltado se manifestará y su pueblo compartirá su gloria. La vida presente aprende a corresponder a ese futuro, sostenida por la gracia de Jesucristo.

Colosenses 3:2 north

Una mente orientada por la pertenencia a Cristo

Pablo lleva la búsqueda del versículo anterior al pensamiento y a las prioridades. La vida nueva requiere aprender a valorar las cosas desde el Señor exaltado y desde la esperanza que él da.

Explicación del versículo

«Pongan la mente» traduce φρονεῖτε (phroneîte). El verbo expresa aquí una orientación del pensamiento que afecta la manera de valorar y actuar. La exhortación alcanza las preocupaciones, los deseos y los criterios con los que la comunidad decide cómo vivir.

«En las cosas de arriba» retoma el lugar donde está Cristo, según el versículo 1. El pensamiento cristiano se forma en relación con su persona, su obra y su voluntad. La carta ha presentado en él los tesoros de la sabiduría; ahora pide que esa verdad oriente efectivamente la vida.

«No en las de la tierra» establece el contraste. El versículo 5 comenzará a concretarlo mediante inmoralidad, impureza, malos deseos y avaricia. Más adelante incluirá ira, maldad, calumnia y mentira. Lo terrenal describe en este argumento una vida que busca su centro al margen de Cristo y permanece sometida a los deseos del viejo hombre.

La exhortación no declara mala la creación material. El capítulo 1 afirmó que todas las cosas fueron creadas por medio del Hijo y para él, y 2:9 reconoció la realidad corporal del Salvador. La nueva orientación transforma la relación con la vida cotidiana: el trabajo, los bienes y el hogar deben ser vividos bajo el señorío de Jesucristo.

Los versículos 3–4 explicarán la razón. La vida de los creyentes está unida al Señor y su futuro depende de su manifestación gloriosa. Las prioridades presentes deben corresponder a esa pertenencia. La esperanza da un horizonte desde el que se discierne qué merece gobernar el corazón.

El Espíritu forma una manera nueva de pensar

Romanos 8:5–11 contrapone la mente puesta en la carne con la mente orientada por el Espíritu. Vida y paz se relacionan con su presencia en quienes pertenecen a Cristo. La conexión muestra que la renovación del pensamiento depende de la acción del Espíritu Santo y se expresa en una disposición que responde a Dios.

Filipenses 3:17–21 contrasta una vida centrada en lo terrenal con la ciudadanía celestial y la espera del Salvador que transformará el cuerpo de los suyos. Esa relación confirma que la esperanza del cielo no desprecia el cuerpo: espera su transformación por el poder del Señor.

Aplicación editorial

Examina tus prioridades a la luz de la palabra de Cristo. Al decidir cómo usar tus bienes, hablar o responder a una ofensa, considera qué corresponde al Señor al que perteneces. Pide al Espíritu Santo que forme tu entendimiento conforme a la Escritura y te conduzca a una obediencia concreta. La esperanza en Jesucristo puede orientar las decisiones de cada día.

Colosenses 3:3 north

La vida del creyente está guardada con Cristo en Dios

La nueva orientación tiene un fundamento: los creyentes han muerto con Cristo y su vida está unida a él. Aunque su gloria todavía no se ve plenamente, esa vida pertenece a Dios y descansa en su cuidado.

Explicación del versículo

«Porque» da la razón de las exhortaciones anteriores. Pablo no pide una transformación apoyada únicamente en la fuerza de voluntad. Recuerda una nueva relación que Dios ha hecho posible mediante el Salvador. Buscar lo que corresponde al Señor y orientar la mente hacia él son respuestas a esa gracia.

«Ustedes murieron» retoma la muerte con Cristo de 2:20 y la sepultura con él de 2:12. Ἀπεθάνετε (apethánete), «murieron», describe la ruptura con el antiguo dominio mediante esa unión. La comunidad sigue viviendo corporalmente, pero su identidad ya no debe ser definida por el pecado y las dependencias de las que fue rescatada.

«Y su vida está escondida» añade una afirmación presente. Κέκρυπται (kékryptai) significa «está escondida» o «ha sido ocultada». El versículo siguiente establecerá el contraste con la manifestación futura de Cristo y de los suyos. La vida nueva es real, aunque su gloria no sea todavía plenamente visible para el mundo.

«Con Cristo» identifica la relación que la sostiene. La vida de los creyentes no es un bien independiente que puedan separar del Salvador. Él ha muerto y resucitado, y los suyos participan de su vida por la fe. La esperanza se concentra en la persona a quien pertenecen.

«En Dios» añade la firmeza de ese cuidado. La vida escondida con Cristo está puesta bajo la fidelidad divina. La comunidad puede afrontar oposición y debilidad sin concluir que su futuro depende de alcanzar poder o reconocimiento. El Padre que la recibió en su Hijo conserva el bien que le ha dado.

Esa seguridad se relaciona con una respuesta activa. El versículo 5 mandará hacer morir las prácticas incompatibles con la nueva vida. El don recibido y la obediencia están unidos: precisamente porque pertenecen a Cristo, los creyentes deben abandonar lo que contradice esa pertenencia.

Una seguridad que sostiene la fe en medio de la prueba

Juan 10:27–30 presenta a Jesús dando vida eterna a sus ovejas y afirma que nadie puede arrebatarlas de su mano ni de la mano del Padre. La relación ilumina el cuidado de Dios que sostiene a quienes escuchan al Señor y lo siguen.

1 Pedro 1:3–9 une la resurrección de Cristo con una herencia reservada y con el poder de Dios que guarda mediante la fe. Reconoce asimismo pruebas y tristeza presentes. La seguridad del creyente no exige que toda dificultad haya desaparecido: se fundamenta en la misericordia del Padre y en el Señor resucitado.

1 Juan 3:1–3 afirma que ya somos hijos de Dios, aunque todavía no se haya manifestado lo que seremos. El amor recibido y la esperanza de ver al Señor orientan una vida de pureza. La vida escondida tiene así una realidad presente y un futuro que la gracia hará manifiesto.

Colosenses 3:4 north

La gloria futura se comparte con el Salvador vivo

La vida que ahora está escondida con Cristo será manifestada cuando él se manifieste. La esperanza de los creyentes consiste en participar de la gloria de su propio Señor.

Explicación del versículo

«Cuando Cristo… se manifieste» dirige la mirada hacia un acontecimiento futuro. El Salvador está exaltado y su pueblo vive unido a él, pero su gloria todavía no se muestra en toda su plenitud ante el mundo. La frase anuncia una manifestación que dará a conocer públicamente la grandeza de quien sostiene la vida de los creyentes.

«Que es la vida de ustedes» explica por qué su aparición determina el futuro de la comunidad. Cristo no es solo quien enseñó una manera mejor de vivir. En él los creyentes han recibido perdón, reconciliación y vida junto con Dios. Su esperanza depende de esa relación personal con el Hijo amado.

Gálatas 2:19–20 expresa la misma profundidad al hablar de estar crucificado con Cristo y vivir por la fe en el Hijo que amó y se entregó. Filipenses 1:20–24 presenta a Cristo como centro de la vida de Pablo tanto en su servicio presente como en su esperanza más allá de la muerte. Estas relaciones ayudan a comprender la fuerza de llamarlo «la vida» de los suyos.

«Entonces también ustedes serán manifestados» responde a la vida escondida del versículo 3. El verbo φανερωθήσεσθε (phanerōthḗsesthe) significa «serán manifestados» o «hechos visibles». La condición gloriosa de los creyentes será dada a conocer por la acción de Dios. Lo que ahora puede ser desconocido o despreciado tendrá su plena expresión junto al Salvador.

«Con él en gloria» mantiene la unión con Cristo como centro del futuro. Los creyentes no esperan una exaltación autónoma que los haga prescindir de su Señor. Participarán de la vida y la gloria que él comunica por gracia. La misma relación que los sostiene en el presente fundamenta su esperanza final.

La esperanza forma la fidelidad presente

Filipenses 3:20–21 relaciona la espera de Jesucristo con la transformación del cuerpo humillado para hacerlo semejante al suyo glorioso. La esperanza alcanza a la persona entera. El Salvador que posee autoridad sobre todas las cosas llevará a plenitud su obra en los suyos.

1 Juan 3:1–3 une la manifestación del Señor con llegar a ser semejantes a él y con una vida que busca pureza desde ahora. Esa relación explica el paso de Colosenses hacia el versículo 5: la promesa de gloria impulsa a abandonar las prácticas del viejo hombre y vivir conforme a Cristo.

«La vida de ustedes» y «nuestra vida»

La lectura que conserva la NTBT tiene ὑμῶν (hymō̂n), «de ustedes», dirigida a los destinatarios. Otra lectura usa ἡμῶν (hēmō̂n), «nuestra», e incluye expresamente al autor. Ambas formas mantienen a Cristo como vida de quienes le pertenecen. La lectura de la NTBT concentra aquí la promesa en la comunidad a la que Pablo escribe.

Colosenses 3:5 north

Abandonar el pecado porque pertenecemos al Salvador

La esperanza de compartir la gloria de Cristo exige una ruptura con las prácticas que contradicen su vida. Pablo llama a dejar de alimentar deseos y acciones que colocan algo creado en el lugar de Dios.

Explicación del versículo

«Hagan morir, por tanto» deriva la exhortación de la vida unida a Cristo de los versículos 1–4. Νεκρώσατε (nekrṓsate) expresa «hagan morir». Es un llamado decidido a terminar con la práctica del pecado. La obediencia responde a la vida recibida del Salvador y a la esperanza que él da.

