La amada se presenta mediante una flor
La lectura más natural mantiene la voz femenina que acaba de responder al amado. La imagen del azafrán y del lirio prepara el elogio que él le dirige en el verso siguiente.
Explicación del versículo
«Yo soy» presenta a la hablante con palabras del paisaje. No se identifica mediante rango, riqueza o linaje, sino como una flor de Sarón y de los valles. La imagen permite recibir su belleza dentro del mundo natural que rodea el final del capítulo anterior.
No es seguro que la frase sea una declaración de inferioridad o una modestia fingida. El texto no dice que la joven se considere sin valor. Su comparación con una flor puede ser sencilla y afirmativa, mientras la respuesta del amado destacará lo singular que ella es para él.
La identidad de la voz se deduce del intercambio, no de una etiqueta añadida al poema. En 2:2 el hablante dice «mi amada» y retoma el lirio, lo que favorece leer aquí a la mujer. Por tanto, no corresponde atribuir directamente este «yo» a Jesucristo como si el verso estuviera presentando uno de sus nombres. Una relación cristiana con el libro debe respetar primero a quien habla en la escena.
Texto original y dificultad botánica
חֲבַצֶּלֶת, javatstselet, es la flor que la NTBT llama «azafrán»; su identificación botánica precisa admite discusión. שׁוֹשַׁנַּת הָעֲמָקִים, shoshannat haamaqim, «lirio de los valles», es la segunda imagen. Su función poética no depende de convertirlas en una clasificación científica exacta.
Orientación para la lectura
La respuesta de Cantares 2:2 y el elogio que ella devuelve en 2:3 forman un intercambio. La naturaleza ofrece palabras para la elección y el afecto de ambos, sin anular la identidad humana de los amantes.