¿Qué cambia la gracia en nuestra relación con el pecado?
Pablo enfrenta una conclusión equivocada sobre la abundancia del perdón. La gracia no llama a conservar el pecado, sino que establece una pertenencia nueva a Jesucristo.
Explicación del versículo
¿Qué diremos, entonces? enlaza con 5:20–21. Dios hizo sobreabundar la gracia donde había pecado y su don reina para vida eterna. Esa afirmación podría ser usada de manera interesada: si el mal dio ocasión a mostrar misericordia, ¿conviene permanecer en él para que el don parezca mayor?
¿Seguiremos en el pecado? no introduce una recomendación de Pablo. Formula la objeción que responderá de inmediato. El verbo dirige la atención a permanecer bajo una misma orientación de vida, no a calcular una cantidad de faltas que supuestamente pudiera beneficiar a Dios. La cuestión es si la relación con el pecado puede seguir intacta después de recibir la gracia.
Para que abunde la gracia describe la finalidad torcida de esa propuesta. El pecador intentaría convertir su desobediencia en algo útil o meritorio para el Dador. La carta ya rechazó hacer el mal para que venga el bien. La misericordia responde al mal y lo vence; no lo transforma retrospectivamente en servicio fiel (Romanos 3:5–8).
La respuesta de 6:2 parte de una realidad nueva: hemos muerto al pecado. Pablo no va a reducir la justificación a una declaración sin relación con la vida. Los capítulos anteriores distinguieron el don de la recompensa por obras; ahora se explica que el don recibido cambia el señorío bajo el que vive el creyente.
La unión con Jesucristo será el fundamento. El que fue entregado y resucitado no ofrece solo una cancelación de culpa para que el antiguo dominio continúe sin respuesta. Los suyos participan de su muerte y de una vida nueva. La obediencia no compra esa unión, sino que expresa la pertenencia al Señor que salva (Romanos 6:3–5).
Por eso la gracia y la santidad no son caminos rivales. La aceptación procede gratuitamente de Dios mediante la fe; desde esa aceptación, el creyente es llamado a ofrecerse al Padre. El Espíritu Santo capacitará para hacer morir las obras del cuerpo y vivir como hijo. La dependencia de la gracia permanece también en la transformación (Romanos 3:24–28; Romanos 8:12–14).
Exégesis del pasaje
ἐπιμένωμεν —epiménōmen— plantea permanecer o continuar. ἵνα ἡ χάρις πλεονάσῃ —hína hē cháris pleonásēi— significa para que abunde la gracia. La pregunta pertenece a la forma de objeción y respuesta del argumento. Su interpretación requiere escuchar la negativa de 6:2 y la explicación de la unión con Cristo, en lugar de conservar la propuesta como si fuera enseñanza apostólica.
Aplicación editorial
Si estás usando el perdón como razón para conservar algo que sabes injusto, vuelve a Jesucristo con sinceridad. Su gracia te recibe y te llama a una vida nueva. Puedes pedir al Espíritu ayuda para responder al Señor del que ahora dependes.