«Lo que hay de terrenal en ustedes» explica cómo debe entenderse la imagen. El griego usa τὰ μέλη τὰ ἐπὶ τῆς γῆς (tà mélē tà epì tē̂s gē̂s), literalmente «los miembros que están sobre la tierra», y los concreta mediante la lista que sigue. La NTBT pone de relieve ese sentido: se trata de los vicios que deben abandonarse. El mandato no ordena dañar el cuerpo; el capítulo anterior ya había señalado que la severidad corporal por sí sola no vence la carne.

«La inmoralidad sexual» traduce πορνείαν (porneían), que aquí designa conducta sexual contraria a la voluntad de Dios. «La impureza», ἀκαθαρσίαν (akatharsían), amplía la atención a la corrupción moral de la vida. El Señor merece una respuesta que alcance tanto la conducta visible como la disposición del corazón.

«Las pasiones» y «los malos deseos» señalan el ámbito interior que puede conducir al pecado. Πάθος (páthos) caracteriza aquí una pasión desordenada, y ἐπιθυμίαν κακήν (epithymían kakḗn), un deseo malo. El contexto precisa su carácter: Pablo confronta los deseos que se oponen al señorío de Cristo, no toda capacidad humana de desear o alegrarse.

«Y la avaricia, que es idolatría» muestra que la lista alcanza también la relación con la posesión. Πλεονεξίαν (pleonexían) expresa afán codicioso de tener. La avaricia se vuelve idolatría cuando lo deseado ocupa el lugar de confianza y obediencia que corresponde a Dios. El objeto poseído o codiciado se convierte en centro de la vida.

La lista revela por qué es insuficiente limitar la santidad a restricciones de contacto o alimento. El pecado alcanza deseos, relaciones y lealtades. La nueva vida debe formar una respuesta real al Señor en esos mismos ámbitos.

La gracia capacita para una obediencia concreta

Romanos 8:12–14 relaciona hacer morir las obras del cuerpo con la acción del Espíritu y con vivir como hijos de Dios. La lucha contra el pecado se realiza dependiendo del Espíritu Santo, cuya guía conduce a la voluntad del Padre por medio de Cristo.

Lucas 12:15–21 advierte de la avaricia y muestra la insuficiencia de acumular bienes como garantía de vida. La relación ilumina la denuncia de idolatría: la seguridad del ser humano está en Dios, no en la abundancia de sus posesiones.

Efesios 5:3–10 reúne inmoralidad, impureza y avaricia con el llamado a andar como hijos de luz. El propósito es una vida de bondad, justicia y verdad que agrade al Señor. La gracia del Salvador forma esa obediencia como fruto de la nueva pertenencia.

Colosenses 3:6 north

El juicio de Dios muestra la gravedad del pecado

Pablo da una razón para abandonar las prácticas anteriores: Dios las juzga. La gracia recibida en Cristo permite reconocer la seriedad del pecado y responder al llamado a una vida nueva.

Explicación del versículo

«Por estas cosas» conecta el juicio con las conductas y los deseos del versículo 5. La inmoralidad, la impureza y la avaricia no son asuntos sin importancia ante Dios. Contradicen su santidad y dañan la relación para la que el ser humano fue creado.

«Viene la ira de Dios» emplea ὀργὴ (orgḕ), «ira». En este contexto expresa la respuesta santa y justa de Dios frente al mal. Su juicio no debe confundirse con los arrebatos destructivos que Pablo mandará abandonar en el versículo 8. El mismo Dios que ofrece reconciliación por medio de su Hijo toma en serio el pecado.

«Viene» mantiene la realidad del juicio delante de los destinatarios. La frase no ofrece un calendario de acontecimientos, sino una advertencia moral. El futuro del ser humano debe ser considerado a la luz del Dios justo, y la vida presente debe responder a la verdad que ha revelado.

«Sobre los hijos de desobediencia» identifica a personas caracterizadas por desobedecer. La expresión griega τοὺς υἱοὺς τῆς ἀπειθείας (toùs huioùs tē̂s apeitheías) describe esa pertenencia moral; no se refiere a una categoría de niños ni a una condición heredada de una familia concreta. El problema señalado es la persistencia en una vida que rechaza la voluntad de Dios.

La advertencia se dirige a una comunidad que ha conocido la gracia. El versículo siguiente recordará que ellos también vivieron en esas prácticas. El juicio llama a la sobriedad y al arrepentimiento, y hace más visible la misericordia del Padre que rescata por medio de su Hijo.

La justicia y la misericordia se conocen en relación con Cristo

Romanos 2:4–11 une la bondad que conduce al arrepentimiento con la realidad del justo juicio de Dios, quien no hace favoritismos. La relación conserva ambos acentos: su paciencia es una oportunidad de volver a él y su justicia permanece firme.

1 Tesalonicenses 1:9–10 describe el abandono de los ídolos para servir al Dios vivo y esperar a Jesús, quien libra de la ira venidera. La esperanza frente al juicio se encuentra en el Salvador resucitado. La vida nueva de los colosenses procede de ese mismo rescate y debe corresponder a él.

La frase «sobre los hijos de desobediencia»

La NTBT conserva esta frase, que también aparece en Efesios 5:6. Existe una lectura más breve de Colosenses que termina con «viene la ira de Dios». Ambas formas relacionan el juicio con los pecados recién enumerados. La lectura más extensa explicita a las personas caracterizadas por la desobediencia, sin cambiar el fundamento de la advertencia.

Colosenses 3:7 north

Recordar el pasado desde la gracia recibida

Los colosenses también conocieron la vida que Pablo acaba de describir. Recordarlo les permite reconocer la misericordia de Dios y comprender por qué su nueva pertenencia a Cristo debe cambiar su conducta.

Explicación del versículo

«También ustedes» impide que la advertencia del versículo 6 sea leída desde una superioridad propia. Los destinatarios no siempre vivieron conforme al Señor. El evangelio los encontró necesitados de rescate y perdón. Su condición presente procede de una intervención de gracia.

«Anduvieron en ellas» usa περιεπατήσατε (periepatḗsate), literalmente «anduvieron». La imagen del caminar describe aquí la conducta. La NTBT la relaciona con las prácticas mencionadas: las formas de pecado de la lista anterior pertenecieron al ámbito de su vida pasada.

«En otro tiempo» introduce ποτε (pote), «antes» o «en otro tiempo». La expresión prepara el «pero ahora» del versículo 8. Pablo no limita su enseñanza a prohibir acciones aisladas. Contrasta dos maneras de vivir, definidas por la relación con Cristo.

«Cuando vivían en estas cosas» amplía la descripción del antiguo camino. El pecado podía formar parte de lo habitual y aceptado en su conducta. Conocer al Salvador cambia el criterio desde el que se considera ese pasado. La costumbre ya no decide por sí misma qué debe continuar.

El recuerdo se conecta con lo afirmado en 1:21–22: antes estaban alejados y eran enemigos en su mente por sus malas obras, pero ahora han sido reconciliados mediante la muerte de Cristo. La nueva vida no se construye negando la necesidad anterior de salvación. Reconoce lo que el Hijo hizo para recibir a quienes estaban lejos.

El pasado tampoco debe convertirse en una justificación para conservar sus prácticas. La exhortación siguiente llama a desechar lo incompatible con la gracia recibida. La transformación requiere que la identidad presente oriente las decisiones y que la comunidad aprenda a vivir conforme al Señor al que pertenece.

La misericordia forma una respuesta humilde

Tito 3:3–7 ofrece una relación cercana. Recuerda desobediencia, esclavitud a deseos y relaciones de odio, y atribuye la salvación a la misericordia de Dios, mediante la renovación del Espíritu Santo derramado por Jesucristo. La herencia esperada procede de la justificación por gracia.

Efesios 5:8–10 contrasta asimismo el pasado de tinieblas con ser ahora luz en el Señor. La nueva condición conduce a andar en bondad, justicia y verdad. La gracia no solo cambia el modo de recordar; forma una manera nueva de vivir.

Aplicación editorial

Al considerar tu pasado, reconoce la misericordia del Salvador que te llama a una vida nueva. Agradece al Padre su perdón y permite que su palabra examine los hábitos que todavía necesitan cambiar. Recordar que dependes de la misma gracia puede ayudarte a tratar a otros con humildad y esperanza, mientras procuras una obediencia fiel a Cristo.

Colosenses 3:8 north

La vida nueva cambia el enojo y la manera de hablar

Pablo amplía el llamado a abandonar el pecado. La relación con Cristo debe transformar también las actitudes hostiles y las palabras con las que los miembros de la comunidad se tratan.

Explicación del versículo

«Pero ahora» establece el contraste con el camino anterior del versículo 7. Los creyentes han recibido una nueva pertenencia, y esa realidad reclama una respuesta presente. La conducta que antes podía parecer normal debe ser examinada desde el Señor que les ha dado vida.

«Desechen también ustedes todo esto» usa ἀπόθεσθε (apóthesthe), «quiten» o «despójense». La imagen preparará el despojarse del viejo hombre y revestirse del nuevo en los versículos 9–10. La transformación alcanza todo lo que se opone a esa identidad, incluidas actitudes que dañan la convivencia.

«Ira» y «furia» corresponden a ὀργήν (orgḗn) y θυμόν (thymón). Aquí forman parte de una respuesta hostil que debe ser abandonada. La lista no presenta como modelo la reacción que deja al enojo gobernar la relación con el hermano. El juicio justo de Dios del versículo 6 no autoriza esos arrebatos humanos.

