Efesios 1 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT)

Efesios 1

El saludo a los creyentes

1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos que están en Éfeso y son fieles en Cristo Jesús:   N1

2 Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.   N2

Bendiciones espirituales en Cristo

3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,   N3

4 pues nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. En amor,   N4

5 nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad,   N5

6 para alabanza de la gloria de su gracia, que nos concedió gratuitamente en el Amado.   N6

7 En él tenemos la redención por medio de su sangre, el perdón de las transgresiones, según la riqueza de su gracia,   N7

8 que hizo abundar hacia nosotros con toda sabiduría y discernimiento,   N8

9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, conforme a su beneplácito, que se propuso en él,   N9

10 para llevar a cabo su plan en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas en Cristo, las que están en los cielos y las que están en la tierra, en él,   N10

11 en quien también obtuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad,   N11

12 para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros, los que de antemano hemos esperado en Cristo.   N12

13 En él también ustedes, después de oír la palabra de la verdad, el evangelio de su salvación, y después de creer en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa,   N13

14 que es la garantía de nuestra herencia, hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.   N14

Oración por el conocimiento de Dios

15 Por eso también yo, al oír de la fe que tienen en el Señor Jesús y del amor hacia todos los santos,   N15

16 no dejo de dar gracias por ustedes, recordándolos en mis oraciones,   N16

17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,   N17

18 con los ojos de su corazón iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento, cuál es la riqueza de la gloria de su herencia entre los santos,   N18

19 y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que creemos, conforme a la acción de la fuerza de su poder,   N19

20 que ejerció en Cristo al resucitarlo de entre los muertos y sentarlo a su derecha en los lugares celestiales,   N20

21 muy por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y de todo nombre que se nombra, no solo en esta era, sino también en la venidera.   N21

22 Sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio como cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,   N22

23 que es su cuerpo, la plenitud de aquel que lo llena todo en todo.   N23

Capítulos de Efesios (NTBT)

menu_book Notas de estudio de Efesios 1

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Efesios 1:1 north

Una identidad compartida en Cristo Jesús

El saludo presenta al mensajero y a los destinatarios por su relación con Jesucristo. Pablo sirve como apóstol por la voluntad de Dios; los lectores son el pueblo apartado para Dios y unido al Señor por la fe.

Explicación del versículo

«Pablo, apóstol de Cristo Jesús» identifica a quien escribe y el carácter de su servicio. El apóstol no aparece como dueño del mensaje ni como centro de la comunidad. Pertenece a Cristo y sirve como enviado suyo; esa relación sostiene la autoridad con la que después enseñará y exhortará.

«Por la voluntad de Dios» atribuye a Dios el origen de ese ministerio. No es una declaración de que toda preferencia personal de Pablo se convierta automáticamente en mandato divino. La carta desarrollará el contenido de su encargo: anunciar la gracia de Cristo y el lugar de los gentiles en un mismo cuerpo por el evangelio.

Los destinatarios son «los santos». En este saludo, la palabra designa a los creyentes como personas apartadas para Dios. No nombra solamente a unos pocos miembros destacados ni supone que hayan alcanzado una conducta impecable. La necesidad de crecer, abandonar la mentira y perdonarse mostrará que su condición recibida debe dar forma a su vida.

1 Corintios 1:1–3 emplea un saludo semejante: la iglesia está compuesta por santificados en Cristo y llamados a ser santos. La santidad no es un privilegio que permita despreciar a otros, sino una pertenencia que nace del Señor y reclama una respuesta coherente.

«Que están en Éfeso» sitúa a los lectores en una comunidad concreta. Hechos 20:17–21 recuerda a los ancianos de la iglesia de Éfeso y el ministerio de Pablo entre ellos, dirigido tanto a judíos como a griegos y centrado en el arrepentimiento y la fe en Jesús. Esa relación aporta contexto, sin convertir el saludo de Efesios en un relato detallado de aquellos acontecimientos.

«Y son fieles en Cristo Jesús» vuelve a la identidad decisiva. «Fieles» puede expresar a los que creen y la lealtad propia de esa fe; aquí no establece un segundo grupo separado de «los santos». Se describe a los mismos lectores desde su pertenencia a Dios y su relación con Cristo.

La expresión «en Cristo Jesús» preparará una de las afirmaciones más repetidas del libro. La elección, la adopción, el perdón y la herencia no se presentan como bienes disponibles al margen del Salvador. Los destinatarios pueden vivir en una ciudad determinada y, al mismo tiempo, recibir en Cristo el fundamento común que los hace familia de Dios.

La localización del saludo

La expresión «en Éfeso» está presente en una parte de la transmisión griega y ausente en otra. Esa diferencia ha dado lugar a la propuesta de que la carta circulara entre varias comunidades. Es una reconstrucción posible, no un itinerario que la propia carta describa. La lectura de la NTBT conserva la localización; en ambas formas del saludo, los destinatarios son identificados por su pertenencia a Cristo.

Texto original y contraste

ἀπόστολος —apóstolos— designa al enviado; διὰ θελήματος θεοῦ —dià thelḗmatos theoû— precisa «por la voluntad de Dios». ἁγίοις —hagíois— significa «santos», y πιστοῖς —pistoîs—, «fieles» o «creyentes» en este contexto. La frase ἐν Χριστῷ Ἰησοῦ —en Christō̂i Iēsoû— sitúa su identidad en el Señor.

Efesios 1:2 north

La gracia y la paz proceden del Padre y del Señor Jesucristo

Pablo no desea solamente bienestar a sus lectores. Invoca sobre ellos el favor de Dios y la paz que les permite vivir como una familia reconciliada por medio de Cristo.

Explicación del versículo

«Gracia y paz a ustedes» completa el saludo comenzado en 1:1. La gracia será explicada a lo largo de la carta como el favor generoso de Dios que da vida a quienes no podían salvarse a sí mismos. La paz tendrá una expresión concreta en la reconciliación con Dios y en la unión de quienes antes estaban separados.

El orden del saludo corresponde al movimiento de la enseñanza. La comunidad no obtiene la gracia después de alcanzar por sí sola la paz o la unidad. Es Dios quien actúa en Cristo, perdona y reúne; los creyentes son llamados a vivir de acuerdo con esa obra y a conservar la unidad que procede del Espíritu.

«De parte de Dios nuestro Padre» sitúa el don en una relación recibida. Pablo y los destinatarios pueden hablar de «nuestro» Padre porque Dios los ha adoptado por medio de Jesucristo, como explicará 1:5. La cercanía del Padre no elimina su santidad ni significa que la relación se haya conseguido por un derecho humano independiente del Hijo.

«Y del Señor Jesucristo» une al Hijo con el Padre como fuente de la bendición invocada. El mismo Señor de quien Pablo es apóstol es quien da gracia y paz a la comunidad. No queda reducido a un maestro del pasado cuya enseñanza pueda separarse de su persona y de su obra salvadora.

Efesios 2:14–18 explicará que Cristo es nuestra paz: por la cruz reconcilia a ambos pueblos con Dios y les abre acceso al Padre en un solo Espíritu. Esa relación trinitaria ilumina el saludo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo obran en una misma salvación, conservando la distinción de sus personas.

La paz anunciada no es una promesa de ausencia de toda oposición. Pablo escribirá como prisionero y pedirá valentía para hablar del evangelio en cadenas. El don de Dios sostiene a los creyentes también cuando su fidelidad tiene un costo y cuando necesitan trabajar con paciencia por la concordia.

El saludo anticipa además el cierre de Efesios 6:23–24, donde vuelven la paz, el amor con fe y la gracia del Señor Jesucristo. La exhortación de la carta queda así comprendida dentro de un don que la precede y la sostiene. El amor, la santidad y el servicio brotan de esa gracia; no son un precio que permita comprarla.

Texto original y contraste

χάρις —cháris— significa «gracia» y εἰρήνη —eirḗnē—, «paz». La preposición ἀπό —apó, «de parte de»— introduce al Padre y al Señor Jesucristo como origen de la bendición. La frase expresa un deseo de bien fundado en quién es Dios y en lo que da a los suyos.

Efesios 1:3 north

La alabanza responde a la bendición recibida en Cristo

Pablo comienza la enseñanza bendiciendo al Padre por los bienes que ha dado en su Hijo. La vida cristiana se comprende desde esa generosidad divina y responde a ella con gratitud y alabanza.

Explicación del versículo

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo» abre una alabanza que se extiende hasta 1:14. El saludo de gracia y paz conduce a reconocer su fuente. Antes de exhortar a los creyentes sobre su conducta, Pablo los invita a contemplar lo que Dios ha hecho por ellos.

