Los ministros administran una verdad que pertenece a Dios
Pablo define el servicio desde la autoridad de Cristo y el encargo recibido, sin convertir al mensajero en dueño del evangelio.
Explicación del versículo
«Que todos nos consideren» continúa la corrección de las rivalidades. Después de afirmar que los creyentes pertenecen a Cristo, Pablo explica cómo deben mirar a quienes les enseñan. Su lugar no es el de señores rivales, sino el de servidores del único Salvador.
Ser servidores de Cristo les concede una responsabilidad real y establece su límite. Anuncian a aquel que fue crucificado por los pecadores y resucitó; no pueden ocupar su lugar. La estima por el ministro debe corresponder al servicio que presta y no desplazar hacia él la confianza salvadora.
La segunda imagen es la del administrador. Quien administra recibe un bien que no le pertenece y responde por el modo de atenderlo. El evangelio no puede convertirse en propiedad del mensajero ni modificarse para aumentar su prestigio o asegurar una adhesión personal.
Los misterios de Dios remiten a las verdades de su propósito salvador, que él dio a conocer por el Espíritu. 1 Corintios 2:7–13 ha relacionado esa revelación con Cristo y con la gracia concedida a los creyentes. El plural no crea una colección de secretos que una élite pueda reservar para dominar a los demás.
Marcos 10:42–45 presenta el servicio del Hijo del Hombre, que dio su vida como rescate. Esa relación permite entender el carácter del ministerio: servir a la verdad y al bien del pueblo que pertenece a Cristo, en lugar de reproducir una búsqueda de dominio.
Claves de lectura del original
ὑπηρέτας (hypērétas) significa «servidores» o «asistentes». οἰκονόμους (oikonómous) designa administradores de un encargo ajeno. Las dos imágenes subordinan el trabajo del ministro a Cristo y a los bienes que Dios le confía.
Aplicación editorial
Recibe una enseñanza por su fidelidad al Señor y a su evangelio. Si sirves enseñando, recuerda que administras un don recibido para otros y que su centro es Jesucristo, no tu autoridad personal.