«Maldad», κακίαν (kakían), señala la disposición dañina que puede expresarse mediante acciones y palabras. «Calumnia» traduce βλασφημίαν (blasphēmían), habla injuriosa que en este contexto alcanza el trato al prójimo. La reputación y la dignidad del otro no deben convertirse en blanco de la hostilidad.

«Y lenguaje obsceno de su boca» añade αἰσχρολογίαν (aischrologían), un lenguaje vergonzoso o degradante. La boca hace visible la disposición interior. La carta llevará esa renovación hacia la verdad, la enseñanza mutua, la gratitud y una conversación llena de gracia.

El conjunto muestra que la santidad no puede restringirse a la conducta sexual o a observancias externas. El creyente ha de responder a Cristo también cuando discrepa, se siente ofendido o habla de otras personas. El Salvador que reconcilió a la comunidad forma una vida de cuidado fraterno.

Palabras que corresponden al perdón de Cristo

Efesios 4:25–32 relaciona abandonar la mentira, la ira pecaminosa y la malicia con hablar para edificar y perdonar como Dios perdonó en Cristo. También recuerda al Espíritu Santo, cuya presencia debe ser honrada. La relación reúne la disposición interior y el uso de la palabra dentro de la vida recibida por gracia.

Santiago 3:9–12 confronta la contradicción de bendecir al Padre y maldecir a personas hechas a semejanza de Dios. La misma boca debe mostrar una orientación coherente. Esta relación ayuda a comprender la seriedad de retirar el lenguaje que degrada al hermano.

La exhortación positiva de Colosenses 3:12–14 dará forma al cambio: compasión, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia y amor. Abandonar la hostilidad abre espacio a una convivencia que manifiesta el carácter del Señor al que la comunidad pertenece.

Colosenses 3:9 north

La verdad corresponde a la vida recibida en Cristo

Después de ordenar que desechen el lenguaje destructivo, Pablo señala una práctica que rompe la confianza entre hermanos: la mentira. Su llamado se apoya en la identidad que los creyentes han recibido al unirse a Jesucristo.

Explicación del versículo

«No se mientan unos a otros» tiene una dirección comunitaria concreta. La verdad debe regir las relaciones entre personas que pertenecen al mismo Señor. El engaño puede servir para ocultar una falta, conseguir una ventaja o mantener una imagen falsa; en cualquiera de esos casos utiliza al prójimo en lugar de amarlo. Pablo no necesita enumerar cada forma de falsedad para mostrar que esta conducta contradice la comunión que Cristo ha creado. En Efesios 4:20–25, la exhortación a hablar verdad también se relaciona con haber aprendido de Cristo y con ser miembros unos de otros.

La expresión griega μὴ ψεύδεσθε (mḕ pseúdesthe) significa «no mientan». El mandato no autoriza a deducir que cada colosense estuviera mintiendo habitualmente, ni convierte la sinceridad en permiso para herir con palabras. Ordena abandonar la falsedad. La forma en que debe hablar una persona renovada se completa con la compasión, la paciencia y el amor de los versículos siguientes. Es posible decir algo verdadero con crueldad; también es posible invocar la bondad para encubrir lo falso. La vida en Cristo exige tanto fidelidad a la verdad como amor al hermano.

El «pues» introduce la razón: «se han despojado del viejo hombre con sus acciones». La forma ἀπεκδυσάμενοι (apekdysámenoi) presenta la imagen de haberse quitado una vestidura. El «viejo hombre» no es una persona anciana ni el cuerpo humano como si fuera malo por naturaleza, sino la anterior manera de ser y vivir dominada por el pecado. Sus «acciones» muestran que Pablo no habla de un cambio meramente verbal. La antigua identidad tenía una conducta correspondiente, y la pertenencia a Cristo reclama una vida coherente con la gracia recibida.

Una identidad nueva que debe expresarse en los actos

Pablo fundamenta la exhortación en lo que ha sucedido con los creyentes; no presenta la renuncia a la mentira como el precio para que Cristo los acepte. Tampoco afirma que la conversión vuelva imposible cualquier recaída: precisamente por eso los exhorta. Haberse despojado del viejo hombre da una razón decisiva para rechazar sus prácticas, en vez de justificarlas como algo inevitable. El versículo 10 continúa la misma imagen al hablar de revestirse del nuevo.

Aplicación editorial

Esta renovación alcanza la confianza cotidiana. Admitir un error, reconocer lo que se desconoce y cumplir una palabra dada son expresiones concretas de la verdad. Si has engañado a alguien, la aplicación no consiste en fabricar una explicación más favorable, sino en confesar lo falso y procurar reparar el daño. No te acercas al Padre por haber construido una reputación impecable, sino por Jesucristo, que te llama a caminar en su verdad. La gracia que perdona también te libra de vivir defendiendo una apariencia.

Colosenses 3:10 north

El Creador renueva la vida que nos ha dado en Cristo

La imagen de quitarse una vestidura se completa con la de ponerse otra. La vida cristiana no consiste solamente en abandonar antiguas prácticas: Dios forma una humanidad nueva que aprende a conocerlo y a reflejar su carácter.

Explicación del versículo

«Se han revestido del nuevo» continúa la oración del versículo anterior. Aunque aquí no se repite el sustantivo «hombre», el contraste permite entenderlo: frente al viejo hombre está el nuevo. El cambio procede de la unión con Cristo, cuya muerte y resurrección ya han sido el fundamento de la exhortación. El creyente no añade una apariencia religiosa a la misma vida de antes; ha recibido una pertenencia nueva, y por eso debe abandonar la mentira y las demás prácticas que la contradicen.

A la vez, el nuevo hombre «se va renovando». El participio griego ἀνακαινούμενον (anakainoúmenon) describe una renovación en curso y presenta al nuevo hombre como quien la recibe. La novedad que Dios ha concedido no elimina la necesidad de seguir siendo transformados. Hay una obra ya iniciada y un crecimiento que continúa. Esto impide tanto la resignación ante el pecado como la pretensión de haber llegado a una perfección que ya no necesita corrección. La obediencia expresa la vida recibida y se desarrolla bajo la acción de Dios.

La dirección de esa renovación es «el pleno conocimiento». La expresión εἰς ἐπίγνωσιν (eis epígnōsin) orienta el crecimiento hacia un conocimiento verdadero y profundo. En esta carta, conocer a Dios no se separa de conocer a Cristo ni de vivir de manera digna de él. Por eso, aprender más no equivale a acumular datos religiosos mientras se conserva el engaño. La verdad acerca del Señor alcanza el juicio, los deseos y las relaciones. La mente aprende a reconocer lo que corresponde a aquel que la está renovando.

Conforme a la imagen del Creador

El modelo no es una personalidad admirada ni el prestigio de un grupo, sino «la imagen del que lo creó». La expresión κατʼ εἰκόνα (katʼ eikóna), «conforme a la imagen», recuerda que Dios hizo a los seres humanos a su imagen, según Génesis 1:26–28. El pecado no constituye el propósito para el cual fuimos creados. Al renovar a su pueblo, Dios obra en la dirección de una vida que refleje su verdad y su santidad. En el contexto de Colosenses, este propósito se comprende a la luz del Hijo, presentado como imagen del Dios invisible y aquel por medio de quien todo fue creado en Colosenses 1:15–17.

La renovación no convierte al creyente en Dios ni borra su condición de criatura. Lo conforma a la vida que corresponde a su Creador. 2 Corintios 3:17–18 relaciona la transformación a la imagen del Señor con la obra del Espíritu Santo, y 2 Corintios 5:17–21 sitúa la nueva creación en Cristo y en la reconciliación que Dios realiza por medio de él. El Padre nos reconcilia consigo por medio de su Hijo Jesucristo, y el Espíritu Santo transforma nuestra vida conforme al Señor. Conocer a Dios conduce así a depender de su gracia y a reflejarla en la conducta.

Aplicación editorial

Por eso, examina lo que aprendes por el fruto que produce. El conocimiento de Cristo debe hacerte más dispuesto a recibir corrección, decir verdad y amar a otros. La renovación es más profunda que cambiar tu vocabulario religioso: alcanza la persona que estás llegando a ser por la gracia del Señor.

Colosenses 3:11 north

Cristo une a personas de distinto origen y condición

La renovación conforme a la imagen del Creador tiene una consecuencia comunitaria: ninguna procedencia étnica, distinción religiosa o condición social concede una categoría superior dentro del pueblo de Cristo.

Explicación del versículo

«Aquí» se refiere al ámbito de la vida nueva descrita en los versículos 9–10. Pablo no afirma que hayan desaparecido de la sociedad los pueblos, las lenguas o las diferencias de condición. Explica que esas distinciones no determinan quién puede pertenecer a Cristo ni quién posee mayor dignidad espiritual entre los que le pertenecen. La nueva humanidad no se organiza alrededor del privilegio de un grupo, sino del Señor que ha reconciliado a su pueblo con Dios.

«Griego ni judío» menciona una distinción de origen, mientras «circuncisión ni incircuncisión» recuerda una diferencia religiosa y corporal vinculada con ella. La circuncisión no concede una posición superior en esta comunidad, ni carecer de ella excluye al creyente de la plenitud que tiene en Cristo. Tampoco Pablo invita al desprecio de los judíos: impide que cualquiera de las dos procedencias se transforme en fundamento de superioridad. Gálatas 3:26–29 relaciona esta unidad con la fe en Jesucristo y la pertenencia a él.

