Romanos 3 (NTBT) en línea gratis con notas de estudio

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Romanos 3

El privilegio de Israel y la fidelidad de Dios

1 Entonces, ¿qué ventaja tiene el judío? ¿O cuál es el beneficio de la circuncisión?   N1

2 Mucho, en todos los sentidos. En primer lugar, se les confiaron las palabras de Dios.   N2

3 ¿Y qué si algunos fueron infieles? ¿Acaso su infidelidad anulará la fidelidad de Dios?   N3

4 ¡De ningún modo! Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso, como está escrito: «Para que seas reconocido justo en tus palabras y venzas cuando seas juzgado».   N4

5 Pero, si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Es injusto Dios cuando descarga su ira? Hablo en términos humanos.   N5

6 ¡De ningún modo! De lo contrario, ¿cómo juzgará Dios al mundo?   N6

7 Pero, si por mi mentira la verdad de Dios ha abundado para su gloria, ¿por qué todavía se me juzga como pecador?   N7

8 ¿Y por qué no decir, como nos calumnian y algunos afirman que decimos: «Hagamos el mal para que venga el bien»? La condenación de ellos es justa.   N8

La culpa humana a la luz de las Escrituras

9 Entonces, ¿qué? ¿Tenemos ventaja? De ninguna manera; porque ya hemos acusado a judíos y griegos de estar todos bajo el pecado,   N9

10 como está escrito: «No hay justo, ni aun uno;   N10

11 no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.   N11

12 Todos se desviaron, juntos se volvieron inútiles. No hay quien haga el bien, no hay ni aun uno.   N12

13 Su garganta es un sepulcro abierto; con sus lenguas engañaban. Veneno de víboras hay bajo sus labios.   N13

14 Su boca está llena de maldición y amargura.   N14

15 Sus pies son veloces para derramar sangre;   N15

16 destrucción y miseria hay en sus caminos,   N16

17 y no han conocido el camino de la paz.   N17

18 No hay temor de Dios delante de sus ojos».   N18

19 Sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca quede cerrada y todo el mundo quede sujeto al juicio de Dios.   N19

20 Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado ante él, pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado.   N20

La justicia es por medio de la fe

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la Ley y los Profetas:   N21

22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Porque no hay distinción:   N22

23 todos pecaron y carecen de la gloria de Dios,   N23

24 y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que hay en Cristo Jesús.   N24

25 Dios lo presentó como sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre, para mostrar su justicia, porque había pasado por alto los pecados cometidos anteriormente,   N25

26 en la paciencia de Dios, a fin de mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y el que justifica al que tiene fe en Jesús.   N26

Una misma salvación para judíos y gentiles

27 ¿Dónde queda entonces la jactancia? Queda excluida. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.   N27

28 Porque consideramos que el ser humano es justificado por la fe, aparte de las obras de la ley.   N28

29 ¿O es Dios solamente de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles,   N29

30 puesto que Dios es uno, y justificará a los circuncisos por la fe y a los incircuncisos mediante la fe.   N30

31 Entonces, ¿anulamos la ley por medio de la fe? ¡De ningún modo! Más bien, confirmamos la ley.   N31

menu_book Notas de estudio de Romanos 3

Edición NTBT con estudio completo — pasaje por pasaje. Esta es una sección aparte del texto bíblico.

Romanos 3:1 north

¿Conservan valor los privilegios de Israel?

Después de insistir en la realidad interior del corazón, Pablo plantea una pregunta necesaria: qué ventaja tiene entonces pertenecer a Israel o llevar la señal del pacto. La respuesta siguiente reconocerá un privilegio real.

Explicación del versículo

Entonces enlaza directamente con 2:28–29. Si lo exterior no basta y el corazón necesita la obra del Espíritu, el lector puede preguntarse qué lugar queda para la historia de Israel y la circuncisión. Pablo no evita esa dificultad. La formula dentro del propio argumento para distinguir entre negar una falsa seguridad y negar los dones que Dios ha dado.

La ventaja del judío no se refiere aquí a una superioridad del valor humano de una etnia. La pregunta trata de los privilegios recibidos dentro de la historia del pacto. La carta reconoce que Dios confió su palabra a Israel, le dio promesas y actuó en su historia. Es posible afirmar esos dones sin deducir que cada miembro del pueblo queda automáticamente justificado por poseerlos.

El beneficio de la circuncisión recupera la señal que ocupó 2:25–29. Pablo había dicho que tiene valor en relación con la obediencia y que no sirve como refugio para la transgresión. Esa crítica podría ser malentendida como si la señal nunca hubiera significado nada. La pregunta prepara la aclaración: el fracaso humano no convierte en inexistente todo lo que Dios estableció.

La respuesta mucho, en todos los sentidos, de 3:2 impide usar el final del capítulo anterior como una declaración de que Israel no recibió ninguna ventaja. El primer privilegio que Pablo identifica es la palabra de Dios confiada al pueblo. En 9:4–5 ampliará la atención a pactos, promesas, culto y patriarcas, y al origen humano del Mesías dentro de Israel (Romanos 3:2; Romanos 9:4–5).

La distinción central es entre privilegio y exención. Una persona puede haber recibido una instrucción verdadera y valiosa, y aun necesitar confesar que no ha respondido a ella. De hecho, el don hace más clara su responsabilidad. La carta mantiene así la historia de la revelación y el juicio imparcial, sin exigir que una de esas verdades borre la otra.

Esta pregunta también prepara el anuncio de Jesucristo. El evangelio había sido prometido en las Escrituras y trata del Hijo que vino de la descendencia de David. La salvación gratuita para judíos y gentiles no desconoce el camino por el que Dios dio su promesa. La fidelidad divina hace posible el cumplimiento, mientras la fe recibe la gracia sin reclamarla como mérito de pertenencia (Romanos 1:2–5; Romanos 3:22–30).

Exégesis del pasaje

τὸ περισσόν —tò perissón— designa la ventaja o lo que se tiene de más. ὠφέλεια —ōphéleia— es beneficio o utilidad. Las preguntas corresponden a las afirmaciones sobre judío y circuncisión de 2:28–29. Pablo introduce una objeción al posible malentendido de su argumento; no afirma que los dones de Dios hayan carecido siempre de valor.

Aplicación editorial

Agradece las oportunidades por las que has conocido la Palabra sin convertirlas en una defensa de tu pecado. Los dones recibidos son reales, y tu necesidad de gracia también. Jesucristo te permite reconocer ambas cosas con gratitud y humildad.

Romanos 3:2 north

La palabra de Dios fue confiada a Israel

Pablo responde afirmativamente a la pregunta por los privilegios. El primero que destaca es haber recibido las palabras de Dios como un bien confiado, con la responsabilidad de escucharlas y guardarlas.

Explicación del versículo

Mucho, en todos los sentidos niega que el argumento anterior haya dejado sin valor la historia de Israel. La crítica a la confianza exterior no es una negación de la revelación ni una burla de quienes la recibieron. Dios realmente habló y confió sus palabras a un pueblo. Esa cercanía a su voluntad constituye una ventaja que no todos tuvieron de la misma manera.

En primer lugar dirige la atención a la palabra confiada. Pablo no desarrolla aquí una lista numerada completa. El privilegio que menciona basta para introducir la siguiente pregunta sobre fidelidad. Si Dios confió algo verdadero y valioso, la respuesta del receptor importa. La infidelidad humana debe ser examinada sin concluir que la palabra recibida era falsa.

Se les confiaron presenta la recepción como una responsabilidad. No es lo mismo poseer un objeto con el que se puede hacer cualquier cosa que recibir un encargo de custodia y respuesta. Las palabras siguen siendo de Dios. Israel no se convierte en su dueño ni puede transformar la desobediencia en obediencia mediante la autoridad de su propia tradición.

Las palabras de Dios comprenden aquí la revelación comunicada en las Escrituras de Israel. El pasaje no presenta un privilegio de producir nuevos mensajes infalibles por decisión personal. La carta ya afirmó que el evangelio fue prometido por medio de los profetas en las santas Escrituras. Esa palabra confiada hace posible reconocer la continuidad de la promesa y su cumplimiento en Jesucristo (Romanos 1:2–4).

El don incluye instrucción y promesa, y también puede acusar al que lo quebranta. Romanos 3:19–20 mostrará que lo que dice la Ley alcanza primero a quienes están bajo ella y cierra toda pretensión de inocencia. El valor de la revelación no consiste en proteger al receptor de la verdad, sino en ponerlo delante de Dios con mayor claridad (Romanos 3:19–20).

Al mismo tiempo, la palabra da testimonio de la justicia salvadora. Pablo dirá que la Ley y los Profetas testifican de la justicia manifestada en Jesucristo. Así, el privilegio no termina en una acusación sin esperanza. Quienes recibieron las Escrituras pueden reconocer en ellas la fidelidad del Dios que justifica por gracia a los que creen, sin jactancia frente a las naciones (Romanos 3:21–26; Romanos 3:29–31).

Exégesis del pasaje

ἐπιστεύθησαν —episteúthēsan— significa les fueron confiadas. τὰ λόγια τοῦ θεοῦ —tà lógia toû theoû— son las palabras o pronunciamientos de Dios. El uso de un verbo de confianza prepara la pregunta por la infidelidad de algunos en 3:3. La responsabilidad del receptor y la fidelidad del Dador deben distinguirse sin separarse.

Aplicación editorial

Recibe la Biblia como palabra que debes escuchar, no como un bien con el que reclamar prestigio. Tu acceso a ella es motivo de gratitud y responsabilidad. Busca conocer a Jesucristo en su testimonio y deja que la verdad recibida alcance tu vida.

Romanos 3:3 north

La infidelidad humana no anula la fidelidad de Dios

Que algunos hayan respondido mal a la palabra recibida no vuelve infiel al que la confió. Pablo distingue el fracaso de los seres humanos del carácter y la promesa de Dios.

Explicación del versículo

La pregunta surge del privilegio de 3:2. Si las palabras de Dios fueron confiadas a Israel y algunos no respondieron con fidelidad, ¿ha fracasado también Dios? Pablo permite que se vea la dificultad para responder con firmeza en el versículo siguiente. El problema de la relación no puede resolverse atribuyendo al Dador la infidelidad del receptor.

Algunos conserva la forma concreta de la pregunta. No se debe reemplazar por una afirmación de que todo Israel, sin excepción, respondió del mismo modo. La carta hablará de creyentes israelitas y del propio Pablo como evidencia de que Dios no rechazó sin más a su pueblo. La existencia de infidelidad necesita ser reconocida sin borrar la diversidad de respuestas (Romanos 11:1–6).

Fueron infieles puede incluir la falta de fe y la desobediencia que contradice lo confiado. La unidad anterior mostró precisamente cómo conocer la Ley y portar la señal podían coexistir con transgresión. Esa falta de respuesta no demuestra que Dios haya comunicado una palabra falsa. Muestra la necesidad de distinguir entre el valor del don y la conducta de quien lo recibió.

La fidelidad de Dios es su constancia verdadera respecto de lo que ha dicho y de quien él es. No significa que deba aprobar toda conducta de los suyos para evitar parecer infiel. El juicio que corresponde a su palabra también expresa su verdad. El versículo 4 citará una confesión que reconoce a Dios como justo incluso cuando juzga al culpable.

Esta distinción es indispensable para comprender la gracia. La salvación no aparece porque Dios abandone su justicia para encubrir el fracaso humano. En Jesucristo manifiesta su justicia y justifica al que cree. La fidelidad divina sostiene la esperanza del pecador, mientras excluye usar la promesa como una licencia para persistir en la infidelidad (Romanos 3:24–26).

El tema tendrá un desarrollo más amplio en Romanos 9–11, donde Pablo enfrentará la pregunta de si ha fallado la palabra de Dios. Allí mantendrá juntas la misericordia, la responsabilidad y la esperanza, y prohibirá a los gentiles jactarse contra Israel. Aquí establece el fundamento: el pecado humano es real, pero no puede convertir a Dios en mentiroso ni anular su carácter fiel (Romanos 9:6; Romanos 11:17–22).

Exégesis del pasaje

El original relaciona ἠπίστησαν —ēpístēsan—, fueron infieles o no creyeron, ἀπιστία —apistía—, infidelidad, y πίστις τοῦ θεοῦ —pístis toû theoû—, fidelidad de Dios. La misma familia de palabras adquiere su sentido por el sujeto y la relación. No se está diciendo que Dios tenga que creer en otro como el ser humano, sino que permanece digno de confianza.

