El exilio y la pregunta por el gobierno de Dios
El libro comienza con Jerusalén bajo asedio. La historia de Daniel nace de una derrota nacional, antes de narrar sus experiencias personales.
Explicación del versículo
La fecha vincula la llegada de Nabucodonosor con el reinado de Joacim en Judá. Jerusalén es la ciudad amenazada; Babilonia es la potencia que la cerca. El relato no empieza con un joven que escoge emigrar para mejorar su posición, sino con la pérdida de autonomía de su pueblo. Su posterior formación en palacio debe leerse dentro de esa experiencia de sometimiento.
El comienzo plantea una dificultad que recorre el libro: ¿cómo puede el Dios de Israel gobernar cuando su ciudad queda a merced de un rey extranjero? La respuesta inicial llega en el versículo 2: el Señor entregó a Joacim. El narrador reconoce el poder militar babilónico, pero coloca los acontecimientos dentro de una historia mayor que la voluntad de Nabucodonosor. La derrota no significa que Dios haya desaparecido ni que los dioses de Babilonia sean superiores.
La referencia al tercer año debe distinguirse del cuarto año de Joacim mencionado en Jeremías 25:1. Una explicación propuesta relaciona la diferencia con formas distintas de contar el año de ascensión al trono: incluirlo como primer año o distinguirlo del primer año completo. Daniel no explica aquí su sistema de cómputo, por lo que esa armonización debe reconocerse como una propuesta y no como una precisión expresada en el versículo.
La frase «la sitió» tampoco describe todavía la destrucción final del templo ni todas las deportaciones. El foco inmediato es la llegada de algunos objetos sagrados y jóvenes judíos a Babilonia. Mantener ese alcance permite seguir el relato sin reunir en un solo momento todos los desastres del exilio.