El Verbo eterno estaba con Dios y era Dios
Juan comienza antes de los acontecimientos de la vida terrenal de Jesús. El Verbo ya existía en el principio, estaba en relación con Dios y era Dios. Este es el que se hizo carne y se dio a conocer como Jesucristo.
Explicación del versículo
«En el principio» recuerda la apertura de Génesis, donde Dios crea los cielos y la tierra (Génesis 1:1). Juan dirige la mirada al Verbo que ya existía cuando comenzó la creación. El versículo siguiente reafirma su presencia con Dios, y el tercero declara que todo fue hecho por medio de él. Así, el Verbo queda del lado del Creador, anterior a todo lo creado.
«El Verbo» traduce el término griego que también puede expresarse como «la Palabra». El propio prólogo explica a quién se refiere: el Verbo se hizo carne, habitó entre nosotros y manifestó la gloria del Unigénito del Padre; la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo (Juan 1:14–18). Juan presenta a una persona que revela a Dios, actúa en la creación y entra en la historia humana.
«Estaba con Dios» expresa la relación personal del Verbo con Dios, identificado como el Padre al final del prólogo. El Hijo no es la misma persona que el Padre. La frase siguiente, «el Verbo era Dios», afirma su plena divinidad. Ambas afirmaciones deben recibirse juntas: comunión personal con el Padre y verdadera naturaleza divina.
Exégesis del pasaje
Las tres cláusulas avanzan desde la existencia del Verbo hacia su relación con Dios y su identidad divina. El verbo «era» se repite, mientras que en el relato de la creación se hablará de lo que «fue hecho». La eternidad del Hijo se entiende a partir del conjunto: ya estaba en el principio y nada de lo creado llegó a existir sin él (Juan 1:2–3). Jesús hablará también de la gloria que tenía junto al Padre antes de que existiera el mundo (Juan 17:5).
Texto original
λόγος (logos) significa «palabra» y se traduce aquí «Verbo». Su sentido en este pasaje se define por lo que Juan afirma de él. La frase θεὸς ἦν ὁ λόγος (theos ēn ho logos) tiene «el Verbo» como sujeto y afirma de él que era Dios. La ausencia de artículo ante «Dios» no exige traducir «un dios»; esta construcción destaca lo que el Verbo es, sin identificarlo como la misma persona que el Padre.
La revelación que gobierna el Evangelio
Este comienzo prepara al lector para comprender las obras, las palabras, la cruz y la resurrección de Jesús. Quien salva es el Hijo eterno que revela al Padre. Al final, Tomás se dirigirá a Jesús resucitado como su Señor y su Dios (Juan 20:28).
Aplicación editorial
Recibe a Jesucristo con la confianza y la adoración que merece. El Salvador que se acercó a nosotros es verdaderamente Dios y puede darte a conocer al Padre. Su gracia tiene el fundamento firme de su identidad eterna.