Aplicación editorial

Cuando reconozcas un fracaso tuyo o de quienes te enseñaron, distingue esa infidelidad de la verdad de Dios. No necesitas ocultar el mal para defender su nombre. Confía en Jesucristo, confiesa lo ocurrido y vuelve a la palabra fiel del Padre.

Romanos 3:4 north

La verdad de Dios no depende de nuestra fidelidad

Pablo rechaza con firmeza que el pecado humano vuelva infiel a Dios. La Escritura confirma que él permanece justo cuando el culpable reconoce su pecado y cuando su juicio es cuestionado.

Explicación del versículo

¡De ningún modo! responde a la pregunta de 3:3. La infidelidad de algunos no puede anular la fidelidad divina. Pablo no minimiza el fracaso humano para sostener esa afirmación. Por el contrario, está dispuesto a reconocer la falsedad de cualquier pretensión humana que contradiga la verdad de Dios.

Sea Dios veraz no pide que él empiece a ser verdadero. Expresa que debe reconocerse como tal. La evaluación del argumento comienza por su carácter, no por la necesidad de proteger a un grupo o una reputación. Si una defensa humana exige atribuir falsedad a Dios, la defensa tiene que ceder y no la verdad divina.

Todo ser humano mentiroso tiene fuerza de contraste universal. No afirma que cada frase pronunciada por cada persona sea siempre falsa. Declara que ninguna autoridad humana puede prevalecer contra la verdad de Dios. En el contexto, el interlocutor no puede sostener su inocencia haciendo responsable a Dios de una palabra que él mismo ha desobedecido.

La cita procede del Salmo 51:4. En ese salmo, el que ora reconoce su rebelión, pide limpieza y confiesa la justicia de Dios al hablar y juzgar. La culpa no se explica culpando al Dador del mandato. El pecado es reconocido ante él, y la petición de misericordia parte de aceptar su verdad (Salmos 51:1–6).

La forma en que Pablo presenta la cita añade a su argumento una escena de controversia: Dios vence cuando es juzgado. Los seres humanos pueden poner en duda su justicia, pero esa acusación no convierte al juez verdadero en culpable. La afirmación responde al intento de deducir una falla divina a partir de la infidelidad humana. El Dador de la palabra queda vindicado, mientras el transgresor necesita misericordia.

Esta verdad prepara el anuncio de 3:25–26. La obra de Jesucristo no es una excepción a la justicia de Dios, sino una manifestación de ella al justificar al creyente. La esperanza del pecador no descansa en conseguir que Dios ignore la verdad, sino en el Salvador por quien su gracia responde justamente a la culpa (Romanos 3:24–26).

Exégesis del pasaje

μὴ γένοιτο —mḕ génoito— expresa un rechazo enfático: de ningún modo. ἀληθής —alēthḗs— es veraz o verdadero. La cita incluye ἐν τῷ κρίνεσθαί σε —en tō̂ krínesthaí se—, cuando eres juzgado. El lenguaje permite imaginar a Dios cuestionado en un proceso, sin admitir que una acusación humana tenga poder para hacerlo injusto. En la cita, ser reconocido justo expresa la vindicación de Dios: se reconoce la justicia que ya posee, no se le perdona una culpa.

Aplicación editorial

Cuando la Palabra exponga una culpa tuya, no necesitas defenderte atribuyendo a Dios una falla. Reconoce la verdad y pide misericordia por medio de Jesucristo. Su gracia ofrece una esperanza más firme que cualquier argumento construido para proteger tu imagen.

Romanos 3:5 north

Una objeción humana no convierte la injusticia en mérito

Pablo plantea una consecuencia equivocada que alguien podría extraer de la fidelidad divina: si nuestro mal hace resaltar su justicia, ¿sería injusto que Dios nos juzgara? El apóstol presenta la objeción para rechazarla.

Explicación del versículo

El razonamiento avanza desde 3:4. Si Dios permanece verdadero aun frente a la mentira humana, alguien podría intentar convertir esa constancia en una defensa del pecador. La injusticia propia parecería haber servido para mostrar mejor la justicia divina. Pablo formula la pregunta que surge de esa maniobra: ¿puede entonces Dios descargar su ira justamente?

Nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios describe el punto de partida de la objeción. Que la fidelidad divina quede visible frente al fracaso humano no significa que ese fracaso sea una contribución meritoria. El contraste permite reconocer con mayor claridad quién es Dios; no transforma la acción injusta en obediencia ni crea una deuda de gratitud divina hacia el transgresor.

¿Es injusto Dios cuando descarga su ira? lleva el argumento a la conclusión equivocada. Si el pecador logra presentarse como necesario para engrandecer a Dios, podría reclamar inmunidad frente al juicio. Esa defensa contradice lo ya establecido: Dios juzga según la verdad y no concede favoritismo al que posee un privilegio religioso (Romanos 2:2–11).

Hablo en términos humanos señala que Pablo está exponiendo ese razonamiento desde la perspectiva limitada del objetor. No debe citarse la pregunta como una declaración suya de que Dios es injusto. El versículo 6 responderá de inmediato de ningún modo. La conversación retórica permite que se escuche una objeción sin confundirla con la enseñanza final del apóstol.

La precisión tampoco niega que el juicio de Dios sea real. Pablo no usa términos humanos para decir que la ira no existe. El problema está en el cálculo moral de quien intenta obtener absolución por un supuesto beneficio de su pecado. La justicia divina puede quedar manifestada en el juicio sin que el mal que lo provoca deje de ser culpable.

El evangelio ofrecerá otro fundamento de esperanza. El pecador es justificado gratuitamente mediante la redención en Jesucristo, no porque su injusticia haya ayudado a Dios. La gracia conserva la diferencia entre el don que salva y la culpa que necesitaba salvación. Por eso excluye la jactancia y hace imposible presentar la rebelión como un servicio que merezca recompensa (Romanos 3:24–28).

Exégesis del pasaje

συνίστησιν —synístēsin— puede expresar mostrar o hacer resaltar. κατὰ ἄνθρωπον λέγω —katà ánthrōpon légō— es hablo en términos humanos. La aclaración marca la distancia de Pablo respecto de la conclusión planteada. El intercambio pregunta-respuesta continúa en 3:6; detenerse antes de esa respuesta cambiaría el sentido de la unidad.

Aplicación editorial

No uses un resultado favorable que haya seguido a una falta para convertir esa falta en algo bueno. Puedes agradecer la misericordia de Dios y, al mismo tiempo, confesar tu responsabilidad. Jesucristo te salva por gracia, sin necesitar que llames mérito a tu pecado.

Romanos 3:6 north

El juez de todo el mundo no puede ser injusto

Pablo rechaza que Dios sea injusto al juzgar. La pretensión de escapar porque el mal hace resaltar su justicia destruiría el fundamento mismo del juicio sobre el mundo.

Explicación del versículo

¡De ningún modo! responde de manera expresa a 3:5. Dios no es injusto cuando juzga el pecado. La misma firmeza que Pablo usó en 3:4 protege aquí otra dimensión del carácter divino: su fidelidad no elimina su justicia, y su justicia no convierte el juicio en una acción arbitraria.

De lo contrario pregunta por la consecuencia del razonamiento anterior. Si todo pecado pudiera defenderse alegando que permite mostrar la justicia de Dios, ninguna culpa podría ser juzgada. La excusa que el interlocutor quiere usar para sí tendría que servir también para el resto del mundo. El resultado sería negar la posibilidad del juicio que él mismo reconoce cuando condena el mal ajeno.

¿Cómo juzgará Dios al mundo? apela a esa convicción de justicia universal. El mundo no se limita al grupo que el interlocutor considera culpable. La carta viene ampliando la acusación desde las naciones al que juzga y al que posee la Ley. Ninguna procedencia puede reclamar que el mismo juez trate su pecado como excepción solo porque ha recibido revelación.

La pregunta muestra la incoherencia de la autojustificación. El interlocutor desea conservar un Dios que juzgue la injusticia y, a la vez, suspender esa justicia ante su propia desobediencia. Pablo no permite separar ambas evaluaciones. El juicio es conforme a la verdad, y quien lo reconoce para otros debe aceptar su alcance personal (Romanos 2:1–3).

Esto no significa que la única respuesta posible de Dios al culpable sea condenarlo sin misericordia. La carta prepara precisamente la explicación de cómo puede ser justo y justificar al que cree en Jesús. Pero esa salvación no nace de una excusa que haga desaparecer el pecado. Nace de la redención realizada en Jesucristo, mediante la cual la gracia responde a una culpa real (Romanos 3:24–26).

La coherencia del juez es, por tanto, fundamento de seriedad y esperanza. Si Dios pudiera ser manipulado por una defensa interesada, su promesa tampoco ofrecería seguridad. El evangelio descansa en que es verdadero al juzgar y verdadero al salvar. El creyente recibe misericordia del mismo Dios cuya justicia no pudo reemplazar por comparación o privilegio.

Exégesis del pasaje

ἐπεὶ πῶς —epeì pō̂s— introduce la consecuencia: de lo contrario, cómo. κρινεῖ τὸν κόσμον —krineî tòn kósmon— significa juzgará al mundo. La pregunta no expresa incertidumbre acerca de si Dios puede juzgar; muestra que el argumento de 3:5 resultaría incompatible con su función de juez universal.

Aplicación editorial

Aplica a tu propia vida la verdad que reconoces al pedir justicia para otros. Puedes acudir al Padre por medio de Jesucristo sin inventar una excepción a su carácter. La gracia te ofrece perdón y reconciliación dentro de la verdad, no fuera de ella.

Romanos 3:7 north

La gloria de Dios no convierte la mentira en inocencia

La objeción se formula ahora en primera persona: si una mentira hace resaltar la verdad de Dios, ¿por qué sigue siendo culpable quien miente? El contexto mostrará que ese resultado no justifica el mal.

Explicación del versículo

El razonamiento de 3:5 reaparece de manera más personal. La injusticia se concreta en mi mentira y la justicia divina en su verdad que abunda para gloria de Dios. Pablo presenta la defensa que alguien podría intentar: reclamar que un contraste favorable para Dios quite la culpa de la acción humana que lo ocasionó.

La primera persona hace cercana la objeción, pero no obliga a leerla como confesión de que el evangelio de Pablo era una mentira. La unidad contiene preguntas, respuestas y una aclaración de que está hablando en términos humanos. El versículo siguiente mencionará expresamente una calumnia contra su enseñanza. Leer estas palabras como admisión de falsedad apostólica invertiría el movimiento del argumento (Romanos 3:5–8).

La verdad de Dios puede quedar manifiesta cuando él permanece fiel a pesar de la mentira de los seres humanos. Eso no significa que necesite ser engañado o servido mediante engaño. El valor de su verdad procede de quien él es. Una acción culpable no adquiere obediencia retrospectiva porque Dios no haya sido vencido por ella.

La pregunta por qué se me juzga como pecador intenta confundir el resultado que Dios puede producir con la intención y el carácter de la acción humana. La Escritura permite distinguirlos. Al hablar a sus hermanos, José reconoció el mal que ellos habían planeado y el bien que Dios hizo surgir para preservar vidas. La providencia divina no convirtió la intención de dañar en una intención justa de sus hermanos (Génesis 50:15–21).

La misma distinción protege la comprensión de la gracia. Dios puede responder al pecado con misericordia y hacer de la historia del culpable un testimonio de salvación. El salvado no adquiere por eso derecho a llamar bueno su pecado. La gratitud se dirige al que rescata, no al mal como si hubiera sido el precio útil que Dios necesitaba recibir.

Romanos 3:8 rechazará la conclusión práctica de hacer el mal para que venga el bien. Más adelante, 6:1–2 volverá a negar que la abundancia de gracia justifique permanecer en el pecado. La salvación en Jesucristo no ofrece una defensa para seguir mintiendo. Conduce a reconocer la verdad, recibir perdón y vivir bajo un Señor distinto del pecado (Romanos 3:8; Romanos 6:1–4).

Exégesis del pasaje

ψεῦσμα —pseûsma— significa mentira o falsedad. περισσεύω —perisseúō— expresa abundar; aquí la forma verbal describe el supuesto resultado favorable para la gloria de Dios. El yo pertenece a la exposición de la objeción. La pregunta necesita la respuesta y el rechazo de 3:8 para no ser confundida con una enseñanza que exculpa al mentiroso.

Aplicación editorial

Si Dios ha sacado bien de una historia en la que actuaste mal, agradécele su misericordia y reconoce tu responsabilidad. Jesucristo puede redimir tu vida sin que debas justificar el engaño. La verdad y el arrepentimiento forman parte de la libertad que su gracia te ofrece.

