La alegría que encubre una lealtad equivocada
Israel no puede celebrar la cosecha como si su abundancia legitimara la infidelidad.
Explicación del versículo
La prohibición de alegrarse tiene una razón concreta: el pueblo se ha apartado de su Dios. El versículo no declara mala toda alegría ni convierte el duelo en una condición permanente de espiritualidad. Interrumpe un júbilo que pretende ignorar la relación quebrantada y tratar la vida de Israel como si no existiera el pacto con Jehová.
Las eras de grano son lugares vinculados al fruto del trabajo agrícola. Allí Israel ha amado un «salario de prostituta», retomando la falsa interpretación de los dones como paga de amantes. El problema alcanza la manera de comprender la cosecha: la abundancia que procede del Señor se recibe como prueba de que la deslealtad religiosa es provechosa.
La comparación «como los pueblos» no condena a otras personas por su origen. Recuerda que Israel no puede buscar su identidad imitando una adoración que desconoce a su propio libertador. La gratitud verdadera reconoce al dador y responde a su voluntad. El siguiente anuncio sobre era y lagar mostrará que ni el rito de celebración ni el entusiasmo colectivo pueden obligar a los bienes de la tierra a seguir sosteniendo una relación que los atribuye a otros dioses.