Hay una relación intencionada entre bendecir a Dios y ser bendecidos por él. Dios da los bienes de la salvación; su pueblo reconoce su bondad y lo alaba. No se trata de que la alabanza humana aumente una carencia de Dios, sino de responder con verdad a quien merece honor por su gracia.

«Que nos bendijo» presenta una obra recibida, no una posibilidad que dependa de obtener primero un mérito suficiente. La comunidad es incluida en el «nosotros» de la bendición. Los versículos siguientes explicarán su contenido: elección en Cristo, adopción, perdón, conocimiento del propósito de Dios, herencia y sello del Espíritu.

«Toda bendición espiritual» debe leerse a la luz de esa enumeración. No promete que cada creyente posea todo bien material que desee, ni vuelve irrelevantes las necesidades del cuerpo. Nombra la plenitud de los bienes de la salvación que proceden de Dios y corresponden a la obra de su Espíritu.

«En los lugares celestiales» sitúa esos dones en relación con la realidad del gobierno y la presencia de Dios. La misma expresión aparece en Efesios 1:20–23 al hablar de Cristo exaltado, y en Efesios 2:4–7 al describir la participación de los creyentes en su vida. No requiere imaginar que ya hayan abandonado físicamente la tierra.

La frase decisiva es «en Cristo». Las bendiciones no se ofrecen como una reserva de poder que pueda separarse de él. El Padre las concede en relación con su Hijo, cuya sangre trae redención y cuya resurrección sostiene la esperanza. La alabanza reconoce, por ello, al Salvador y no a una capacidad humana que lo vuelva innecesario.

El resto de la carta mostrará cómo esa bendición forma un pueblo nuevo y una conducta diferente. La espiritualidad no se reduce a una experiencia privada: la elección busca santidad, la adopción crea una familia y el Espíritu forma unidad y amor. La respuesta agradecida alcanza las relaciones concretas de la comunidad.

Texto original y contraste

εὐλογητός —eulogētós— expresa «bendito» o «digno de alabanza» al referirse a Dios. ὁ εὐλογήσας ἡμᾶς —ho eulogḗsas hēmâs— lo presenta como «el que nos bendijo». ἐν πάσῃ εὐλογίᾳ πνευματικῇ —en pásēi eulogíāi pneumatikē̂i— nombra toda bendición espiritual; su contenido se desarrolla en la alabanza que sigue.

Efesios 1:4 north

Escogidos en Cristo para una vida santa ante Dios

La primera bendición que Pablo desarrolla es la elección en Cristo. Su origen está en el propósito de Dios anterior al mundo, y su finalidad es que su pueblo viva santo y sin mancha delante de él.

Explicación del versículo

«Pues nos escogió» explica de qué manera Dios ha bendecido a los creyentes. El sujeto sigue siendo el Padre y la comunidad es la que recibe su acción. El texto comienza por la iniciativa divina, no por una excelencia moral que los destinatarios hubieran producido para hacerse merecedores.

«En él» mantiene a Cristo en el centro de la elección. El pasaje no invita a buscar una seguridad independiente del Salvador ni una posición de superioridad frente a otros. La bendición pertenece a quienes encuentran en él la vida, el perdón y la relación con el Padre.

«Antes de la fundación del mundo» lleva el propósito de Dios más atrás que la existencia y los logros de los destinatarios. Su gracia no aparece como una solución improvisada después de que ellos pudieran demostrar valor. Pablo conduce a la comunidad a adorar la profundidad del amor divino, que precede a su propia historia.

La finalidad se expresa en «para que fuéramos santos y sin mancha delante de él». No se dice que Dios los escogió porque ya eran impecables. La santidad es el destino de la elección y la forma de vida que le corresponde. «Delante de él» sitúa esa realidad ante Dios y no solo ante la reputación que la comunidad consiga mantener.

La imagen de estar sin mancha reaparece en Efesios 5:25–27, donde Cristo se entrega por la iglesia para santificarla y presentarla santa e intachable. La relación une el propósito anterior al mundo con la acción salvadora del Hijo. La santidad no se obtiene al margen de su entrega ni se reduce a una apariencia de pureza.

Romanos 8:28–30 relaciona también el propósito de Dios con ser conformados a la imagen de su Hijo. Ambos pasajes destacan el destino que Dios quiere para los suyos. La enseñanza da fundamento a la esperanza y a la obediencia; no ofrece una lista oculta de personas que los lectores deban intentar descubrir.

«En amor» queda al final de este versículo y enlaza con la frase siguiente. Puede relacionarse con vivir santos delante de Dios o con su acción de predestinar para la adopción. La puntuación de la NTBT lo vincula con lo que continúa. En ambos casos, el amor pertenece al movimiento de esta alabanza y contradice una lectura de la elección que alimente desprecio hacia el prójimo.

Texto original y contraste

ἐξελέξατο ἡμᾶς ἐν αὐτῷ —exeléxato hēmâs en autō̂i— significa «nos escogió en él». πρὸ καταβολῆς κόσμου —prò katabolē̂s kósmou— sitúa la elección antes de la fundación del mundo. εἶναι ἡμᾶς ἁγίους καὶ ἀμώμους —eînai hēmâs hagíous kaì amṓmous— expresa la finalidad de ser santos y sin mancha. El orden del argumento distingue el don y la vida a la que conduce.

Efesios 1:5 north

El propósito del Padre es recibirnos como hijos por Jesucristo

La elección en Cristo tiene una finalidad de relación: Dios determinó recibir a los creyentes como hijos suyos. La adopción procede de su voluntad amorosa y se realiza por medio del Hijo.

Explicación del versículo

«Nos predestinó» continúa la acción del Padre que escogió en Cristo antes de la fundación del mundo. El verbo presenta una determinación previa con un destino concreto. Pablo no deja ese destino sin explicar: se trata de «ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo».

La adopción nombra una pertenencia recibida. Los creyentes no se constituyen en hijos de Dios por su propia autoridad ni llegan a serlo al demostrar que ya no necesitan gracia. Es el Padre quien los recibe, y lo hace por medio de su Hijo. La nueva relación expresa cercanía, cuidado y herencia, sin eliminar la reverencia debida a Dios.

«Por medio de Jesucristo» impide separar la adopción de la obra del Salvador. En Gálatas 4:4–7, Dios envía al Hijo para redimir y conceder la adopción, y envía el Espíritu del Hijo a los corazones para clamar al Padre. Efesios desarrolla la misma relación al hablar después del sello del Espíritu y del acceso al Padre por Cristo.

Ser adoptados no significa adquirir la misma identidad divina del Hijo eterno. Jesucristo es quien hace posible nuestra relación filial; nosotros la recibimos por gracia. La distinción permite disfrutar de una comunión verdadera con el Padre sin confundir a la criatura con su Creador ni disminuir la singularidad del Salvador.

«Conforme al beneplácito de su voluntad» atribuye la adopción a la disposición buena de Dios. No describe una aceptación arrancada contra su deseo ni una decisión obtenida mediante una aportación humana suficiente. El propósito del Padre se expresa en lo que le agrada hacer por medio de Cristo, y por eso conduce a la alabanza de su gracia en el versículo siguiente.

Romanos 8:14–17 relaciona también la adopción con la guía del Espíritu, el clamor al Padre y la herencia con Cristo. Esa condición sostiene a los creyentes aun en el sufrimiento; no promete que ser hijos elimine toda dificultad presente. Les da una relación y una esperanza desde las que pueden perseverar.

La comunidad recibe esta enseñanza como motivo de gratitud y de una identidad compartida. Si la adopción procede del mismo Padre y se concede por el mismo Hijo, ningún miembro puede convertir su origen o sus logros en una superioridad salvadora. La vida santa de 1:4 nace dentro de esta familia recibida por amor.

Texto original y contraste

προορίσας —proorísas— expresa una determinación previa. εἰς υἱοθεσίαν —eis huiothesían— precisa la finalidad: «para adopción». διὰ Ἰησοῦ Χριστοῦ —dià Iēsoû Christoû— identifica a aquel por medio de quien se recibe. La frase completa permite interpretar la predestinación desde el destino filial que el propio versículo anuncia.

Efesios 1:6 north

La gracia del Padre se reconoce en el Hijo amado

El propósito de la adopción conduce a alabar la gracia de Dios. Todo el favor que reciben los creyentes está unido al Amado, Jesucristo, y no a una grandeza que puedan atribuirse a sí mismos.