Romanos 3:8 north

La gracia no autoriza hacer el mal para obtener un bien

Pablo rechaza la acusación de que su evangelio enseñe a practicar el mal para producir un resultado favorable. Esa conclusión tergiversa la gracia y merece condenación.

Explicación del versículo

La objeción de 3:7 llega a su consecuencia práctica. Si una mentira quedara justificada porque hace resaltar la verdad divina, alguien podría recomendar hacer el mal para que venga el bien. Pablo presenta esa conclusión para rechazarla. No está ofreciendo un método de servicio a Dios ni una excepción para acciones que parezcan útiles.

Como nos calumnian identifica que algunos atribuían esa enseñanza a su predicación. La gracia podía ser tergiversada como si el perdón eliminara la diferencia entre obedecer y pecar. El apóstol no acepta la acusación como un resumen correcto de su evangelio. La llama calumnia y marca con claridad la distancia entre el mensaje que anuncia y la conducta que le atribuyen.

Algunos afirman que decimos conserva el alcance del dato. El versículo no da nombres ni permite reconstruir una lista de adversarios o sus conversaciones. Tampoco autoriza atribuir la misma acusación a todos los judíos o a cualquier persona que haya tenido una pregunta sobre la gracia. Pablo se refiere a una imputación concreta que considera falsa.

La condenación de ellos es justa cierra el razonamiento con una evaluación moral firme. El principio de promover el mal bajo pretexto de un bien no puede derivarse de la justicia de Dios. Tampoco es justo desacreditar el evangelio atribuyéndole esa enseñanza. La unidad niega que el pecado pueda convertirse en un servicio meritorio que haga injusto al juez cuando lo condena.

Este rechazo es necesario para comprender lo que viene. La justificación gratuita de 3:24 no requiere que Dios declare buena la rebelión. Su gracia responde a la culpa mediante la redención en Jesucristo. Quien recibe ese don no puede presentarlo como autorización para perpetuar lo que hizo necesaria la reconciliación (Romanos 3:23–26).

Romanos 6 retomará el asunto con otra pregunta: si debemos continuar en el pecado para que abunde la gracia. La respuesta será que quienes han muerto con Cristo no deben seguir viviendo bajo su dominio. El perdón y la transformación pertenecen a la misma salvación, aunque las obras nuevas no sean el precio con el que se compra la aceptación divina (Romanos 6:1–4; Romanos 6:12–14).

Exégesis del pasaje

βλασφημούμεθα —blasphēmoúmetha— significa somos calumniados en este contexto. ποιήσωμεν τὰ κακά —poiḗsōmen tà kaká— es hagamos el mal. La finalidad para que venga el bien forma parte de la enseñanza que Pablo niega que sea suya. La sentencia final cierra la objeción; no debe leerse dejando la frase propuesta como una recomendación del apóstol.

Aplicación editorial

No justifiques una acción injusta por el resultado espiritual, económico o personal que esperas obtener. Busca medios coherentes con la verdad del Señor. La gracia de Jesucristo te llama a confiar en él y hacer el bien, sin convertir su misericordia en permiso para dañar.

Romanos 3:9 north

Judíos y gentiles comparten la necesidad de salvación

Pablo reúne el argumento anterior: los privilegios de haber recibido revelación no colocan a nadie fuera del dominio del pecado. La acusación alcanza a judíos y griegos.

Explicación del versículo

Entonces, ¿qué? marca un momento de recapitulación. Desde 1:18, Pablo ha expuesto el rechazo de Dios entre las naciones, ha confrontado al que juzga y ha examinado la confianza del que posee la Ley y la circuncisión. Ahora reúne esas líneas: todos están bajo el pecado. La sección de citas que sigue mostrará que esta acusación tiene fundamento en las Escrituras.

¿Tenemos ventaja? no contradice la respuesta de 3:2. Allí se reconoció la ventaja de recibir las palabras de Dios. Aquí la cuestión es si ese privilegio proporciona una posición de inocencia frente al pecado. La revelación recibida tiene valor, pero no hace automáticamente obediente al receptor. Privilegio histórico y justicia personal no son la misma pregunta.

Judíos y griegos retoma las dos procedencias que aparecieron en el anuncio de salvación y en la exposición del juicio. No existe un grupo que necesite gracia y otro que pueda justificarse por su nombre. El mismo Dios juzga con verdad y ofrece el mismo evangelio a quienes creen (Romanos 1:16; Romanos 2:9–11).

Bajo el pecado expresa más que una lista de faltas independientes. La humanidad se encuentra en una situación de dominio y culpa que no resuelve mediante comparación con otros. Los capítulos 5–6 desarrollarán al pecado como poder que reina y esclaviza. Esa imagen no elimina la responsabilidad por las acciones; muestra la profundidad de la necesidad de liberación (Romanos 5:20–21; Romanos 6:16–18).

La universalidad de la acusación no significa que toda persona haya cometido todas las faltas descritas o que cada acción tenga idéntica gravedad. Significa que ninguna procedencia puede ofrecer un fundamento suficiente de justicia propia ante Dios. La carta ya reconoció acciones de los gentiles conformes a exigencias de la Ley, sin convertir ese bien en una ausencia total de pecado (Romanos 2:14–15).

La conclusión prepara la igualdad de la necesidad y la gratuidad de la respuesta. Todos pecaron, y la justicia se recibe mediante la redención en Jesucristo. La misericordia no es una ayuda adicional para quienes ya están esencialmente a salvo por sus privilegios. Es el don que rescata de una situación que judíos y gentiles comparten y del que ninguno puede apropiarse con jactancia (Romanos 3:22–28).

Exégesis del pasaje

προεχόμεθα —proechómetha— plantea si tenemos ventaja dentro de la comparación. ὑφ’ ἁμαρτίαν —hyph’ hamartían— significa bajo el pecado. El verbo ya hemos acusado remite al argumento anterior; la cadena de 3:10–18 aporta su testimonio bíblico. La negación de ventaja en este punto se refiere a la situación de culpa, sin retirar el valor de la revelación reconocido en 3:2.

Aplicación editorial

Deja de buscar inocencia mediante la comparación de tu grupo con otro. La gracia de Jesucristo responde a una necesidad que compartes con el prójimo. Recibirla por fe te permite servir con humildad y anunciar esperanza sin presentarte como superior.

Romanos 3:10 north

Nadie puede presentar su propia justicia como defensa suficiente

La cadena de citas comienza con una afirmación universal: no hay justo, ni aun uno. Pablo utiliza el testimonio de las Escrituras para cerrar la pretensión de inocencia humana.

Explicación del versículo

Como está escrito introduce el conjunto de 3:10–18. Pablo no está reuniendo observaciones casuales sobre personas que le desagradan. Apela a la Escritura que el interlocutor reconoce como palabra de Dios. La acusación que parecía poder dirigirse solo a otros pueblos se vuelve ahora hacia cualquiera que quiera defenderse mediante sus privilegios.

No hay justo resume el estado que 3:9 describió como estar bajo el pecado. El énfasis ni aun uno excluye una excepción que el lector pueda adjudicarse por nombre, conocimiento o reputación. La frase no se resuelve buscando a alguien menos culpable que el resto. El asunto es poder comparecer justo ante el juicio verdadero de Dios.

Los Salmos 14 y 53 describen a Dios mirando a los seres humanos y encontrando desviación y ausencia del bien. Eclesiastés expresa también que no hay una persona justa que haga el bien y nunca peque. Estas relaciones ayudan a entender el alcance de la afirmación: ninguna vida humana puede reclamar impecabilidad y autosuficiencia delante del Creador (Salmos 14:1–3; Salmos 53:1–3; Eclesiastés 7:20).

La Biblia también llama justos a quienes viven en relación de confianza y obediencia a Dios. El propio Salmo 14 habla de una generación de los justos, y el Salmo 143 hace pedir a un siervo de Dios que no entre en juicio con él porque ningún viviente es justo ante su presencia. No hay contradicción necesaria: reconocer una vida orientada a Dios no equivale a afirmar que esa persona nunca pecó o no necesita misericordia (Salmos 14:5; Salmos 143:1–2).

El contexto tampoco incluye a Jesucristo como otro culpable que necesite redención. En esta misma unidad él es presentado como el Salvador mediante quien se ofrece la justicia de Dios. La Escritura lo distingue expresamente como quien fue tentado sin pecado. La universalidad de la acusación describe a la humanidad que necesita ser salvada, mientras el Hijo realiza esa salvación (Romanos 3:24–26; Hebreos 4:14–16).

La respuesta de la carta no será que nadie pueda jamás recibir una posición justa. Dios justifica gratuitamente al creyente por la gracia de Jesucristo. La imposibilidad de presumir justicia propia prepara el reconocimiento del don. La frase que cierra la autojustificación abre el espacio para escuchar la buena noticia sin jactancia (Romanos 3:23–28).

Exégesis del pasaje

δίκαιος —díkaios— significa justo. οὐδὲ εἷς —oudè heîs— intensifica la negación: ni siquiera uno. El versículo abre una serie de testimonios, y su sentido debe leerse con la conclusión de 3:19–20 y la solución de 3:21–26. La acusación no niega que Dios pueda dar justicia; niega que el pecador la presente como mérito suficiente de sí mismo.

Romanos 3:11 north

La comprensión y la búsqueda también necesitan la gracia

La acusación alcanza la orientación interior de la humanidad. El conocimiento que se presume y la actividad religiosa no garantizan una búsqueda fiel del Dios verdadero.

Explicación del versículo

La cadena continúa con dos negaciones: no hay quien entienda y no hay quien busque a Dios. El antecedente es la mirada divina sobre los seres humanos en los Salmos 14 y 53. Pablo no está midiendo el nivel académico de una población. Describe la respuesta de la humanidad al Dios del que depende su vida.

No hay quien entienda se relaciona con el diagnóstico de 1:21–22. La mente puede estar activa, producir razonamientos y atribuirse sabiduría, mientras se niega a glorificar al Creador. Entender en este argumento incluye reconocer la verdad y responder a ella. El conocimiento usado para sostener la autosuficiencia no cumple esa función (Romanos 1:21–23).

No hay quien busque a Dios denuncia una orientación que no lo reconoce como el Dios verdadero. No equivale a decir que nunca haya existido una oración, un interés religioso o una pregunta sincera. El problema es que la humanidad no puede reclamar una iniciativa impecable y suficiente con la que se haya asegurado justicia delante de él. La idolatría del capítulo 1 muestra que puede haber intensa actividad de culto mientras se sirve a la creación en lugar del Creador (Romanos 1:25).

Los salmos citados no concluyen negando toda esperanza de relación con Dios. El Salmo 14 termina deseando la salvación de Israel, y describe a Jehová como refugio del pobre. La acusación conduce hacia la necesidad de que él actúe, no hacia la idea de que deba dejar de ser buscado. Pablo recoge esa dirección al pasar de la culpa común a la justicia manifestada en Jesucristo (Salmos 14:5–7; Romanos 3:21–24).

La fe es una respuesta real al anuncio del evangelio. Romanos explicará que la fe viene del oír la palabra de Cristo. Por tanto, la negación de una búsqueda humana autosuficiente no autoriza el desinterés ni hace inútil la proclamación. El Dios que revela nuestra necesidad también envía la buena noticia por la que somos llamados a confiar en su Hijo (Romanos 10:14–17).

El lector que se considera maestro debe escuchar el versículo de manera personal. Tener instrucción y dirigir preguntas a otros no garantiza que permita a Dios examinar sus propios deseos. La gracia de Jesucristo lo llama a dejar la apariencia de suficiencia y recibir una relación en la que conocer y buscar a Dios no sean medios para engrandecerse.

Exégesis del pasaje

συνίων —syníōn— designa al que entiende; ἐκζητῶν —ekzētō̂n—, al que busca. Las dos expresiones corresponden al examen divino descrito en los Salmos 14:2–3 y 53:2–3. Su sentido moral y religioso procede de ese contexto y de la acusación de 3:9, no de una negación de toda capacidad humana de aprendizaje.

Aplicación editorial

Busca al Padre escuchando la palabra de Jesucristo, sin presentar tu interés religioso como mérito que lo obligue a aceptarte. Puedes pedir al Espíritu Santo comprensión y una respuesta sincera. La gracia te invita a conocer a Dios desde la confianza, no desde la autosuficiencia.