«Bárbaro» traduce βάρβαρος (bárbaros), palabra que podía designar a quienes no hablaban griego. No debe leerse simplemente con el sentido moderno de «persona cruel». «Escita», Σκύθης (Skýthēs), alude a pueblos de las estepas euroasiáticas, conocidos en el mundo antiguo también por su presencia al norte del mar Negro. Al incluir estas designaciones, Pablo muestra que la lengua y el origen cultural no colocan a nadie fuera del alcance del evangelio ni en una clase inferior dentro de la iglesia. Su argumento no necesita aceptar los prejuicios con los que una sociedad pudiera describir a otros pueblos.

«Esclavo ni libre» alcanza una diferencia social real. El esclavo no era sencillamente un trabajador asalariado; su condición implicaba sujeción a un amo. Pablo no presenta aquí una ley civil que elimine de inmediato esa institución, pero niega que ella establezca distintos grados de pertenencia a Cristo. La misma carta exigirá a los amos justicia y equidad, recordándoles que ellos también tienen un Amo en el cielo. La identidad cristiana cuestiona cualquier trato que reduzca al hermano a su utilidad o rango social.

«Cristo es todo y está en todos»

La frase culminante, τὰ πάντα καὶ ἐν πᾶσιν Χριστός (tà pánta kaì en pâsin Christós), pone al Salvador en el centro de la vida común. Cristo es todo para esta nueva humanidad: de él proceden su vida, su reconciliación y su unidad. Y está en todos los que le pertenecen, sin reservar su presencia para una élite. El «todos» se entiende dentro de esta comunidad renovada; no afirma que toda persona esté unida a Cristo al margen de la fe.

1 Corintios 12:12–13 describe a judíos y griegos, esclavos y libres, incorporados a un solo cuerpo por el mismo Espíritu. A su vez, Filemón 1:15–16 muestra el alcance personal de esta verdad al hablar de recibir a Onésimo como hermano amado.

Aplicación editorial

Por eso, la aplicación llega al modo de escuchar, recibir y servir a otros. No midas la importancia de un creyente por su acento, sus estudios, sus recursos o las relaciones que pueda ofrecerte. Si Cristo lo ha recibido, comparte contigo la misma vida y el mismo Señor. El amor y la humildad del versículo siguiente deben hacer visible esa comunión.

Colosenses 3:12 north

La gracia de Dios se expresa en un carácter compasivo

Después de describir lo que debe abandonarse, Pablo presenta lo que debe caracterizar a la comunidad renovada. La imagen de vestirse se vuelve una exhortación a vivir conforme al amor que Dios ya ha mostrado en Cristo.

Explicación del versículo

«Por tanto» recoge la vida nueva de los versículos anteriores. Los creyentes se han revestido del nuevo hombre, y ahora deben mostrar esa realidad en el trato mutuo. El mandato «revístanse» no ordena fabricar una apariencia amable que esconda el corazón, sino asumir una conducta que corresponda a la pertenencia al Señor. La compasión, la bondad y la paciencia son parte de la respuesta a la gracia, no condiciones que compren el favor de Dios.

La exhortación se dirige a quienes son «escogidos de Dios, santos y amados». Estas palabras describen una identidad recibida. «Santos» expresa que han sido apartados para Dios; no que ya carezcan de faltas. «Amados» afirma que su relación con él está sostenida por su amor. El término ἠγαπημένοι (ēgapēménoi) los presenta como personas que han sido amadas. Su seguridad no nace de compararse favorablemente con otros. En Efesios 1:3–7, la elección, la santidad y la adopción se vinculan con Jesucristo y con la riqueza de la gracia del Padre.

Por eso, ser escogidos no autoriza a despreciar al prójimo. Dentro de la secuencia del capítulo, esa identidad debe producir precisamente el carácter contrario al orgullo que divide. La «profunda compasión» traduce σπλάγχνα οἰκτιρμοῦ (splánchna oiktirmoû), una expresión que comunica misericordia entrañable. La referencia corporal sirve para expresar una disposición interior hondamente afectada por la necesidad de otro, y no una simple cortesía distante. Esa compasión se hace visible cuando el sufrimiento ajeno deja de parecernos una molestia sin importancia.

La bondad busca el bien del otro con hechos; la humildad renuncia a la superioridad y permite servir; la mansedumbre gobierna la manera de responder, sin convertir la fuerza en agresión; la paciencia impide reaccionar precipitadamente ante las limitaciones o provocaciones de otros. Las cinco disposiciones se necesitan mutuamente. Una ayuda ofrecida con desprecio contradice la humildad; una reacción áspera puede deshacer lo que una intención bondadosa pretendía construir.

Aprender el trato de Jesucristo

Estas cualidades toman forma concreta en el Salvador. En Mateo 11:28–30, Jesús invita a los cargados a acudir a él y a aprender de su mansedumbre y humildad. La vida nueva no consiste en admirar esas virtudes desde lejos, sino en seguir al Señor que nos ha recibido. El versículo siguiente mostrará su expresión cuando haya dificultades reales: soportarse y perdonarse mutuamente.

Aplicación editorial

Examina, entonces, cómo tratas a quien necesita más tiempo, a quien no puede devolverte un favor o a quien ha mostrado una debilidad. La paciencia cristiana no exige fingir que no existen problemas; permite afrontarlos sin negar al otro el amor que tú has recibido. Pide al Espíritu Santo que forme en ti este carácter conforme a la palabra de Cristo. El amor del Padre, recibido por medio de su Hijo, da fundamento a una compasión que va más allá de una buena impresión pasajera.

Colosenses 3:13 north

Perdonar desde el perdón recibido del Señor

Pablo lleva las virtudes del versículo anterior a situaciones donde la convivencia cuesta. La compasión se demuestra al soportar las limitaciones del hermano y al responder a una ofensa desde la gracia de Jesucristo.

Explicación del versículo

«Soportándose unos a otros» describe la disposición de permanecer en una relación fraterna sin exigir que los demás estén libres de toda debilidad. La paciencia del versículo 12 necesita esta expresión concreta. No basta con valorar una comunidad ideal; hay que aprender a amar a personas reales. La reciprocidad es decisiva: cada creyente necesita paciencia y, al mismo tiempo, está llamado a ofrecerla. Nadie ocupa siempre el lugar de quien tolera sin necesitar nunca ser tolerado.

«Perdonándose mutuamente» alcanza una situación más específica que la simple diferencia de temperamentos. Pablo contempla que alguien tenga una queja contra otro. No afirma que toda queja sea imaginaria ni que la ofensa deje de importar. El término μομφήν (momphḗn) se refiere aquí a un motivo de queja o reproche. La exhortación trata con un agravio que amenaza la comunión y llama a responder de una manera distinta de la venganza, la hostilidad sostenida o el uso de la falta ajena como instrumento de dominio.

El verbo χαριζόμενοι (charizómenoi), traducido «perdonándose», expresa en este contexto la concesión generosa del perdón. La razón y la medida aparecen enseguida: «Como el Señor los perdonó». El punto de partida no es la supuesta insignificancia de la falta, sino la misericordia que el creyente ha recibido. Colosenses 2:13 ya ha relacionado la vida concedida con Cristo con el perdón de las transgresiones. Efesios 4:30–32 también une el abandono de la amargura con perdonarse como Dios nos perdonó en Cristo.

Algunos textos griegos presentan «Cristo» donde otros dicen «el Señor». La lectura «el Señor» se conserva aquí, y el contexto identifica en Jesucristo al Salvador cuyo perdón fundamenta la exhortación. La diferencia de designación no crea dos modelos de perdón ni cambia la dirección del mandato: quienes han recibido gracia deben tratar con gracia al hermano.

La gracia enfrenta la ofensa sin alimentar la venganza

Perdonar no significa declarar bueno el mal ni convertir el silencio en requisito de la paz. Jesús mismo une la reprensión del pecado con el perdón al arrepentido en Lucas 17:3–4. Por eso, corregir con verdad y renunciar a la venganza pueden formar parte de una misma respuesta fiel. La restauración de una relación incluye afrontar lo sucedido; no se consigue fingiendo que nunca ocurrió.

En Mateo 18:21–35, la enseñanza de Jesús muestra lo contradictorio que resulta recibir una gran misericordia y negarla después al compañero. Pablo aplica esa misma dirección del evangelio. No ganamos el perdón de Dios con nuestra generosidad; el perdón recibido del Señor nos obliga a abandonar la dureza que quisiera cobrar indefinidamente la deuda ajena.

Aplicación editorial

Si tienes una queja, preséntala con verdad, sin añadir acusaciones para fortalecer tu posición. Recuerda cuánto dependes tú también de la misericordia de Cristo. Su gracia te llama a buscar la restauración y a dejar de cultivar la venganza, aun cuando afrontar el daño y reconstruir la confianza requieran un camino paciente.

Colosenses 3:14 north

El amor mantiene unida la vida de la comunidad

Las virtudes y el perdón de los versículos anteriores encuentran su cohesión en el amor. Pablo no lo añade como un adorno, sino como aquello que debe orientar el conjunto del trato cristiano.

Explicación del versículo

«Y sobre todo esto revístanse de amor» continúa la imagen de la vestidura. En griego, el verbo no vuelve a escribirse en este versículo, pero se comprende por el mandato «revístanse» del versículo 12. «Todo esto» recoge la compasión, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia y el perdón. El amor no vuelve innecesarias esas disposiciones; las reúne y les da una dirección común: procurar el bien de aquellos a quienes Cristo ha recibido.

La palabra ἀγάπην (agápēn), «amor», recibe aquí su contenido del contexto y del Señor, no de una definición sentimental aislada. Amar incluye soportar al hermano cuando cuesta, perdonar una ofensa y tratarlo con humildad. El sentimiento de afecto puede acompañar esa disposición, pero no la agota. La exhortación se dirige también a momentos en los que la convivencia exige paciencia y una renuncia deliberada al egoísmo.