Explicación del versículo

«Para alabanza de la gloria de su gracia» expresa la finalidad de lo anunciado en los versículos anteriores. La elección y la adopción muestran la generosidad del Padre y despiertan su reconocimiento. El centro de la alabanza no es que los destinatarios resulten más dignos que otros, sino la gracia que los ha recibido.

La «gloria» de esa gracia es su excelencia manifestada. Dios da a conocer quién es al actuar en favor de personas que necesitan redención y perdón. La alabanza responde a esa verdad; no funciona como una prestación con la que el creyente pueda obtener a cambio el derecho a ser hijo.

«Que nos concedió gratuitamente» conserva el mismo énfasis. La relación con Dios no comienza en una aportación humana que lo obligue a corresponder. El Padre favorece a los creyentes por su propia bondad, y los versículos siguientes explicarán el costo de la redención en la sangre del Hijo.

La gratuidad para quien recibe no significa que el pecado carezca de gravedad. Pablo hablará expresamente de transgresiones y de perdón. La gracia no declara que nunca hubo necesidad de salvación; da lo que el pecador no podía conseguir por sí mismo y lo introduce en una vida nueva.

«En el Amado» identifica a Jesucristo como la persona en quien se concede ese favor. La expresión mantiene la relación de amor entre el Padre y el Hijo y vuelve a la fórmula «en Cristo» que organiza la alabanza. Los creyentes no se apropian de una aceptación separada de él: la reciben en su relación con el Salvador.

En Mateo 3:13–17, el Padre reconoce a Jesús como su Hijo amado. El relato del bautismo y este pasaje cumplen funciones distintas, pero ambos ayudan a reconocer de quién se habla. El Amado no es un creyente particularmente destacado ni la comunidad considerada como sustituto de Cristo; es el Hijo por medio de quien el Padre nos adopta.

La misma finalidad de alabanza reaparecerá en 1:12 y 1:14, después de hablar de la esperanza, la herencia y el sello del Espíritu. Así toda la unidad dirige la mirada a Dios. La vida cristiana responde con gratitud, y esa respuesta toma forma en una conducta que hace visible su gracia en lugar de reclamar una gloria propia.

Texto original y contraste

ἐχαρίτωσεν —echarítōsen— expresa favorecer o conceder gracia, y mantiene la relación con χάρις —cháris, «gracia»—. ἐν τῷ ἠγαπημένῳ —en tō̂i ēgapēménōi— significa «en el Amado». La forma señala a quien es amado y, en el contexto, identifica al Hijo en quien se reciben las bendiciones.

Efesios 1:7 north

La sangre de Cristo trae redención y perdón

La gracia del Padre se hace concreta en la entrega del Hijo. En Cristo los creyentes tienen liberación y perdón de sus transgresiones, de acuerdo con una gracia que no se mide por sus méritos.

Explicación del versículo

«En él tenemos» retoma al Amado de 1:6. La redención no es una posesión independiente que los creyentes puedan separar de Jesucristo. La tienen en su relación con él, el Hijo por medio de quien el Padre los recibe.

El presente «tenemos» anuncia una realidad recibida. Pablo no habla solo de una intención lejana de perdonar. La comunidad puede reconocer que sus transgresiones han sido tratadas por la obra del Salvador. El mismo capítulo hablará después de la redención esperada en la consumación, sin negar por ello el perdón presente.

La «redención» expresa liberación mediante un rescate. «Por medio de su sangre» identifica el costo salvador con la entrega real de Cristo en la muerte. No se trata de una fórmula material que se utilice al margen de su persona, sino de la vida del Hijo entregada por pecadores.

1 Pedro 1:18–21 contrasta el rescate por la sangre preciosa de Cristo con bienes perecederos como la plata y el oro. La relación muestra la seriedad del don y sitúa la fe y la esperanza en Dios, quien resucitó al Salvador. Efesios no convierte la imagen del rescate en un contrato que requiera inventar aquí a un receptor del pago.

«El perdón de las transgresiones» explica el beneficio central de esta redención en el pasaje. Los pecados son faltas reales ante Dios. La gracia no hace bueno el pecado ni permite tratarlo con indiferencia; libera de su culpa y abre una vida distinta. El creyente no necesita otro mediador que complete lo que el Hijo ha hecho.

Colosenses 1:12–14 presenta una relación muy cercana: el Padre rescata del dominio de las tinieblas y traslada al reino de su Hijo amado, en quien hay redención y perdón. La liberación conduce a una nueva pertenencia. No consiste solamente en olvidar el pasado sin que cambie la dirección de la vida.

«Según la riqueza de su gracia» da la medida del favor que sostiene esa obra. La esperanza no descansa en que la persona haya logrado hacerse digna de ser perdonada, sino en la generosidad de Dios manifestada en Cristo. En la misma carta, esta sangre acercará también a quienes estaban lejos y los reunirá en un solo pueblo.

Texto original y contraste

ἀπολύτρωσιν —apolýtrōsin— significa «redención» o «liberación por rescate». διὰ τοῦ αἵματος αὐτοῦ —dià toû haímatos autoû— precisa «por medio de su sangre». τὴν ἄφεσιν τῶν παραπτωμάτων —tḕn áphesin tō̂n paraptōmátōn— identifica el perdón de las transgresiones como la realidad que la frase desarrolla.

Efesios 1:8 north

Una gracia abundante que comunica sabiduría

El favor de Dios no se limita a una declaración de perdón. Su gracia se derrama con abundancia y abre el entendimiento de los creyentes al propósito que él ha dado a conocer en Cristo.

Explicación del versículo

«Que hizo abundar hacia nosotros» continúa la referencia a la riqueza de la gracia en 1:7. El sujeto sigue siendo Dios y los creyentes son los beneficiarios. La abundancia procede de su iniciativa; no es el resultado de haber presionado a Dios hasta conseguir una disposición más generosa.

La imagen amplía la confianza en el favor del Padre. El perdón no se presenta como una concesión escasa que deje a la comunidad necesitando otro fundamento salvador. La misma gracia que redime por la sangre de Cristo también permite comprender a quién pertenecen los creyentes y hacia dónde se dirige la obra de Dios.

«Con toda sabiduría y discernimiento» introduce el lenguaje del conocimiento que desarrollará el siguiente versículo. La sabiduría se relaciona aquí con reconocer la verdad y el propósito de Dios; el discernimiento incluye la comprensión que permite orientarse de acuerdo con esa verdad. No se promete saber automáticamente todos los datos ni acertar sin examen en cada decisión.

La expresión puede subrayar la sabiduría con la que Dios concede su gracia o el entendimiento que comunica al revelar su voluntad. En la secuencia, ambos aspectos quedan relacionados por una acción concreta: Dios da a conocer su propósito en Cristo. La frase no queda reducida a una admiración general por la capacidad intelectual humana.

El contenido se precisará en 1:9–10: el misterio de su voluntad apunta a reunir todas las cosas en Cristo. La sabiduría se recibe al conocer esa obra, no al descubrir una clave secreta que dé al creyente control sobre su futuro. La alabanza conduce a comprender lo que Dios hace y a responder con confianza.

Efesios 1:15–18 mostrará a Pablo orando para que los destinatarios reciban sabiduría y revelación en el conocimiento de Dios, con el corazón iluminado. Haber recibido la gracia no vuelve innecesario seguir aprendiendo. El don de Dios permite y suscita un crecimiento que depende de él.

Esta abundancia tiene consecuencias comunitarias. La carta pedirá comprender la voluntad del Señor y vivir con sabiduría, en vez de ser arrastrados por el engaño. El conocimiento verdadero de la gracia forma humildad, gratitud y obediencia; no una élite que pueda despreciar a quienes todavía necesitan crecer.

Texto original y contraste

ἐπερίσσευσεν εἰς ἡμᾶς —eperísseusen eis hēmâs— expresa que Dios hizo abundar su gracia hacia nosotros. ἐν πάσῃ σοφίᾳ καὶ φρονήσει —en pásēi sophíāi kaì phronḗsei— significa «con toda sabiduría y discernimiento». La relación con «dándonos a conocer» en 1:9 sitúa esas palabras dentro de la revelación del propósito divino.

Efesios 1:9 north

Dios da a conocer su propósito en Cristo

La gracia incluye el regalo de conocer lo que Dios se ha propuesto. El misterio de su voluntad deja de ser algo escondido cuando él lo revela y pone a Cristo en el centro de su cumplimiento.

Explicación del versículo

«Dándonos a conocer» explica cómo la abundancia de la gracia se relaciona con la sabiduría y el discernimiento de 1:8. Dios no solo actúa en favor de los creyentes: también les permite entender su obra. El conocimiento que recibe la comunidad procede de una iniciativa divina que invita a confiar y a alabar.

