Abraham permite comprobar el argumento de la fe
Pablo vuelve a la Escritura para mostrar que la justificación gratuita no contradice la historia de Israel. Pregunta qué recibió Abraham y sobre qué fundamento estuvo delante de Dios.
Explicación del versículo
¿Qué diremos, entonces? enlaza con 3:31, donde Pablo afirmó que la fe confirma la Ley. El ejemplo de Abraham hará concreta esa afirmación. La historia del patriarca no se introduce como una excepción a la gracia, sino como un testimonio de cómo Dios dio su promesa y contó justicia al que creyó.
Abraham ocupa un lugar decisivo porque pertenece al comienzo de la historia del pacto y de la promesa para las naciones. Dios lo llamó, le anunció descendencia y dijo que por medio de él serían benditas todas las familias de la tierra. La discusión sobre judíos y gentiles puede volver a ese origen para reconocer la iniciativa de Dios (Génesis 12:1–4).
Nuestro antepasado según la carne reconoce la relación histórica de Pablo y de Israel con Abraham. La expresión no atribuye pecado a la genealogía ni reduce al patriarca a una figura sin relación espiritual. Señala su lugar como antepasado humano, mientras el capítulo desarrollará otra forma de paternidad: la relación con quienes comparten su fe, estén circuncidados o no (Romanos 4:11–12).
Qué descubrió plantea el resultado de su relación con Dios, no una exploración geográfica ni un hallazgo material. La pregunta se aclarará mediante dos posibilidades: una justicia obtenida por obras que permita jactarse, o una justicia contada por Dios al que cree. Pablo dejará que el texto de Génesis determine la respuesta.
Esto protege el estudio de Abraham de una idealización que lo convierta en un ser humano capaz de salvarse por sí mismo. Su importancia en la historia de la promesa no hace innecesaria la gracia. Pablo no pregunta cuántos méritos reunió antes de recibir aprobación, sino qué dice la Escritura acerca de su fe y de la acción de Dios.
El recorrido terminará relacionando esa fe con quienes creen en el Dios que resucitó a Jesús. La historia de Abraham conserva su contexto propio y, a la vez, sirve para comprender la salvación cumplida en Jesucristo. No es necesario atribuir al patriarca todos los detalles que serían conocidos después; la conexión que Pablo desarrolla está en confiar en el Dios que promete y da vida (Romanos 4:23–25).
Exégesis del pasaje
προπάτορα ἡμῶν κατὰ σάρκα —propátora hēmō̂n katà sárka— significa nuestro antepasado según la carne. εὑρηκέναι —heurēkénai— es haber encontrado o descubierto y abre la pregunta que resuelven 4:2–3. La expresión según la carne, tal como la entiende la NTBT, caracteriza la relación de antepasado y no establece una vía de salvación mediante genealogía.