El amor es «el vínculo de la perfección». La expresión σύνδεσμος τῆς τελειότητος (sýndesmos tē̂s teleiótētos) presenta un lazo que produce cohesión y apunta a la plenitud o madurez del conjunto. Puede expresarse también como un vínculo perfecto. En esta comunidad renovada, las virtudes no deben quedar como cualidades sueltas que cada uno exhibe para su prestigio. El amor las integra y une a las personas que las ponen en práctica. Pablo ya había deseado que los corazones de los creyentes estuvieran unidos en amor en Colosenses 2:1–3.

La «perfección» no significa que quien muestra amor ya sea incapaz de pecar. El propio contexto sigue hablando de enseñanza, amonestación y necesidad de perdón. La meta es una vida que alcance la coherencia que corresponde a Cristo. Una paciencia que desprecia interiormente al otro, o una ayuda que busca humillarlo, no expresa esa plenitud. El amor hace que el bien ofrecido sea verdaderamente un servicio al prójimo.

El amor toma su medida de Jesús

En Juan 13:34–35, Jesús manda a sus discípulos amarse como él los ha amado y presenta ese amor mutuo como señal reconocible de su discipulado. La comunión cristiana tiene, por tanto, una medida concreta: el amor del Salvador. No descansa solamente en afinidades personales ni en estar de acuerdo en todo, sino en pertenecer a aquel que entregó su vida por nosotros.

1 Corintios 13:1–7 muestra que incluso acciones impresionantes pierden su valor si falta el amor, y describe un amor paciente, bondadoso y unido a la verdad. Por eso, el vínculo que Pablo pide no consiste en tolerar el engaño para conservar una apariencia de unidad. El amor procura una comunión verdadera, en la que pueden reconocerse las faltas y buscarse la restauración.

Aplicación editorial

Al examinar tu servicio, considera no solo cuánto haces, sino cómo y para quién lo haces. Escuchar sin despreciar, corregir sin humillar y ayudar sin reclamar superioridad permiten que el amor de Cristo se haga visible. La madurez de una comunidad se reconoce también en ese trato cotidiano.

Colosenses 3:15 north

La paz de Cristo debe gobernar la convivencia

El amor que une a los creyentes debe expresarse en una paz que procede del Señor. Pablo sitúa esa paz en los corazones y, al mismo tiempo, en la vida de quienes han sido llamados a formar un solo cuerpo.

Explicación del versículo

«Que la paz de Cristo gobierne» ordena conceder a esa paz una influencia decisiva en la vida común. El verbo βραβευέτω (brabeuétō) expresa aquí la idea de gobernar o ejercer control. En lugar de dejar que la ira, la rivalidad o el deseo de imponerse determinen la respuesta, el creyente debe actuar conforme a la paz que ha recibido del Señor. No se trata de conservar cualquier tranquilidad a costa de la verdad, sino de vivir como una persona reconciliada por Cristo.

La carta ya ha explicado el fundamento de esa paz: Dios hizo la paz mediante la sangre de la cruz y reconcilió a quienes antes estaban alejados, según Colosenses 1:19–22. Por eso, la paz de este versículo no es una técnica para evitar toda emoción difícil. Nace de la obra del Salvador y debe dar forma a las relaciones de su pueblo. La reconciliación recibida vuelve incoherente el propósito de alimentar permanentemente la enemistad con el hermano.

«En sus corazones» incluye el centro de las disposiciones y decisiones de cada creyente. Pero el resto de la oración impide reducir la exhortación a una experiencia privada: «a la cual también fueron llamados en un solo cuerpo». Pablo habla a personas unidas por el mismo Señor. El fruto esperado incluye una convivencia que corresponda a esa unidad. Efesios 4:1–3 relaciona de manera semejante el llamamiento cristiano con humildad, paciencia y el cuidado de la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

Algunas versiones dicen «la paz de Dios» donde aquí se lee «la paz de Cristo». La expresión conservada subraya al Señor por medio de quien Dios ha reconciliado a los creyentes. La diferencia no convierte la paz del Padre y la del Hijo en realidades rivales. El Padre nos da acceso a su gracia por Jesucristo, y la paz recibida debe manifestarse en un mismo cuerpo.

Paz, discernimiento y gratitud

Este versículo no establece que toda sensación de calma sea una aprobación divina ni que toda inquietud indique una prohibición de Dios. Su contexto trata de la convivencia de la comunidad renovada. El Espíritu Santo guía conforme a la verdad de Cristo; por eso, una impresión personal debe ser examinada a la luz de su palabra. Si una decisión alimenta el engaño, la injusticia o el desprecio, no se vuelve buena porque produzca alivio momentáneo.

La exhortación final, «sean agradecidos», orienta el corazón hacia lo recibido de Dios. La gratitud debilita la pretensión de que todo nos es debido y nos ayuda a reconocer al hermano como alguien que también vive de la gracia. En Filipenses 4:6–9, la oración con acción de gracias y la paz que guarda en Cristo aparecen junto con pensar en lo verdadero y practicar lo aprendido.

Aplicación editorial

Cuando surja un conflicto, examina qué está gobernando tu respuesta: la necesidad de vencer, el resentimiento o la paz del Salvador. Buscar esa paz puede requerir una conversación honesta, una disculpa o una corrección paciente. El propósito es honrar a Cristo y cuidar el cuerpo al que él te ha unido.

Colosenses 3:16 north

Una comunidad habitada por la palabra de Cristo

La paz y la gratitud del versículo anterior se acompañan de una vida llena de la palabra del Señor. Pablo describe una comunidad que aprende, se corrige y canta a Dios desde la verdad de Jesucristo.

Explicación del versículo

«Que la palabra de Cristo habite en ustedes con abundancia» presenta el mensaje del Señor como una presencia permanente y fecunda. El verbo ἐνοικείτω (enoikeítō), «habite», comunica la idea de residir. La palabra no debe quedar como una visita ocasional ni como una frase religiosa sin efecto en la conducta. Ha de tener lugar amplio en la memoria, el entendimiento y las relaciones de los creyentes. El «ustedes» es plural: la exhortación abarca la vida de la comunidad, además de la recepción personal de cada uno.

«La palabra de Cristo» incluye el mensaje que lo da a conocer y procede de su autoridad. En la carta, conocer a Cristo y permanecer en él es esencial frente a enseñanzas que desvían de su suficiencia. Algunas lecturas griegas dicen «palabra de Dios» o «del Señor»; aquí se conserva «de Cristo», que destaca al Salvador como centro del mensaje recibido. La riqueza buscada no consiste en multiplicar especulaciones, sino en permitir que su verdad forme la vida del pueblo.

La frase «con toda sabiduría» se relaciona estrechamente con la enseñanza y la amonestación mutuas que siguen. La enseñanza comunica y explica la verdad; la amonestación advierte y corrige a la luz de ella. El término νουθετοῦντες (nouthetoûntes) tiene aquí ese sentido de advertencia dirigida al bien del otro. No concede permiso para dominar la conciencia ajena mediante opiniones personales. En una sección marcada por la humildad y el amor, enseñar y corregir deben servir a la madurez del hermano.

Los «salmos, himnos y cánticos espirituales» muestran que el canto participa en esa formación. Las tres expresiones abarcan una riqueza de alabanza; el versículo no ofrece definiciones que permitan separar cada una en un género musical cerrado. Los salmos bíblicos proporcionan un ejemplo claro de oración y canto que proclaman quién es Dios. Salmos 95:1–7 reúne alegría, gratitud y reconocimiento del Creador y Pastor de su pueblo. Cantar juntos también pone palabras verdaderas en la memoria de quienes escuchan y participan.

Adoración agradecida y enseñanza fiel

«Cantando a Dios con gratitud en sus corazones» une el contenido del canto con su destinatario y la disposición interior. La expresión ἐν χάριτι (en cháriti) contiene el término asociado con la gracia y se entiende aquí en la dirección de la gratitud, en armonía con los llamados a dar gracias de los versículos 15 y 17. El canto no es una exhibición que solo busca impresionar a otros; es una respuesta del corazón a Dios.

El pasaje paralelo de Efesios 5:18–21 relaciona la plenitud del Espíritu con salmos, himnos, cánticos y acción de gracias en el nombre de Jesucristo. La acción del Espíritu Santo y la abundancia de la palabra de Cristo se corresponden: él forma un pueblo que conoce al Señor y lo alaba conforme a la verdad. Una emoción intensa, por sí sola, no hace verdadera una letra ni le concede autoridad divina.

Aplicación editorial

Al elegir lo que cantas o al hablar para edificar a otros, considera qué enseñanza estás comunicando acerca de Jesús, de su gracia y de la vida que él llama a vivir. La belleza musical puede servir a la adoración, pero no sustituye un contenido fiel. La palabra que habita abundantemente en la comunidad debe escucharse tanto en su alabanza como en su manera de aconsejar y corregir.

Colosenses 3:17 north

Toda la vida bajo el nombre del Señor Jesús

Pablo reúne la enseñanza de esta sección en una exhortación que alcanza palabras y acciones. La pertenencia a Jesucristo debe dar forma a todo lo que el creyente hace, acompañado de gratitud al Padre.

Explicación del versículo

«Todo lo que hagan, de palabra o de obra» extiende el alcance de la exhortación más allá de una reunión o una actividad explícitamente religiosa. Hablar y actuar resumen las expresiones de la vida humana. En el contexto inmediato, incluyen el abandono de la mentira, el perdón, la enseñanza y la alabanza. En los versículos siguientes, el mismo señorío de Cristo alcanzará las relaciones del hogar y las responsabilidades de quienes sirven a otros.