El «misterio de su voluntad» es un propósito de Dios que él da a conocer. Aquí «misterio» no significa una contradicción que deba aceptarse sin sentido ni algo destinado a permanecer para siempre inaccesible. El propio verbo «dar a conocer» muestra que el énfasis está en la revelación de lo que antes no se veía con esa claridad.

El contenido se precisará en el versículo siguiente: reunir todas las cosas en Cristo. La frase no trata de un método para descubrir cada detalle del futuro personal, sino del plan de Dios cuyo centro es el Hijo. La vida de los creyentes cobra sentido al saberse incluida en esa obra más amplia.

En Efesios 3:3–6, Pablo explicará otro aspecto inseparable del misterio: los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo por medio del evangelio. El conocimiento revelado derriba una pretensión de exclusividad. Los que antes estaban lejos participan de la misma gracia y no forman una clase inferior de hijos.

«Conforme a su beneplácito» vuelve a la disposición buena del Padre anunciada en 1:5. La revelación no le ha sido arrebatada por habilidad humana ni exige pertenecer a una élite que domine un secreto. Dios comunica su propósito porque así lo ha querido, dentro de la generosidad que la alabanza celebra.

«Que se propuso en él» mantiene la unidad entre decisión y cumplimiento. Cristo no aparece como un recurso separado del plan del Padre. La redención por su sangre, el perdón y la herencia pertenecen a una obra coherente, y el Espíritu permite a la comunidad recibir y vivir la verdad del evangelio.

Este conocimiento tiene una finalidad práctica. Reconocer a Cristo como centro del propósito divino cambia la medida de la unidad y del prestigio. La comunidad puede crecer en gratitud y recibir a los hermanos que Dios ha acercado, en lugar de conservar rivalidades que contradicen lo que ahora se le ha dado a conocer.

Texto original y contraste

γνωρίσας ἡμῖν —gnōrísas hēmîn— significa «dándonos a conocer». τὸ μυστήριον τοῦ θελήματος αὐτοῦ —tò mystḗrion toû thelḗmatos autoû— es «el misterio de su voluntad». La combinación de ambos términos hace que el misterio se entienda como propósito revelado, cuyo contenido desarrolla la frase siguiente.

Efesios 1:10 north

El propósito de Dios reúne todas las cosas en Cristo

La obra del Salvador tiene un alcance que supera la historia individual de los creyentes. Dios conduce su propósito hacia una plenitud en la que todas las cosas quedan reunidas bajo el señorío de Cristo.

Explicación del versículo

«Para llevar a cabo su plan» desarrolla el misterio de la voluntad de Dios anunciado en 1:9. La alabanza pasa de nombrar el propósito a explicar su dirección. La historia no se presenta como una sucesión de hechos que el Padre observa sin una meta; su obra se orienta hacia Cristo.

«En la plenitud de los tiempos» señala el momento o cumplimiento apropiado de ese propósito. La expresión reconoce el gobierno de Dios sobre el curso de la historia. No proporciona aquí una fecha que pueda calcularse ni un calendario de acontecimientos que la frase no enumera.

«Reunir todas las cosas en Cristo» afirma que él es el centro en el que la obra encuentra su unidad. El verbo puede expresar reunir o recapitular bajo una misma dirección. En 1:20–23, Pablo hablará del Cristo resucitado por encima de toda autoridad y de su condición de cabeza sobre todas las cosas; ese desarrollo aclara el alcance de su señorío.

«Las que están en los cielos y las que están en la tierra» abarca la totalidad de la creación. La redención no se entiende como si el Hijo tuviera importancia solo para una pequeña esfera privada. El mismo Señor en quien la comunidad recibe perdón es aquel hacia quien se dirige el propósito de Dios para todo lo creado.

Colosenses 1:15–20 presenta una relación cercana: todas las cosas fueron creadas por medio de Cristo y para él, y Dios hace la paz por la sangre de su cruz. El alcance universal de su obra no reduce la salvación a una mejora de la convivencia; la vincula con la persona del Hijo, su primacía y su entrega real.

La unidad anunciada incluye la reconciliación de judíos y gentiles que Efesios desarrollará, pero no se agota en esa relación. A la vez, reunir todo bajo Cristo no significa que toda conducta y toda respuesta sean moralmente equivalentes. Efesios 5:5–6 mantiene una advertencia real sobre el reino y el juicio. El señorío universal del Hijo no debe confundirse con una promesa de salvación automática al margen de él.

La frase termina insistiendo «en él». La plenitud no se alcanza por una unión que vuelva innecesario a Jesucristo. La esperanza de la comunidad y la dirección de la historia coinciden en el mismo Señor. Esa confianza invita a vivir ya en amor y unidad como fruto del evangelio recibido.

Texto original y contraste

οἰκονομίαν —oikonomían— expresa aquí la disposición o realización de un plan. τοῦ πληρώματος τῶν καιρῶν —toû plērṓmatos tō̂n kairō̂n— señala la plenitud de los tiempos. ἀνακεφαλαιώσασθαι τὰ πάντα ἐν τῷ Χριστῷ —anakephalaiṓsasthai tà pánta en tō̂i Christō̂i— significa reunir o recapitular todas las cosas en Cristo. El verbo se interpreta por ese contenido y por el señorío del Hijo desarrollado en el capítulo.

Efesios 1:11 north

Una herencia sostenida por el propósito de Dios

En Cristo los creyentes reciben una parte en la herencia de Dios. Esa pertenencia no depende de un azar ni de una conquista propia, sino del propósito del Padre que obra conforme a su voluntad.

Explicación del versículo

«En quien también obtuvimos herencia» retoma a Cristo al final de 1:10. Después de anunciar el alcance universal del propósito divino, Pablo muestra la participación de los creyentes. No son simples espectadores de esa obra: reciben en el Hijo una pertenencia y una esperanza.

La herencia debe entenderse junto a la adopción de 1:5. Los que el Padre recibe como hijos tienen una parte en los bienes de su familia. La palabra no se limita a posesiones materiales que cada persona pueda reclamar ahora; el sello y la garantía del Espíritu en 1:13–14 la relacionarán con la consumación de la salvación.

La expresión griega también permite considerar el sentido de ser constituidos como la porción o herencia de Dios. Deuteronomio 4:20 y Deuteronomio 32:9 hablan de Israel como pueblo de su herencia. Esos antecedentes ayudan a reconocer el lenguaje de pertenencia, sin borrar el contexto particular de cada pasaje. Aquí la NTBT expresa el beneficio recibido: «obtuvimos herencia».

«Habiendo sido predestinados conforme al propósito» vuelve a la determinación divina de 1:5. La relación de los creyentes con Cristo no aparece como una excepción imprevista dentro del plan. El Padre los incluye en la vida filial y en la esperanza que la alabanza celebra.

«Del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad» atribuye a Dios una acción eficaz y sabia. El propósito del Padre no queda reducido a un deseo sin capacidad de realizarse. La comunidad puede confiar en él porque el que promete y adopta también obra para llevar adelante su voluntad.

Esta afirmación no convierte el pecado en obediencia ni elimina la responsabilidad humana que la carta exigirá. Dios manda abandonar la mentira y prohíbe entristecer al Espíritu. El alcance de su acción sostiene la esperanza sin dar al creyente una excusa para llamar buena a cualquier decisión propia.

Romanos 11:33–36 une también la profundidad de la sabiduría de Dios con el reconocimiento de que todas las cosas proceden de él, son por él y para él. La respuesta es alabanza, no pretensión de comprender de manera exhaustiva cada detalle de su consejo. Efesios continuará en la misma dirección: la herencia recibida debe resultar para alabanza de su gloria.

Texto original y contraste

ἐκληρώθημεν —eklērṓthēmen— es una forma pasiva relacionada con recibir una parte o ser asignados como porción. El contexto explica la relación con la herencia. κατὰ πρόθεσιν —katà próthesin— significa «conforme al propósito»; τὰ πάντα ἐνεργοῦντος —tà pánta energoûntos— describe a Dios como quien obra todas las cosas. La iniciativa y la eficacia del Padre sostienen el don recibido en Cristo.

Efesios 1:12 north

La esperanza en Cristo conduce a la alabanza de Dios

La herencia de los creyentes tiene una finalidad que supera su propio beneficio. Quienes han puesto su esperanza en Cristo son llamados a manifestar la gloria de Dios y a reconocer su gracia.

Explicación del versículo

«Para que seamos para alabanza de su gloria» completa la afirmación de 1:11. Dios no concede una herencia para convertir a los destinatarios en el centro último de todo. Su vida recibida muestra la excelencia del Padre, quien los ha escogido, adoptado y redimido en Cristo.

