El santuario y las normas del primer pacto
El culto del primer pacto tenía una forma establecida por Dios. El autor examina ahora ese orden para mostrar el alcance de su servicio y la superioridad de Cristo.
Explicación del versículo
«Ahora bien» enlaza esta descripción con la conclusión de 8:13. Después de afirmar que el anuncio de un pacto nuevo hace antiguo al primero, el autor no deja esa afirmación sin explicación. Empieza por recordar qué tenía el primer pacto: normas para rendir culto y un santuario perteneciente al ámbito terrenal. Estos elementos preparan la comparación con la entrada de Jesucristo en la presencia de Dios (Hebreos 8:6–13; Hebreos 9:11–12).
«El primer pacto» se refiere al establecido con Israel en relación con la salida de Egipto, no a toda promesa que Dios hubiera hecho antes de Cristo. En el capítulo anterior se citó a Jeremías para identificarlo y anunciar la relación renovada que el Señor prometía. El culto del tabernáculo formaba parte de ese pacto y expresaba tanto la presencia divina en medio del pueblo como la necesidad de acercarse según sus disposiciones (Hebreos 8:8–9).
Las «normas para el culto» eran indicaciones concretas, no prácticas inventadas libremente por los sacerdotes. Éxodo prescribe la fabricación de los utensilios según el modelo mostrado a Moisés y regula, por ejemplo, el servicio del incienso. El carácter provisional de ese orden no significa que hubiera carecido de autoridad. Precisamente porque había sido dispuesto por Dios, su forma también podía enseñar acerca de la santidad, el pecado y el acceso a él (Éxodo 25:31–40; Éxodo 30:1–10).
«Santuario terrenal» describe su pertenencia al mundo creado. Se trataba de un espacio preparado con materiales y trabajo humanos conforme al mandato del Señor. «Terrenal» no lo acusa de impiedad ni convierte sus materiales en algo malo. La distinción que importa es entre ese santuario y la realidad celestial donde Cristo ejerce su ministerio. Hebreos ya llamó al servicio de aquellos sacerdotes representación y sombra de las cosas celestiales (Hebreos 8:2–5).
La descripción siguiente se concentra en las dos partes de la tienda, sus utensilios y las restricciones de entrada. El autor no pretende enumerar cada detalle de la construcción ni explicar un simbolismo distinto para cada objeto. Su recorrido desemboca en una dificultad concreta: los dones y sacrificios de ese servicio no podían perfeccionar al adorador en cuanto a su conciencia. La arquitectura del culto prepara así una enseñanza sobre nuestra necesidad delante de Dios (Hebreos 9:2–10).
Jesucristo responde a esa necesidad mediante su propia entrega. Su sacerdocio no ofrece simplemente un edificio más impresionante ni una ceremonia más elaborada. Abre el acceso que el orden anterior representaba sin llevarlo a su plenitud. La fe puede acercarse al Padre porque el Hijo entró por nosotros y su sangre purifica la conciencia. Comprender el culto antiguo ayuda, por tanto, a reconocer la suficiencia del Salvador (Hebreos 6:19–20; Hebreos 9:14).
Texto original y enlace del argumento
δικαιώματα λατρείας (dikaiṓmata latreías) significa «normas para el culto». κοσμικόν (kosmikón), «terrenal», caracteriza al santuario como perteneciente a este mundo. La comparación se refiere al ámbito y a la función del culto, sin atribuir maldad a lo que Dios había ordenado.