Romanos 3:12 north

El camino desviado no se corrige mediante comparación

Pablo conserva el alcance colectivo del testimonio de los salmos: todos se han apartado y no pueden ofrecer una bondad sin pecado como fundamento de justicia. La denuncia debe llevar a buscar la salvación de Dios.

Explicación del versículo

Todos se desviaron continúa la imagen de una humanidad cuya orientación no corresponde al Creador. Desviarse presupone un camino que debería seguirse. La vida no es presentada como una elección moralmente neutra entre rutas equivalentes. El rechazo de la verdad y de la gratitud ha conducido a acciones que dañan la relación con Dios y con el prójimo.

Juntos se volvieron inútiles intensifica el resultado colectivo. La expresión no declara que el ser humano carezca de valor como criatura ni autoriza tratar a las personas como desechos. Dentro de la acusación, describe el fracaso de una vida que no responde al bien para el que es responsable. El evangelio se dirige a estas mismas personas porque necesitan y pueden recibir la misericordia de Dios.

No hay quien haga el bien, no hay ni aun uno retoma el lenguaje del Salmo 14:3 y de su paralelo en el Salmo 53. La insistencia cierra la posibilidad de que el interlocutor se declare excepción por pertenecer al pueblo de la Ley. Las Escrituras que recibió no le entregan una absolución automática; también exponen su necesidad (Salmos 14:1–3; Salmos 53:1–3).

La afirmación debe relacionarse con lo que Pablo ya dijo sobre acciones buenas de gentiles. No es necesario negar cualquier acto de ayuda, fidelidad o compasión para reconocer que ninguna persona puede presentarse sin pecado ante Dios. La acusación universal trata de la justicia suficiente para comparecer ante él, y no de hacer indistinguibles todas las acciones de cada vida (Romanos 2:14–15; Romanos 3:19–20).

El mismo Salmo 14 termina pidiendo salvación y esperando la restauración que Dios dará. Ese movimiento impide convertir la denuncia en desprecio desesperanzado de la humanidad. Reconocer la desviación prepara el clamor por quien puede rescatar. En Romanos, esa respuesta se anuncia en la redención de Cristo Jesús, gratuita para el que cree (Salmos 14:7; Romanos 3:22–24).

La vida nueva no consiste en encontrar un grupo humano que nunca se haya desviado. Consiste en ser reconciliado por Jesucristo y dejar de vivir bajo el dominio del pecado. El capítulo 6 explicará que quienes han sido unidos a su muerte y resurrección deben caminar en novedad de vida. La gracia responde al extravío sin convertirlo en una identidad que deba conservarse (Romanos 6:1–4).

Exégesis del pasaje

ἐξέκλιναν —exéklinan— significa se apartaron o desviaron. ἠχρεώθησαν —ēchreṓthēsan— expresa que se volvieron inútiles en el sentido del fracaso moral descrito. La repetición todos, juntos y ni aun uno refuerza el alcance de la acusación. No establece que todas las personas cometan idénticos actos ni permite negar la dignidad del prójimo.

Aplicación editorial

Reconoce tu necesidad sin convertirla en desprecio hacia ti o hacia otros. Jesucristo vino a rescatar a pecadores. Recibe su gracia y permite que su Espíritu te conduzca a una vida que responda al bien, en lugar de sostenerte por comparación.

Romanos 3:13 north

La palabra puede convertirse en instrumento de daño

Pablo reúne dos imágenes de los salmos: una garganta semejante a un sepulcro abierto y labios que esconden veneno. El engaño aparece como una expresión profunda del pecado humano.

Explicación del versículo

Después de las afirmaciones generales de 3:10–12, la cadena de citas se concentra en partes del cuerpo que participan del habla. Garganta, lengua y labios hacen concreta la acusación. La relación rota con Dios no es solo una idea equivocada en el pensamiento: puede expresarse mediante palabras que engañan, amenazan y dañan al prójimo.

La garganta como sepulcro abierto procede del Salmo 5:9. El contexto del salmo describe una boca sin sinceridad y un interior marcado por destrucción. La imagen relaciona el habla con la muerte y el peligro oculto en quien parece comunicarse normalmente. No presenta una condición física literal; expone el carácter dañino de una palabra que encubre planes injustos (Salmos 5:8–10).

Con sus lenguas engañaban expresa con claridad el problema moral. El lenguaje, que permite comunicar verdad y sostener relaciones, es usado para ocultar o manipular. La acusación incluye la distancia entre lo que se dice y lo que se busca. En el Salmo 5, la adulación forma parte de ese cuadro: una palabra agradable puede estar al servicio de un propósito destructivo.

El veneno bajo los labios corresponde al Salmo 140:3. Allí las personas violentas planean mal en el corazón, provocan conflicto y preparan trampas. La imagen de la serpiente pone de relieve el peligro del habla dentro de esa agresión. No se trata solo de una expresión desagradable, sino de palabras que pueden facilitar y prolongar la violencia (Salmos 140:1–5).

Pablo reúne las imágenes sin afirmar que todos los seres humanos pronuncien una mentira en cada oración o usen idénticos medios de daño. Su propósito es mostrar que la culpa alcanza también una capacidad cotidiana que puede parecer menos grave que la violencia física. El conocimiento de la Ley no libra a quien utiliza la palabra de forma injusta; la Escritura lo examina como examina al resto de la humanidad.

La carta llamará después a bendecir en lugar de maldecir y a procurar lo bueno delante de todos. Esa respuesta no compra el perdón, sino que nace de las misericordias recibidas en Jesucristo. La misma boca que puede destruir es llamada a participar en una vida de verdad, amor y anuncio del evangelio (Romanos 12:9–18; Romanos 10:8–10).

Exégesis del pasaje

τάφος ἀνεῳγμένος —táphos aneōigménos— significa sepulcro abierto. ἐδολιοῦσαν —edolioûsan— expresa que engañaban. ἰὸς ἀσπίδων —iòs aspídōn— es veneno de víboras. La combinación de los Salmos 5 y 140 forma un solo retrato de la palabra dañina; las imágenes deben entenderse como denuncia moral, sin convertirlas en detalles físicos de una escena única.

Aplicación editorial

Examina si tus palabras buscan informar con verdad o conseguir algo mediante engaño y adulación. Jesucristo te llama a una vida reconciliada con Dios que alcance también tu habla. Corrige la falsedad y usa tu voz para proteger, bendecir y servir.

Romanos 3:14 north

La boca revela una orientación de hostilidad

La cita continúa con palabras cargadas de maldición y amargura. Pablo muestra que la injusticia se expresa también en una manera de hablar que busca el mal del otro.

Explicación del versículo

El foco permanece en el habla después de la garganta, la lengua y los labios de 3:13. La boca llena de maldición y amargura no describe simplemente un comentario aislado poco afortunado. La imagen presenta una abundancia de hostilidad que sale de una vida orientada contra el prójimo.

La relación bíblica está en el Salmo 10:7. Allí el malvado persigue al pobre, presume de seguridad y considera que Dios no lo verá. Sus palabras forman parte de una conducta de opresión. Este contexto permite reconocer que la maldición no es solo un vocabulario fuerte: expresa un deseo de mal y un desprecio que acompaña el daño contra personas vulnerables (Salmos 10:2–11).

La amargura de la cita se refiere a la dureza hostil del habla dentro de ese retrato. El pasaje no culpa a una persona por experimentar tristeza o dolor a causa de una injusticia. Denuncia palabras que participan del mal. Distinguir esas situaciones evita usar el versículo para silenciar el sufrimiento del que necesita ser escuchado.

El argumento de Pablo lleva esta denuncia al conjunto de la humanidad. Quien conoce los salmos no puede aplicarlos solamente a enemigos lejanos y suponerse fuera de su examen. La boca que enseña mandamientos también puede convertirse en una boca que maldice. La posesión de verdad religiosa no transforma automáticamente la manera de tratar al otro.

La respuesta que Romanos pedirá es concreta y exigente: bendecir al perseguidor, no maldecir, y evitar devolver mal por mal. Esa conducta no niega que exista injusticia; deja el juicio definitivo en Dios y busca el bien en la relación. Nace de las misericordias divinas, no de una neutralidad ante el daño (Romanos 12:14–21).

La gracia de Jesucristo alcanza precisamente a personas que han hablado y actuado como enemigas. Dios mostró su amor al reconciliarnos mediante la muerte de su Hijo. Recibir ese amor llama a abandonar el lenguaje de hostilidad como manera de afirmarse sobre otros. La transformación del habla es parte de una vida nueva, no una forma de comprar la reconciliación (Romanos 5:8–10).

Exégesis del pasaje

ἀρά —ará— significa maldición, y πικρία —pikría—, amargura. γέμει —gémei— expresa estar lleno y refuerza la intensidad del retrato. La cita corresponde a la denuncia del habla malvada del Salmo 10, aunque la formulación de Romanos no tiene que ser idéntica a la forma española de ese salmo en la NTBT.

Aplicación editorial

Si el daño recibido está alimentando palabras que desean destruir a otra persona, lleva tu dolor delante del Padre y busca su ayuda. En Jesucristo puedes hablar con verdad sobre la injusticia y aprender a bendecir sin entregarte a la venganza.

Romanos 3:15 north

La disposición a la violencia forma parte de la acusación

La cadena pasa de la palabra a los pies que se apresuran hacia el derramamiento de sangre. La imagen denuncia una vida activamente dirigida contra la integridad del prójimo.

Explicación del versículo

Después de describir el daño que sale de la boca, Pablo dirige la atención a los pies. La acumulación de partes del cuerpo dibuja una persona implicada en el pecado mediante distintas capacidades. El problema no queda confinado a pensamientos privados: puede movilizar la acción para buscar el mal de otro.

Veloces para derramar sangre procede de la denuncia de Isaías 59:7. El profeta habla de pies que corren al mal y se apresuran a derramar sangre inocente, dentro de un cuadro de mentira, injusticia y violencia. Pablo recoge esa rapidez para describir una disposición activa, no solo una caída involuntaria que no guarda relación con el camino elegido (Isaías 59:3–8).

La sangre hace visible la gravedad del daño contra la vida. La imagen no autoriza convertir toda diferencia o discusión en un homicidio, pero tampoco permite minimizar la violencia como si fuera un asunto ajeno a la relación con Dios. Isaías había señalado que las iniquidades separaban al pueblo de su Dios; sus acciones contra el prójimo eran parte de esa ruptura (Isaías 59:1–3).

La cita no significa que cada individuo haya matado a alguien. El argumento reúne testimonios que muestran la amplitud y profundidad de la culpa humana. Ningún grupo puede proclamarse inocente por su nombre mientras protege o justifica injusticia. El versículo siguiente atenderá al resultado de esos caminos: destrucción y miseria.

La respuesta del evangelio no se limita a pedir lentitud en la misma dirección. La vida unida a Jesucristo debe dejar de presentar sus miembros al pecado como armas de injusticia. Pablo llamará a ofrecerse a Dios para la justicia y a vencer el mal con el bien. La transformación alcanza aquello para lo que se usa el cuerpo (Romanos 6:12–13; Romanos 12:17–21).

El Señor que reconcilia a pecadores mediante su muerte ofrece una esperanza que no exige negar la culpa. Recibir su gracia permite abandonar la defensa de la violencia y responder de otra manera al prójimo. Esa obediencia es fruto de la reconciliación, mientras el juicio del mal permanece en manos de Dios.

Exégesis del pasaje

ὀξεῖς οἱ πόδες —oxeîs hoi pódes— expresa pies rápidos o dispuestos. ἐκχέαι αἷμα —ekchéai haîma— es derramar sangre. La imagen de movimiento continúa en los caminos de 3:16–17. Pablo selecciona una denuncia profética de violencia para mostrar que la Escritura acusa conductas que también pueden estar presentes entre quienes la recibieron.

Aplicación editorial

Examina hacia qué te apresuras cuando hay conflicto. La gracia de Jesucristo te llama a abandonar la violencia y buscar el bien del prójimo. Usa tus capacidades para proteger la vida, y deja que el Espíritu forme una respuesta coherente con la reconciliación recibida.

Romanos 3:16 north

Los caminos violentos dejan destrucción y miseria

La acusación no considera solo la intención del agresor. También muestra la ruina y el sufrimiento que produce una conducta dirigida contra la vida del prójimo.

Explicación del versículo

La imagen de los pies de 3:15 continúa en los caminos. El movimiento tiene consecuencias: destrucción y miseria. Pablo recoge la denuncia de Isaías 59:7, donde acciones, pensamientos y sendas aparecen orientados hacia la injusticia. El pecado no es presentado como un asunto sin efectos sobre el mundo que las personas comparten (Isaías 59:6–8).