La frase no reduce la respuesta a pronunciar alabanzas en ciertos momentos. El propósito alcanza la existencia de la comunidad. Su gratitud, su unidad y una conducta que corresponde al evangelio hacen visible el fruto de la gracia. La obediencia honra a Dios precisamente porque responde a lo que él ha dado.

«Nosotros, los que de antemano hemos esperado en Cristo» precisa a quiénes incluye Pablo en esta parte del argumento. La esperanza no se dirige a una herencia separada del Hijo. Cristo mismo es su fundamento, y todo lo que se espera depende de pertenecerle.

El «de antemano» destaca una anterioridad en esa esperanza. El versículo siguiente añadirá «también ustedes», al hablar de quienes oyeron el evangelio, creyeron y fueron sellados. El movimiento permite reconocer un grupo que ha esperado antes y a otros que también son incluidos; no permite convertir la anterioridad en una dignidad salvadora mayor.

El desarrollo de Efesios 2:11–18 mostrará con claridad la relación entre judíos y gentiles. Los que estaban lejos son acercados y ambos tienen acceso al Padre en un solo Espíritu. Ese contexto favorece entender la distinción presente dentro de la incorporación de los gentiles, conservando el mismo fundamento y la misma herencia para todos.

La esperanza anterior tampoco es un mérito que dé a Pablo o a otros derecho a gloriarse en sí mismos. El propósito sigue siendo «la alabanza de su gloria». Quien recibió antes la gracia puede reconocer con gratitud su historia y alegrarse de que otros participen, en vez de usarla para establecer una superioridad.

La misma finalidad apareció en 1:6 y volverá en 1:14. Esa repetición une la adopción, la esperanza y el sello del Espíritu en una sola respuesta de alabanza. El Padre recibe gloria porque salva por medio de su Hijo y reúne a su pueblo; la comunidad aprende a reconocer y a vivir esa obra compartida.

Texto original y contraste

εἰς τὸ εἶναι ἡμᾶς —eis tò eînai hēmâs— introduce la finalidad de ser para alabanza de Dios. τοὺς προηλπικότας ἐν τῷ Χριστῷ —toùs proēlpikótas en tō̂i Christō̂i— designa a quienes han esperado de antemano en Cristo. La relación con «también ustedes» de 1:13 debe conservarse al interpretar esa anterioridad.

Efesios 1:13 north

El evangelio recibido por la fe y el sello del Espíritu Santo

Los destinatarios también participan de las bendiciones en Cristo. Al oír el evangelio y creer en él, fueron sellados con el Espíritu Santo prometido: Dios los reconoce como suyos.

Explicación del versículo

«En él también ustedes» añade expresamente a los lectores después del «nosotros» de 1:12. Pablo no les ofrece una salvación distinta ni una parte menor en la herencia. La repetición de «en él» sitúa a ambos grupos en la misma relación con Cristo.

«Después de oír la palabra de la verdad» identifica el anuncio que llegó a ellos. El contenido se explica de inmediato: «el evangelio de su salvación». La fe tiene una verdad que recibe, el anuncio del Salvador que trae redención y perdón; no se funda simplemente en la intensidad de un deseo o en una experiencia sin contenido.

«Después de creer en él» relaciona la respuesta de los destinatarios con Jesucristo. Oír es necesario, pero el texto también nombra la fe con la que reciben el mensaje. Esa confianza no agrega un mérito a la entrega del Hijo. Es la respuesta por la que dependen del Salvador anunciado en el evangelio.

«Fueron sellados» presenta una acción que reciben. La imagen del sello expresa reconocimiento de pertenencia y confirmación. Dios actúa en quienes creen; ellos no se fabrican una garantía mediante una señal de prestigio o una condición que sustituya a Cristo.

El sello se identifica «con el Espíritu Santo de la promesa». No es un objeto separado de Dios ni una emoción que el creyente deba producir para demostrar su aceptación. El Espíritu Santo es el don divino que habita y guía a los hijos. En 2 Corintios 1:21–22, Dios confirma a los creyentes en Cristo, los sella y pone en sus corazones la garantía del Espíritu.

Las referencias a oír, creer y ser sellados forman una misma descripción de su recepción del evangelio. La frase no fija un intervalo de tiempo entre la fe y el sello ni establece aquí una clase superior de creyentes que deba buscar otra base de pertenencia. El acento recae en que «también ustedes» han recibido al Espíritu prometido.

El sello sostiene la esperanza y reclama una vida coherente. Efesios 4:30 pedirá no entristecer al Espíritu Santo con quien fueron sellados para el día de la redención. La seguridad del don conduce a honrar a Dios en la conducta, y el versículo siguiente explicará su relación con la herencia futura.

Texto original y contraste

ἀκούσαντες —akoúsantes— y πιστεύσαντες —pisteúsantes— expresan oír y creer, vinculados al verbo principal ἐσφραγίσθητε —esphragísthēte, «fueron sellados»—. τῷ πνεύματι τῆς ἐπαγγελίας τῷ ἁγίῳ —tō̂i pneúmati tē̂s epangelías tō̂i hagíōi— identifica al Espíritu Santo prometido como el sello recibido.

Efesios 1:14 north

El Espíritu garantiza la herencia hasta su consumación

El don presente del Espíritu sostiene la esperanza de una salvación que Dios llevará a plenitud. La comunidad pertenece al Señor y espera la redención completa para alabanza de su gloria.

Explicación del versículo

«Que es la garantía de nuestra herencia» explica el sello del versículo anterior. El referente es el Espíritu Santo que los creyentes han recibido. La herencia no depende únicamente de una expectativa humana sobre el futuro: Dios da ya su Espíritu como confirmación de lo que promete.

La «garantía» puede comprenderse mediante la imagen de una entrega inicial que confirma el cumplimiento de lo que falta. Aquí el don no es una cantidad material, sino el Espíritu mismo. Su presencia inaugura la vida que Dios llevará a plenitud y permite esperar con confianza en su fidelidad.

2 Corintios 5:1–5 sitúa también la garantía del Espíritu en relación con la esperanza de que lo mortal sea absorbido por la vida. La comunidad todavía conoce fragilidad y gemido, pero no espera sin fundamento. Dios, quien la prepara para esa vida, es quien ha dado la garantía.

«Hasta la redención de la posesión adquirida» mira hacia la consumación. En 1:7, Pablo afirmó que los creyentes ya tienen redención y perdón por la sangre de Cristo. Aquí habla de su cumplimiento pleno. Ambas afirmaciones se complementan: el Salvador ha actuado eficazmente y su pueblo espera todavía la plenitud de lo que esa obra asegura.

La «posesión adquirida» pone de relieve la pertenencia a Dios. Los redimidos no son una familia que deba encontrar después otro dueño o salvador. Romanos 8:18–25 relaciona las primicias del Espíritu con la espera de la adopción y la redención del cuerpo. El futuro esperado incluye la liberación de la corrupción y no un desprecio de la vida corporal.

El posesivo «nuestra» reúne a quienes fueron mencionados como «nosotros» y «ustedes». El mismo Espíritu sostiene una herencia compartida. Esa realidad prepara la enseñanza sobre un solo cuerpo y un mismo acceso al Padre que desarrollará la carta.

«Para alabanza de su gloria» cierra la extensa bendición comenzada en 1:3. El propósito del Padre, la redención del Hijo y el sello del Espíritu conducen a reconocer la gracia del único Dios. La esperanza final no engrandece un logro humano; muestra la fidelidad de quien salva y da vida a su pueblo.

Texto original y contraste

ἀρραβών —arrabṓn— significa garantía o entrega inicial que confirma una promesa. τῆς κληρονομίας ἡμῶν —tē̂s klēronomías hēmō̂n— precisa «de nuestra herencia». εἰς ἀπολύτρωσιν —eis apolýtrōsin— dirige la mirada a la redención consumada. El pronombre inicial se transmite en forma neutra, ὅ —hó—, y masculina, ὅς —hós—; en ambas lecturas el referente es el Espíritu. La variación gramatical no cambia la identidad del don anunciado.

Efesios 1:15 north

La fe en Jesús y el amor a los santos despiertan gratitud

Pablo reconoce en los destinatarios una respuesta real al evangelio. Su fe en el Señor Jesús y su amor a los hermanos lo llevan a dar gracias a Dios y a pedir que sigan creciendo en su conocimiento.

Explicación del versículo

«Por eso también yo» conecta la oración con la alabanza de 1:3–14. Después de celebrar la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu, Pablo expresa su respuesta ante lo que conoce de la comunidad. Las bendiciones anunciadas no quedan como ideas separadas de las personas: han dado lugar a una fe y un amor de los que él ha oído.

