La gracia recibida debe crecer hacia una conducta madura
Pablo confronta la distancia entre pertenecer a Cristo y actuar todavía desde rivalidades humanas.
Explicación del versículo
«Y yo, hermanos» retoma la reflexión sobre la sabiduría y la mente de Cristo. Pablo aplica ahora la cuestión a sus lectores. No basta afirmar que conocen lo espiritual si el modo de relacionarse muestra una inmadurez que impide recibir y vivir esa enseñanza como corresponde.
No pudo hablarles como a espirituales, sino como a carnales. La explicación llegará en los versículos siguientes: celos, contiendas y adhesiones rivales. El criterio de madurez no es la capacidad de exhibir dones o usar un lenguaje impresionante, sino la respuesta de la vida al evangelio.
La expresión «niños en Cristo» conserva su relación con el Salvador. El apóstol puede reconocerlos como hermanos y, a la vez, corregir seriamente su conducta. No presenta la inmadurez como una forma de vida que deban proteger o aceptar de manera permanente.
«Carnales» tampoco condena el cuerpo como creación mala. Describe aquí una manera de responder desde los criterios humanos de orgullo y competencia. La carta ha anunciado que Dios los llamó a la comunión de su Hijo y les dio su Espíritu; deben aprender a vivir de acuerdo con ese don.
Esta corrección explica cómo leer el final del capítulo 2. Tener acceso a la sabiduría de Cristo no vuelve infalible cada decisión ni elimina la necesidad de aprender. La gracia forma una madurez que se reconoce en amor, humildad y cuidado del cuerpo al que pertenecen.
Claves de lectura del original
σαρκίνοις (sarkínois) expresa «de carne» y se interpreta aquí por la imagen de la inmadurez y los ejemplos de rivalidad. νηπίοις ἐν Χριστῷ (nēpíois en Christō̂) significa «niños en Cristo». La segunda frase une el diagnóstico con la pertenencia que llama a crecer.
Aplicación editorial
Examina la madurez de tu fe también por la manera de tratar a los hermanos. Recibir una corrección sobre celos u orgullo puede ser parte del crecimiento que el Espíritu produce al conducirte a vivir desde Cristo.