Un imperio inmenso como escenario de la historia
Ester comienza situando los acontecimientos bajo un rey persa cuyo gobierno alcanza pueblos y territorios muy diversos. Esa amplitud explica tanto el peligro que afrontarán los judíos como el alcance de su posterior liberación.
Explicación del versículo
La expresión «en los días de Asuero» presenta el tiempo del relato antes de introducir a sus protagonistas judíos. El rey aparece primero porque sus decisiones, sus funcionarios y sus decretos condicionarán la vida de las personas dispersas por su reino. Sin embargo, ser el personaje que ocupa el trono no significa comprender ni controlar todo lo que sucede.
Asuero es la forma española tradicional del nombre hebreo אֲחַשְׁוֵרוֹשׁ, ʾAḥashwerósh. Habitualmente se identifica a este monarca con Jerjes I. Por eso algunas versiones emplean «Jerjes» donde aquí se lee «Asuero». No debe confundirse automáticamente con el Artajerjes que aparece en Nehemías solo porque ambos libros se desarrollan bajo dominio persa.
Los extremos geográficos muestran la extensión del gobierno. La India alude a su horizonte oriental, en la región del Indo; Cus señala el ámbito africano al sur de Egipto, relacionado con Nubia. Los nombres no equivalen sin más a las fronteras de los países actuales. La frase describe un imperio que reúne poblaciones separadas por grandes distancias y diferencias culturales.
Las ciento veintisiete provincias son las circunscripciones que el libro cuenta dentro de ese dominio. El versículo no las llama ciento veintisiete países independientes ni proporciona aquí una lista de todas sus autoridades. Más adelante distinguirá sátrapas, gobernadores y jefes, de modo que no conviene identificar todos esos niveles administrativos como si fueran iguales (Ester 3:12).
La misma extensión reaparecerá cuando se escriba a favor de los judíos (Ester 8:9). La repetición une el comienzo y el desenlace: las órdenes alcanzan los lugares donde vive el pueblo amenazado. El tamaño del reino intensifica la vulnerabilidad de esa comunidad, pero no establece que el poder político sea la autoridad última sobre su futuro.
El reino humano dentro del conjunto bíblico
Esdras muestra a otro rey persa, Ciro, dentro del cumplimiento de la palabra de Dios (Esdras 1:1–3). Daniel distingue el dominio eterno del Altísimo de los reinados humanos (Daniel 4:34–35). Estas relaciones permiten leer el escenario imperial de Ester sin atribuir omnipotencia al hombre que gobierna sus provincias.