El llamamiento recibido da dirección al nuevo caminar
Pablo pasa de la alabanza y la oración a una exhortación concreta. Los creyentes deben vivir de una manera que corresponda a la gracia con la que Dios los ha llamado en Cristo.
Explicación del versículo
«Por tanto» enlaza esta exhortación con los capítulos anteriores. El Padre ha bendecido a su pueblo en Cristo, le ha dado vida por gracia y ha reconciliado a judíos y gentiles en una familia. La conducta que ahora se pide nace de esa obra, no de un intento de obtenerla por otro medio.
«Yo, prisionero en el Señor» vuelve a la situación personal de Pablo. El mismo que ha explicado la esperanza de los destinatarios conoce el costo de servir al evangelio. Su prisión no lo coloca fuera de la pertenencia a Cristo ni vuelve inútil la responsabilidad de animar a la comunidad.
«Les ruego» expresa una exhortación dirigida al conjunto de los lectores. No se reserva a quienes ejercen una función destacada. Todos los que han recibido la gracia participan del llamamiento y de la responsabilidad de responder a él.
«Que anden» retoma una imagen importante en la carta. En 2:2, los destinatarios caminaban en sus pecados; en 2:10, fueron creados en Cristo para caminar en buenas obras. El nuevo andar abarca la manera sostenida de vivir, no solo un acto religioso aislado.
«De manera digna del llamamiento» pide correspondencia entre el don recibido y la conducta. No significa hacerse merecedores de ser llamados después de demostrar una suficiencia moral. Efesios 2:8–10 ya ha explicado que la salvación es por gracia y que las buenas obras son la finalidad de la vida creada en Cristo.
El «llamamiento con que fueron llamados» procede de Dios y reúne a los creyentes en una misma esperanza. En 1:18, Pablo pidió que comprendieran esa esperanza; ahora les pide que la vivan. La enseñanza conocida debe tomar forma en el trato entre los miembros del cuerpo.
Los versículos 2–3 explicarán cómo comienza ese andar digno: humildad, mansedumbre, paciencia, amor y cuidado de la unidad del Espíritu. La primera manifestación que se destaca no es el prestigio de un grupo, sino una convivencia que haga visible la reconciliación de Cristo.
El cambio hacia la exhortación mantiene así el centro del evangelio. La gracia no deja al creyente sin dirección y la obediencia no ocupa el lugar del Salvador. El Padre llama por medio de su Hijo y sostiene por el Espíritu una vida que responde con gratitud y amor.
Texto original y contraste
παρακαλῶ … ἀξίως περιπατῆσαι —parakalō̂ … axíōs peripatē̂sai— expresa el ruego de caminar de manera digna. τῆς κλήσεως ἧς ἐκλήθητε —tē̂s klḗseōs hē̂s eklḗthēte— relaciona ese andar con el llamamiento recibido. El don de Dios precede a la conducta que debe corresponderle.