«Al oír» indica que ha recibido noticias sobre los destinatarios. La frase no obliga a concluir que nunca los conoció ni permite reconstruir por sí sola quién le informó. Lo importante en el argumento es el contenido de esas noticias y la gratitud que suscitan.

«La fe que tienen en el Señor Jesús» identifica el centro de su confianza. No se les elogia por una religiosidad indefinida o por una seguridad en sí mismos. Han oído el evangelio de su salvación y han creído en Cristo, como acaba de decir 1:13.

«Y del amor hacia todos los santos» muestra una expresión comunitaria de esa fe. Los santos son los que pertenecen a Dios en Cristo, según el saludo de 1:1. El amor no se limita al grupo que resulte más cercano o útil, sino que reconoce la misma pertenencia en los demás miembros del pueblo del Señor.

Colosenses 1:3–5 une también las noticias sobre la fe en Cristo Jesús y el amor hacia todos los santos con la acción de gracias al Padre. La coincidencia ayuda a reconocer el fruto del evangelio: la confianza en el Señor abre una relación de cuidado entre quienes reciben la misma gracia.

En Filemón 1:4–7, la gratitud por la fe y el amor se relaciona con el descanso que otros hermanos han recibido. Ese ejemplo permite entender que el amor cristiano no es una reputación vacía. Se hace visible en una conducta que edifica, anima y atiende a las personas.

La oración siguiente pedirá sabiduría, esperanza y comprensión del poder de Dios. Pablo puede reconocer lo que ya existe y, al mismo tiempo, pedir crecimiento. La necesidad de aprender más no niega la realidad de la fe recibida; muestra que la vida en Cristo sigue desarrollándose bajo la gracia del Padre.

Texto original y contraste

διὰ τοῦτο —dià toûto— significa «por eso» y enlaza la oración con lo anterior. πίστιν ἐν τῷ κυρίῳ Ἰησοῦ —pístin en tō̂i kyríōi Iēsoû— expresa la fe en el Señor Jesús. ἀγάπην … εἰς πάντας τοὺς ἁγίους —agápēn … eis pántas toùs hagíous— dirige el amor hacia todos los santos. La fe y su fruto comunitario aparecen unidos.

Efesios 1:16 north

La comunidad es recordada ante Dios con gratitud

Las noticias sobre los creyentes se convierten en oración. Pablo da gracias por ellos de manera perseverante y los presenta ante Dios con el deseo de que comprendan mejor la vida que han recibido.

Explicación del versículo

«No dejo de dar gracias por ustedes» completa la frase iniciada en 1:15. La fe y el amor de los destinatarios despiertan una gratitud dirigida a Dios. Pablo reconoce así que el bien que ve en la comunidad procede de la gracia, aunque los propios creyentes hayan respondido de manera real.

El reconocimiento no es una adulación que coloque a los destinatarios por encima de toda corrección. La carta les pedirá abandonar conductas y crecer en madurez. Dar gracias por la obra de Dios permite afirmar el bien presente sin fingir que la vida cristiana ya haya llegado a su plenitud.

«No dejo» expresa continuidad y perseverancia. No requiere imaginar que Pablo pronuncia sin interrupción una misma frase o que no atiende ninguna otra responsabilidad. Describe una gratitud que permanece y vuelve a la oración, en lugar de quedar limitada a una reacción breve ante una noticia.

«Recordándolos en mis oraciones» muestra que su memoria tiene una dirección concreta. Los destinatarios no son solo un asunto sobre el que piensa o del que habla: son personas que presenta al Padre. La relación pastoral se sostiene también mediante esa dependencia de Dios.

El versículo siguiente explicará lo que pide. La acción de gracias y la súplica no compiten entre sí: precisamente porque han recibido el evangelio, Pablo desea que conozcan mejor a Dios, su llamamiento y el poder manifestado en Cristo. Reconocer el don lleva a pedir que dé fruto y sea comprendido más profundamente.

La segunda oración de Efesios 3:14–19 desarrollará una intención semejante. Pablo pide al Padre fortaleza por el Espíritu y conocimiento del amor de Cristo. En ambas oraciones, el crecimiento de la comunidad depende del mismo Dios que la ha recibido por gracia.

Esta manera de recordar a los hermanos prepara también el llamado de Efesios 6:18 a orar con perseverancia por todos los santos. La oración pertenece a la vida compartida y no queda reservada a quien ejerce un ministerio particular. El cuidado mutuo encuentra en ella una expresión de gratitud, esperanza y dependencia del Señor.

Texto original y contraste

οὐ παύομαι εὐχαριστῶν —ou paúomai eucharistō̂n— significa «no dejo de dar gracias». μνείαν ποιούμενος —mneían poioúmenos— expresa hacer memoria o mencionar. La frase ἐπὶ τῶν προσευχῶν μου —epì tō̂n proseuchō̂n mou— sitúa ese recuerdo en las oraciones de Pablo.

Aplicación editorial

Cuando recuerdes a un hermano, agradece al Padre el bien que su gracia está formando en él y ora por su crecimiento en Cristo. Deja que tu conocimiento de sus necesidades se convierta también en intercesión, sin reducir su vida a sus dificultades ni olvidar cuánto dependes tú del mismo Señor.

Efesios 1:17 north

Conocer a Dios por la sabiduría que él concede

Pablo pide al Padre un conocimiento más profundo de él. Los creyentes necesitan que Dios ilumine su entendimiento para reconocer la esperanza y el poder que han recibido en Cristo.

Explicación del versículo

«Para que» introduce el contenido de la oración mencionada en 1:16. Pablo no se limita a agradecer que los destinatarios hayan creído. Pide que crezcan en una comprensión viva del Dios que los ha bendecido, porque la fe recibida abre una relación en la que todavía necesitan aprender.

«El Dios de nuestro Señor Jesucristo» identifica al Padre desde la relación con el Hijo encarnado y resucitado. En Juan 20:17–18, Jesús habla también de «mi Padre» y «mi Dios» al enviar un mensaje a sus hermanos. Esa manera de hablar conserva la realidad de su humanidad y de su obra mediadora; no exige negar la divinidad del Hijo.

El título «Padre de gloria» reconoce la majestad que le pertenece y que se manifiesta en su obra. La oración se dirige al mismo Padre cuya gracia ha sido alabada desde 1:3. Él es la fuente de la vida filial, del propósito revelado y del conocimiento que ahora se pide.

«Les dé espíritu de sabiduría y de revelación» puede entenderse como la acción del Espíritu Santo que comunica esas capacidades o como la disposición interior que él forma. El texto griego permite considerar esa relación; la ausencia de una mayúscula en una traducción no resuelve por sí sola la cuestión.

El contexto ya afirmó que los destinatarios fueron sellados con el Espíritu Santo. Por eso la petición no necesita interpretarse como si nunca lo hubieran recibido. Pablo ruega por la obra que les permite comprender y vivir lo que Dios ha dado. 1 Corintios 2:10–16 relaciona de modo semejante el Espíritu que viene de Dios con conocer sus dones y discernir su verdad.

«En el conocimiento de él» da dirección a la sabiduría y a la revelación. El interés no está en disponer de información secreta para adquirir prestigio. Dios mismo es aquel a quien deben conocer, y el desarrollo mostrará su llamamiento, su herencia y su poder manifestado en la resurrección y exaltación de Cristo.

Esta petición mantiene unidos dependencia y aprendizaje. Dios ilumina; los creyentes escuchan el evangelio, lo reciben con fe y crecen en su comprensión. La guía del Espíritu conduce al conocimiento del Padre por medio del Hijo y no convierte cualquier impresión personal en una nueva autoridad divina.

Texto original y contraste

ὁ πατὴρ τῆς δόξης —ho patḕr tē̂s dóxēs— es «el Padre de gloria». πνεῦμα σοφίας καὶ ἀποκαλύψεως —pneûma sophías kaì apokalýpseōs— relaciona espíritu, sabiduría y revelación. ἐν ἐπιγνώσει αὐτοῦ —en epignṓsei autoû— sitúa el don en el conocimiento de Dios. La finalidad del pedido se entiende por el contenido que los versículos siguientes desarrollan.

Efesios 1:18 north

Un corazón iluminado para conocer la esperanza y la herencia

Pablo pide que los creyentes comprendan desde lo profundo de su ser lo que Dios ha hecho y promete. La esperanza de su llamamiento y la riqueza de su herencia deben orientar su manera de vivir.