Hacerlo todo «en el nombre del Señor Jesús» significa actuar reconociendo quién es él, su autoridad y nuestra pertenencia a él. La expresión ἐν ὀνόματι κυρίου Ἰησοῦ (en onómati kyríou Iēsoû) no se reduce a pronunciar unas palabras al terminar una acción. Invocar el nombre de Jesús mientras se contradice su enseñanza no transforma el mal en obediencia. La conducta debe corresponder al Señor a quien se reconoce y a quien representa ante otros quien lleva su nombre.

El título «Señor» es decisivo. Jesús no aparece como un recurso que se añade a decisiones ya gobernadas por otros intereses, sino como aquel a quien el creyente pertenece. Su autoridad alcanza la manera de hablar con una persona difícil, el uso de los bienes y la fidelidad en responsabilidades poco visibles. 1 Corintios 10:23–33 aplica una amplitud semejante a la vida cotidiana: hacer todo para la gloria de Dios incluye considerar el bien del otro y no buscar solamente el propio beneficio.

La gratitud acompaña esta obediencia: «dando gracias a Dios Padre por medio de él». El creyente no se presenta como autor independiente de su salvación o dueño absoluto de lo recibido. Reconoce al Padre como dador de la gracia y se acerca a él por Jesucristo. El «por medio de él» señala al Hijo como mediador, en armonía con su declaración en Juan 14:6–7: él es el camino al Padre. La vida cristiana depende del Salvador desde su comienzo hasta la respuesta de alabanza.

Obediencia y gratitud nacidas de la gracia

La carta ya había dado gracias al Padre por hacernos aptos para la herencia y rescatarnos del dominio de las tinieblas en Colosenses 1:12–14. Por tanto, el mandato de hacer todo en el nombre de Jesús no convierte cada tarea en una prueba para comprar la aceptación de Dios. La obediencia surge de haber sido recibidos por gracia en el reino de su Hijo amado. La gratitud conserva ese orden y combate tanto la autosuficiencia como la obediencia resentida.

Hebreos 13:15–16 une la alabanza ofrecida a Dios por medio de Jesucristo con hacer el bien y compartir. La confesión de los labios y las acciones de amor deben sostenerse mutuamente. No toda responsabilidad cotidiana parecerá extraordinaria, pero cada una puede vivirse con integridad ante el Señor.

Aplicación editorial

Antes de hablar o actuar, considera si aquello expresa lealtad a Jesús y procura el bien de las personas a quienes afecta. Cuando una acción no puede realizarse de acuerdo con su verdad y su amor, añadir su nombre no la justifica. Cuando sí corresponde a su voluntad, puedes ofrecerla con sencillez y dar gracias al Padre por la gracia que te permite servir.

Colosenses 3:18 north

El matrimonio se vive bajo el señorío de Jesucristo

Después de pedir que todo se haga en el nombre de Jesús, Pablo aplica esa pertenencia a las relaciones del hogar. La primera exhortación se dirige a las esposas y debe leerse junto con el mandato de amor que reciben los esposos en el versículo siguiente.

Explicación del versículo

«Esposas, sométanse a sus esposos» se refiere a la relación matrimonial. Las palabras griegas para «mujeres» y «hombres» pueden designar también a esposas y esposos; aquí el contexto del hogar determina ese sentido. Pablo no está sometiendo a todas las mujeres a todos los hombres. Se dirige personalmente a las esposas como creyentes responsables ante Cristo y les pide vivir su relación conyugal conforme al orden que corresponde al Señor.

El verbo ὑποτάσσεσθε (hypotássesthe) expresa someterse o estar sujetas. La exhortación pide reconocer esa responsabilidad dentro del matrimonio con una actitud de respeto y disposición a la unidad, en lugar de la rivalidad o el desprecio. Pablo empleará otro verbo, «obedezcan», al dirigirse a los hijos y a los esclavos. Esta diferencia ayuda a seguir la forma particular en que habla a cada grupo, sin reducir todas las relaciones del hogar a una misma clase de autoridad.

La frase «como corresponde en el Señor» da el marco decisivo. La esposa pertenece a Jesucristo y responde ante él. La relación con su esposo no reemplaza esa lealtad ni concede al esposo el lugar de Salvador o dueño de su conciencia. Lo que corresponde «en el Señor» debe estar en armonía con su verdad, su santidad y su amor. El principio de Hechos 5:27–32, obedecer a Dios antes que a los seres humanos, impide tratar cualquier autoridad humana como absoluta.

El versículo siguiente manda al esposo amar a su esposa y rechaza el trato amargo. Por eso, esta instrucción no ofrece una autorización para forzar, humillar o encubrir el daño. Tampoco condiciona la dignidad de la esposa al desempeño del esposo: ambos están llamados a honrar a Cristo en sus propias responsabilidades. La compasión, la mansedumbre y el perdón enseñados en los versículos 12–14 siguen rigiendo cuando Pablo entra en el ámbito matrimonial.

Respeto y amor dentro de una misma pertenencia al Señor

El pasaje paralelo de Efesios 5:21–33 sitúa estas responsabilidades en el temor de Cristo y desarrolla el amor del esposo a partir de la entrega del Salvador por su iglesia. La sujeción de la esposa debe leerse dentro de ese conjunto, no aislada de la obligación del esposo de cuidar y amar. 1 Pedro 3:7 también exige al esposo honrar a su esposa como coheredera de la gracia de la vida. La diferencia de responsabilidades no crea dos grados de valor delante de Dios.

Aplicación editorial

Para una esposa creyente, la aplicación incluye cultivar respeto, fidelidad y disposición a construir la vida compartida, sin renunciar a la verdad de Cristo. Para el esposo que escucha esta exhortación, la respuesta fiel es atender el mandato que le corresponde en el versículo siguiente, en vez de utilizar el deber ajeno como instrumento de dominio. El hogar debe mostrar que Jesús es Señor de ambos y que su gracia transforma la manera de relacionarse.

Colosenses 3:19 north

El amor del esposo excluye el trato amargo

Pablo dirige ahora su exhortación a los esposos. Su responsabilidad no se define por exigir el cumplimiento del versículo anterior, sino por amar a sus esposas y abandonar la dureza que hiere la relación.

Explicación del versículo

«Esposos, amen a sus esposas» es un mandato directo. El verbo ἀγαπᾶτε (agapâte) llama a una disposición de amor que debe manifestarse en la conducta. En la secuencia del capítulo, ese amor incluye compasión, bondad, humildad, paciencia y perdón. No basta con afirmar que se ama mientras se trata a la esposa como una persona de menor importancia o se atienden únicamente los propios intereses. El bien de ella forma parte esencial de la responsabilidad del esposo ante Jesucristo.

La segunda parte concreta una expresión que debe rechazarse: «no las traten con amargura». La frase μὴ πικραίνεσθε πρὸς αὐτάς (mḕ pikraínesthe pròs autás) se refiere a no volverse amargos contra ellas. La amargura interior puede expresarse como aspereza, reproche constante o disposición hostil. Pablo alcanza tanto la actitud que se alimenta como el trato que brota de ella. El esposo no puede excusar la crueldad diciendo que solo es una forma de carácter o una reacción provocada por otro.

La exhortación no implica que toda diferencia conyugal sea pecado ni que amar consista en evitar cualquier conversación difícil. La verdad y la corrección pueden ser necesarias, pero deben comunicarse de una manera coherente con Cristo. El amor no convierte una discrepancia en ocasión para intimidar, ridiculizar o castigar con desprecio. La prohibición protege la relación de una dureza que puede volverse habitual y parecer normal a quien la ejerce.

La medida del amor es la entrega de Cristo

Efesios 5:25–33 desarrolla el mandato con el ejemplo de Cristo, que amó a la iglesia y se entregó por ella. El esposo es llamado a cuidar a su esposa como a su propio cuerpo. Ese modelo exige procurar su bien y asumir un servicio costoso, en lugar de utilizar la relación para obtener comodidad o prestigio. La autoridad de Jesús se reconoce imitando su amor, no empleando su nombre para justificar la imposición del propio deseo.

1 Pedro 3:7 añade el deber de convivir con entendimiento y dar honor a la esposa como coheredera de la gracia. La vida espiritual no queda separada del trato en casa: el mismo pasaje relaciona ese trato con la oración. De nada sirve cultivar una apariencia de devoción mientras se desprecia a la persona con quien se comparte la vida.

Aplicación editorial

Si eres esposo, examina el tono de tus respuestas, la manera en que escuchas y cómo reaccionas cuando no se hace lo que esperabas. Reconocer una actitud amarga exige más que una promesa general de mejorar: puede requerir confesar palabras concretas, pedir perdón y cambiar una conducta repetida. No ganas la gracia de Cristo mediante un matrimonio impecable; dependes de su perdón y estás llamado a permitir que ese amor transforme tu manera de amar. El hogar debe poder reconocer el cuidado del Salvador en el trato que das a tu esposa.

Colosenses 3:20 north

La obediencia de los hijos también honra al Señor

Pablo se dirige a los hijos como personas cuya conducta importa delante de Jesucristo. El hogar forma parte de la vida cristiana, y la relación con los padres debe expresar una obediencia sincera.