Destrucción señala la ruina que deja la violencia. La palabra permite mirar más allá del momento del acto: una vida dañada, una confianza quebrada y una convivencia deshecha pertenecen al campo de sus consecuencias. El versículo no enumera casos particulares, pero rechaza la idea de que la conducta pueda evaluarse solo por la satisfacción o la ventaja del que la realiza.

Miseria añade el sufrimiento que acompaña esos caminos. En el contexto profético, las manos manchadas de sangre, la mentira y la ausencia de justicia afectan a otras personas. Por eso no debe invertirse la denuncia para culpar automáticamente a quien padece. El texto acusa el camino que produce daño; no declara que todo sufrimiento pruebe una violencia cometida por el que lo sufre.

En sus caminos presenta una orientación reconocible de la vida. No todo resultado doloroso demuestra por sí solo que una decisión fue culpable, pero una conducta que persiste en injusticia no puede justificarse negando el daño que ocasiona. La cadena de citas permite que el lector considere la dirección de sus acciones y también lo que dejan tras de sí.

Esta atención al resultado corresponde al propósito más amplio de la acusación. Pablo está cerrando la pretensión de inocencia del que conoce la Escritura y juzga a otros. La verdad no queda satisfecha por una defensa verbal si el camino propio continúa produciendo ruina. El juicio de Dios alcanza la conducta real y no solo el nombre que una persona le da (Romanos 2:1–6).

La respuesta de la gracia debe alcanzar el mismo terreno concreto. Pablo llamará a no devolver mal por mal, buscar la paz en cuanto dependa de uno y vencer el mal con el bien. Jesucristo reconcilia con Dios y forma una vida que deja de ofrecer sus capacidades como armas de injusticia. La salvación no exige ocultar las consecuencias, sino caminar en una respuesta nueva (Romanos 6:12–13; Romanos 12:17–21).

Exégesis del pasaje

σύντριμμα —sýntrimma— expresa destrucción o ruina; ταλαιπωρία —talaipōría—, miseria o sufrimiento. ὁδοί —hodoí— significa caminos y continúa la imagen del movimiento. Las palabras pertenecen a la descripción de la violencia de Isaías 59; deben leerse como consecuencias de esos caminos, no como una explicación universal de todo dolor humano.

Aplicación editorial

Examina lo que tus decisiones dejan en otras personas. Si has causado daño, reconoce tu responsabilidad y procura corregirlo. Si has sufrido la injusticia ajena, puedes buscar ayuda y refugiarte en el Padre sin aceptar que esta frase te haga culpable. Jesucristo ofrece gracia para una vida orientada al bien.

Romanos 3:17 north

La paz necesita un camino de justicia

Pablo continúa la cita de Isaías: quienes siguen la violencia no conocen el camino de la paz. Esa falta de conocimiento se muestra en cómo viven, no solo en lo que pueden definir.

Explicación del versículo

El camino de la paz contrasta con los caminos de destrucción y miseria del versículo anterior. La imagen no cambia de asunto: describe la orientación de una vida y sus resultados. El que corre hacia el derramamiento de sangre no puede reclamar que sus actos sean una forma verdadera de paz simplemente porque así los justifique.

Isaías 59:8 vincula esa ausencia de paz con la falta de derecho y la torcedura de los senderos. La paz bíblica no queda reducida al silencio de quien ha sido dañado. Necesita una relación verdadera con la justicia. El contexto denuncia mentira, violencia y falta de honestidad; esas prácticas destruyen la convivencia que luego se dice desear (Isaías 59:3–8).

No han conocido describe una falta que se expresa en la conducta. No significa necesariamente que los acusados nunca hayan escuchado la palabra paz o no puedan explicar su significado. Conocer el camino implica orientarse por él. La misma distinción apareció cuando Pablo confrontó a quien conoce la voluntad de Dios y enseña la Ley, pero no aplica a sí mismo el mandato (Romanos 2:18–23).

La cadena de citas alcanza así una contradicción importante. La persona puede atribuirse sabiduría y autoridad para guiar, mientras sus propios pasos llevan a ruina. El conocimiento religioso no hace pacificador al que sostiene la injusticia. La acusación exige que el lector examine el camino real de su vida, no solamente su discurso sobre el bien.

En Romanos, la respuesta empieza por la paz con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo. La reconciliación no es fruto de ocultar la culpa, sino de la justificación recibida por la fe. Desde esa gracia, el creyente es llamado a buscar una convivencia distinta, en la que la paz con el prójimo sea una responsabilidad concreta (Romanos 5:1–2).

Pablo dirá que, si es posible y en cuanto dependa de ellos, los creyentes vivan en paz con todos. Esa precisión reconoce límites reales: una persona no controla todas las respuestas ajenas. La exhortación pide abandonar la venganza y procurar el bien, sin prometer que toda relación quedará libre de conflicto de inmediato. La gracia forma un camino nuevo y deja el juicio definitivo a Dios (Romanos 12:17–21).

Exégesis del pasaje

ὁδὸν εἰρήνης —hodòn eirḗnēs— significa camino de paz. ἔγνωσαν —égnōsan— es conocieron; la negación se entiende dentro del retrato de una conducta injusta. El singular camino contrasta con las sendas de ruina que preceden y concluye la relación con Isaías 59:7–8 antes de que 3:18 cierre la cadena con el temor de Dios.

Aplicación editorial

Busca una paz que incluya verdad y justicia, no solo una apariencia de calma. En Jesucristo has recibido reconciliación con el Padre; permite que esa gracia oriente tus pasos. Haz el bien que depende de ti y no uses la reacción de otro para justificar tu propia injusticia.

Romanos 3:18 north

Sin temor de Dios, la vida pierde su referencia decisiva

La última cita señala la raíz religiosa del cuadro anterior. La humanidad descrita actúa sin considerar con reverencia al Dios ante quien debe responder.

Explicación del versículo

La cadena de 3:10–18 termina con una frase del Salmo 36:1. Después de pensamientos, boca, labios y pies, la atención llega a los ojos: Dios no ocupa el lugar debido en la mirada que orienta la vida. La imagen resume la relación entre el rechazo del Creador y las acciones injustas que Pablo viene exponiendo.

No hay temor de Dios no se limita a una ausencia de susto o angustia emocional. Describe una vida que no toma en serio su santidad, autoridad y juicio. El Salmo 36 añade que el malvado se adula a sí mismo hasta no descubrir ni aborrecer su culpa, y que trama maldad sin rechazar el mal. La falta de reverencia permite sostener una evaluación falsa de uno mismo (Salmos 36:1–4).

Ante sus ojos expresa aquello que la persona mantiene como referencia. El problema no se resuelve mediante un objeto visible que recuerde a Dios mientras se conserva el mismo camino. La acusación trata de la orientación interior y práctica: si se reconoce al Creador como Dios y se responde a su verdad. De ese modo, el cierre vuelve al diagnóstico de 1:21 (Romanos 1:21).

El temor de Dios tampoco contradice su amor. El mismo Salmo 36 celebra su fidelidad, justicia y misericordia, y presenta a los seres humanos refugiándose bajo su cuidado. Reverenciarlo no exige imaginarlo como un ser caprichoso del que solo cabe huir. Significa reconocer con seriedad al Dios justo cuya bondad ofrece refugio (Salmos 36:5–9).

Romanos desarrollará esa relación mediante Jesucristo y el Espíritu de adopción. Los creyentes no reciben un espíritu de esclavitud para volver al temor, sino que claman al Padre como hijos. Esa confianza no hace irrelevante la autoridad divina. La gracia sustituye la autojustificación y el terror servil por una relación de hijos llamados a vivir bajo la guía del Espíritu (Romanos 8:14–17).

La frase final deja preparada la conclusión de 3:19–20: toda boca queda cerrada y el mundo responde ante Dios. Ninguna capacidad corporal ni privilegio religioso puede ofrecer una defensa suficiente. El silencio de la jactancia permite escuchar la justicia que se manifiesta gratuitamente en Jesucristo para todos los que creen.

Exégesis del pasaje

φόβος θεοῦ —phóbos theoû— significa temor de Dios. ἀπέναντι τῶν ὀφθαλμῶν —apénanti tō̂n ophthalmō̂n— es delante de los ojos. La expresión procede de la denuncia del Salmo 36:1 y describe una referencia moral ausente, no un problema físico de visión. Su lugar al final reúne la dimensión religiosa y las conductas de toda la cadena.

Aplicación editorial

Pregunta qué ocupa el primer lugar cuando decides y justificas tus actos. En Jesucristo puedes acercarte al Padre con confianza y reverencia. Escucha su Palabra y pide al Espíritu Santo que te enseñe a reconocer tu culpa y responder a su gracia.

Romanos 3:19 north

La Escritura también interpela a quien la recibió

La cadena de citas no permite al oyente religioso acusar solo a otros. La palabra que reconoce como verdadera lo alcanza personalmente y deja al mundo responsable delante de Dios.

Explicación del versículo

Sabemos introduce la conclusión que Pablo extrae del testimonio de 3:10–18. El interlocutor reconoce la autoridad de la Escritura, y ahora debe aceptar que no puede dirigir sus denuncias únicamente contra las naciones. Lo que la Ley dice habla también a quienes viven bajo su ámbito y recibieron su instrucción.

Ley tiene aquí un alcance que debe comprenderse desde las citas anteriores. La mayoría procede de los Salmos y también se ha citado Isaías. Pablo puede referirse a la Escritura de Israel como un conjunto que expresa la voluntad y el juicio de Dios, sin limitar en esta frase la palabra Ley a una disposición particular del Pentateuco. La revelación que el interlocutor usa como privilegio también expone su necesidad.

A los que están bajo la ley identifica al primer grupo que debe escuchar esa palabra como dirigida a sí mismo. No significa que las naciones queden absueltas; su culpa ya fue tratada. Significa que quienes poseen la revelación no pueden hacer de ella un tribunal reservado para los demás. El argumento de 2:17–24 ha mostrado precisamente esa contradicción del maestro que no aplica a sí mismo lo que enseña (Romanos 2:17–24).

Para que toda boca quede cerrada expresa el fin judicial del recorrido. La persona pierde la defensa basada en comparación, nombre, instrucción o señal exterior. El silencio no prohíbe orar, preguntar o confesar. Cierra la boca que pretende demostrar una justicia suficiente de sí misma, después de que la verdad ha puesto en evidencia su culpa.

Todo el mundo sujeto al juicio de Dios reúne a judíos y gentiles. La secuencia no ha sustituido una etnia condenada por otra privilegiada. Ha mostrado que la humanidad no puede escapar del examen del Creador. La pertenencia a Israel conserva sus dones históricos, pero no elimina la responsabilidad del pecado; la ausencia de esa pertenencia tampoco produce inocencia (Romanos 2:12; Romanos 3:1–9).

Esta conclusión tiene un propósito dentro del evangelio. Cuando la autojustificación queda sin palabras, puede escucharse la justicia que Dios da en Jesucristo. El siguiente tramo no ofrecerá una nueva comparación en la que el lector salga mejor parado, sino la redención gratuita para quienes creen. La gracia responde a personas realmente culpables y por eso excluye la jactancia (Romanos 3:21–28).

Exégesis del pasaje

πᾶν στόμα φραγῇ —pân stóma phragē̂i— significa que toda boca sea cerrada y pertenece a una imagen judicial. ὑπόδικος —hypódikos— expresa estar sujeto a responder ante el juicio. El término no afirma que la misericordia sea imposible: establece la situación que hará necesario el anuncio de 3:21–26. Todo el mundo resume el alcance de la acusación desarrollada desde 1:18.

Aplicación editorial

Deja de usar la Biblia solo para construir una acusación contra otros. Escucha también lo que revela de ti. Puedes callar tus excusas y acercarte al Padre por Jesucristo con una confesión sincera, confiando en la gracia que ofrece al culpable.

Romanos 3:20 north

La Ley hace conocer el pecado; la justificación es don de Dios

Ninguna persona puede ser justificada ante Dios apoyándose en las obras de la Ley. Su instrucción revela el pecado y prepara la necesidad de la justicia que Dios manifestará en Jesucristo.

Explicación del versículo

Porque fundamenta la conclusión de 3:19. Toda boca queda sin defensa propia porque las obras de la Ley no pueden ofrecer al ser humano pecador una base suficiente de justificación delante de Dios. Pablo no está diciendo que Dios dio una instrucción malvada. Está describiendo lo que ocurre cuando esa instrucción verdadera examina una humanidad que la ha transgredido.