Explicación del versículo

«Con los ojos de su corazón iluminados» desarrolla la petición de sabiduría y revelación de 1:17. La imagen reúne la vista con el centro de la persona. Conocer a Dios implica una comprensión que alcanza pensamientos, afectos, decisiones y confianza, no solo la acumulación de datos religiosos.

La iluminación es una acción recibida. El Padre permite reconocer la verdad que ha dado a conocer en Cristo. La imagen no elimina el escuchar y aprender: explica por qué la comunidad depende de Dios al hacerlo. El evangelio tiene un contenido que se entiende y una luz que debe orientar la vida.

«Para que sepan cuál es la esperanza de su llamamiento» presenta el primer aspecto del conocimiento pedido. El llamamiento procede de Dios, y la esperanza se funda en su promesa. Los creyentes no están definidos únicamente por su pasado ni por lo que pueden ver en la situación presente.

La alabanza anterior ya ha relacionado esa esperanza con la adopción, la herencia y la redención que llegará a plenitud. En Efesios 4:1–6, Pablo pedirá andar de manera digna del llamamiento y recordará una sola esperanza compartida. Comprenderla da dirección a la obediencia y a la unidad, sin convertirlas en el precio de la aceptación.

«Cuál es la riqueza de la gloria de su herencia entre los santos» añade el segundo aspecto. La herencia pertenece al propósito de Dios y se reconoce en relación con su pueblo. Como en 1:11, el lenguaje permite subrayar tanto al pueblo que él recibe como suyo como los bienes de la salvación que concede a sus hijos.

«Entre los santos» impide reducir esa riqueza a un provecho aislado de la comunidad. Los santos son quienes pertenecen a Dios en Cristo, y en ellos se manifiesta una obra gloriosa. La familia reconciliada, su pertenencia al Padre y la plenitud esperada forman parte de un bien que supera cualquier superioridad de origen o prestigio.

La oración continuará hablando del poder de Dios para los que creen. Esperanza, herencia y poder no son temas separados de Jesucristo: la resurrección y exaltación del Hijo mostrarán el fundamento de todos ellos. El corazón iluminado aprende a medir su futuro por esa fidelidad divina y no solo por su fragilidad actual.

Texto original y contraste

πεφωτισμένους —pephōtisménous— expresa haber sido iluminados. τοὺς ὀφθαλμοὺς τῆς καρδίας —toùs ophthalmoùs tē̂s kardías— significa «los ojos del corazón». τῆς κλήσεως αὐτοῦ —tē̂s klḗseōs autoû— identifica el llamamiento como suyo, de Dios. La repetición de «cuál» organiza la esperanza y la herencia como realidades que la comunidad necesita comprender.

Efesios 1:19 north

El poder de Dios sostiene a quienes creen

Pablo pide que los destinatarios comprendan la extraordinaria fuerza con la que Dios actúa en favor de su pueblo. Su medida será la resurrección y exaltación de Cristo, explicadas a continuación.

Explicación del versículo

«Y cuál es» continúa las peticiones de conocimiento de 1:18. Después de la esperanza del llamamiento y de la riqueza de la herencia, Pablo nombra el poder de Dios. No introduce una cualidad que la comunidad pueda separar de las otras bendiciones; muestra quién puede llevarlas a cumplimiento.

«La extraordinaria grandeza de su poder» acumula palabras para destacar que la capacidad de Dios supera la fragilidad de los creyentes. La esperanza no se apoya únicamente en su constancia ni en la ausencia de dificultades. El Padre que los llamó es poderoso para dar vida y sostener su obra.

«Para con nosotros, los que creemos» identifica a los beneficiarios de esa acción. La fe dirige la confianza hacia Dios; no es una energía humana que produzca por sí sola una fuerza divina. Pablo incluye a los destinatarios en el mismo «nosotros» y reconoce un poder que se ejerce en favor de todo el pueblo que pertenece a Cristo.

«Conforme a la acción de la fuerza de su poder» refuerza la afirmación mediante términos cercanos. La frase no distribuye cuatro clases de capacidad que deban adquirirse por separado. Su efecto es presentar el poder de Dios como real, eficaz y suficientemente grande para fundamentar la esperanza anunciada.

El versículo siguiente dará la referencia concreta: Dios actuó en Cristo al resucitarlo y sentarlo a su derecha. La oración no deja a los lectores buscando una definición abstracta de poder. Los conduce al acontecimiento que confirma la victoria del Salvador sobre la muerte y su exaltación sobre toda autoridad.

La relación con los creyentes se desarrollará en Efesios 2:4–7: Dios les da vida con Cristo, los resucita y los sienta con él. La acción divina transforma su condición de muertos en pecados y les concede una pertenencia nueva. El poder que salva produce gratitud y una vida recibida por gracia.

En Efesios 3:16–21, Pablo pedirá también fortaleza por el Espíritu en el ser interior y reconocerá el poder que actúa en la comunidad. Su fruto incluye fe, conocimiento del amor de Cristo y gloria a Dios. Así la fuerza divina se relaciona con una vida de dependencia y amor, no con la búsqueda de una grandeza propia que prescinda del Señor.

Texto original y contraste

τὸ ὑπερβάλλον μέγεθος τῆς δυνάμεως —tò hyperbállon mégethos tē̂s dynámeōs— expresa la grandeza sobreabundante del poder. ἐνέργεια —enérgeia— subraya su acción eficaz; κράτος —krátos— e ἰσχύς —ischýs— refuerzan la idea de fuerza. El contexto reúne estos términos en la obra del Padre manifestada en Cristo.

Efesios 1:20 north

El Padre resucitó a Cristo y lo exaltó a su derecha

La oración encuentra su fundamento en una obra concreta de Dios. Jesucristo venció la muerte y fue exaltado a la posición de honor y autoridad que expresa estar a la derecha del Padre.

Explicación del versículo

«Que ejerció en Cristo» retoma la acción poderosa de 1:19. Pablo explica ahora por qué los creyentes pueden confiar en ella: Dios ha actuado en el Salvador de una manera que cambia el horizonte de su esperanza. La muerte no tuvo la última palabra sobre el Hijo que se entregó por los pecadores.

«Al resucitarlo de entre los muertos» afirma la resurrección real de Jesucristo. El pasaje no la reduce a que sus discípulos conservaran su recuerdo o continuaran una causa después de perderlo. Es Dios quien actúa sobre la muerte, y esa victoria sostiene la vida nueva de quienes creen.

«Y sentarlo a su derecha» añade la exaltación. Estar a la derecha expresa una posición de honor y autoridad. La imagen se relaciona con Salmos 110:1, donde el Señor es invitado a sentarse a la derecha de Dios hasta que sus enemigos queden bajo sus pies.

Hechos 2:32–36 aplica ese salmo al Jesús resucitado y exaltado, quien derrama el Espíritu prometido. Efesios sitúa igualmente la obra del Padre, la exaltación del Hijo y el don del Espíritu dentro de una misma salvación. Los creyentes conocen a Dios por la acción que ha manifestado en Jesucristo.

«En los lugares celestiales» señala el ámbito de esa exaltación y retoma la expresión de 1:3. Las bendiciones espirituales se reciben en relación con el Cristo vivo y exaltado. Su señorío no depende de que las autoridades terrenales lo reconozcan ni de que desaparezca inmediatamente toda oposición en la historia.

El versículo siguiente explicará que está por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío. La derecha no presenta al Hijo como un competidor separado del Padre, sino como el Señor exaltado en el cumplimiento de su obra salvadora. La distinción entre el Padre que actúa y el Hijo resucitado se conserva dentro de la obra del único Dios.

Romanos 8:9–11 relaciona esa resurrección con la esperanza de los creyentes: el Espíritu de quien resucitó a Jesús habita en ellos y Dios dará vida a sus cuerpos mortales. La confianza presente y la esperanza futura tienen, por tanto, un fundamento mayor que la fuerza personal de quienes esperan.

Texto original y contraste

ἐγείρας αὐτὸν ἐκ νεκρῶν —egeíras autòn ek nekrō̂n— significa «resucitándolo de entre los muertos». καθίσας ἐν δεξιᾷ αὐτοῦ —kathísas en dexiâi autoû— expresa que lo sentó a su derecha. Ambas acciones desarrollan el poder de Dios mencionado en 1:19 y preparan la afirmación del señorío de Cristo.

Efesios 1:21 north

Jesucristo está por encima de toda autoridad presente y futura

La exaltación de Cristo no se limita a un rango entre otros. Su autoridad supera a todo poder y conserva su alcance en esta era y en la venidera.

