La viña confiada a quienes debían cultivarla
Jesús presenta a un propietario que prepara su viña y la entrega en arriendo. El relato distinguirá entre la responsabilidad recibida por los labradores y la pretensión de apropiarse de lo que pertenece al dueño.
Explicación del versículo
«Comenzó a hablarles en parábolas» continúa el encuentro con los dirigentes que habían cuestionado la autoridad de Jesús. No empieza una conversación sin relación con el templo. En Marcos 11:27–33, ellos eludieron responder acerca del bautismo de Juan. Ahora el Señor cuenta una historia que volverá a confrontarlos con la manera en que reciben la iniciativa de Dios.
La primera acción pertenece al propietario. Él planta la viña, la rodea con una cerca, cava la pileta para el lagar y construye una torre. El conjunto describe una propiedad preparada antes de ser confiada a los labradores. La parábola no atribuye a cada construcción un significado espiritual independiente; la acumulación de detalles muestra el cuidado del dueño y lo que entrega para ser trabajado.
La relación con Isaías 5:1–7 es clara: allí también aparecen la viña, la torre y el lagar, y se explica que la viña de Jehová es la casa de Israel. Ese trasfondo da seriedad a la historia de Jesús. La vida del pueblo y la responsabilidad de sus dirigentes se encuentran delante de Dios, quien ha mostrado cuidado y espera una respuesta verdadera.
Existe también una diferencia que debe conservarse. Isaías habla de una viña que produce uvas malas; Jesús desarrolla aquí el rechazo de unos labradores hacia los enviados del propietario. El conflicto no consiste simplemente en que las plantas no hayan dado fruto. Los trabajadores recibirán una petición legítima y responderán con violencia.
El verbo ἐξέδετο (exedeto) significa «arrendó». Los γεωργοῖς (geōrgois) son los labradores o cultivadores que reciben el trabajo de la viña. No se dice que el propietario se la haya vendido. Su salida de viaje tampoco cancela su derecho sobre ella, como mostrará el envío para recibir parte del fruto.
El dueño, sus enviados y el hijo amado
La historia avanzará desde los esclavos enviados hasta el hijo amado, en Marcos 12:2–8. Ese movimiento permitirá reconocer la gravedad del rechazo a Jesús. El Señor no se presenta como un aspirante que quiere apropiarse del lugar de otros, sino como el Hijo cuya autoridad los responsables de la viña se niegan a recibir.
Mateo 21:33–46 y Lucas 20:9–19 conservan esta parábola con sus propios detalles. Marcos concluirá diciendo que los dirigentes comprendieron que estaba dirigida contra ellos. Esa identificación impide convertirla en una condena indiscriminada contra cada miembro del pueblo o contra sus descendientes.
El cuidado inicial del propietario también muestra que la responsabilidad es recibida. Los labradores no crean el derecho del dueño mediante su trabajo. Del mismo modo, quienes sirven al pueblo de Dios no se convierten en sus propietarios. Su tarea permanece sujeta al Señor y a la acogida de su Hijo.
Aplicación editorial
Recibe como responsabilidad aquello que se te confía: una enseñanza, unos recursos o el cuidado de otras personas. Examina si estás sirviendo al propósito de Cristo o defendiendo algo como si fuera posesión tuya. La gracia del Salvador te permite trabajar con gratitud, dar cuenta con honestidad y aceptar su autoridad sobre lo que haces.
Mateo 21:33–46; Lucas 20:9–19