Las obras de la ley incluyen la respuesta que el mandato exige. La acusación anterior no se limitó a señales como la circuncisión o a prácticas que distinguen a Israel de otros pueblos. También nombró robo, adulterio, engaño y violencia. Por eso la frase no puede reducirse aquí a unos pocos distintivos externos como si una suma de otros méritos permitiera comprar la aceptación divina (Romanos 2:21–25; Romanos 3:13–18).

Ningún ser humano será justificado ante él conserva la universalidad del argumento. El tribunal decisivo es el de Dios, no el de la reputación. La afirmación guarda relación con la oración del Salmo 143:2, donde un siervo pide que Dios no entre en juicio con él porque ningún viviente es justo delante de su presencia. La necesidad de misericordia no desaparece por ser servidor ni por conocer el mandato (Salmos 143:1–2).

Por medio de la ley viene el conocimiento del pecado identifica una función real y buena de la revelación. El mandato hace visible qué contradice la voluntad de Dios y deja sin fundamento la excusa. Romanos 7 ilustrará esa función con la codicia: Pablo reconoce el pecado mediante la prohibición de codiciar y mantiene que el mandamiento es santo, justo y bueno (Romanos 7:7–12).

Esto permite entender la relación con 2:13. Allí se afirmó que oír no equivale a cumplir y que la justicia no puede reclamarse por poseer la Ley. Aquí la conclusión reconoce el fracaso de la humanidad sometida a ese examen. El criterio de Dios no se vuelve falso; queda expuesta la insuficiencia de la defensa humana. La solución tendrá que venir de la gracia y no de presentar la desobediencia como si fuera obediencia.

Pero ahora, de 3:21, abrirá el anuncio de la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo. La redención del Hijo permite la justificación gratuita del pecador. No se trata de que la fe sea una obra más eficiente que reemplace una cuenta de méritos por otra. Es la recepción confiada del don de Dios, que excluye la jactancia y establece una nueva relación con él (Romanos 3:21–28).

La gratuidad tampoco hace innecesario el bien que la Ley enseña. Los capítulos 6–8 mostrarán que pertenecer a Cristo transforma la relación con el pecado y que el Espíritu capacita para una vida nueva. Las buenas obras y la obediencia son respuesta a la gracia, no el fundamento con el que el pecador puede comprar su justificación (Romanos 6:1–4; Romanos 8:1–4).

Exégesis del pasaje

ἐξ ἔργων νόμου —ex érgōn nómou— significa por obras de la Ley. πᾶσα σάρξ —pâsa sárx—, toda carne, es una manera de referirse a todo ser humano; no acusa al cuerpo material por existir. ἐπίγνωσις ἁμαρτίας —epígnōsis hamartías— es conocimiento del pecado. El versículo concluye la acusación y prepara la manifestación de justicia de 3:21.

Aplicación editorial

Permite que la Palabra nombre tu pecado sin intentar compensarlo con una lista de logros. Confía en Jesucristo para la justificación que solo Dios puede darte. Desde esa gracia, responde al Padre con una vida obediente y con la ayuda del Espíritu Santo.

Romanos 3:21 north

Dios manifiesta una justicia que el pecador no podía producir

Después de cerrar las defensas de la humanidad, Pablo anuncia la intervención salvadora de Dios. Esta justicia no se obtiene mediante las obras de la Ley, aunque las propias Escrituras dan testimonio de ella.

Explicación del versículo

Pero ahora señala el giro decisivo de la carta. La conclusión anterior mostró que la Ley hace conocer el pecado y que nadie puede ser justificado ante Dios mediante sus obras. La respuesta no es un mandato de mejorar la defensa personal, sino el anuncio de algo que Dios ha manifestado. El centro del argumento pasa de la incapacidad del culpable a la acción de quien salva.

La justicia de Dios conserva la relación con 1:17 y será explicada mediante la muerte de Jesucristo en 3:25–26. Dios actúa justamente y concede una posición justa al creyente. No se trata de un cambio por el que empieza a ser justo ni de una ficción que declare bueno el pecado. La obra del Hijo permite que la justicia divina sea revelada precisamente al rescatar al pecador (Romanos 1:16–17; Romanos 3:24–26).

Aparte de la ley identifica que la justificación no se funda en presentar las obras exigidas como mérito suficiente. El pasaje anterior ya mostró que esa defensa fracasa. Pablo no afirma que Dios haya dejado de ser el mismo que dio la Ley ni que haya abandonado toda relación con sus promesas. La segunda parte del versículo impide esa conclusión: la Ley y los Profetas dan testimonio de esta justicia.

El testimonio de las Escrituras se hará concreto en el capítulo 4. Abraham creyó a Dios y le fue contado como justicia; David habló de la dicha del perdonado. Esos textos no convierten la fe en una obra de mayor precio, sino que permiten reconocer la iniciativa y el don de Dios dentro de la historia del pacto (Génesis 15:5–6; Salmos 32:1–2; Romanos 4:3–8).

Isaías también anuncia al siervo justo que carga con las iniquidades y justifica a muchos. La conexión muestra que la justicia salvadora no aparece desligada de la seriedad del pecado ni de la entrega de quien lo lleva. La carta explicará esa realidad en Jesucristo, a quien Dios presentó como sacrificio de propiciación (Isaías 53:10–12; Romanos 3:25).

Ahora tiene así una dimensión de cumplimiento. El evangelio prometido en las Escrituras ha llegado en el Hijo que murió y resucitó. La revelación anterior no queda reducida a una etapa inútil: hace conocer la culpa y da testimonio de la salvación. La misma palabra que impide jactarse prepara para recibir la gracia que Dios ofrece a judíos y gentiles.

Exégesis del pasaje

νυνὶ δέ —nynì dé— significa pero ahora y marca el giro del argumento hacia la obra de Cristo. χωρὶς νόμου —chōrìs nómou— es aparte de la Ley. μαρτυρουμένη —martyrouménē—, que recibe testimonio, mantiene la continuidad con la Ley y los Profetas. La manifestación es nueva en su cumplimiento, sin que la fidelidad de Dios a su palabra quede anulada.

Aplicación editorial

Escucha la acusación de la Palabra sin pensar que su última respuesta es dejarte sin esperanza. Mira a Jesucristo y recibe la justicia que Dios da por gracia. Tu salvación no depende de construir una defensa perfecta, sino de confiar en el Salvador que él ha manifestado.

Romanos 3:22 north

La justicia de Dios alcanza a todos los que creen en Jesucristo

La respuesta a la culpa común no depende del origen de la persona. Dios ofrece su justicia por medio de la fe en Jesucristo, sin un camino distinto para judíos y gentiles.

Explicación del versículo

La frase precisa la justicia anunciada en 3:21. No queda como una posibilidad religiosa indeterminada: se recibe por medio de la fe en Jesucristo. El objeto de la confianza es el Hijo que la carta presentó como Señor resucitado y que ahora mostrará como redentor. La fe no salva por ser una fuerza interior autónoma; recibe la obra del Salvador.

Para todos los que creen reúne amplitud y respuesta. La procedencia de alguien no lo excluye del evangelio, pero Pablo tampoco declara que toda persona ya esté justificada al margen de la fe. El alcance de todos está definido por los que creen. Esta precisión permite leer la gratuidad de 3:24 sin transformarla en una afirmación de salvación automática para toda la humanidad.

La fe no es un mérito que Dios remunera. El contexto contrasta la gracia con la defensa basada en las obras, y el capítulo 4 distinguirá la promesa recibida del salario adeudado. Confiar en Jesucristo reconoce que la justicia necesaria no se produce por autosuficiencia. El creyente recibe, en lugar de reclamar que Dios le pague una deuda (Romanos 4:4–5).

No hay distinción enlaza con la explicación de 3:23. Todos pecaron y necesitan la misma gracia. La frase no borra toda diferencia histórica entre Israel y las naciones ni afirma que cada vida tenga idéntica historia. Niega que exista una procedencia humana que no necesite redención o que deba ser salvada mediante otro fundamento.

El mismo Señor es Señor de todos. Por eso, más adelante Pablo unirá la confesión de Jesús, la fe en su resurrección y la promesa de salvación para quien lo invoque. El evangelio que abre sus puertas a las naciones conserva a Jesucristo como centro; no reemplaza su obra por la sinceridad religiosa de cada grupo (Romanos 10:9–13).

Esta igualdad transforma la relación dentro de la comunidad. Si judíos y gentiles reciben justicia mediante el mismo Salvador, ninguno puede convertirse en dueño de la gracia del otro. La jactancia queda excluida y la acogida mutua debe corresponder al modo en que Cristo los ha recibido. La enseñanza de la justificación prepara una vida de comunión, no solo una conclusión individual (Romanos 3:27–30; Romanos 15:7–13).

Exégesis del pasaje

διὰ πίστεως Ἰησοῦ Χριστοῦ —dià písteōs Iēsoû Christoû— es la expresión que la NTBT entiende como por medio de la fe en Jesucristo. La frase siguiente, τοὺς πιστεύοντας —toùs pisteúontas—, identifica expresamente a los que creen como destinatarios. La elección de palabras sitúa la confianza en Cristo y mantiene su recepción por fe, sin convertirla en obra meritoria.

Aplicación editorial

Confía en Jesucristo en lugar de medir si tu historia te hace más aceptable que otra persona. Puedes recibir la gracia que el Padre ofrece sin comprarla. Reconoce también como hermano a quien cree en el mismo Señor, aunque su origen y su recorrido sean diferentes de los tuyos.

Romanos 3:23 north

La necesidad de gracia es común a toda la humanidad

La ausencia de distinción se explica por una culpa compartida: todos pecaron y carecen de la gloria de Dios. Ninguna persona puede presentar su procedencia o sus logros como sustituto de la salvación.

Explicación del versículo

Todos pecaron resume la acusación desarrollada desde 1:18. La humanidad que rechazó al Creador, el juez hipócrita y el transgresor instruido quedan bajo una misma necesidad. Pablo no está diciendo que todos hayan cometido idénticas faltas. Afirma que ningún grupo puede reclamar una excepción al pecado por su nombre, su conocimiento o su señal de pertenencia.

El verbo pecaron reconoce hechos reales de culpa, no solo una sensación de insuficiencia. La cadena de citas mostró engaño, violencia y falta de reverencia. La justificación que seguirá responde a esa realidad. No es una ayuda para sentirse mejor manteniendo una declaración de inocencia, sino la gracia que Dios da a quienes no pueden negar lo que su palabra ha expuesto.

Carecen de la gloria de Dios añade la condición en la que se encuentra esa humanidad. Gloria no significa fama personal. La carta ha mostrado que el honor debido al Creador fue rechazado y cambiado por lo creado. La vida que se aparta de él no puede poseer por sí misma la plenitud para la que necesita ser rescatada (Romanos 1:21–23).

El horizonte posterior permite comprender la esperanza que responde a esa carencia. Los justificados se glorían en la esperanza de la gloria de Dios, y los hijos de Dios esperan una libertad gloriosa que incluye la redención del cuerpo. Lo que falta no se obtiene acumulando reconocimiento social, sino mediante la obra de Jesucristo y la vida del Espíritu (Romanos 5:1–2; Romanos 8:17–23).

El versículo no debe separarse de 3:24. La conclusión del pecado universal conduce de inmediato a la justificación gratuita por gracia. Reconocer la culpa común destruye la superioridad, pero no destruye la dignidad del ser humano ni hace inútil su vida. Dios ofrece redención precisamente a quienes necesitan ser reconciliados con él.

La relación entre 3:22 y 3:23 tampoco permite una desesperación selectiva. Si nadie queda a salvo por sus méritos, tampoco una historia particularmente difícil constituye por sí sola una excepción al alcance del evangelio. La promesa se dirige a todos los que creen en Jesucristo. La culpa es seria y el Salvador es suficiente para quien viene a él por fe.

Exégesis del pasaje

ἥμαρτον —hḗmarton— significa pecaron. ὑστεροῦνται —hysteroûntai— expresa que carecen o están faltos, y presenta una condición actual junto al hecho del pecado. δόξα —dóxa— es gloria. El contexto relaciona esa carencia con la necesidad de la gracia; no la convierte en un problema de prestigio humano que cada uno deba reparar por su cuenta.

Aplicación editorial

Reconoce tu pecado sin usarlo para despreciarte ni para considerarte una excepción imposible de salvar. Mira a Jesucristo. El Padre ofrece en él una justicia gratuita y una esperanza de gloria que tus logros no pueden producir.