Explicación del versículo

«Hijos, obedezcan a sus padres» contiene un mandato directo. El verbo ὑπακούετε (hypakoúete) significa «obedezcan»; no basta con oír una instrucción y desentenderse de ella. La palabra γονεῦσιν (goneûsin), «padres», incluye al padre y a la madre. La responsabilidad filial no permite escoger a cuál de los dos se reconocerá según resulte más conveniente. Pablo habla de una respuesta que corresponde a la relación familiar y que debe tomarse en serio.

«En todo» da amplitud a la exhortación. La obediencia no se limita a instrucciones agradables o a ocasiones en las que alguien esté mirando. En el marco del hogar, aprender a cumplir responsabilidades, aceptar una corrección justa y responder con respeto pertenece al servicio al Señor. El mandato no supone que los padres sean infalibles ni que siempre expliquen sus razones de manera perfecta; pide a los hijos una disposición distinta de la resistencia basada únicamente en el propio deseo.

La razón es «porque esto agrada al Señor». El centro de la exhortación vuelve a ser Jesucristo. El hijo creyente no solo responde ante la vigilancia de sus padres: su manera de vivir interesa al Señor al que pertenece. Efesios 6:1–4 presenta una instrucción paralela, relacionándola con honrar al padre y a la madre y añadiendo la responsabilidad de los padres de criar conforme al Señor. Este deber prolonga el reconocimiento de ambos que aparece en Éxodo 20:12.

La amplitud de «en todo» no sitúa la autoridad de los padres por encima de Dios. El mandato se encuentra dentro de una vida gobernada por Cristo, cuya santidad no puede contradecir. El principio de Hechos 5:29 impide utilizar la obediencia humana para exigir pecado o encubrir una injusticia. La autoridad familiar debe servir al bien de los hijos, como mostrará inmediatamente el versículo 21, y no sustituir la autoridad del Salvador.

Jesús da dignidad a la vida obediente

Lucas 2:46–52 muestra a Jesús reconociendo su relación única con el Padre y, a la vez, viviendo sujeto a María y José en Nazaret. Su obediencia en la vida familiar no fue una actividad sin importancia. El Hijo de Dios, verdaderamente humano, vivió también el crecimiento y las responsabilidades de esa etapa. Seguirlo alcanza los actos sencillos que muchas veces no reciben reconocimiento público.

El versículo no fija aquí todas las situaciones de cada edad ni convierte la relación de parentesco en un control ilimitado sobre toda la vida adulta. Su contexto inmediato es el orden y el cuidado del hogar. El honor debido a los padres permanece, mientras las responsabilidades concretas deben comprenderse conforme a la etapa y a la verdad del Señor.

Aplicación editorial

Si eres hijo y estás bajo el cuidado de tus padres, considera si tu respuesta suele buscar cooperación o solamente evitar consecuencias. Reconocer una falta y cumplir una responsabilidad forman parte de una fe que alcanza la vida cotidiana. Esta obediencia no compra tu salvación: es una manera de honrar a Jesús, por cuya gracia te acercas al Padre celestial.

Colosenses 3:21 north

La autoridad de los padres debe cuidar el ánimo de sus hijos

La obediencia pedida a los hijos va acompañada de una responsabilidad seria para quienes los crían. Pablo prohíbe una manera de ejercer la autoridad que irrita y termina desalentando.

Explicación del versículo

«Padres, no irriten a sus hijos» limita expresamente el uso de la autoridad familiar. La expresión οἱ πατέρες (hoi patéres) puede entenderse especialmente de los padres varones, aunque el término también puede abarcar a los progenitores. En cualquier caso, el mandato no deja la crianza fuera de la obediencia a Cristo. Quien tiene responsabilidad sobre un hijo debe rendir cuentas por la manera en que la ejerce.

El verbo ἐρεθίζετε (erethízete) expresa aquí provocar o irritar. No condena toda corrección que resulte incómoda al hijo. Prohíbe un trato que lo exaspera: por ejemplo, exigencias caprichosas, humillaciones repetidas o reproches con los que nunca parece posible hacer algo bien. Estos ejemplos muestran cómo puede aplicarse la advertencia; Pablo no está ofreciendo una lista exhaustiva de conductas. Lo decisivo es que la autoridad no se convierta en una provocación que desgaste al hijo.

El propósito se expresa con claridad: «para que no se desanimen». La forma ἀθυμῶσιν (athymôsin) se refiere a perder el ánimo o el valor para continuar. El hijo no debe llegar a sentir que esforzarse carece de sentido porque solo encontrará rechazo. Pablo presta atención al efecto del trato parental sobre alguien que depende de ese cuidado. No está haciendo un diagnóstico de todo sufrimiento interior ni atribuyendo cualquier dificultad de un hijo a una sola causa; está señalando una responsabilidad concreta de los padres.

Efesios 6:4 desarrolla el mismo contraste: no provocar a ira, sino criar en la disciplina y amonestación del Señor. Hay, por tanto, una corrección que sirve al crecimiento y otra manera de tratar que destruye el ánimo. La autoridad fiel procura que el hijo comprenda el bien, reconozca el mal y aprenda a responder. No necesita degradar su dignidad para que una instrucción sea firme.

Criar bajo el cuidado del Padre y del Hijo

El carácter del Padre celestial orienta esta responsabilidad. Salmos 103:8–14 presenta su compasión y recuerda que él conoce nuestra fragilidad. Los padres humanos necesitan aprender a corregir sin olvidar las limitaciones de aquellos a quienes cuidan. Su autoridad no equivale a la perfección de Dios; por eso, reconocer un error propio y pedir perdón también puede enseñar una obediencia humilde.

La atención de Jesús a los niños en Marcos 10:13–16 muestra que ellos no son una interrupción despreciable para el Señor. Él los recibe y los bendice. En un hogar que reconoce a Cristo, esa dignidad debe reflejarse en el modo de escuchar y acompañar a los hijos, también cuando necesitan corrección.

Aplicación editorial

Si tienes responsabilidad de crianza, examina si tus palabras ayudan a comprender lo que debe cambiar o si solo comunican que el hijo es una decepción. Procura instrucciones claras, corrección proporcionada y reconocimiento sincero del bien. Pide al Espíritu Santo paciencia para responder conforme a Cristo. El objetivo no es conservar una imagen de autoridad infalible, sino cuidar a una persona que el Señor te ha confiado.

Colosenses 3:22 north

La fidelidad del servicio nace del temor al Señor

Pablo habla a creyentes que vivían bajo esclavitud y les pide una conducta íntegra ante Cristo. Sus palabras deben leerse hasta 4:1, donde exige a los amos justicia y equidad bajo el mismo Señor.

Explicación del versículo

«Esclavos» traduce δοῦλοι (doûloi). El término designa aquí a personas sujetas a un amo y no equivale simplemente a empleados con un contrato de trabajo. Pablo se dirige a quienes se encontraban en esa condición; no está mandando establecer la esclavitud ni declarando buena toda práctica de los amos. La distinción importa para comprender primero a sus destinatarios antes de aplicar el principio de integridad a otras responsabilidades.

Los llama a obedecer a sus «amos terrenales». La expresión κατὰ σάρκα (katà sárka), literalmente «según la carne», sitúa esa relación en el ámbito de su condición terrenal. El amo humano no tiene autoridad divina sobre toda la persona. El mismo versículo termina dirigiendo el temor hacia el Señor, y el versículo 24 identificará expresamente a Cristo como aquel a quien sirven. La vida del creyente no queda definida por completo por la condición que le imponga otro ser humano.

«No solo cuando los estén mirando» rechaza una obediencia que sea únicamente representación para obtener aprobación. El término ὀφθαλμοδουλίαις (ophthalmodoulíais) expresa esa clase de servicio dependiente de la mirada del amo. Pablo lo contrapone a la «sinceridad de corazón»: una disposición íntegra, sin dividir la conducta entre lo que se muestra y lo que se hace a escondidas. La razón más profunda no es ganar el favor de una persona poderosa, sino honrar al Señor que conoce el corazón.

«Temiendo al Señor» expresa reverencia y reconocimiento de su autoridad. No significa tratar al amo terrenal como si fuera Cristo ni aprobar cualquier orden que contradiga a Dios. La obediencia humana queda bajo la lealtad superior al Salvador, conforme al principio de Hechos 5:29. El texto reclama integridad en el servicio; no concede al amo una facultad ilimitada para exigir pecado.

Una exhortación que también obliga a los amos

El paralelo de Efesios 6:5–9 pide un servicio sincero y ordena a los amos abandonar las amenazas, porque ambos tienen un mismo Señor en los cielos. Colosenses 4:1 exige que den a los esclavos lo justo y equitativo. Separar estas obligaciones deformaría la sección y permitiría a quien posee poder oír únicamente los deberes ajenos.

La fraternidad en Cristo también aparece en Filemón 1:15–17, donde Onésimo debe ser recibido como hermano amado y como se recibiría al propio Pablo. Además, 1 Corintios 7:20–24 reconoce la posibilidad de alcanzar la libertad. Por tanto, la exhortación al servicio fiel no enseña que conservar la esclavitud sea un bien espiritual que deba buscarse.

Aplicación editorial

Al aplicar el principio de este versículo a responsabilidades actuales, conserva esa diferencia de situación. La integridad llama a cumplir con honestidad aun sin vigilancia; no vuelve justa la explotación ni elimina el deber de quien ejerce autoridad. Cristo es Señor tanto del servicio visible como de las intenciones, y su nombre no puede utilizarse para excusar la injusticia.

Colosenses 3:23 north

Trabajar de corazón ante el Señor que conoce la fidelidad

La exhortación a servir con sinceridad se amplía: la tarea debe realizarse con una entrega interior dirigida a Jesucristo. El valor de esa fidelidad no depende solamente del reconocimiento de quienes la observan.

