Los amos también responden ante el Señor del cielo
La instrucción iniciada en 3:22 termina dirigiéndose a quienes tenían esclavos. Pablo exige justicia y equidad, porque su posición terrenal no los coloca por encima de Jesucristo.
Explicación del versículo
«Amos, den a sus esclavos lo justo y equitativo» es un mandato tan concreto como el de servir con sinceridad. La división de capítulo no debe ocultar esa continuidad. Pablo no permite que quienes tienen autoridad escuchen únicamente los deberes de quienes están sujetos a ellos. La vida nueva en Cristo alcanza también la manera de ejercer el poder, distribuir responsabilidades y tratar a otra persona.
«Lo justo» corresponde a τὸ δίκαιον (tò díkaion), aquello que es conforme a la justicia. «Equitativo» traduce aquí ἰσότητα (isótēta), término relacionado con igualdad y equidad. La exigencia supera una amabilidad ocasional concedida según el humor del amo. Se trata de dar al otro un trato recto, en vez de aprovechar su inferioridad de condición para negarle consideración o hacer prevalecer únicamente el propio interés.
El versículo no desarrolla una legislación civil ni enumera todas las consecuencias sociales de su mandato. Pero su dirección es inequívoca: el poder terrenal debe quedar sometido a la justicia del Señor. No basta con que una práctica beneficie al amo o sea aceptada en su entorno para que corresponda a Cristo. La exigencia de equidad impide tratar a las personas como si su valor se redujera a la utilidad que ofrecen.
La razón se expresa así: «sabiendo que también ustedes tienen un Amo en el cielo». El «también ustedes» coloca al amo bajo una autoridad superior. La palabra κύριος (kýrios) puede significar «señor» o «amo», y la repetición relaciona a los amos terrenales con el Señor al que deben responder. En 3:24 se ha identificado expresamente a Cristo el Señor como aquel a quien sirven los creyentes. Quien dispone del servicio de otros no es soberano absoluto sobre ellos.
La autoridad puesta al servicio de la justicia
Efesios 6:9 ofrece una exhortación paralela: los amos deben abandonar las amenazas, recordando que ellos y sus esclavos tienen un mismo Señor en los cielos, sin favoritismos. La imparcialidad anunciada al final de Colosenses 3 alcanza así a los que poseen mayor poder. El prestigio o la posición social no los protegen de tener que responder por una injusticia.
Además, Colosenses 3:11 afirma que en la nueva humanidad la condición de esclavo o libre no determina un grado superior de pertenencia a Cristo. La petición de recibir a Onésimo como hermano amado en Filemón 1:15–17 muestra lo que esa fraternidad reclama en una relación concreta. El hermano no puede quedar reducido a un recurso del que otro dispone sin consideración por su dignidad.
Jesús mismo establece el modelo del servicio en Mateo 20:25–28. Frente al afán de dominar, llama a sus discípulos a servir y presenta su propia entrega como rescate por muchos. El Salvador que dio su vida por nosotros no puede ser invocado para justificar una autoridad egoísta. Su gracia forma una manera de actuar que busca el bien de quienes reciben las consecuencias de nuestras decisiones.
Aplicación editorial
Al aplicar esta enseñanza a responsabilidades actuales, conserva la diferencia entre la esclavitud de los destinatarios y otras relaciones de trabajo o cuidado. El principio sigue siendo claro: cuanto mayor sea tu capacidad de decidir sobre las condiciones de otro, más seria es tu responsabilidad de actuar con justicia. Reconocer a Cristo como Señor debe verse también en lo que concedes, exiges y corriges cuando tienes poder para hacerlo.