La mujer vestida del sol representa al pueblo del que viene el Mesías
La gran señal sitúa el nacimiento y la victoria de Jesús dentro de la historia del pueblo de Dios.
Explicación del versículo
Una mujer aparece vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas. Juan llama «señal» a lo que contempla: la figura comunica una realidad que el capítulo irá desarrollando. La dignidad de su vestidura y de su corona se relaciona con el pueblo que Dios reconoce, no con una fuente de salvación independiente de él.
Las luminarias recuerdan el sueño de José y la familia de Israel. La mujer dará a luz al hijo que ha de gobernar a las naciones y después será perseguida junto con su descendencia fiel a Jesús. Por eso la imagen tiene un alcance que reúne la historia del pueblo mesiánico. María pertenece al cumplimiento histórico como madre de Jesús, pero la figura de la mujer y sus demás descendientes va más allá de una biografía individual. El centro de la esperanza será el Hijo recibido junto al trono de Dios.
Una señal que debe leerse dentro de la visión
σημεῖον —sēmeîon— significa «señal», una figura con significado. γυνή —gynḗ— es «mujer». στέφανος —stéphanos— designa la corona; aquí está formada por doce estrellas. La descripción presenta honor y pertenencia a Dios, y su sentido se precisa por la relación con el hijo y con los otros descendientes.
La promesa de Dios llega a su cumplimiento en Jesús
Génesis 37:9–11 utiliza sol, luna y estrellas en relación con la familia de Jacob. Isaías 66:7–9 presenta a Sión como una madre que da a luz. Lucas 1:30–33 anuncia a María el nacimiento del Hijo que recibirá el trono de David. Apocalipsis 12:5–6 mostrará la autoridad del niño y el cuidado de Dios por la mujer. Las relaciones conservan la continuidad de la promesa y la centralidad de Jesucristo como Señor y Salvador.
Aplicación editorial
Da gracias al Padre por la fidelidad con que ha traído la salvación por medio de Jesús. Puedes valorar la historia de su pueblo y el servicio de quienes participaron en ella sin atribuirles el lugar del Salvador. Pide al Espíritu Santo que tu esperanza permanezca en Cristo y que esa gracia te enseñe a vivir unido a su pueblo.