La dificultad que la abundancia no resuelve
El capítulo abre otro caso doloroso. La alegría recibida de Dios al final del capítulo anterior no elimina la experiencia contraria de tener bienes sin poder gozarlos.
Explicación del versículo
El maestro vuelve a presentar lo que ha visto bajo el sol. No abandona la reflexión sobre los dones, sino que examina un límite necesario para entenderla bien. Reconocer una posibilidad de gozo no permite convertirla en una regla según la cual toda riqueza produce una vida satisfecha.
El «mal» que pesa sobre el ser humano será explicado en el versículo siguiente. La frase introductoria no identifica todavía una culpa personal; anuncia una situación penosa. El lector debe esperar el caso antes de decidir qué significa el término aquí. De otro modo podría atribuir una condena moral al que sufre sin que el texto lo haga.
La transición mantiene abierta la tensión del libro. Dios puede dar bienes y capacidad de disfrutarlos, pero el observador también encuentra su separación. La sabiduría necesita reconocer ambas experiencias, sin usar la alegría de unos para negar el sufrimiento de otros. El capítulo profundizará así en la diferencia entre cantidad de bienes y bien efectivamente vivido.
Texto original y enlace literario
וְרַבָּה הִיא עַל הָאָדָם, verabbah hi al haadam, expresa que esa situación pesa mucho sobre el ser humano. La forma breve presenta la gravedad de la carga, sin dar una estadística ni afirmar que todos la padezcan de idéntica manera.
Orientación para la lectura
Compara Eclesiastés 5:19–20 con 6:2. El primer pasaje reconoce el don de poseer y disfrutar; el segundo, la dolorosa ausencia de disfrute. Juntos impiden usar la riqueza o la alegría visible como medida automática de la aceptación de una persona delante de Dios.