Romanos 3:24 north

Justificados gratuitamente por la redención de Jesucristo

La respuesta a la culpa humana es un don de Dios. Él justifica por gracia mediante la redención que hay en Cristo Jesús; el pecador no paga esa aceptación con sus méritos.

Explicación del versículo

El versículo continúa la oración de 3:22–23. La humanidad necesita salvación porque todos pecaron; la justicia se ofrece a todos los que creen. Dentro de ese marco, Pablo anuncia que son justificados gratuitamente. No hay que separar esta afirmación de la fe en Jesucristo ya expresada ni convertirla en una declaración de que toda persona recibe justificación sin responder al evangelio.

Ser justificado significa recibir de Dios una posición justa delante de él. La palabra pertenece al mismo campo judicial que la acusación y el juicio de los capítulos anteriores. Dios no está afirmando que las acciones pecaminosas fueron en realidad buenas. Su gracia responde a una culpa verdadera mediante la obra del Hijo y recibe al que cree sin exigirle que primero produzca una justicia suficiente de sí mismo.

Gratuitamente y por su gracia se refuerzan. La aceptación no se obtiene como salario ni como devolución de algo que Dios debía. El capítulo 4 explicará esa diferencia mediante el contraste entre el trabajador que recibe una deuda y el que confía en Dios, quien justifica al impío. La fe recibe la promesa; no funciona como una moneda espiritual que compra el favor (Romanos 4:4–5).

La gratuidad para el creyente no hace pequeña la obra que la sostiene. Mediante la redención que hay en Cristo Jesús identifica su fundamento. Redención comunica liberación por medio de rescate. En este contexto no se ofrece un precio económico ni se identifica a un destinatario al que debamos imaginar recibiendo un pago. El siguiente versículo sitúa el centro en la muerte sacrificial de Jesucristo.

Hebreos relaciona de forma semejante la redención con la propia sangre de Cristo y con su ofrecimiento sin mancha. La liberación no nace de que el ser humano entregue un sustituto a Dios según su propia iniciativa. Dios ha provisto al Salvador y el Hijo se ofrece por quienes no podían rescatarse. La respuesta de la fe reconoce esa suficiencia (Hebreos 9:11–14).

La justificación gratuita cambia también el modo de vivir ante otros. La jactancia queda excluida, porque nadie puede presentarse como autor de su propia salvación. Y la conducta no se vuelve indiferente: la carta explicará que los unidos a Cristo han sido liberados del dominio del pecado. Las obras nuevas son fruto de pertenecer al Redentor, no el precio de la posición justa que Dios concede (Romanos 3:27–28; Romanos 6:17–23).

Exégesis del pasaje

δικαιούμενοι —dikaioúmenoi— significa siendo justificados y expresa una acción recibida. δωρεάν —dōreán— es gratuitamente; χάρις —cháris—, gracia. ἀπολύτρωσις —apolýtrōsis— designa redención o liberación mediante rescate. La frase en Cristo Jesús localiza la obra salvadora en él, no en una capacidad interior de la fe considerada aparte del Salvador.

Aplicación editorial

Recibe la gracia de Jesucristo sin intentar pagarla con una imagen de perfección. Puedes confesar tu necesidad y confiar en su redención. Desde esa aceptación, ofrece al Padre una vida agradecida y deja que el Espíritu te guíe a servir sin jactancia.

Romanos 3:25 north

Dios provee en Cristo la respuesta al pecado

La muerte de Jesucristo manifiesta la justicia salvadora de Dios. Él mismo presentó al Hijo como sacrificio de propiciación, cuya obra se recibe por la fe.

Explicación del versículo

Dios lo presentó identifica la iniciativa del rescate. La salvación no comienza con un ser humano que consigue persuadir a Dios mediante una ofrenda propia. El Dios que juzga justamente es quien provee a Jesucristo para responder a la culpa. La gracia del Padre y la entrega del Hijo pertenecen a una misma obra salvadora.

Sacrificio de propiciación expresa que la muerte de Cristo trata realmente con el pecado y con la justa oposición de Dios a él. No basta imaginar un ejemplo de generosidad sin relación con nuestra culpa. La carta ha mostrado la ira divina contra la injusticia; ahora explica la obra por la que el pecador puede ser justificado sin que Dios declare irrelevante el mal.

El término griego también evoca el propiciatorio, la cubierta del arca vinculada al encuentro con Dios y a la expiación. Éxodo describe ese lugar dentro del santuario y Levítico relata la aplicación de sangre en el Día de la Expiación. La conexión no exige convertir cada objeto del tabernáculo en una alegoría. Señala un marco sacrificial que ayuda a comprender cómo se trata la culpa ante el Dios santo (Éxodo 25:17–22; Levítico 16:11–17).

Su sangre se refiere a la entrega de la vida de Jesucristo en la muerte. Su eficacia se comprende desde la identidad del Hijo y la entrega de su propia vida. Hebreos distingue su ofrenda de los sacrificios repetidos y afirma que se ofreció sin mancha por el Espíritu eterno. La obra es de una vez para siempre y su eficacia descansa en el mismo Hijo (Hebreos 9:11–14; Hebreos 9:24–28).

Mediante la fe describe la recepción de esta salvación. El creyente confía en la obra que Cristo realizó; no añade con su confianza un sacrificio que faltara completar. La sangre nombra el fundamento de la reconciliación y la fe la recibe. Esa relación conserva la gratuidad de 3:24 y excluye que una intensidad emocional se convierta en precio del perdón.

La finalidad es mostrar la justicia de Dios. Pablo explica que, en su paciencia, había pasado por alto los pecados anteriores. No afirma que antes Dios nunca hubiera juzgado el mal o perdonado a alguien. El Salmo 32 ya celebra un perdón real. La cuestión es la manifestación decisiva de su justicia: en la cruz se hace visible que su paciencia no consistía en aprobar el pecado o ignorar su gravedad (Salmos 32:1–5).

El versículo siguiente completa esa finalidad. En Jesucristo, Dios se muestra justo y justifica al que tiene fe. La gracia no nace de una disputa entre el Padre y el Hijo. Dios demuestra su amor al dar a Cristo por pecadores, y el Hijo realiza la redención que hace posible la paz con él (Romanos 3:26; Romanos 5:6–10).

Exégesis del pasaje

ἱλαστήριον —hilastḗrion— es el término expresado aquí como sacrificio de propiciación; en Hebreos 9:5 nombra el propiciatorio. La relación permite vincular su entrega con la expiación realizada ante Dios en el santuario; el centro de la afirmación es la obra salvadora de la persona de Cristo. πάρεσις —páresis— significa pasar por alto, dentro de la paciencia explicada en 3:26. La oración continúa más allá del cambio de versículo.

Aplicación editorial

Al reconocer tu culpa, mira la provisión del Padre en Jesucristo. No necesitas inventar una ofrenda con la que comprar su favor ni añadir algo a la entrega del Hijo. Confía en él y deja que la gratitud por su gracia forme una respuesta de arrepentimiento y obediencia.

Romanos 3:26 north

Dios permanece justo al justificar al que cree

La muerte de Cristo muestra que la misericordia no exige negar la justicia divina. Dios es justo y da una posición justa al que tiene fe en Jesús.

Explicación del versículo

En la paciencia de Dios completa la referencia a los pecados anteriores de 3:25. El tiempo en que Dios no había ejecutado todo juicio no significaba aprobación del mal. Su paciencia pertenece a la historia que llega a su manifestación decisiva en Jesucristo. Por eso Pablo reúne la espera anterior y la demostración presente de justicia.

En el tiempo presente retoma el pero ahora de 3:21. La novedad no consiste en que Dios haya cambiado de carácter o descubierto una obligación que antes ignoraba. Ha manifestado su justicia mediante la obra del Hijo. La promesa contenida en las Escrituras alcanza un cumplimiento que permite comprender de manera más plena la fidelidad y la gracia divinas.

Para ser él justo conserva la seriedad de todo el argumento anterior. El pecado no queda convertido en una diferencia sin importancia. Dios no necesita mentir acerca de nuestra conducta para salvarnos ni tratar el engaño y la violencia como si fueran buenos. La redención en Cristo responde a la culpa que la Ley había hecho visible.

Y el que justifica añade la acción salvadora. La justicia divina no queda reducida a castigar mientras la misericordia debe proceder de otra fuente. El mismo Dios da gratuitamente una posición justa al culpable que cree. Su amor toma la iniciativa y su justicia queda manifestada en la entrega de Jesucristo. La cruz une lo que la autojustificación humana no podía resolver (Romanos 3:23–25; Romanos 5:8–10).

Al que tiene fe en Jesús identifica al receptor. La confianza no se dirige a una idea de gracia separada de la persona del Salvador. Jesús es el Hijo que vino en la historia, murió y resucitó. El creyente recibe su obra y deja de reclamar la aceptación como una deuda por sus propias ventajas.

La conclusión tiene una consecuencia inmediata: ¿dónde queda la jactancia? Si Dios es quien justifica y Cristo es el fundamento, nadie puede presentarse como autor suficiente de su salvación. La fe conduce a una seguridad humilde y prepara la unidad de judíos y gentiles, recibidos por el mismo Señor (Romanos 3:27–30).

Exégesis del pasaje

δίκαιον καὶ δικαιοῦντα —díkaion kaì dikaioûnta— significa justo y el que justifica. La repetición une el carácter de Dios y su acción hacia el creyente. τὸν ἐκ πίστεως Ἰησοῦ —tòn ek písteōs Iēsoû— identifica a quien la NTBT describe como el que tiene fe en Jesús. La frase no propone un receptor distinto de todos los que creen en 3:22.

Aplicación editorial

Tu confianza puede descansar en un Dios que no necesita ocultar la verdad para perdonarte. Acércate al Padre por Jesucristo y recibe su gracia con fe. La seguridad del perdón debe producir humildad y una vida agradecida, no una defensa del pecado.

Romanos 3:27 north

La gracia cierra el lugar de la jactancia

Si Dios justifica mediante la redención de Jesucristo, nadie puede atribuirse la autoría de su salvación. La fe recibe un don y por eso excluye la pretensión de mérito.

Explicación del versículo

¿Dónde queda entonces la jactancia? recoge la consecuencia de 3:21–26. Pablo ha explicado que la justicia procede de Dios, que el pecado es común y que la redención se encuentra en Jesucristo. Dentro de ese anuncio, una persona no puede presentarse como quien logró por sí misma la aceptación divina.

Queda excluida es una respuesta firme. No se pide solamente moderar el tono de un orgullo que conservaría un fundamento legítimo. El argumento retira ese fundamento: la justificación es gratuita y el Salvador es otro. La fe reconoce la necesidad que la acusación había revelado y recibe la provisión que Dios da.

La jactancia tiene aquí relación con la confianza que Pablo examinó en el capítulo 2. El nombre, la instrucción y la señal del pacto podían convertirse en razones para sentirse por encima de las naciones. También una conducta comparativamente mejor podía ser usada como defensa. El evangelio no permite transformar ninguno de esos bienes en una deuda por la que Dios deba salvar (Romanos 2:17–25).

La pregunta por qué ley usa una palabra que requiere atender a su función. En el contraste entre obras y fe, ley puede expresar un principio que rige la relación. El principio de presentar obras como mérito dejaría espacio para reclamar crédito propio. La fe lo excluye porque se dirige a Jesucristo y recibe la justicia que él hace posible.

La exclusión no convierte la fe en una capacidad más admirable de la que sí se pueda presumir. El capítulo siguiente mostrará que Abraham creyó a Dios y recibió justicia, sin presentar un salario adeudado. La seguridad del creyente descansa en el Dador de la promesa, no en su superioridad sobre quienes tienen otra historia (Romanos 4:2–5).

Esta consecuencia tiene una dimensión comunitaria. Si la salvación de judíos y gentiles tiene el mismo fundamento, ninguno puede reclamar dominio sobre el acceso del otro al Padre. La fe produce humildad y prepara la acogida mutua. La unidad no se apoya en negar diferencias históricas, sino en reconocer a Jesucristo como el mismo Señor de todos los que creen (Romanos 3:29–30; Romanos 15:7).

Exégesis del pasaje

καύχησις —kaúchēsis— es jactancia. ἐξεκλείσθη —exekleísthē— significa fue excluida. El uso de νόμος πίστεως —nómos písteōs—, ley de la fe, presenta el principio de recibir justicia por fe en contraste con reclamarla por obras. El sentido depende de la oposición inmediata y no obliga a entender ley de manera idéntica en cada frase del capítulo.

