Pedir al que realmente da la lluvia
La abundancia agrícola prometida conduce a una invitación a buscar el sustento en Jehová y no en medios engañosos.
Explicación del versículo
El pueblo debe pedir lluvia en el tiempo de la lluvia tardía. El hebreo מַלְקוֹשׁ, malqosh, designa la lluvia de la parte final de la estación, importante para el desarrollo del cultivo. No se trata aquí, en primer lugar, de una etapa espiritual secreta desligada del campo y de sus necesidades.
Jehová forma las nubes de tormenta y da aguaceros. La oración reconoce su gobierno sobre lo que el trabajo humano no puede asegurar por sí solo. Pedir no elimina sembrar o cuidar el campo; sitúa esas labores dentro de una dependencia agradecida.
La referencia a cada uno y su vegetación hace concreto el alcance de la provisión. La promesa se relaciona con el alimento que hacía florecer a los jóvenes al final del capítulo anterior. No autoriza a interpretar toda lluvia o sequía individual como prueba inmediata de la calidad de una persona.
El contraste se hará explícito en Zacarías 10:2: los ídolos y los adivinos ofrecen consuelo vacío. La comunidad necesita distinguir al dador de la vida de las voces que prometen lo que no pueden cumplir. El cuidado de Dios sostiene la confianza sin convertir la oración en una técnica para controlar el clima o imponer a Jehová un resultado a voluntad.