Juzgar significa distinguir la inocencia de la culpa
El tribunal debe resolver el litigio conforme a la verdad. Su tarea es absolver al inocente y condenar al culpable, no dar la razón a quien posea más poder.
Explicación del versículo
Dos personas llevan una controversia al ámbito de la justicia. La ley no presenta al juez como alguien que simplemente confirma la posición del más influyente o impone una conciliación sin examinar lo ocurrido. Debe decidir quién tiene razón en la causa y quién es responsable de la falta.
La inocencia y la culpa están referidas al asunto juzgado. Llamar «inocente» a alguien en ese proceso no equivale a afirmar que nunca ha pecado en ningún ámbito de su vida. Del mismo modo, la condena se refiere a una conducta establecida, no a la posibilidad de etiquetar sin pruebas a una persona como irremediablemente malvada.
El versículo prepara la regulación de los azotes de los versículos 2–3. Antes del castigo debe existir un juicio que identifique una falta, y después la pena seguirá sometida a límites. La justicia no comienza contando golpes: comienza escuchando y juzgando correctamente.
Absolver y condenar
וְהִצְדִּיקוּ אֶת הַצַּדִּיק, vehitsdiqu et hatsaddiq, significa declarar justo o absolver al que tiene razón. La expresión opuesta consiste en declarar culpable al responsable. Son pronunciamientos judiciales; el juez no convierte mágicamente una mentira en verdad mediante sus palabras.
Deuteronomio 16:18–20 ordena un juicio justo y prohíbe parcialidad y sobornos. Esa instrucción proporciona el marco de este caso.
Aplicación editorial
Si debes decidir en un conflicto, no confundas la firmeza con la rapidez para condenar. Escucha, examina y reconoce tanto una falta verdadera como una acusación que no se sostiene. El deseo de imponer orden no te autoriza a tratar como culpable a quien todavía no ha sido escuchado con justicia.