Aplicación editorial

Cuando hables de tu vida con Dios, da a Jesucristo el honor que corresponde a su gracia. Puedes agradecer lo que has recibido y compartir tu historia sin usarla para elevarte sobre otros. La fe te permite servir desde la gratitud.

Romanos 3:28 north

La justificación se recibe por la fe, aparte de las obras de la Ley

Pablo formula la conclusión del argumento: la posición justa delante de Dios no se obtiene como recompensa a las obras. Se recibe por la fe en Jesucristo.

Explicación del versículo

Porque consideramos presenta una conclusión razonada a partir de lo expuesto, no una opinión desligada de la Escritura. La acusación mostró que las obras de la Ley no podían justificar al pecador, y el anuncio de la redención presentó la justicia gratuita de Dios. El versículo reúne ambas líneas en una afirmación clara.

El ser humano es justificado por la fe mantiene el alcance abierto a judíos y gentiles. La persona no necesita producir primero una condición de inocencia para acercarse a Jesucristo. Su confianza recibe la justicia que Dios concede mediante la obra del Hijo. La eficacia salvadora pertenece a Cristo, mientras la fe abandona la pretensión de autosuficiencia.

Aparte de las obras de la ley excluye esas obras como fundamento con el que el pecador reclama ser aceptado. La frase no se limita a una distinción cultural como la circuncisión; el argumento previo incluyó mandatos morales quebrantados. Nadie puede resolver su culpa mediante una suma que haga a Dios deudor de salvación (Romanos 2:21–25; Romanos 3:19–24).

Eso no vuelve inútil la obediencia que nace de la gracia. Efesios expresa una relación semejante: salvación por gracia mediante la fe, sin jactancia por obras, y creación en Cristo Jesús para buenas obras. Distinguir el fundamento y el fruto permite mantener ambas afirmaciones. Las obras no compran la nueva relación; la nueva relación conduce a vivir de otro modo (Efesios 2:8–10).

Romanos mismo hará esa distinción al preguntar si la abundancia de gracia permite continuar en el pecado. La respuesta será negativa porque pertenecer a Cristo transforma el dominio bajo el que se vive. Por eso no es fiel al contexto convertir la justificación por fe en una defensa de la indiferencia moral (Romanos 6:1–4).

La conclusión prepara a la vez el lugar de las naciones en el pueblo de Dios. Si la justificación no depende de las obras que el interlocutor presenta como ventaja, el mismo Señor puede recibir al gentil que cree. El versículo siguiente no cambia de tema: pregunta si Dios es solo de los judíos y conduce al reconocimiento de un único Dios que justifica a ambos (Romanos 3:29–30).

Exégesis del pasaje

λογιζόμεθα —logizómetha— significa consideramos o concluimos. δικαιοῦσθαι πίστει —dikaioûsthai pístei— expresa ser justificado por fe. χωρὶς ἔργων νόμου —chōrìs érgōn nómou— es aparte de obras de la Ley. La exclusión se refiere al fundamento de la justificación; el desarrollo posterior describe la obediencia de quienes ya pertenecen a Cristo.

Aplicación editorial

Cuando tu conciencia te recuerde una culpa real, acude a Jesucristo en lugar de negociar con tus logros. Recibe por fe su gracia y responde después con el bien que te llama a hacer. Tu obediencia puede ser agradecida porque no tiene que comprar tu aceptación.

Romanos 3:29 north

El Dios de Israel es también Dios de las naciones

La justificación por la fe tiene una consecuencia para la comunidad: Dios no pertenece exclusivamente a una procedencia humana. Las naciones también reciben su gracia mediante Jesucristo.

Explicación del versículo

La pregunta de Pablo surge de la conclusión de 3:28. Si la justicia depende de las obras de la Ley como ventaja de un grupo, podría parecer que solo quienes pertenecen a ese grupo tienen acceso al Dios que justifica. El apóstol obliga al interlocutor a considerar la amplitud de quien es Dios, antes de reclamar una exclusividad humana.

¿Es Dios solamente de los judíos? no niega la relación histórica de Dios con Israel. La carta reconoció la palabra confiada al pueblo y anunciará sus pactos y promesas. La pregunta rechaza que esa relación convierta al Creador en propiedad exclusiva de sus receptores. El que eligió hablar a Israel sigue siendo el Dios ante quien todo el mundo responde (Romanos 3:1–2; Romanos 3:19; Romanos 9:4–5).

¿No lo es también de los gentiles? abre el mismo reconocimiento a las naciones. Pablo no presenta una segunda divinidad que atienda a quienes están fuera de Israel. El mismo Dios revela su poder en la creación, juzga imparcialmente y ofrece justicia por medio del Hijo. La unidad de su carácter sostiene la unidad del evangelio (Romanos 1:19–20; Romanos 2:11).

Sí, también de los gentiles responde sin vacilación. El evangelio prometido acerca del descendiente de David se dirige a todas las naciones. La participación de los gentiles no exige borrar la promesa histórica, sino reconocer su alcance en Jesucristo. Desde el saludo de la carta, Pablo presentó su misión como servicio para la obediencia de la fe entre las naciones (Romanos 1:3–6).

Esta afirmación tampoco significa que todas las personas estén reconciliadas sin fe. El contexto ha identificado a todos los que creen como receptores de la justicia y volverá a hablar de justificar por la fe. El alcance universal de Dios no debe ser separado de la obra concreta del Salvador mediante quien da perdón y vida (Romanos 3:22–26; Romanos 3:30).

La consecuencia para los creyentes es abandonar una frontera de superioridad que Cristo no establece. Judíos y gentiles pueden reconocer sus historias distintas y, a la vez, recibir al otro como alguien alcanzado por el mismo Señor. La acogida mutua de los capítulos 14–15 se apoya en esta verdad acerca de Dios y de su gracia (Romanos 15:7–13).

Exégesis del pasaje

Ἰουδαίων —Ioudaíōn— y ἐθνῶν —ethnō̂n— expresan de los judíos y de las naciones o gentiles. La pregunta trata de la relación de Dios con ambos, no de su pertenencia como posesión humana. La respuesta afirmativa prepara el fundamento de 3:30: Dios es uno y justifica a circuncisos e incircuncisos por la misma fe.

Romanos 3:30 north

Un único Dios justifica por una misma fe

La unidad de Dios sostiene la unidad de la salvación. Circuncisos e incircuncisos son recibidos mediante la fe, sin una vía de mérito reservada a una procedencia.

Explicación del versículo

Puesto que Dios es uno fundamenta la respuesta de 3:29. Pablo no añade a Israel otra divinidad para atender a las naciones. Confiesa al único Dios y extrae una consecuencia para la justificación: el mismo Señor que juzga a ambos también ofrece a ambos su justicia por medio de Jesucristo.

La afirmación se relaciona con la confesión de Deuteronomio 6:4. La unicidad de Dios, recibida como parte central de la revelación a Israel, no puede usarse para encerrarlo en una pertenencia exclusiva. El Creador no está dividido conforme a los grupos humanos. La carta había mostrado un juicio imparcial y ahora muestra una salvación con el mismo fundamento (Deuteronomio 6:4–5; Romanos 2:9–11).

Los circuncisos y los incircuncisos identifican aquí a las dos procedencias que han recorrido el argumento. La señal tiene una historia de pacto y no es negada como dato corporal. Lo que queda excluido es que proporcione una justificación diferente de la que recibe el creyente que no la lleva. El siguiente capítulo mostrará que Abraham creyó y recibió justicia antes de ser circuncidado (Romanos 4:9–12).

Por la fe y mediante la fe no presentan dos mecanismos de salvación. La variación de preposición mantiene la misma respuesta en ambos miembros. La persona circuncisa no es aceptada por una mezcla de privilegio y mérito, mientras el gentil recibe un favor de otra clase. La fe en Jesucristo reconoce en ambos casos la misma redención gratuita.

La confesión del único Dios se desarrolla en una carta que presenta al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su obra salvadora. El Padre envía al Hijo, Jesucristo muere y resucita, y el Espíritu da vida y guía a los hijos de Dios. Esa obra reúne a los creyentes en una misma relación de gracia, sin confundir las personas divinas ni repartir la salvación entre dioses distintos (Romanos 8:3–4; Romanos 8:9–17).

El resultado es una unidad que conserva la humildad. Ningún grupo añade a la redención de Cristo una condición de superioridad que le permita dominar al otro. La fe hace posible recibir al hermano por lo que Dios ha hecho en él. El fundamento de la comunión es más firme que una identidad compartida de lengua, costumbres o historia: es el mismo Señor que justifica (Romanos 15:5–7).

Exégesis del pasaje

εἷς ὁ θεός —heîs ho theós— significa Dios es uno. ἐκ πίστεως —ek písteōs— y διὰ τῆς πίστεως —dià tē̂s písteōs— corresponden a por fe y mediante la fe. La estructura paralela confirma la unidad del medio de recepción. Circuncisión e incircuncisión nombran a las personas por una distinción que no altera la suficiencia de Cristo.

Romanos 3:31 north

La fe confirma el lugar de la Ley en el propósito de Dios

Pablo rechaza que la justificación por la fe convierta en falsa o inútil la revelación anterior. El evangelio confirma su testimonio y conduce a la justicia que anuncia en Jesucristo.

Explicación del versículo

Entonces plantea una nueva objeción. Después de afirmar que la justificación se recibe aparte de las obras de la Ley, el lector podría deducir que la fe la anula por completo. Pablo responde con la misma negativa firme que ya usó ante otras conclusiones equivocadas. El evangelio no necesita declarar errónea la palabra que Dios había dado.

Confirmamos la ley debe leerse dentro del argumento. La Ley hizo conocer el pecado y dejó sin defensa a la humanidad; la Ley y los Profetas también dieron testimonio de la justicia salvadora. La fe recibe esa salvación y reconoce como verdadera la acusación que mostraba su necesidad. Por ambos lados, el anuncio de Cristo toma en serio la revelación anterior (Romanos 3:19–21).

El capítulo 4 hará concreto ese testimonio mediante Abraham. Pablo preguntará qué dice la Escritura y citará que creyó a Dios y le fue contado como justicia. La justificación por fe no aparece como una corrección de un error cometido al hablar al patriarca. Es coherente con el modo en que Dios dio la promesa y con el don que el texto declara (Génesis 15:6; Romanos 4:1–5).

La confirmación incluye también la seriedad del bien que la Ley revela. La gracia no permite llamar bueno al robo, al adulterio o al engaño. La vida de quienes pertenecen a Cristo deja de estar gobernada por el pecado y es sostenida por el Espíritu. Pablo explicará que Dios envió a su Hijo para hacer lo que la Ley no podía realizar por la debilidad de la carne, a fin de que su justa exigencia se cumpliera en una vida guiada por el Espíritu (Romanos 6:1–4; Romanos 8:3–4).

Esto no significa trasladar cada disposición del pacto de Moisés a la iglesia sin considerar su función y cumplimiento. El propio Pablo hablará de una nueva relación de pertenencia a Cristo y de servicio en el Espíritu. Confirmar el testimonio de la Ley requiere escuchar su contexto y su lugar dentro de la obra de Dios, no convertir todas sus instrucciones en una lista indistinta para cualquier destinatario (Romanos 7:4–6).

El cierre del capítulo deja así juntas dos verdades. Las obras de la Ley no son el precio de la justificación del pecador, y la palabra de Dios no queda desacreditada por recibir su gracia. Jesucristo es el centro que permite reconocer la culpa, recibir la redención y vivir una respuesta nueva. El estudio de Abraham continuará explicando esa coherencia.

Exégesis del pasaje

καταργοῦμεν —katargoûmen— significa anulamos o dejamos sin efecto. ἱστάνομεν —histánomen— expresa establecemos o confirmamos. El contraste no convierte las obras en fundamento de salvación, pues 3:28 lo ha excluido. Afirma que la fe mantiene verdadero el testimonio de la Ley, y el ejemplo de Abraham de 4:1–3 muestra de inmediato una forma concreta de esa confirmación.

Aplicación editorial

Lee las Escrituras de Israel con respeto por su contexto y con la mirada puesta en Jesucristo. La gracia no te invita a ignorar la verdad que expone tu pecado. Te permite recibirla sin excusas y caminar en la obediencia que el Espíritu hace posible.

edit_note Notas: edición NTBT con estudio completo — BibliaTodo Bible Society

Santa Biblia, Nueva Traducción BibliaTodo (NTBT).
Publicada por BibliaTodo Bible Society, sello editorial de BibliaTodo LLC.
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