Tenemos al sacerdote que ha sido exaltado
El punto central de la enseñanza es una realidad presente para los creyentes: Jesús, el sumo sacerdote suficiente, está a la derecha de Dios y ejerce su ministerio a nuestro favor.
Explicación del versículo
El autor señala «el punto principal» de lo que está diciendo. Después de explicar la relación con Melquisedec, la permanencia de Jesús y su entrega única, dirige la mirada a la conclusión que sostiene la esperanza: «tenemos tal sumo sacerdote». La argumentación anterior debe conducir a reconocer al Salvador del que dispone el pueblo de Dios y la seguridad de acercarse por medio de él (Hebreos 7:23–28).
«Tenemos» incluye al autor y a sus lectores. El sacerdocio de Jesús no es únicamente un tema acerca del pasado ni una posibilidad que aún carezca de realización. El Hijo vive y representa a los suyos ante Dios. La comunidad que necesita perseverar puede apoyarse ahora en su ministerio. Esta afirmación da sentido pastoral a las explicaciones detalladas de los capítulos anteriores.
«Tal sumo sacerdote» recoge el retrato recién desarrollado: santo, inocente, sin mancha y plenamente capacitado para salvar. Jesús no necesita una ofrenda por pecados propios, y su sacerdocio no requiere sucesores porque él vive para siempre. Se entregó una vez para siempre y permanece para interceder. El autor quiere que sus lectores relacionen esas cualidades con su necesidad concreta de perdón, ayuda y confianza (Hebreos 7:25–28).
El sacerdote «se sentó a la derecha del trono de la Majestad en los cielos». La expresión retoma Salmos 110, donde el Señor invita al personaje anunciado a sentarse a su derecha y lo declara sacerdote para siempre. En Jesús se unen la dignidad del exaltado y el ministerio del que acerca a su pueblo a Dios. La derecha expresa honor y autoridad en relación con el trono divino (Salmos 110:1–4).
El comienzo de Hebreos ya había relacionado la purificación de los pecados con que el Hijo se sentara a la derecha de la Majestad. Más adelante, la carta contrastará a los sacerdotes que continúan ofreciendo con Jesús, sentado después de realizar una sola ofrenda eficaz. Su posición manifiesta la suficiencia de su obra. Al mismo tiempo, el versículo siguiente lo presenta como servidor del santuario: su exaltación no equivale a dejar de actuar por nosotros (Hebreos 1:1–4; Hebreos 10:11–14; Hebreos 8:2).
La «Majestad» es una manera reverente de referirse a Dios. El Hijo exaltado ha abierto el acceso al Padre y conserva la compasión con que socorre a quienes son tentados. Por eso esta afirmación debe fortalecer la confesión de la fe y el acercamiento al trono de la gracia. El sacerdote que necesitamos está presente ante Dios y su ministerio basta para sostener nuestra esperanza (Hebreos 4:14–16).
Exégesis del pasaje
κεφάλαιον (kephálaion) señala aquí el «punto principal» de lo que se está exponiendo. τοιοῦτον ἔχομεν ἀρχιερέα (toioûton échomen archieréa) significa «tenemos tal sumo sacerdote». La frase enlaza las cualidades explicadas en el capítulo anterior con la posición celestial y el servicio que se desarrollan desde este versículo.