Un ministerio recibido por misericordia
La perseverancia de Pablo nace de la misericordia de Dios y del servicio del nuevo pacto que ha recibido, no de una fortaleza independiente de Cristo.
Explicación del versículo
«Por eso» recoge el argumento del capítulo anterior. Pablo ha hablado de la vida que el Espíritu da, de la confianza por medio de Cristo y de la transformación ante la gloria del Señor. «Este ministerio» es el servicio de esa gracia, no una posición que pueda separar de su contenido para defender su prestigio personal.
Lo tiene «por la misericordia que hemos recibido». Antes de hablar de su fidelidad como servidor, reconoce que él mismo depende del cuidado inmerecido de Dios. El encargo no le permite presentarse como la fuente de la vida espiritual de otros. Debe anunciar al Salvador de quien también él necesita recibir gracia.
«No nos desanimamos» expresa la perseverancia de ese servicio. No borra la aflicción extrema de 2 Corintios 1:8–11, donde Pablo reconoció que había perdido la expectativa de seguir con vida. La misericordia lo sostiene para continuar aun cuando sus fuerzas no bastan y no puede controlar las circunstancias.
El resto del capítulo mostrará cómo se vive esa perseverancia: renunciando a la doblez, proclamando a Cristo y reconociendo que el tesoro está en vasijas de barro. Al final repetirá que no se desaniman, con la esperanza de la renovación y de la gloria futura. El fundamento del comienzo y del final es la fidelidad de Dios, no la obligación de aparentar una vida sin debilidad.
Texto original y fundamento
ἠλεήθημεν —ēleḗthēmen— significa «recibimos misericordia» o «fuimos tratados con misericordia». ἐγκακοῦμεν —enkakoûmen— expresa perder el ánimo o desistir. La negación se entiende dentro de un servicio que continúa porque depende de la gracia recibida.