Explicación del versículo

«En todo lo que hagan» continúa, en primer lugar, la instrucción a los esclavos del versículo 22. No conviene olvidar a esos destinatarios cuando se aplica el versículo al trabajo o al servicio en general. Pablo habla a personas cuya condición podía limitar seriamente sus decisiones, y les recuerda que su respuesta ante Cristo tiene importancia aun dentro de responsabilidades poco reconocidas.

«Trabajen de corazón» traduce la expresión ἐκ ψυχῆς (ek psychē̂s), literalmente «desde el alma». Aquí describe una participación sincera y completa en lo que se hace. No divide al ser humano entre un alma que trabaja y un cuerpo sin importancia; expresa la disposición interior con la que se realiza la tarea. La exhortación contrasta con cumplir de manera aparente solo mientras alguien está mirando.

El motivo central es «como para el Señor y no para los hombres». Las personas siguen siendo destinatarias concretas del servicio; Pablo no invita a ignorar sus necesidades. Lo que cambia es la referencia última de la conducta. El creyente reconoce a Jesucristo como Señor de su vida y procura honrarlo también en aquello que realiza para otros. Por eso, no necesita hacer de la aprobación humana el criterio absoluto de su fidelidad.

Esta perspectiva también impide que la falta de elogios vuelva inútil una tarea buena. El Señor conoce la diferencia entre una apariencia cuidadosa y una fidelidad sincera. El versículo siguiente explicará que la herencia y la recompensa proceden de él. El reconocimiento humano puede ser justo y deseable, pero no es la única medida por la que debe juzgarse el valor de una obediencia realizada ante Cristo.

Un servicio íntegro dentro de la verdad de Cristo

Efesios 6:6–8 describe un servicio de buena voluntad, haciendo de corazón la voluntad de Dios, y recuerda que cada uno recibirá del Señor el bien que haya hecho. La referencia a su voluntad es esencial: poner esfuerzo en una acción mala no la convierte en servicio a Jesús. Trabajar de corazón presupone actuar conforme a su verdad, no suspender el discernimiento moral.

En 1 Tesalonicenses 4:9–12, el amor fraternal se acompaña de una vida responsable y del trabajo con las manos. La fidelidad cotidiana puede expresar amor y dar un testimonio digno ante otros. No requiere que cada tarea lleve un nombre religioso para tener importancia delante de Dios.

El mandato no ofrece una garantía de ascenso, salario o éxito económico, ni permite exigir una entrega sin límite al servicio de los intereses de otro. La misma sección obliga a los amos a obrar con justicia. Su propósito es orientar la disposición del creyente hacia Cristo, no convertir su diligencia en excusa para el abuso.

Aplicación editorial

Considera las responsabilidades que puedes cumplir con honestidad hoy: terminar bien una tarea, cuidar lo que se te ha confiado o servir sin fabricar una apariencia. Cuando lo haces por gratitud al Salvador, esa fidelidad tiene valor ante él, aunque pase inadvertida. Tu aceptación delante del Padre procede de Jesucristo; tu trabajo responde a su gracia y no la compra.

Colosenses 3:24 north

La herencia del Señor sostiene el servicio fiel

El llamado a trabajar de corazón descansa en una certeza: Jesucristo conoce a quienes le sirven y les dará la herencia prometida. La esperanza del creyente supera el reconocimiento que pueda recibir de un amo terrenal.

Explicación del versículo

«Sabiendo que del Señor recibirán» ofrece una razón para la fidelidad. Los destinatarios no tienen que medir toda su vida por la posición que ocupan o por la valoración de otra persona. El Señor es quien conoce su servicio y de quien procede la esperanza definitiva. La promesa no convierte en justa la condición de esclavitud ni permite a los amos desentenderse de su deber: el mismo Señor les exigirá justicia en 4:1.

Lo que recibirán es «la herencia como recompensa». La expresión griega τὴν ἀνταπόδοσιν τῆς κληρονομίας (tḕn antapódosin tē̂s klēronomías) vincula la recompensa con la herencia misma. No es necesario imaginar dos premios separados. Pablo habla de la participación en la vida y los bienes que Dios ha preparado para los suyos. Que esta promesa se dirija a quienes son llamados «esclavos» muestra que su condición social no los excluye de lo que el Padre concede a sus hijos.

La palabra «recompensa» no debe separarse de la enseñanza de la carta acerca de la gracia. Colosenses 1:12–14 ya ha afirmado que el Padre hizo aptos a los creyentes para participar de la herencia, los rescató y los trasladó al reino de su Hijo amado. No se hicieron herederos pagando por la salvación con una cantidad suficiente de trabajo. La fidelidad tiene valor delante del Señor y recibirá su reconocimiento, pero la herencia pertenece al orden de la gracia recibida en Cristo.

La frase final identifica al Señor: «Es a Cristo el Señor a quien sirven». El verbo δουλεύετε (douleúete) puede leerse como una afirmación, «sirven», o como una exhortación, «sirvan». Esto explica que otras traducciones expresen la frase como un mandato. Aquí se mantiene la afirmación que orienta toda la sección: por encima de cualquier amo terrenal, los creyentes pertenecen a Jesucristo y viven ante él.

Herederos por gracia, fieles por gratitud

Gálatas 4:4–7 relaciona la condición de herederos con la redención realizada por el Hijo y con la adopción recibida de Dios. El Espíritu Santo da testimonio de esa relación filial al clamar «Abba, Padre». La esperanza de la herencia no es una compensación impersonal: pertenece a la relación que el Padre nos concede por medio de su Hijo.

1 Pedro 1:3–5 sitúa la herencia incorruptible junto con la esperanza viva nacida de la resurrección de Jesucristo. Ese horizonte impide reducir este versículo a una promesa de prosperidad material inmediata. Pablo no asegura que toda tarea será recompensada ahora con mejores condiciones terrenales; dirige la confianza hacia la fidelidad del Señor y la salvación que él guarda para su pueblo.

Aplicación editorial

Cuando un servicio honesto pasa inadvertido, recuerda a quién perteneces. Puedes buscar justicia sin hacer del resentimiento el dueño de tu conducta, y puedes perseverar en el bien sin convertir la aprobación humana en tu única esperanza. Jesucristo, que te ha dado vida por gracia, conoce tu fidelidad. La promesa de su herencia sostiene una obediencia agradecida y libre de la pretensión de comprar su amor.

Colosenses 3:25 north

La justicia del Señor no favorece a nadie por su posición

La promesa de la herencia va acompañada de una advertencia. Servir a Cristo no permite tratar la injusticia como un asunto sin consecuencias, y ninguna condición social coloca a una persona por encima de su juicio.

Explicación del versículo

«Porque el que comete injusticia recibirá conforme a la injusticia que cometió» afirma una correspondencia entre la conducta y la respuesta del Señor. El participio ὁ ἀδικῶν (ho adikō̂n), «el que comete injusticia», dirige la atención a una acción culpable. La advertencia impide que alguien use su condición de creyente como excusa para engañar, perjudicar o actuar de manera desleal. La gracia que llama al servicio sincero no vuelve indiferente la conducta.

El verbo κομίσεται (komísetai), «recibirá», expresa una consecuencia futura. El versículo no explica aquí el momento y la forma de cada acto de justicia divina. Por eso, no promete que toda injusticia recibirá de inmediato una consecuencia visible de la misma clase. Su certeza es más profunda: el Señor no pierde de vista lo que se hace, ni la ausencia de una sanción humana significa que el mal carezca de importancia.

«Y no hay favoritismos» expresa el principio que rige esa justicia. El término προσωπολημψία (prosōpolēmpsía) se refiere a la parcialidad que favorece injustamente a alguien por su persona o condición. Delante de Cristo no hay un rango que compre impunidad. Romanos 2:6–11 afirma de manera semejante que Dios juzga sin acepción de personas, tanto al judío como al griego. La posición que una sociedad concede no determina el valor moral de los actos ante Dios.

La advertencia está dirigida inmediatamente a quienes han recibido la exhortación al servicio. No deben responder a su situación con una conducta injusta. Sin embargo, su formulación es general, y el versículo siguiente se vuelve expresamente a los amos. Colosenses 4:1 les recuerda que tienen un Amo en el cielo. No sería fiel usar este juicio contra quienes poseen menos poder mientras se concede a los poderosos una excepción que el texto niega.

La gracia no encubre la injusticia

El paralelo de Efesios 6:9 manda abandonar las amenazas y afirma que el Señor de amos y esclavos no hace distinción de personas. Cristo pide cuentas a ambos. El servicio sincero de unos y el trato justo de otros forman parte de una misma obediencia a su señorío.

2 Corintios 5:9–10 relaciona el propósito de agradar al Señor con la comparecencia ante el tribunal de Cristo. Recordar ese juicio llama a examinar los propios actos con seriedad, en lugar de buscar refugio en una reputación religiosa. La salvación se recibe por gracia mediante la fe en Jesús; esa gracia no autoriza a dañar al prójimo ni permite presentar la negativa a arrepentirse como fidelidad a Cristo.

Aplicación editorial

Si has cometido una injusticia, responde a esta advertencia reconociéndola y buscando corregirla, no confiando en que tu posición impedirá sus consecuencias. Si has sufrido un agravio, la imparcialidad del Señor permite confiarle la justicia sin atribuirte el derecho de hacer cualquier mal en respuesta. Cristo llama a todos a vivir en verdad ante él, y su juicio no puede ser comprado con prestigio, riqueza ni influencia.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

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