La justificación abre una relación de paz con Dios
Quienes han sido justificados por la fe reciben paz con Dios mediante Jesucristo. La obra del Señor cambia su situación ante el Padre y fundamenta una esperanza firme.
Explicación del versículo
Pues recoge la exposición de los capítulos 3–4. La humanidad no podía justificarse por sus obras, y Dios dio justicia gratuitamente mediante la redención de Jesucristo. Ahora Pablo comienza a mostrar lo que esa aceptación significa para la vida del creyente. La paz no aparece como un mérito adicional que deba conseguir después, sino como fruto de la obra recibida.
Justificados, pues, por la fe presenta una acción de Dios sobre quienes confían en el Salvador. El fundamento sigue siendo la muerte y resurrección de Jesús, no una transformación de la fe en salario. El final del capítulo anterior acaba de situar nuestra justificación en el Hijo entregado y resucitado (Romanos 4:24–25).
Paz con Dios describe ante todo una relación reconciliada. El contexto hablará de haber sido enemigos y de recibir reconciliación por la muerte del Hijo. La paz incluye confianza para acercarse al Padre porque la culpa ha sido tratada. No queda reducida a una sensación de calma que el creyente deba mantener en todo instante para demostrar que fue aceptado (Romanos 5:9–11).
Por medio de nuestro Señor Jesucristo identifica al mediador de esa relación. El mismo Señor que murió por nuestras transgresiones vive y sostiene a los suyos. El acceso al Padre no se construye mediante una excepción a su justicia ni mediante un intermediario humano que ocupe el lugar del Hijo. Descansa en su redención suficiente.
La paz también tiene un alcance comunitario. Pablo incluye a creyentes de distintas procedencias en un mismo nosotros. Efesios relaciona la cruz con la reconciliación de judíos y gentiles en un solo cuerpo y con su acceso al Padre en un solo Espíritu. La gracia que abre una relación con Dios impide sostener una superioridad que cierre la comunión al otro (Efesios 2:13–18).
La continuación hablará de aflicciones. Tener paz con Dios no equivale a vivir sin conflicto, dolor o lucha. Jesús también unió la paz que se recibe en él con la realidad de aflicción en el mundo. El fundamento permanece en su victoria, y no en una vida que siempre parezca tranquila (Juan 16:33; Romanos 5:3–5).
Exégesis del pasaje
δικαιωθέντες —dikaiōthéntes— significa habiendo sido justificados. La forma pasiva señala una acción recibida que fundamenta la paz. πρὸς τὸν θεόν —pròs tòn theón— expresa la relación con Dios, y por medio de Jesucristo identifica cómo se ha establecido. La frase continúa el anuncio del evangelio en lugar de introducir una condición de mérito nueva.
Variante de lectura
La lectura ἔχομεν —échomen— afirma tenemos paz y corresponde al texto de la NTBT. Existe también ἔχωμεν —échōmen—, que puede expresarse como tengamos paz. La segunda forma orienta a vivir esa relación; ambas construcciones parten de la justificación por fe mediante Jesucristo, no de una paz que compre la aceptación de Dios.
Aplicación editorial
Acércate al Padre confiando en Jesucristo, incluso cuando tus emociones estén agitadas. Tu paz con Dios se funda en su obra. Desde esa gracia puedes orar con sinceridad y aprender a tratar al hermano como alguien recibido por el mismo Señor.