Explicación del versículo

«Muy por encima» desarrolla lo que significa haber sido sentado a la derecha del Padre. Pablo no presenta a Jesús como un poder más dentro de una competencia incierta. El Salvador resucitado ocupa una posición que ninguna autoridad creada puede igualar.

«Todo principado, autoridad, poder y señorío» reúne términos de gobierno y dominio. En el conjunto de Efesios incluyen la realidad de poderes espirituales, pues 3:10 y 6:12 emplean lenguaje semejante. La amplitud de la frase alcanza todo poder que pueda reclamar autoridad, sin proporcionar una clasificación detallada de seres o de rangos que los creyentes deban aprender a nombrar.

Colosenses 1:15–20 afirma que los tronos, dominios, principados y autoridades fueron creados por medio de Cristo y para él. Esa relación ayuda a reconocer la diferencia fundamental entre el Hijo y cualquier poder creado. Su primacía no depende de recibir permiso de esas autoridades.

«Y de todo nombre que se nombra» extiende la afirmación más allá de los términos ya enumerados. No queda fuera una autoridad por el hecho de que la comunidad desconozca su nombre o no se haya incluido en la lista. La seguridad de los creyentes descansa en el Señor y no en dominar un catálogo de poderes.

Filipenses 2:9–11 habla de modo semejante del nombre concedido a Jesús por encima de todo nombre y de la confesión de su señorío para gloria del Padre. La exaltación del Hijo conduce a honrar a Dios; no divide el gobierno divino entre rivales.

«No solo en esta era, sino también en la venidera» da una dimensión permanente a la esperanza. El señorío de Cristo no será sustituido cuando cambie la situación de los destinatarios o llegue la plenitud futura. El mismo Señor que sostiene su vida presente es aquel en quien pueden esperar su herencia.

La carta todavía exhortará a resistir el mal. Efesios 6:10–13 llama a fortalecerse en el Señor y a mantenerse firmes. Esa lucha no contradice su exaltación: muestra por qué la comunidad necesita depender de él en medio de una oposición real. La victoria del Salvador da fundamento a la firmeza y evita que el temor a otros poderes determine la fe.

Texto original y contraste

ὑπεράνω πάσης —hyperánō pásēs— expresa estar «muy por encima de toda» autoridad. ἀρχῆς —archē̂s— y ἐξουσίας —exousías— nombran principado y autoridad. ἐν τῷ αἰῶνι τούτῳ … ἐν τῷ μέλλοντι —en tō̂i aiō̂ni toútōi … en tō̂i méllonti— extiende el señorío desde esta era hasta la venidera.

Efesios 1:22 north

El Señor de todas las cosas es dado como cabeza a la iglesia

Dios ha sometido todas las cosas a Cristo y lo ha dado a la iglesia como cabeza sobre todo. La comunidad recibe su vida y su esperanza del mismo Señor cuya autoridad es universal.

Explicación del versículo

«Sometió todas las cosas bajo sus pies» continúa la acción del Padre descrita en 1:20. La exaltación de Cristo tiene una consecuencia de gobierno: todo queda bajo su autoridad. La imagen de los pies expresa sujeción y no una simple superioridad de prestigio.

La frase recoge el lenguaje de Salmos 8:4–8, donde Dios concede al ser humano dominio sobre las obras de sus manos y pone todo bajo sus pies. El salmo contempla la dignidad recibida por la humanidad. Efesios emplea esa expresión en relación con Cristo, el Resucitado exaltado sobre toda autoridad.

1 Corintios 15:24–28 relaciona también esta sujeción con el reinado de Cristo y la derrota final de los enemigos, incluida la muerte. Allí se distingue al Padre, quien le somete todas las cosas. La afirmación universal debe mantenerse dentro de esa relación y de la obra salvadora del Hijo.

«Y lo dio como cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» pasa de la amplitud de su señorío al beneficio de la comunidad. Dios no entrega a la iglesia un recurso separado de Cristo, sino al mismo Señor exaltado. Su relación con ella no limita su autoridad al interior de un grupo religioso: sigue siendo cabeza sobre todas las cosas.

La iglesia es la comunidad de quienes pertenecen a él. El versículo siguiente la llamará su cuerpo, y Efesios 4:15–16 explicará que todo el cuerpo crece desde Cristo y hacia él. La imagen de cabeza habla aquí de primacía y de una dependencia vital que da dirección al conjunto.

Recibir a Cristo como cabeza no autoriza a la comunidad a apropiarse de su lugar ni a tratar su propia voluntad como si fuera automáticamente la voluntad del Señor. La iglesia recibe, escucha y obedece. Sus dones y responsabilidades sirven para edificar el cuerpo en amor, bajo la autoridad de aquel que le da vida.

La oración iniciada en 1:15 alcanza así una respuesta concreta. El poder que actúa en favor de los creyentes es el del Padre que resucitó a Cristo, lo exaltó y lo dio a su pueblo. La esperanza de la comunidad no depende de que parezca fuerte ante el mundo, sino de quién es su cabeza y de la fidelidad de su Señor.

Texto original y contraste

ὑπέταξεν ὑπὸ τοὺς πόδας αὐτοῦ —hypétaxen hypò toùs pódas autoû— significa «sometió bajo sus pies». κεφαλὴν ὑπὲρ πάντα —kephalḕn hypèr pánta— presenta a Cristo como «cabeza sobre todas las cosas». τῇ ἐκκλησίᾳ —tē̂i ekklēsíāi— señala a la iglesia como la comunidad que recibe ese don. Su beneficio y el señorío universal de Cristo aparecen unidos.

Efesios 1:23 north

La iglesia es el cuerpo que recibe su plenitud de Cristo

La relación de Cristo con su pueblo es de unión y dependencia. La iglesia pertenece al Señor que lo llena todo y recibe de él la vida con la que crece y sirve.

Explicación del versículo

«Que es su cuerpo» identifica a la iglesia mencionada en 1:22. La imagen no habla aquí de un edificio ni reduce la comunidad a una organización. Los creyentes están unidos al Cristo exaltado y forman un conjunto cuya vida procede de él.

La relación entre cabeza y cuerpo conserva una diferencia decisiva. Cristo da vida, dirige y sostiene; la iglesia recibe y responde. La unión no convierte a la comunidad en un segundo salvador ni elimina la responsabilidad de escuchar a su Señor. Su dignidad se encuentra en pertenecerle.

«La plenitud de aquel» añade una expresión densa a la imagen corporal. La iglesia es presentada como el ámbito comunitario en el que se manifiesta la plenitud que procede de Cristo. El énfasis no exige concluir que el Hijo tenga una carencia divina que los seres humanos deban reparar. La frase siguiente lo identifica como quien lo llena todo.

La imagen también permite reconocer que Cristo ha querido relacionar su señorío con un pueblo concreto. Su cuerpo no es un añadido sin importancia a la salvación. En él reúne a los creyentes, comunica sus dones y hace crecer una vida que debe manifestar su amor. La plenitud recibida tiene una expresión compartida.

Efesios 4:15–16 explica esta relación mediante el crecimiento del cuerpo desde Cristo, su cabeza. Cada parte contribuye según su medida y el conjunto se edifica en amor. La vida plena no consiste en que un solo miembro ocupe el lugar de todos, sino en que todos dependan del Señor y sirvan al bien del conjunto.

«Que lo llena todo en todo» vuelve a la amplitud de su señorío. El mismo Cristo que sostiene a su iglesia es aquel en quien Dios se propone reunir todas las cosas. Su presencia y acción no quedan encerradas dentro de los límites visibles de una comunidad.

En Colosenses 2:9–10, la plenitud de la deidad habita corporalmente en Cristo y los creyentes están completos en él. Esa relación ilumina la dirección del don: la plenitud pertenece al Hijo y se recibe en unión con él. La iglesia no obtiene una suficiencia que le permita prescindir del Salvador.

Con esta afirmación termina la oración de 1:15–23. La esperanza, la herencia y el poder de Dios han sido explicados desde el Cristo resucitado, exaltado y dado a la iglesia. El capítulo siguiente mostrará lo que esa obra significa para quienes antes estaban muertos en sus pecados: reciben vida con él por pura gracia.

Texto original y contraste

τὸ σῶμα αὐτοῦ —tò sō̂ma autoû— significa «su cuerpo». τὸ πλήρωμα —tò plḗrōma— expresa la plenitud y se entiende por la relación con Cristo. τοῦ τὰ πάντα ἐν πᾶσιν πληρουμένου —toû tà pánta en pâsin plērouménou— presenta a aquel que lo llena todo en todo. La traducción toma el participio con sentido activo, en consonancia con el señorío y la acción del Hijo en la carta.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT).
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